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Críticas de Antonio Blovk
Ordenadas por:
7 críticas
1 2 >>
8
7 de abril de 2006
85 de 103 usuarios han encontrado esta crítica útil
Existe en el cine comercial norteamericano de estos tiempos una clara tendencia al exceso. Las tremendas mejoras tecnológicas permiten a los artistas de Hollywood introducir todo lo que deseen en sus películas, sin que haya límite alguno. Todo se puede hacer, toda idea se plasma. Claro ejemplo de esta tendencia es la saga Matrix, de los hermanos Wachowski. Ahora, de la mano de alguien muy curtido en estas batallas (Peter Jackson, responsable de la estupenda trilogía de El señor de los anillos), nos llega este abrumador remake del clásico King Kong, con tres horas de duración, momentos de una espectacularidad y un exceso nunca vistos en una pantalla de cine pero también algo más.

Y es que Jackson vuelve a demostrar con esta cinta, que su cine no consiste solamente en vacíos fuegos de artificio y que es capaz de añadirle emoción y sensibilidad. Es entretenida hasta convertirse en algunos momentos en una montaña rusa que parece que nunca para (toda la parte de la isla); es muy hermosa cuando nos cuenta su historia de amor, que podría haber caído en el ridículo, pero de alguna forma se salva. Incluso los actores, con la dificultad añadida de tener que actuar ante elementos irreales que luego servirán para añadir los incontables efectos, rayan a gran altura. Yo resaltaría especialmente a dos: Naomi Watts, confirmada ya como una de las grandes actrices del momento y el excelente cómico Jack Black, que ejerce aquí de mesiánico director de cine, puede que inspirado por Orson Welles o por el propio Jackson. Tampoco la música, que dio problemas y tuvo que ser cambiada en las últimas semanas de posproducción, chirría en absoluto y contribuye a la constante emoción que transmite la película. Un montaje rápido y eficaz hace el resto.

No entraré en este caso a cuestionar la naturaleza discutible de todo remake. Y es cierto que en momentos se pasa de abrumadora y efectista. Pero los aspectos positivos terminan pesando más que los negativos. Y es que Peter Jackson no es un director cualquiera y es por ello que, una vez más, no ha hecho la típica superproducción navideña despojada de contenidos. Sólo con ver el artesanal retrato de la Gran Depresión en los primeros minutos todo esto queda confirmado.
Antonio Blovk
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9
24 de octubre de 2006
43 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
No son muchas las obras cinematográficas que, situadas temporalmente en el futuro, hayan abordado este desde una perspectiva seria y más o menos realista. Entre estas excepciones se encuentran la irregular La Naranja Mecánica de Kubrick, la obra de culto Blade Runner de Ridley Scott y, más recientemente, la extraña pero fascinante Códgo 46 de Michael Winterbotton. A esta lista se suma ahora la nueva película de Alfonso Cuarón, autor de la estupenda Y Tú Mamá También y de la tercera y mejor aventura de Harry Potter. En este caso la sociedad futura que se nos plantea es irreversiblemente caótica, con un mundo que degenera y con la infertilidad generalizada postulándose como el final para la raza humana.

Es en ese mundo en el que un hombre sin fe se ve envuelto en una situación según la cual él se convierte en la única esperanza para la salvación de la especie. El hecho de que el personaje protagonista esté cargado de dudas y haya perdido toda esperanza contribuye a una inmediata identificación por parte del público. Si además a ello le sumamos que a este hombre le da vida el infalible Clive Owen (Plan Oculto y Closer se me vienen a la cabeza) sus andanzas provocan en algunos momentos una angustia que pocas veces he vivido en una sala de cine. La cinta cuenta con un ritmo constante y una cámara inquieta y nerviosa, reflejando de esta forma a la perfección el mundo que describe. Contribuyen a la brillantez general de la producción los estupendos secundarios (con nada menos que Michael Caine, muy alejado de lo que suele hacer), la brillante banda sonora (tanto la música escrita para la ocasión como las canciones seleccionadas) y muy especialmente el diseño de producción, que hace muy verosímil el salto adelante de veinte años en el tiempo, logrando un realismo sorprendente.

Pero si hay algo que queda tras el visionado de esta película es sin duda la reflexión que conlleva. Consiste en replantearse como será nuestro futuro, porque el que aquí se nos detalla parece tan posible que asusta. Con una sociedad formada por un Gobierno opresor y manipulador y una oposición consistente en una banda de terroristas incapaz de hacer algo más que apuñalar por la espalda la esperanza queda reducida al individuo, su fe y su suerte. No hace falta seguir con asiduidad los telediarios, basta con salir a la calle un poco para darse cuenta de que no vamos en la dirección correcta. Y hablo de todos. Y da miedo.

Lo Mejor: Prácticamente todo. Por destacar algo curioso, la selección de canciones que incluye a Radiohead y una curiosa versión del Ruby Tuesday de los Stones.

Lo Peor: Por decir algo, quizás es demasiado pesimista (aunque es lícita su postura) y la narración no discurre siempre con total fluidez.
Antonio Blovk
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7
23 de diciembre de 2005
41 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se puede acusar de muchas cosas a la cinematografía española, pero desde luego no se le puede echar en cara el no haberse enfrentado con valentía al delicadísimo problema del terrorismo de ETA. Cintas de ficción de diversos géneros y multitud de documentales han abordado el tema con mayor o menor fortuna. La película que nos ocupa se distingue del resto por encuadrarse en el género del thriller y darle bastante importancia a los momentos de acción. Es decir, se vale del trasfondo del terrorismo para cumplir su función, que no es otra que entretener.

Y lo cierto es que esto lo logra con creces. El director Miguel Courtois ha sabido crear un film intenso, nervioso, magnético, que te engancha desde el inicio y no te suelta ya nunca. Para ello ha dispuesto de numerosos medios técnicos (que, para qué negarlo, siempre ayudan), de un fantástico montaje y de una muy eficaz puesta en escena. Pero la verdad es que no todo el monte es orégano. Las escenas de acción, aunque espectaculares, resultan muy confusas y, especialmente en la primera hora, la narración es muy esquemática. Los sucesos no fluyen con naturalidad, sino que ocurren, da la sensación, porque es necesario para que haya película.

Mención aparte merece el extenso reparto de la cinta, repleto de luces y sombras. Brilla Eduardo Noriega, muy cómodo en el registro heroico, como ya lo estuvo hace unos años en Nadie conoce a nadie. La mejor actuación la brinda Silvia Abascal, con una preciosa mirada cargada de tristeza y atención al sorprendente Santiago Ramos, muy alejado de su habitual rol televisivo. Por otra parte, aunque José Coronado se lo debió pasar muy bien interpretando a su personaje, éste no resulta para nada creíble. Y Jorge Sanz, que por suerte aparece poco, se queda en su mediocridad habitual.

En definitiva, El Lobo, sin llegar a la altura del mejor thriller español de los últimos años, La caja 507, es un producto hecho con mucho esmero, tremendamente entretenido y que nos permite profundizar en un tema de extraordinaria magnitud en nuestro país, como es el terrorismo.
Antonio Blovk
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5
10 de abril de 2006
23 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
...Y cuando ya llevas un rato asistiendo a los diálogos más pretenciosos de la historia, al guión más absurdo que recuerdas y a las peores actuaciones de cada uno de los actores que la interpreta... Entonces suenan One more cup of cofee, Not dark yet, Señor... y piensas que todo es una ocurrencia maravillosa del Maestro.

Pero luego paran las canciones y todo vuelve a desarrollarse de la misma manera y piensas que Bob Dylan es maravilloso sobre todo cuando se mantiene alejado del cine.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Antonio Blovk
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8
2 de junio de 2006
19 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
El director de cine es el máximo responsable de una película. Es la persona que tiene la última decisión sobre como deben hacerse las cosas, sobre que es lo que se pone y que es lo que se deja fuera. Se rodea de un equipo de colaboradores, pero en última instancia es él, según su propio gusto, quién convierte un material químico en magia. O al menos así ocurre en el llamado cine de autor, aquel que dota de libertad a los directores, y del que la obra que nos ocupa forma parte. El director de Buenas Noches y Buena Suerte es George Clooney, uno de las estrellas del firmamento hollywoodiense y uno de los hombres más deseados según revelan encuestas aparecidas en revistas dirigidas al público femenino. Pero con esta cinta ha logrado ser mucho más que todas esas nimiedades, y se ha convertido en uno de los realizadores más interesantes del actual panorama cinematográfico norteamericano.
Y es que si por algo destaca esta película es precisamente por su dirección, por esas elecciones de las que hablaba, que pueden hacer que algo sea arte en mayúsculas o simplemente un producto más. Como muestras, la elección del blanco y negro (que hace imposible imaginarse la película de otra forma) o el casting, lleno de rostros habitualmente alejados de los flashes pero con una experiencia y una entereza interpretativa admirables (atención al estelar protagonista David Strathairn). También es verdad que la película está invadida por una cierta frialdad, lo que impide que se convierta en obra maestra, pero son tantos los elementos a destacar que es difícil parar. Acertadísimos planos y movimientos de cámara, que recogen perfectamente el ambiente que se vive en la redacción de un informativo televisivo; excelente y elegante música de jazz, interpretada además de forma sincrónica (algo poco usual) y que sirve maravillosamente para situarnos en la época en que transcurre la acción.
Pero si hay algo destacable en Buenas Noches y Buena Suerte (mucho más que el hecho de que Clooney esté siguiendo los pasos de gente como Gibson, Costner o el maestro Eastwood) es que se están tratando temas de tremenda importancia, como puedan ser la falta de libertad o la injusticia. Eran asuntos palpables en aquellos tiempos de dirigentes nefastos en la tierra de la abundancia y de los sueños. Pero no debemos engañarnos. Se ha dicho que esta película sería recibida con frialdad en países como el nuestro porque digamos que “nos pilla lejos”. Pero una afirmación como esa debería estar muy alejada de la realidad y es que, no hemos aprendido la lección. Lo que hizo el periodista Edward Murrow no puede tomarse como algo lejano, debe servir de referencia.
Antonio Blovk
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