Asesinato en el Expreso de Oriente
2017 

5,8
27.357
22 de noviembre de 2017
22 de noviembre de 2017
5 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hércules Poirot es uno de los detectives más populares de la historia de la literatura escrita por Agatha Christie, un personaje refinado y muy inteligente capaz de solucionar cualquier asesinato. Por este motivo el personaje fue llevado al cine en múltiples ocasiones: “Alibi” (1931), “Black Coffee” (1931), “Lord Edgware Dies”(1934), “Detective con rubia”(1966), “Asesinato en el Orient Express” (1974), “La muerte de Lord Edgware” (1985 TV.), “El Templete de Nasse House”(1986 TV.), “Tragedia en tres actos”(1986 TV.), “Cita con la muerte” (1988), “Muerte en el Nilo” (1978) y “Muerte Bajo el Sol” (1982) quizá estas tres últimas las más famosas protagonizadas por Peter Ustinov. También existe una serie de tv. de trece temporadas que interpretó el británico David Suchet.
Kenneth Branagh se encarga de dirigir e interpretar a Mr. Poirot este nuevo remake de la película de 1974 de Sidney Lumet que interpretó Albert Finney. Ha contado con un presupuesto de 55 millones de Dólares y ha decidido rodarla en formato cine 65mm algo que ya hizo hace 21 años con “Hamlet”. Cuenta como no, con una partitura buenisima de Patrick Doyle compositor habitual de Branagh en casi todas sus películas y Michelle Pfeiffer canta “Never Forget” sobre los créditos finales del film.
Kenneth Branagh se encarga de dirigir e interpretar a Mr. Poirot este nuevo remake de la película de 1974 de Sidney Lumet que interpretó Albert Finney. Ha contado con un presupuesto de 55 millones de Dólares y ha decidido rodarla en formato cine 65mm algo que ya hizo hace 21 años con “Hamlet”. Cuenta como no, con una partitura buenisima de Patrick Doyle compositor habitual de Branagh en casi todas sus películas y Michelle Pfeiffer canta “Never Forget” sobre los créditos finales del film.

Está producida por Ridley Scott y al igual que el film del 74 tiene un reparto de lujo que incluye a Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Olivia Colman, Willem Dafoe, Penelope Cruz, Judi Dench, etc.. El guión de Michael Green respeta bien la novela con algún pequeño cambio para hacerla más entretenida y que no transcurra todo en el vagón de tren varado por la nieve.
Alexandra Byrne diseña un vestuario muy elegante para los protagonistas, y los interiores del lujoso tren están impecablemente recreados pero los exteriores abusan demasiado del CGI, pero la maestría de Branagh como director de películas tan dispares como “Thor”,”La Cenicienta” o las versiones de Shakespeare hacen que se vea con mucho interés.
Una película muy correcta que supongo que si tiene éxito, la Fox se lanzará a producir alguna mas de este peculiar detective Belga.
Destino Arrakis.com
Alexandra Byrne diseña un vestuario muy elegante para los protagonistas, y los interiores del lujoso tren están impecablemente recreados pero los exteriores abusan demasiado del CGI, pero la maestría de Branagh como director de películas tan dispares como “Thor”,”La Cenicienta” o las versiones de Shakespeare hacen que se vea con mucho interés.
Una película muy correcta que supongo que si tiene éxito, la Fox se lanzará a producir alguna mas de este peculiar detective Belga.
Destino Arrakis.com
7 de noviembre de 2017
7 de noviembre de 2017
4 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin haber leído la novela ni haber visto ninguna de las versiones anteriores, y por lo tanto sin que sea objeto de ningún agravio comparativo, la encuentro bastante floja.
Desde el principio todo indica que Poirot va a ser el detective infalible típico: maniático, excéntrico y con una capacidad de deducción que roza el ocultismo. Esto ya de por sí le da al conjunto un toque de humor que nunca está de más, pero ahí termina toda la gracia.
Aunque la estética está cuidada y se intenta darle vidilla jugando con los planos, el resultado final es sencillamente soso.
Algunos actores están muy bien y otros, no sabría decir, porque no tienen tiempo de lucirse. Tantos elementos hacen que ninguno brille especialmente, aparte del propio Brannagh, que está encantado de haberse conocido y aquí se evidencia una vez más.
Por último, con la ilusión que me hacía llegar totalmente de nuevas a la historia y muy dispuesta a dejarme sorprender, me encuentro con que el final viene oliendo desde que habla con dos o tres de los pasajeros.
Desde el principio todo indica que Poirot va a ser el detective infalible típico: maniático, excéntrico y con una capacidad de deducción que roza el ocultismo. Esto ya de por sí le da al conjunto un toque de humor que nunca está de más, pero ahí termina toda la gracia.
Aunque la estética está cuidada y se intenta darle vidilla jugando con los planos, el resultado final es sencillamente soso.
Algunos actores están muy bien y otros, no sabría decir, porque no tienen tiempo de lucirse. Tantos elementos hacen que ninguno brille especialmente, aparte del propio Brannagh, que está encantado de haberse conocido y aquí se evidencia una vez más.
Por último, con la ilusión que me hacía llegar totalmente de nuevas a la historia y muy dispuesta a dejarme sorprender, me encuentro con que el final viene oliendo desde que habla con dos o tres de los pasajeros.
Supongo que la historia es atractiva para adaptarla por el juego que da el planteamiento y el rollo del tren, pero me parece bastante simplona y me ha decepcionado.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Generalmente no suelo anticipar los finales. No lo intento y además sé que no se me daría bien.
Por eso creo que no estoy ante un misterio particularmente bien urdido si todos los pasajeros, que supuestamente no se conocen entre sí, tienen relación con el fiambre. Eso apesta a que están conchabados desde muy poco avanzada la trama.
Sin relación con nada de lo anterior, pero que si no lo digo reviento: me da mucha pena, pero la Pfeiffer cada vez se parece más a Michael Jackson.
Por eso creo que no estoy ante un misterio particularmente bien urdido si todos los pasajeros, que supuestamente no se conocen entre sí, tienen relación con el fiambre. Eso apesta a que están conchabados desde muy poco avanzada la trama.
Sin relación con nada de lo anterior, pero que si no lo digo reviento: me da mucha pena, pero la Pfeiffer cada vez se parece más a Michael Jackson.
12 de noviembre de 2017
12 de noviembre de 2017
4 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
No hubo decepción para mi esta ocasión, creo que esas son las palabras claves para iniciar mi crítica de esta película.
El Asesinato en el Expreso Oriente ya había sido adaptada con anterioridad, misma que tuvo un éxito bastante considerable siendo nominado a nada mas y nada menos 6 premios de la Academia, ganando uno de ellos la señora Ingrid Bergman en la categoría de Mejor Actor de Reparto. Pues bien, eso es lo que tenia que superar esta entrega de el Asesinato en el Expreso Oriente, algo en sí complicado y que para ser sincero no lo ha conseguido, sin embargo, ¿Es una mala película?, ¿Una mala adaptación?, las respuestas a ambas son un contundente "No", y las razones las explicare a continuación.
La película es llevada a buen puerto por varios motivos, uno de los cuales tiene que ser el protagonista; Kenneth Branagh, quien logra desarrollar un personaje de entrada complicado por la excentricidad de el mítico Detective, sin embargo, Branagh logra desarrollar un personaje carismático, inteligente, y que si logras relacionar con el personaje de Agatha Christie. Ademas de esto, no solo Branagh hace un buen papel, sino que el reparto, el cuál por nombres ya llamaba la atención, logra hacer una interpretación mas que decente, destaco en especial a Josh Gad como MacQueen, Johnny Deep como Ratchett y Michelle Pfeiffer como Mrs Hobbard y Daisy Ridley como Mary Debenham.
El Asesinato en el Expreso Oriente ya había sido adaptada con anterioridad, misma que tuvo un éxito bastante considerable siendo nominado a nada mas y nada menos 6 premios de la Academia, ganando uno de ellos la señora Ingrid Bergman en la categoría de Mejor Actor de Reparto. Pues bien, eso es lo que tenia que superar esta entrega de el Asesinato en el Expreso Oriente, algo en sí complicado y que para ser sincero no lo ha conseguido, sin embargo, ¿Es una mala película?, ¿Una mala adaptación?, las respuestas a ambas son un contundente "No", y las razones las explicare a continuación.
La película es llevada a buen puerto por varios motivos, uno de los cuales tiene que ser el protagonista; Kenneth Branagh, quien logra desarrollar un personaje de entrada complicado por la excentricidad de el mítico Detective, sin embargo, Branagh logra desarrollar un personaje carismático, inteligente, y que si logras relacionar con el personaje de Agatha Christie. Ademas de esto, no solo Branagh hace un buen papel, sino que el reparto, el cuál por nombres ya llamaba la atención, logra hacer una interpretación mas que decente, destaco en especial a Josh Gad como MacQueen, Johnny Deep como Ratchett y Michelle Pfeiffer como Mrs Hobbard y Daisy Ridley como Mary Debenham.

Tanto la ambientación de la época, como la Banda Sonora son mas que decentes, y cumplen muy bien su papel, logrando acentuar momentos importantes y metiendo ese sabor especial que debe tener una película de misterio.
El único punto negativo tiene que ser que su inicio es lento y titubeante, y da la impresión de que la película va con paso inseguro hacia un rumbo desconocido, sin embargo la película sobre los 35-40 minutos toma gancho, mismo que no suelta hasta el final.
Así que en conclusión la nueva adaptación de Asesinato en el Expreso de Oriente es una película cumplidora, no de las mejores del año, pero si que te hará pasar un muy buen rato, tal como la hace el soberbio libro de la escritora Britanica. Denle una oportunidad, y vean si pueden descubrir quien es el Asesino.
Saludos Equipo de FilmAffinity
El único punto negativo tiene que ser que su inicio es lento y titubeante, y da la impresión de que la película va con paso inseguro hacia un rumbo desconocido, sin embargo la película sobre los 35-40 minutos toma gancho, mismo que no suelta hasta el final.
Así que en conclusión la nueva adaptación de Asesinato en el Expreso de Oriente es una película cumplidora, no de las mejores del año, pero si que te hará pasar un muy buen rato, tal como la hace el soberbio libro de la escritora Britanica. Denle una oportunidad, y vean si pueden descubrir quien es el Asesino.
Saludos Equipo de FilmAffinity
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
No podemos no destacar el fantástico guiño que hacen en el final de la película, abriendo las puertas a una posible secuela y también adaptación de Muerte en el Nilo.
4 de diciembre de 2017
4 de diciembre de 2017
3 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
(Agata Christie y Arthur Conan Doyle o El imperio británico y el empirismo como filosofía. Los dos escritores creadores de grandes detectives nacieron en el siglo diecinueve, cuando el citado imperio era todavía un monstruo de poder y grandes extensiones, en plena exaltación de sus valores e ideas, herederos de una tradición de pensamiento basada en la experiencia, en la contemplación activa de la naturaleza, en la consideración de que el conocimiento proviene de la observación, de la sensación que se convierte mediante su análisis en ciencia, es decir, el rechazo de las ideas preconcebidas, de toda forma de vago idealismo, de la metafísica y el dudoso cartesianismo. La realidad sin a prioris o prejuicios, tal cual, como un ente verificable y susceptible de ser aclarado y medido, tasado y comprobado. El hombre como una tabula rasa que viene al mundo desnudo, que conoce solo a través de lo que le acontece, prueba y experimenta, y que sus ideas son, o deben ser, consecuencia única e inevitablemente de aquello que vive y deduce. Bueno, pues ahí, en ese interesante contexto, con sus muy ricos matices y disquisiciones que ahora no vienen al caso por falta de tiempo y espacio aparecen estos investigadores tan concienzudos, Poirot o Sherlock Holmes (¿reflejos masivos populares de los no tan conocidos ni queridos Locke, Hume, Bacon... ? ¿ El triunfo definitivo, comercial, literario y hasta peliculero del alma británica, Robinson Crusoe, y su éxito militar-tecnológico-económico-lingüístico? ¿O no, o exagero y no sé ni dónde miro ni dónde veo, por dónde me da el aire?).

Un chiste. Una obra de teatro. Una iluminación.
Un chiste malo que acaba siendo bueno. Largo, espeso, ridículo, pesado y absurdo. Con final feliz. Con gracia postrera. Con sentido último.
Una obra de teatro caricaturesca, tediosa y atorrante que se conforma con representar la vida como si fuera un extraño vodevil, un cuento infantil repleto de casualidades imposibles y encuentros morrocotudos con un trasfondo negro y criminal de pasiones rebuscadas y personajes de cartón piedra. Un maremágnum o tótum revolútum anacrónico y pesadillesco, canoso, reumático y moribundo. Una farsa vieja y apolillada. Unas ganas de dormir hasta morir.
Y cuando la noche era más oscura y el amanecer no se intuía todavía..., nos dan el cambiazo o, mejor, lo vemos con la cara lavada, sin afeites, descubrimos el truco del almendruco, el quid, el matiz, el desliz. No era solo acumulación de idiotas ocurrencias. Ni suma de desafueros mostrencos. Ni viejos efluvios de entreguerras. No.
Un chiste malo que acaba siendo bueno. Largo, espeso, ridículo, pesado y absurdo. Con final feliz. Con gracia postrera. Con sentido último.
Una obra de teatro caricaturesca, tediosa y atorrante que se conforma con representar la vida como si fuera un extraño vodevil, un cuento infantil repleto de casualidades imposibles y encuentros morrocotudos con un trasfondo negro y criminal de pasiones rebuscadas y personajes de cartón piedra. Un maremágnum o tótum revolútum anacrónico y pesadillesco, canoso, reumático y moribundo. Una farsa vieja y apolillada. Unas ganas de dormir hasta morir.
Y cuando la noche era más oscura y el amanecer no se intuía todavía..., nos dan el cambiazo o, mejor, lo vemos con la cara lavada, sin afeites, descubrimos el truco del almendruco, el quid, el matiz, el desliz. No era solo acumulación de idiotas ocurrencias. Ni suma de desafueros mostrencos. Ni viejos efluvios de entreguerras. No.

Era una imagen certera del mundo. Una visión exacta de nuestra realidad fracturada. Un abrazo sentido por/a nuestra tristeza y dolor.
Todos arrastramos miserias, cicatrices, heridas sin vuelta. Por eso disimulamos, fingimos, mentimos, para que no se den cuenta. Para que no huelan la sangre y acometan. Por eso nos disfrazamos, simulamos y de máscaras nos llenamos. Por eso nadie es quien parece y todos somos muchos, hermanos en el desconsuelo, unidos en el engaño, celebrando al unísono el cerrado trampantojo, la descarada mascarada. Intercambiables, indistinguibles, piezas, trozos, cachos, rotos. Personajes tronchados, descompuestos, disueltos.
Un iluminado. Un neurótico de cuerpo entero. Atrapado por el orden. Alérgico al desequilibrio. Un pobre niño con miedo. Aterrado, escondido, pertrechado tras su ridículo, grotesco bigote. Pequeño, limitado, lastimado, lleno de una soberbia forzada y torticera, cicatera, asustada. Un hombre diminuto, acosado por costumbres huecas, hábitos de monje ciego, rutinas de morsa, apariencia de seca alforja, arroba.
Todos arrastramos miserias, cicatrices, heridas sin vuelta. Por eso disimulamos, fingimos, mentimos, para que no se den cuenta. Para que no huelan la sangre y acometan. Por eso nos disfrazamos, simulamos y de máscaras nos llenamos. Por eso nadie es quien parece y todos somos muchos, hermanos en el desconsuelo, unidos en el engaño, celebrando al unísono el cerrado trampantojo, la descarada mascarada. Intercambiables, indistinguibles, piezas, trozos, cachos, rotos. Personajes tronchados, descompuestos, disueltos.
Un iluminado. Un neurótico de cuerpo entero. Atrapado por el orden. Alérgico al desequilibrio. Un pobre niño con miedo. Aterrado, escondido, pertrechado tras su ridículo, grotesco bigote. Pequeño, limitado, lastimado, lleno de una soberbia forzada y torticera, cicatera, asustada. Un hombre diminuto, acosado por costumbres huecas, hábitos de monje ciego, rutinas de morsa, apariencia de seca alforja, arroba.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Hasta que la vida, como a todos, tarde o temprano, le enfrenta a la cruda realidad, esencia o disparate, a la insoportable, por mucho tiempo, verdad. Le grita a los cuatro vientos que no, que su orden es filfa y que el caos lo devora todo, de arriba abajo, sea dicho de paso, que su método inductivo-deductivo no sirve para nada, que la justicia es un espejismo, que la verdad está en otra parte o es otra cosa, que el bien es malvado y el mal aproximado, que el gris es oscuro y el blanco de un profundo carmesí está penetrado, que es un petimetre, un mequetrefe, un eterno adolescente acojonado que se pasa la vida como un solterón risible, capado y amedrentado, que no vale la pena tanto esfuerzo, que si sigue así no habrá más remedio que echarle a un lado, a los perros, al basurero más cercano, a no tardar, más bien muy temprano.
Y por un momento lo entiende, lo comprende, no quería pero lo siente, lo aprende.
Y cede, se retira, lo deja estar, experimenta la vida sin filtros deformantes o muletas consoladoras, esas drogas o mierdas, anestesias, ilusiones falsas, por un breve instante.
Y por un momento lo entiende, lo comprende, no quería pero lo siente, lo aprende.
Y cede, se retira, lo deja estar, experimenta la vida sin filtros deformantes o muletas consoladoras, esas drogas o mierdas, anestesias, ilusiones falsas, por un breve instante.

Pero el tonto siempre vuelve a la linde. Despierta y tiene un nuevo caso. En el Nilo nada menos. Allí que irá el mamarracho. A dar la murga todo el santo día con sus impertinentes preguntas y sus atascos. Un mastuerzo. Para mandarlo de una vez por todas a tomar por saco, a dar un paseo.
Muy brillante forma (esos travellings y planos cenitales, esa fotografía delicada y animada, esa luz y ese color... ) para un jeroglífico pueril que acaba siendo tan humano.
Mucha fofa molla que se redime solamente un poco muy a última hora.
Pfeiffer se ha operado demasiado, Depp está muy perjudicado, Branagh, pequeño y sano, los demás, Dench como regia señora, Jacobi como soberbio viejo, Cruz y la madura belleza aquí derrotada, Dafoe siempre el más querido y no sigo que ya es hora de no incordiar más y ser tan prolijo, cansino, desmedido.
Muy brillante forma (esos travellings y planos cenitales, esa fotografía delicada y animada, esa luz y ese color... ) para un jeroglífico pueril que acaba siendo tan humano.
Mucha fofa molla que se redime solamente un poco muy a última hora.
Pfeiffer se ha operado demasiado, Depp está muy perjudicado, Branagh, pequeño y sano, los demás, Dench como regia señora, Jacobi como soberbio viejo, Cruz y la madura belleza aquí derrotada, Dafoe siempre el más querido y no sigo que ya es hora de no incordiar más y ser tan prolijo, cansino, desmedido.
5 de diciembre de 2017
5 de diciembre de 2017
3 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Kenneth Branagh es un tipo listo.
Y no, no lo digo sólo por dirigirse su propia peli, ponerse de protagonista diciendo qué guapo soy y qué tipo tengo, y quedar como el más puto amo del lugar.
Sino porque, además de todo eso, se ha dado cuenta de lo grandiosos que eran los misterios de época con repartazo multigeneracional, y lo mucho que los echamos de menos.
'Asesinato en el Orient Express', así puesto, es el artefacto nostálgico refinado hasta la excelencia: no importa tanto el viaje como el de qué manera lo van a conducir sus maquinistas, y las apuestas suben cuanto más vemos cómo todos se han querido creer que están en los puñeteros años 30.
Es una fiesta de disfraces, una gran bacanal en el que cada uno intenta masticar sus palabras con más arte que el anterior, y aún así queda espacio para el suspense y la sorpresa, porque saber el destino no implica conocer el trayecto.
Branagh, perro viejo, has recreado perfectamente el Orient Express sin necesidad del tresdé: grandes personalidades chocándose en un espacio mínimo, a la vez que uno se queda boquiabierto por los lujos y complacido por la maestría técnica.
Y no, no lo digo sólo por dirigirse su propia peli, ponerse de protagonista diciendo qué guapo soy y qué tipo tengo, y quedar como el más puto amo del lugar.
Sino porque, además de todo eso, se ha dado cuenta de lo grandiosos que eran los misterios de época con repartazo multigeneracional, y lo mucho que los echamos de menos.
'Asesinato en el Orient Express', así puesto, es el artefacto nostálgico refinado hasta la excelencia: no importa tanto el viaje como el de qué manera lo van a conducir sus maquinistas, y las apuestas suben cuanto más vemos cómo todos se han querido creer que están en los puñeteros años 30.
Es una fiesta de disfraces, una gran bacanal en el que cada uno intenta masticar sus palabras con más arte que el anterior, y aún así queda espacio para el suspense y la sorpresa, porque saber el destino no implica conocer el trayecto.
Branagh, perro viejo, has recreado perfectamente el Orient Express sin necesidad del tresdé: grandes personalidades chocándose en un espacio mínimo, a la vez que uno se queda boquiabierto por los lujos y complacido por la maestría técnica.

¿Hace falta decir que Hércules Poirot se encuentra en el tren y va a resolver el asesinato?
Pues sí, hace falta decirlo, el imperturbable detective belga Hércule Poirot se encuentra en viaje casual y misterioso a bordo del famoso tren, donde va a resolver el truculento asesinato de uno de sus excéntricos y sospechosos pasajeros.
Esa es la táctica de Branagh: consciente de que poco se puede añadir a lo ya dicho, embellece y bruñe la narrativa original, con la noble intención de sentirse releyendo un clásico inolvidable, que te vuelve a atrapar como si no lo hubieras descubierto.
El detalle obsesivo permite recrearse en la imponente armadura del expreso, en el juguetón exotismo de Estambul, pero sobre todo en cada uno de los viajeros que forman el rompecabezas del misterio.
No podrían ser más estereotípicos a no ser que llevaran una ficha de Cluedo pegada en la frente, pero gracias al exhaustivo interrogatorio en cada rincón de esta novela hecha carne empezarás a conocerles y empatizar con sus carácteres: ¿te acuerdas de aquella época en la que contar una historia requería tiempo, y se partía de un cliché al que una estrella prestaba toda su capacidad para sorprender?
Pues sí, hace falta decirlo, el imperturbable detective belga Hércule Poirot se encuentra en viaje casual y misterioso a bordo del famoso tren, donde va a resolver el truculento asesinato de uno de sus excéntricos y sospechosos pasajeros.
Esa es la táctica de Branagh: consciente de que poco se puede añadir a lo ya dicho, embellece y bruñe la narrativa original, con la noble intención de sentirse releyendo un clásico inolvidable, que te vuelve a atrapar como si no lo hubieras descubierto.
El detalle obsesivo permite recrearse en la imponente armadura del expreso, en el juguetón exotismo de Estambul, pero sobre todo en cada uno de los viajeros que forman el rompecabezas del misterio.
No podrían ser más estereotípicos a no ser que llevaran una ficha de Cluedo pegada en la frente, pero gracias al exhaustivo interrogatorio en cada rincón de esta novela hecha carne empezarás a conocerles y empatizar con sus carácteres: ¿te acuerdas de aquella época en la que contar una historia requería tiempo, y se partía de un cliché al que una estrella prestaba toda su capacidad para sorprender?

Kenneth se acuerda, y desde luego no deja que sea promesa hueca: cada intento de lucirse, cada comentario afilado, sólo es un paso más en la perfidia que habita dentro de esta ratonera nevada.
Porque esa sigue siendo la palabra clave, "perfidia", emoción muy humana que esos cartones de apariencias que son cada viajero parecería que nunca han expresado.
Poirot, cavando solo bajo la nieve de la culpabilidad, se encuentra de pronto un terrible secreto, que amenaza con zarandear sus parámetros del bien y el mal, pero sobre todo la tranquilidad que siempre ha extraído de su existencia separada, la misma que equilibraba desde su mayestático mostacho (pardiez con el mostacho) hasta sus desayunos de buena mañana.
Y poco de este misterio nos puede sorprender, si no fuera porque nunca fue un misterio: sólo la toma de conciencia de una mente privilegiada, que se empeñó en ver blancos y negros y al final descubrió que el gris le ahogaba.
A los pasajeros no les corresponde la triste responsabilidad del descubrimiento, pues ya bastante tienen con sus almas dolidas, fracturadas y sin descanso.
Pero es el silencio, la mortal quietud tras un acto horrible, contrario a la naturaleza humana, lo que puede hacer perder la fe a un hombre, y darse cuenta de aquellos animales a los que investigaba.
Hércule Poirot sólo tuvo la maldición de oír en ese silencio, mejor que nadie, el grito de los inocentes que nunca en la bondad han logrado nada: la maldad, entonces, es sólo un punto de vista.
Ese era el único misterio a resolver del Orient Express.
Pero también se queda pendiente de un hilo, una muerte sobre el Nilo.
Seré sólo yo el único tonto al que se le dibuja una sonrisa de pensar que, en pleno S.XXI, una franquicia de Hércule Poirot nos podrían regalar.
El placer es mío, oigan.
Porque esa sigue siendo la palabra clave, "perfidia", emoción muy humana que esos cartones de apariencias que son cada viajero parecería que nunca han expresado.
Poirot, cavando solo bajo la nieve de la culpabilidad, se encuentra de pronto un terrible secreto, que amenaza con zarandear sus parámetros del bien y el mal, pero sobre todo la tranquilidad que siempre ha extraído de su existencia separada, la misma que equilibraba desde su mayestático mostacho (pardiez con el mostacho) hasta sus desayunos de buena mañana.
Y poco de este misterio nos puede sorprender, si no fuera porque nunca fue un misterio: sólo la toma de conciencia de una mente privilegiada, que se empeñó en ver blancos y negros y al final descubrió que el gris le ahogaba.
A los pasajeros no les corresponde la triste responsabilidad del descubrimiento, pues ya bastante tienen con sus almas dolidas, fracturadas y sin descanso.
Pero es el silencio, la mortal quietud tras un acto horrible, contrario a la naturaleza humana, lo que puede hacer perder la fe a un hombre, y darse cuenta de aquellos animales a los que investigaba.
Hércule Poirot sólo tuvo la maldición de oír en ese silencio, mejor que nadie, el grito de los inocentes que nunca en la bondad han logrado nada: la maldad, entonces, es sólo un punto de vista.
Ese era el único misterio a resolver del Orient Express.
Pero también se queda pendiente de un hilo, una muerte sobre el Nilo.
Seré sólo yo el único tonto al que se le dibuja una sonrisa de pensar que, en pleno S.XXI, una franquicia de Hércule Poirot nos podrían regalar.
El placer es mío, oigan.
Cancelar
Limpiar
Aplicar
Filters & Sorts
You can change filter options and sorts from here
Últimas personas consultadas
Canadá
México
España
UK
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana
