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España España · Granada
Críticas de Kikivall
Ordenadas por:
1.342 críticas
7
29 de septiembre de 2019
43 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una bandera de España, en blanco y negro, ocupa toda la pantalla hasta que, de a poco, se colorea en bandera republicana. Así da comienzo esta película que hace un recorrido por los inicios de nuestra guerra civil, justo cuando Franco fue nombrado Jefe del Estado de la zona nacional.

Amenábar coloca el timón del film en la figura de uno de nuestros más reconocidos intelectuales, Don Miguel de Unamuno, eterno Rector en la Universidad de Salamanca y personaje cumbre de nuestro pensamiento, lúcido, mordaz, sufriente, dudoso, claro y honorable. En Unamuno cobra fuerza esa idea del español paradójico, si bien la obra unamuniana siempre fue directa contra el poder y sobre todo contra la mediocridad, la brutalidad y la iniquidad. La contradicción unamuniana siempre desemboca en coherencia, coherencia que convence y que son, como él dijo “gritos de pasión”.

Años atrás había sido uno de los intelectuales más críticos con el rey y la dictadura de Primo de Rivera. Un Unamuno enarbolando la razón, ‘doliéndole’ la España que veía, que apoyó la fundación de la era Republicana como socialista. La misma República que explotó en ira y muerte contra inocentes: hombres de bien, religiosos, iglesias en llamas y barbarie. ‘No es eso, no es eso’, que dijo Ortega. Por todo eso, Unamuno apostó por los sublevados, a los cuales suponía pacificadores de las tropelías del Frente Popular. Mas los insurrectos resultaron ser igual de arbitrarios y criminales. Por eso, Unamuno se revolvió también contra aquel movimiento militar y contra Franco que, como él decía, ‘vencía’ pero no ‘convencía’. La película evidencia, así, la difícil tesitura de un pensador libre que se encontró entre dos vendavales: el bolchevismo de la República y el fascismo que vino a suplantarla. Muy difícil asunto para cualquier ser humano, por sublime intelecto que tenga.

La película se desarrolla en el verano de 1936. Miguel de Unamuno apoyando al general Franco que prometía traer el orden al país. Destituido de su cargo de Rector por el Gobierno de la República, con los sublevados Unamuno es restituido de nuevo en su cargo por la Junta de Defensa Nacional. Pero la deriva sangrienta de la nueva autoridad hace que Unamuno no pueda callar.

En el film se prodiga un personaje entre grotesco y siniestro: José Millán-Astray, fundador de la Legión. En un momento principal del film, el general M.-A. le suelta Unamuno: "Ustedes, los intelectuales, son muy valientes detrás de sus libros, en su trincheras". A lo cual responde Unamuno: "Hay otras maneras de ser valiente". Ahora ya estamos ante un Unamuno menos endiosado y egocéntrico, un hombre que expresa su repulsa hacia los nuevos vencedores, una persona más próxima al sufrimiento y la enorme desgracia de sus semejantes, paisanos, amigos, discípulos y ciudadanía, esos que pagan siempre lo que eufemísticamente llamamos “daños colaterales” de las contiendas armadas.

La dirección de Alejandro Amenábar es meritoria, narrador excelente siempre en el detalle, movimientos circulares de la cámara y primeros planos de enorme interés para el relato, colocando la cámara en el lugar justo para dar intensidad a cada plano; un artista que donde mejor se encuentra es en el cine de género y para quien el espectador es razón primordial.

Trabado guión del propio Amenábar junto a Alejandro Hernández y una sugerente a la vez que excesiva música, también de Amenábar; maravilla de fotografía de Alex Catalán. Intachable puesta en escena con el bello entorno salmantino de fondo. Todo lo cual arropa la producción de manera elegante y efectiva.

El reparto es descomunal, con un apasionado Karra Elejalde que modela su interpretación para recrear a un complicado Unamuno de manera sobresaliente. Santi Priego se atreve y nos ofrece a un Franco medido en cada gesto y a la perfección que muestra a un hombre ambicioso, astuto, frío, receloso y sobre todo endiosado y capaz de cualquier cosa por llegar a lo más alto. Y Eduard Fernández es Millán-Astray, sujeto primario que roza lo grotesco, colérico e histrión, anti-intelectual, orgulloso de sus cicatrices de guerra, muy peligroso y fiel a Franco. Acompañando Santi Prego, Patricia López, Inma Cuevas, Nathalie Poza, Luis Bermejo, Mireia Rey, Tito Valverde, Luis Callejo, Luis Zahera, Carlos Serrano-Clark, Ainhoa Santamaría, Itziar Aizpuru y Pep Tosar.

Y tras la progresión previa, para el final está el enfrentamiento, alboroto y clímax dramático en el paraninfo de la Universidad salmantina, cuando Millán-Astray, arropado por el poder y la caterva de falangistas y legionarios que lo jalean grita su: ¡"Viva la muerte”! mientras Unamuno, tomando la palabra dice, entre otras: "Venceréis porque tenéis la fuerza bruta, pero no convenceréis, porque para convencer tendríais que persuadir, y para persuadir no tenéis lo que hace falta: la razón y el derecho". Esta es, finalmente, la sustancia de la cinta: la prevalencia de la razón, una razón que a nuestro eminente Unamuno le fue negada, teniendo que salir del Paraninfo aquel 12 de octubre de 1936, Día de la Raza, de la mano de la esposa de Franco, que le evitó males mayores.

Sin grandilocuencia ni maniqueísmo, en un punto medio, esta historia trágica está contada sobriamente, con emoción, con racionalidad también, de forma contenida pero igualmente arriesgando con el mensaje implícito, bastante aventurado, de que siempre hay la posibilidad de que las hostilidades se reediten en España. En mi opinión esto es bastante improbable. Hoy somos unos españoles más preparados, cultos y amantes de la paz y la concordia. Tal vez sean los políticos quienes tengan que moderar sus discursos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Kikivall
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7
14 de junio de 2015
27 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película con una buena dirección de Thomas Vinterberg, dentro de los cánones de una cinta clásica. Tiene un guión trabado, salvando algún pequeño desliz, y escrito con solvencia por David Nicholls, adaptación dela novela de Thomas Hardy (1840-1928), Far from the Madding Crowd (1874), donde escribe sobre los detalles de la vida rural inglesa que el escritor tanto apreciaba. La música de Craig Armstrong es bastante buena como banda de la obra que goza además de una preciosista fotografía de Charlotte Bruus Christensen, que retrata tanto los primerísimos planos como pinta los hermosos paisajes ingleses.

El reparto es sobre todo Carey Mulligan, que hace un trabajo antológico e incluso salvaje, sosteniendo ella misma a la tozuda y libre heroína adelanta a su tiempo Bathsheba Everdene, con grandes dotes expresivas y de sintonía con el público, que sabe como nadie aguantar los primeros planos; además, y además es una mujer muy bonita y de original físico, desde mi modo de ver. Le acompañan con actuaciones bastante buenas del actor belga Matthias Schoenaerts, tal vez un tanto inexpresivo, pero en realidad ese es su papel y lo hace bien; Tom Sturridge hace muy bien su rol de soldado seductor, jugador y buscavidas; Michael Sheen interpreta al tercer pretendiente en ciernes de la chica, un hombre metido en años pero que ansía con ilusión infantil ser aceptado por Bathsheba y eso lo hace muy bien. Acompañan actores y actrices muy buenos como Juno Temple, Jessica Barden, Hilton McRae o Richard Dixon por mencionar algunos.

El film es un auténtico y fascinante drama, y la película hace honor a los temas básicos de la misma obra que lo inspira, con una producción sólida y brillante. Esto es tanto más evidente como película de época que es, lo cual a Vinterberg le sale muy bien. Tiene además un ritmo ágil y el tono pesimista que caracteriza la obra de Hardy.

Pero no es oro todo lo que reluce. Yo, tras salir de ver esta película y transcurridos dos días, me doy cuenta de que el film tiene sus lagunas importantes. Sobre todo, no aporta nada nuevo, es pura ortodoxia técnica e incluso en esto comete algunos errores, pues en ocasiones te puedes perder y en otros momentos da una impresión de falta de emotividad, de grandeza pasional. Al l final, lo que debería ser una gran historia de amor, deviene en un retrato frío con bonitos atardeceres.

Por supuesto mi consejo es que la vean, es un film notable, lo que ocurre es que la historia es tan intensa y ya conocida en el cine (hay cuatro versiones al menos: 10145, 1967, 1998 y la de ahora, 2015), que yo habría querido que Vinterberg hubiera dado el salto hacia la calificación de sobresaliente.
Kikivall
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7
31 de marzo de 2018
18 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Robert Larrimore "Bobby" Riggs (1918-1995) fue un tenista norteamericano de éxito durante los años ’40-’50, campeón de Winblendom y muy conocido igualmente por sus duelos ante tenistas mujeres cuando ya superaba los 55 años.

La película es, conociendo imágenes de la época, muy verosímil a lo que ocurrió. Incluso los protagonistas de antaño y los actores que los encarnan en el film tienen una notable caracterización y parecido físico.

Los directores Jonathan Dayton y Valerie Faris han llevado a cabo una conjunción cómico-dramática de un evento que tiene su complejidad, siendo fieles ambos realizadores a ese estilo propio tendente a divertir y a la vez contravenir las normas, lo cual que consiguen con una atinada elección de la historia y de los protagonistas, donde se explora también el amor ‘homosexual’ entre mujeres, tabú en aquellos entonces.

El guion de Simon Beaufoy, inspirado en los hechos reales y la singularidad de los protagonistas resulta ser un libreto escrito de manera inteligente, tanto para mostrar sin juzgar a los personajes, como para distraer, denuncia feminista contra los poderosos de por medio.

La música de Nicholas Britell está bien aunque en ocasiones queda un tanto corta. Excelente la fotografía de Linus Sandgren, tipo retro, a la manera de las texturas con cierto grano de los años 70.

El reparto corre a cargo de dos excelentes actores. De una parte Emma Stone transfigurada en la famosa tenista Billie King original, morena, con gafas, en un trabajo lleno de matices. Y Steve Carell tiene gran parecido con el jugador Riggs y su actuación de machista y cara dura está muy bien llevada.

En fin, felicitaciones a los productores y a los realizadores que han acertado al recrear la época empleando con rigor detalles del periodo y trabajo de cámara para examinar el punto crítico, el momento cuando el equilibrio de poder entre hombres y mujeres, comenzó a cambiar. Así fue en aquel 1973 y en un partido de tenis antológico.
Kikivall
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7
7 de octubre de 2018
18 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta cinta es interesante y muestra cómo debió ser la decadente ‘guerra fría’ en Estados tan castigados como la invadida Polonia por los nazis en el inicio de la II Guerra Mundial, y su posterior colonización por el imperio URSS tras los acuerdos de Yalta. Además, “Cold War” presenta una apasionada historia de amor entre personas con maneras de ser y de pensar distintas a los que cierto ‘sino’, los aboca a un destino común.

Tras leer tanta buena crítica sobre esta película, he salido del cine no entendiendo bien la cosa. Detrás del film hay una gran dirección clasicista de Pawel Pawlikowski (mejor director en Cannes, 2018) y un guión bueno pero sobredimensionado del propio Pawlikowski junto a Janusz Glowacki. Lo que se dice de esta película es lo mejor y sin tacha. A mí, confieso que emocionalmente apenas me ha rozado (salvando la reflexión de la terrible época y lugar: la Polonia de postguerra y sometida) y el final me ha parecido misterioso. Quizá los padres del director, a quien dedica la obra, entiendan mejor la cosa. Yo sólo podría entenderlo por toda la basura que fue esa región del mundo que Pawlikowski recorre desde 1945 hasta los años cincuenta y tantos. Ahí sí puedo entender mejor, pero el film quiere ser ante todo una obra de amor imposible con funestas consecuencias.

Es excelente la fotografía en B&N de Lukasz Zal, que con su grisura, textura y profundidad de campo captar el clima de tan penosa etapa histórica en la Europa del Este. A lo que colabora poner la pantalla en una forma de cuadrado, formato 4x3, como para que veamos el espacio que ronda por encima de la cabeza de los personajes.

En el reparto sobresalen una genial, bonita y gran actriz Joanna Kulig y un eficiente y dramático Tomasz Kot, con enorme química entre ellos.

Gran puesta en escena en la que nada sobra ni falta para arropar una triste historia de amor. Y música diversa y evocadora de un tiempo asfixiante.

La película es ciertamente el relato de un amor pasional con tintes de tragedia y que en ocasiones traslada el mensaje de la “atracción fatal”, más que esa hipótesis de “un destino que los condena a estar juntos”. Cuando se escribe así, pienso que quien lo hace no ha visto la película pues lo que hay es un amor de alto voltaje por el cual, él más que ella, se ve atraído hasta el punto de abandonar su libertad y un buen futuro en París, para volver al presidio bolchevique con la única intención de reencontrarse con una mujer desquiciada y paradójica. No sólo en el terreno sentimental sino incluso en el plano de las ideas. Ella se muestra como atraída por el comunismo estalinista, a la vez que se manifiesta profundamente católica, como buena polaca. Increíble, salvo para alguien que no está en su sano juicio. Él al menos se define deliberadamente anti-soviético y anti-estalinista. Pero su pasión por la chica le hace volver al presidio tras el ‘telón de acero’.

Claro, aquel tiempo histórico da para retratar la desesperanza o la angustia, el erial creativo y el adoctrinamiento. Y todo ello queda muy bien reflejado en la cinta: la tensa pugna que dibujó en buena medida la segunda mitad del siglo XX, cuando todavía ninguno de los bloques en los que se había dividido el mundo en ese entonces, era capaz de ganar la batalla. De ahí, a ese intento de trasladar esta panorámica al terreno sentimental, Pawlikowski no ha sabido cumplir.

También tiene la película apuntes muy logrados de cine musical. Es la parte de danza y coros polacos, que incluye también el jazz parisino en otros pasajes. Esta faceta está impecablemente rodada y merece una alta consideración.

En fin, película con una fuerte carga de desolación, imágenes tremendas y universales, recreación de ambientes diversos, también el mundo de las miradas y los gestos casi imperceptibles, pasión y tristeza. Es todo eso pero no es para tanta gloria cinematográfica como nos pretenden dar a entender. Al menos esta es mi opinión.
Kikivall
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8
24 de junio de 2018
21 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una historia que gira sobre una mujer a punto de parir su tercer hijo, Marlo (Charlize Theron), una mujer desbaratada físicamente y mentalmente por la responsabilidad de su multimaternidad, por el abatimiento que le provocan responsabilidades múltiples que incluyen un hijo discapacitado que roza el autismo, un infinito cansancio y la tristeza que se cierne sobre ella en una depresión postparto. Marlon piensa el giro que en todo sentido ha experimentado su vida entre un antes y un después de ser madre. Ama a su gris esposo Drew (Ron Livingston), un hombre bueno que también la ama y que tiene que viajar constantemente por asuntos de trabajo. En una reunión con su generoso y bien posicionado hermano (Mark Duplass), éste le ofrece obsequiarle con una niñera que la ayude por la noche. Lo que parece una extravagancia acaba siendo una revelación sin par cuando aparece Tully (Mackenzie Davis), una niñera joven, mona, animosa e increíble, una figura élfica, un ser luminoso que además de ocuparse del bebé friega la casa y hasta hace ricas magdalenas sin alterar los ritmos familiares; esta niñera viene a ser la alegoría de esa mujer que las madres pierden temporalmente de vista cuando se convierten en mamás. En este punto comienzan a ocurrir acontecimientos extraordinarios y optimistas, tanto para la exhausta madre, como para el espectador que los presencia desde la butaca. Entre ambas mujeres se forja una relación única que deviene enigma.

El director Jason Reitman y la guionista Diablo Cody apuestan (de nuevo), por construir la semblanza poliédrica de un personaje femenino muy particular que lucha contra todo y contra todos, a la par que echa sobre sus hombros una carga de enormes dimensiones como madre responsable y abnegada. No sabría decir si estamos ante una comedia incisiva y con mordiente o un melodrama con tintes sociales y reivindicativos que destila feminismo y crucifica a un marido mediocre y torpe que por las noches sólo hace que jugar a la video-consola. De lo que no cabe duda es que la narración da un vuelco definitivo en el tercer tiempo del film que yo no voy a desvelar, pero que a muchos deja pensando o como mínimo sorprendidos.

Pero la que sin duda mantiene en gran medida el film es una Charlize Theron inconmensurable que ha tenido que mutar su físico bonito a uno deslucido y ajado, y añadir veinte kilos a su insigne cuerpo más maquillaje y vestuario, para parecer una especie de foca con el rostro deformado. Mas nada de eso quita para que la Theron sea esa actriz genial que fascina y aporta absoluta credibilidad a su personaje, que comunica con su mirada, con sus gestos sobrios y matizados, con su voz. Acompañándola una Mackenzie Davis convincente capaz de dar la réplica a la Theron. Mark Duplass bien como el hermano ricachón y bueno. Ron Livingston, correcto como marido pánfilo y lerdo. Y acompañando mejor que bien Emily Haine correcta, Elaine Tan, Maddie Dixon-Poirier y Lia Frankland, como digo, todos en buen nivel.

En esta cinta Cody y Reitman se han inclinado por colocarnos delante de la pantalla a una madre con tres hijos, una esposa modélica y un alma sufriente tras su tercer parto. Esta no es una historia idílica de nenitos rubios correteando por un hermoso jardín de blanca verja donde la familia ríe alegre y feliz como en los cuentos. Esta no es una familia de cuento, es más bien de anti-cuento. El film da un repaso despiadado a esos momentos penosos que la maternidad tiene en un diversas secuencias de montaje crudas: llantos nocturnos, sacaleches para guardar, teta que va y viene, pizza congelada para todos en la cena y el pobre y obtuso padre jugando a la Play en la cama. Entre otras, Marlo, que hace lo imposible por ser la mejor madre y la esposa dulce y abnegada, se ha olvidado de sí misma. Esa es la cuestión. Un mensaje que puede no resultar trascendente para algún espectador o crítico que, empero, alguien tenía que denunciar. Y a fe que el canadiense Jason Reitman y la norteamericana Brook Busey-Hunt, más conocida por el seudónimo «Diablo Cody», lo consiguen, incluida su carga de misterio.

En resumen, una fábula terrible y demoledora sobre la maternidad desde una perspectiva hiperrealista y nada delicada cuando aborda asuntos que en muchos casos se silencian (la depresión, la pérdida de identidad como mujer, la añoranza de lo que fue, etc.). La narración es sutil e inteligente y hace una declarada denuncia a eso que solemos denominar ‘guardar las apariencias’. Un film que pone en evidencia que en tantas ocasiones, la maternidad, la familia y todo eso, es en cierto modo una ensoñación, el espejismo de que todo está de maravilla, cuando la realidad demuestra, que lo aparente es, frecuentemente, un gran engaño.
Kikivall
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