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Voto de GATOB:
8
Voto de GATOB:
8
7,6
119.705
Drama
Nina (Natalie Portman), una brillante bailarina que forma parte de una compañía de ballet de Nueva York, vive completamente absorbida por la danza. La presión de su controladora madre (Barbara Hershey), la rivalidad con su compañera Lily (Mila Kunis) y las exigencias del severo director (Vincent Cassel) se irán incrementando a medida que se acerca el día del estreno. Esta tensión provoca en Nina un agotamiento nervioso y una confusión ... [+]
20 de marzo de 2011
20 de marzo de 2011
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Prioridades:
Lo más impresionante y de más valor de la película, por encima de la labor de dirección, ni que decir tiene (por los ríos de tinta que se han derramado) es la actuación de Natalie Portman.
Me atrevería a decir que es uno de los Oscars más merecidos otorgados a un actriz en la historia.
Su circunstancial rostro soporta el 99% del metraje. No todas las actrices tililan con el pelo recogido hacia atrás.
Su/s trabajado/as físico y cualidades de bailarina se podrían extrapolar a la realidad desde su personaje en lo que se supone debe ser el resultado de una preparación de años para conseguir encarnarse en Nina. el papel de su vida.
Hablemos ahora de Aronofsky. Resaltaré que es ésta vez, de las pocas (también lo consiguió en Réquiem por un sueño), donde un rodaje y montaje, barroco, esperpéntico, mareante; con unos efectos sonoros y musicales generosos, bien traidos, y una cámara que baila con la protagonista, cuando ella baila; y se atormenta cuando ella sufre, donde el exceso adquiere un verdadero sentido.
Lo más impresionante y de más valor de la película, por encima de la labor de dirección, ni que decir tiene (por los ríos de tinta que se han derramado) es la actuación de Natalie Portman.
Me atrevería a decir que es uno de los Oscars más merecidos otorgados a un actriz en la historia.
Su circunstancial rostro soporta el 99% del metraje. No todas las actrices tililan con el pelo recogido hacia atrás.
Su/s trabajado/as físico y cualidades de bailarina se podrían extrapolar a la realidad desde su personaje en lo que se supone debe ser el resultado de una preparación de años para conseguir encarnarse en Nina. el papel de su vida.
Hablemos ahora de Aronofsky. Resaltaré que es ésta vez, de las pocas (también lo consiguió en Réquiem por un sueño), donde un rodaje y montaje, barroco, esperpéntico, mareante; con unos efectos sonoros y musicales generosos, bien traidos, y una cámara que baila con la protagonista, cuando ella baila; y se atormenta cuando ella sufre, donde el exceso adquiere un verdadero sentido.

Natalie Portman
El director somete al espectador a toda una experiencia lisérgica, cargada de sugestión, de imágenes desagradables en lo referente a la aprensión, que te siguen picoteando la mente horas después de salir de la sala. Y que unida a una hábil musicalización de Mansell, consigue, en otras ocasiones, escenas de una apoteosis tal, que se echan muy de menos en el cine actual (también era ópera lo que hacía Sergio Leone, por ejemplo).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Poco tardaremos en descubrir o intuir que la historia de Nina es paralela a la del libreto de El lago de los Cisnes. Y que ella acaba convirtiéndose en uno, con su trágico final y todo.
El expectador deberá, por tanto, resolver si la esquizofrenia del personaje de Portman es natural o adquirida.
Adquirida por una vida y entorno encargados y preocupados de, usando el sacrificio como herramienta y amputador de vida propia (como sí que tiene el pianista), canalizar el máximo esfuerzo posible en hacer alcanzar la perfección a Nina. En la cinta están las metáforas oportunas.
Y la madre (personaje e idea importado claramente de La Pianista de M. Haneke, o del libro en que se basa), autoritaria, controladora, obsesionada con que su hija llegue al éxito, ya que ella no lo tuvo, "egoistamente" logrará aislarla de la sociedad, para reprimirla, incluso sexualmente, y se centre en su carrera y en el ballet, sólo en el ballet.
Y Nina así, de forma no premeditada, se vea frustrada, a la hora de enfrentarse a la tiranía pedagógica y acosadora de su profesor, cuyo papel, junto a la de la compañera sustituta y ambiciosa formarán el trío análogo de la obra.
El expectador deberá, por tanto, resolver si la esquizofrenia del personaje de Portman es natural o adquirida.
Adquirida por una vida y entorno encargados y preocupados de, usando el sacrificio como herramienta y amputador de vida propia (como sí que tiene el pianista), canalizar el máximo esfuerzo posible en hacer alcanzar la perfección a Nina. En la cinta están las metáforas oportunas.
Y la madre (personaje e idea importado claramente de La Pianista de M. Haneke, o del libro en que se basa), autoritaria, controladora, obsesionada con que su hija llegue al éxito, ya que ella no lo tuvo, "egoistamente" logrará aislarla de la sociedad, para reprimirla, incluso sexualmente, y se centre en su carrera y en el ballet, sólo en el ballet.
Y Nina así, de forma no premeditada, se vea frustrada, a la hora de enfrentarse a la tiranía pedagógica y acosadora de su profesor, cuyo papel, junto a la de la compañera sustituta y ambiciosa formarán el trío análogo de la obra.

Y no. No se enfrenta a ellos. Ni al amor que siente por su profesor o por su compañera ni a una sexualidad que se encuentra inhibida.
Un precio muy caro, por tanto, el que se pagará para alcanzar lo que todos esperan y desean (o envidian): La ovación y el clamor de un público, que en sus butacas reconocen un trabajo de mérito y sacrificio. Admirable, emocionante... pero efímero, al fin y al cabo.
Un precio muy caro, por tanto, el que se pagará para alcanzar lo que todos esperan y desean (o envidian): La ovación y el clamor de un público, que en sus butacas reconocen un trabajo de mérito y sacrificio. Admirable, emocionante... pero efímero, al fin y al cabo.
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