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My Favorite Fabric

Drama Damasco, marzo de 2011. Nahla es una joven soltera que vive una vida aburrida en un suburbio sirio, junto a su madre y dos hermanas. El día que le presentan a Samir, un expatriado sirio de los Estados Unidos en busca de una esposa, ella sueña con una vida mejor. Pero nada sale según lo previsto.
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24 de julio de 2022 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
El despertar al sexo de una adolescente en plena Primavera Árabe en la Siria de 2011 donde todo se estaba ya resquebrajando y el horror se presagiaba. La propuesta para la ópera prima de la cineasta siria Gaya Jiji es interesante y también sus resultados. Sin que “My favorite fabric” consiga llega a ser en ningún momento una gran película, sin duda acierta en el tono, en la dimensión y la forma de exponer su propuesta.

Seguimos los pasos de una omnipresente Nahla durante Marzo de 2011. Vive en Damasco, está en guerra con su mundo porque no le gusta la sociedad en la que vive, porque no le gusta la familia con la que convive, porque no le gusta la casa que habita y porque le resulta críptica pero llamativa la nueva vecina que se ha instalado dos plantas más arriba en su edificio, la cual le llama poderosamente la atención porque no tiene claras sus intenciones ni sus actividades.

Nahla es la mediana de tres hermanas, huérfanas de padre, que viven con su madre y que van tirando como pueden. Se quejan de la represión política habida en las calles de Damasco pero intuyen que quizás algún día no lejano todo eso se quede en una mera anécdota porque por el horizonte se intuyen tiempos más oscuros, como nos ocurre a nosotros en estos momentos.
Su madre concierta una cita con Samir, un joven sirio que trabaja en los USA pero quiere encontrar una buena esposa siria para contraer matrimonio. Nahla se debate entre la necesidad imperiosa de salir de aquel lugar que no soporta pero la perpetua rebelión en búsqueda de su libertad personal y la consecución de sus fantasías sexuales.

El guión de la propia cineasta Gaya Jiji presume tener mucho de autobiográfico porque su autora sabe de lo que habla, dónde lo habla y cuándo lo habla. Con mucho conocimiento de causa. Y la fotografía de Antoine Herbelé es de una belleza deslumbrante. Y todo ello sostenido a pulso por una excelsa interpretación de la actriz franco libanesa Manal Issa, que dota de sensibilidad y credibilidad a su personaje.

Y, sin embargo… algo no la lleva hasta el puerto de la excelencia, acaba resultando un tanto epidérmica e insustancial y, si bien es un entretenimiento digno, no acaba de rematar el interesante discurso que propone y que acaba dispersando hacia demasiadas direcciones a la vez.
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