Adam: Mujeres en Casablanca
2019 

6,9
1 963
Drama
Abla regenta una humilde pastelería en su propia vivienda de Casablanca, donde vive sola con Warda, su hija de 8 años. Su rutina, dictada por el trabajo y las labores domésticas, se ve un día interrumpida cuando alguien llama a su puerta. Se trata de Samia, una joven embarazada que busca empleo y techo. A la pequeña le atrae la recién llegada desde el primer momento, pero la madre se opone inicialmente a acoger a la extraña en su casa. ... [+]
24 de octubre de 2019
24 de octubre de 2019
30 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
El susurro se desliza por las calles, llamando a cada puerta, sin hacer apenas ruido entre la multitud. El dolor y la angustia se llevan por dentro, y no emiten sonidos, a no ser que se quiera escuchar con mecanismos distintos al oído. Una confesión telefónica incompleta, es un lamento suficientemente claro para dejar dicha la pena.
La mirada atraviesa muros de difícil comprensión, que no se atiene a la razón lógica; y de forma instintiva es capaz de abrir puertas a lo que habla en silencio. Pasando las horas sin poder olvidar lo que se tiene por dentro, pero tampoco a quien espera fuera. El duelo tampoco puede ser escuchado.
Es infrecuente encontrar una película así. Maryam Touzani, maneja herramientas de maestro, guiada por un relato humano y sincero de forma natural. Sin exceso de palabrería pero con una honestidad tan rotunda, que hace que la historia sea prácticamente inquebrantable. Es esa luz acogedora la que ilumina esos rostros, cada gesto, cada movimiento, hablando por si misma. Son esos ojos que se iluminan contemplando a Warda, mientras dice escuchar el sonido desde el vientre. Son la determinación y la juventud de Samia los que hacen que la mirada de Abla vuelva a brillar. Es la deslumbrante dirección de fotografía, la que nos acompaña en cada noche, mientras lágrimas entre sombras fluyen inaudibles por la mejilla.
La ausencia de música de partitura completa la sinfonía. Tan sólo las melodías del pasado rompen el silencio del encuadre. Cuando una se da a la otra tenemos los momentos más bellos. Son lecciones de vida completando los huecos necesarios. Amasando con delicadeza harina para ir cimentando el futuro.
El compendio de dos vidas que van por distintos caminos, pero que no pueden ser ajenos el uno del otro. Para llegado el momento apretar las entrañas contra el pecho, contener la respiración, y dejar surgir el llanto. Y sin decir palabra cumplir la promesa, y con un par, deslizarse como un susurro a eso que llamamos la vida.
La mirada atraviesa muros de difícil comprensión, que no se atiene a la razón lógica; y de forma instintiva es capaz de abrir puertas a lo que habla en silencio. Pasando las horas sin poder olvidar lo que se tiene por dentro, pero tampoco a quien espera fuera. El duelo tampoco puede ser escuchado.
Es infrecuente encontrar una película así. Maryam Touzani, maneja herramientas de maestro, guiada por un relato humano y sincero de forma natural. Sin exceso de palabrería pero con una honestidad tan rotunda, que hace que la historia sea prácticamente inquebrantable. Es esa luz acogedora la que ilumina esos rostros, cada gesto, cada movimiento, hablando por si misma. Son esos ojos que se iluminan contemplando a Warda, mientras dice escuchar el sonido desde el vientre. Son la determinación y la juventud de Samia los que hacen que la mirada de Abla vuelva a brillar. Es la deslumbrante dirección de fotografía, la que nos acompaña en cada noche, mientras lágrimas entre sombras fluyen inaudibles por la mejilla.
La ausencia de música de partitura completa la sinfonía. Tan sólo las melodías del pasado rompen el silencio del encuadre. Cuando una se da a la otra tenemos los momentos más bellos. Son lecciones de vida completando los huecos necesarios. Amasando con delicadeza harina para ir cimentando el futuro.
El compendio de dos vidas que van por distintos caminos, pero que no pueden ser ajenos el uno del otro. Para llegado el momento apretar las entrañas contra el pecho, contener la respiración, y dejar surgir el llanto. Y sin decir palabra cumplir la promesa, y con un par, deslizarse como un susurro a eso que llamamos la vida.
25 de octubre de 2019
25 de octubre de 2019
24 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con dos interpretaciones como las de Lubna Azabal y Nisrine Erradi (debutante), acompañadas por la naturalidad de la niña Douae Belkhaouda, la ópera prima de Maryam Touzani tiene andado medio camino.
Quien ha avanzado muy poco aún, en lo que respecta al buen trato e igualdad de las mujeres, es la sociedad marroquí que sigue discriminando brutalmente, sobre todo, a las madres solteras que son repudiadas por sus propias familias.
Samia, en sus últimos días de embarazo, patea las calles de Casablanca y es auxiliada por una pastelera que atraviesa días difíciles junto a su pequeña. Pero está claro que en el reino alauita solo una mujer puede ayudar a otra y el futuro de esta nación, como el de otras muchas, pasa porque sean conscientes de que solo ellas pueden cambiar, para mejor, un mundo más que injusto con los débiles.
La directora, ayudada en el guión y la producción por Nabil Ayouch que ganó en Valladolid (Los caballos De Dios-2012), nos hace empatizar y sufrir con Abla, Samia y Warda y coloca en nuestras manos una bandera más que airear, de revoluciones pendientes. Labor encomiable, esta de las denuncias sociales, que lideran las gentes del cine, ante el cómodo silencio de otros intelectuales y periodistas; que no hacen ascos, en ocasiones, a formar parte de la canalla asalariada, y bendicen esa red de falsedades que tejen los poderosos para negar la evidencia.
Quien ha avanzado muy poco aún, en lo que respecta al buen trato e igualdad de las mujeres, es la sociedad marroquí que sigue discriminando brutalmente, sobre todo, a las madres solteras que son repudiadas por sus propias familias.
Samia, en sus últimos días de embarazo, patea las calles de Casablanca y es auxiliada por una pastelera que atraviesa días difíciles junto a su pequeña. Pero está claro que en el reino alauita solo una mujer puede ayudar a otra y el futuro de esta nación, como el de otras muchas, pasa porque sean conscientes de que solo ellas pueden cambiar, para mejor, un mundo más que injusto con los débiles.
La directora, ayudada en el guión y la producción por Nabil Ayouch que ganó en Valladolid (Los caballos De Dios-2012), nos hace empatizar y sufrir con Abla, Samia y Warda y coloca en nuestras manos una bandera más que airear, de revoluciones pendientes. Labor encomiable, esta de las denuncias sociales, que lideran las gentes del cine, ante el cómodo silencio de otros intelectuales y periodistas; que no hacen ascos, en ocasiones, a formar parte de la canalla asalariada, y bendicen esa red de falsedades que tejen los poderosos para negar la evidencia.
22 de mayo de 2020
22 de mayo de 2020
21 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
El encanto del cine también está en encontrar un balance y una armonía entre la historia que se cuenta y la narrativa que se elige para relatar. Esta película está filmada con refinamiento y sutileza para crea un equilibrio perfecto entre las acciones y la cadencia. Y la historia se acerca a esa armonía con un triángulo perfecto compuesto por tres personajes complementarios, necesarios para el universo de la historia y cautivadores en su esencia.
Como con la paciencia de un buen panadero artesano, se va amasando un relato delicado y robusto, como un delicioso batbout marroquí. La cocina resulta ser el escenario más íntimo y donde mejor saben purgar las amarguras unas mujeres sensibles que guardan sus agobios, temores y pesares, bajo un contexto conocido del mundo árabe con sus condicionamientos y sus limitantes para las mujeres. Y en medio, una pequeña, como contrapeso que permite que todo suceda gracias a su dulzura y candor.
El encuentro de estas mujeres guarda intimidad y catarsis, es introspección, liberación y reflexión. Entre la harina y el horno, la rutina y los horarios, el abrir y cerrar puertas, se cruzan unos mundos femeninos complejos y encantadores. Cómo en tanta sencillez se logra ese grado de complejidad. La película fascina con su simplicidad, cercanía y contundencia. Es un lujo para el mundo del cine poder contar con nuevos directores que materialicen tantos discursos sensatos desde diferentes latitudes. El mundo árabe representándose y narrándose con pulcritud y empatía.
Como con la paciencia de un buen panadero artesano, se va amasando un relato delicado y robusto, como un delicioso batbout marroquí. La cocina resulta ser el escenario más íntimo y donde mejor saben purgar las amarguras unas mujeres sensibles que guardan sus agobios, temores y pesares, bajo un contexto conocido del mundo árabe con sus condicionamientos y sus limitantes para las mujeres. Y en medio, una pequeña, como contrapeso que permite que todo suceda gracias a su dulzura y candor.
El encuentro de estas mujeres guarda intimidad y catarsis, es introspección, liberación y reflexión. Entre la harina y el horno, la rutina y los horarios, el abrir y cerrar puertas, se cruzan unos mundos femeninos complejos y encantadores. Cómo en tanta sencillez se logra ese grado de complejidad. La película fascina con su simplicidad, cercanía y contundencia. Es un lujo para el mundo del cine poder contar con nuevos directores que materialicen tantos discursos sensatos desde diferentes latitudes. El mundo árabe representándose y narrándose con pulcritud y empatía.
3 de noviembre de 2019
3 de noviembre de 2019
11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una historia de amistad entre dos mujeres y una niña en la sociedad marroquí donde prima la vergüenza de las madres solteras y la exclusión a la que se ven sometidas por el mero hecho de no estar casadas.
Basada en la propia experiencia de la directora cuando era niña que vio como una joven mujer embarazada llego a su puerta escapándose de su hogar para que sus padres no se dieran cuenta de que estaba esperando un hijo. Maryam Touzani escribe el guion de esta historia junto a su esposo Nabil Ayouch. Siendo Maryam la encargada de dirigir esta opera prima (como actriz la recordamos de protagonista en "Razzia" 2017 de Nabil Ayouch).
Abla es una viuda que vive con su pequeña hija de 8 años, se gana la vida vendiendo pasteles y pan desde la ventana de su casa en un barrio de Casablanca. Un día alguien llama a su puerta. Se trata de Samia, una joven embarazada que busca empleo y un techo donde dormir ya que esta viviendo en la calle. A la pequeña le atrae la recién llegada desde el primer momento, pero la madre se opone inicialmente a acoger a la extraña en su casa. Al verla dormir en los portales Abla la invita la acoge y comienza a ayudarla en la pastelería...
Lubna Azabal, una gran actriz árabe interpreta a Abla, desconfiada y de duelo por la muerte de su marido, no soporta escuchar música, ni hacer caso a ningún pretendiente. Todo eso cambiara cuando llega Samia, interpretada por Nisrine Errandi trabajadora y dispuesta a todo que esta pagando caro su embarazo no deseado. Warda (Douae Belkhaouda) es la hija de ocho años, que está siendo criada por su madre y que creara un buen vinculo emocional con Samia.
Un drama profundo y conmovedor sin demasiado sentimentalismo, en el que las dos mujeres se ayudaran para intentar salir adelante y dejar los problemas atrás.
Destino Arrakis.com
Basada en la propia experiencia de la directora cuando era niña que vio como una joven mujer embarazada llego a su puerta escapándose de su hogar para que sus padres no se dieran cuenta de que estaba esperando un hijo. Maryam Touzani escribe el guion de esta historia junto a su esposo Nabil Ayouch. Siendo Maryam la encargada de dirigir esta opera prima (como actriz la recordamos de protagonista en "Razzia" 2017 de Nabil Ayouch).
Abla es una viuda que vive con su pequeña hija de 8 años, se gana la vida vendiendo pasteles y pan desde la ventana de su casa en un barrio de Casablanca. Un día alguien llama a su puerta. Se trata de Samia, una joven embarazada que busca empleo y un techo donde dormir ya que esta viviendo en la calle. A la pequeña le atrae la recién llegada desde el primer momento, pero la madre se opone inicialmente a acoger a la extraña en su casa. Al verla dormir en los portales Abla la invita la acoge y comienza a ayudarla en la pastelería...
Lubna Azabal, una gran actriz árabe interpreta a Abla, desconfiada y de duelo por la muerte de su marido, no soporta escuchar música, ni hacer caso a ningún pretendiente. Todo eso cambiara cuando llega Samia, interpretada por Nisrine Errandi trabajadora y dispuesta a todo que esta pagando caro su embarazo no deseado. Warda (Douae Belkhaouda) es la hija de ocho años, que está siendo criada por su madre y que creara un buen vinculo emocional con Samia.
Un drama profundo y conmovedor sin demasiado sentimentalismo, en el que las dos mujeres se ayudaran para intentar salir adelante y dejar los problemas atrás.
Destino Arrakis.com
4 de febrero de 2021
4 de febrero de 2021
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
No hace falta mucho para que una película alcance una elevada puntuación global entre los usuarios de esta página. ADAM es un producto sencillo, sincero, envolvente y cuidado... que lo ha logrado.
Con unas actuaciones excelentes desde una temática nada original (Todo lo que aquí se narra, ya se ha contado antes) lo que verdaderamente importa es la forma de hacerlo... que el cuento parezca diferente aunque sea el mismo.
El empeño que su directora Mayran Touzani, pone en los detalles, la sensibilidad de la trama; los gestos, la escasez de diálogos innecesarios; al final la transforman de un exquisito deleite para la vista, u otros sentidos.
Concluye con un acertado final.
Con unas actuaciones excelentes desde una temática nada original (Todo lo que aquí se narra, ya se ha contado antes) lo que verdaderamente importa es la forma de hacerlo... que el cuento parezca diferente aunque sea el mismo.
El empeño que su directora Mayran Touzani, pone en los detalles, la sensibilidad de la trama; los gestos, la escasez de diálogos innecesarios; al final la transforman de un exquisito deleite para la vista, u otros sentidos.
Concluye con un acertado final.
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