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España España · Barccelona
Críticas de EL ALBATROS
Ordenadas por:
126 críticas
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4
9 de octubre de 2017
51 de 80 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esa es la diferencia más relevante de ambos films, 35 años después. “Más que lágrimas en la lluvia” han sido lágrimas de desconsuelo, más allá de su ambientación que no aporta nada nuevo, su argumento previsible y nada emocionante me han hundido en el tedio y el sopor, sobresaltado por el puntual ruido estridente del Dolby Atmos, que nos recuerda que estamos ante un espectáculo vacuo pero técnicamente fascinante. Harrison Ford se merienda en sus escasos 40 minutos de aparición al inexpresivo Ryan Goslin, acomplejado ante la rotundidad física del héroe aventurero por definición de Lucas y Spielberg, los secundarios son estereotipos maniqueos sin peso dramático. Su excesivo metraje, su anodino y esquemático drama familiar, constituyen un lastre que pese a su perfecta factura lo hacen poco interesante y bastante plúmbeo. No hay casi nada que sorprenda con respecto a su predecesora, la música intenta imitar sin éxito la original de Vangelis, a estas alturas una BSO de referencia absoluta a años luz (utilizando el lenguaje futurista) de la mediocre de la secuela.

Un rutinario tratamiento del alma de la máquina, la realidad virtual que no se acerca ni de lejos a la sofisticación formal, ambición discursiva y condición de fenómeno de culto. En esta ocasión, lo resultante es una operación de prestigio articulada sobre una clonación servil, un comic bizarro hipertrofiado en sus planteamientos, que apuesta por una reinterpretación con el film de captar jóvenes espectadores que quizás jamás vieron la original. El “noir futurista” queda disuelto en producto estético más que discutible, un melodrama ramplón y existencialista que pronto el tiempo arrinconará en el desván del olvido. Villeneuve es un cineasta frío que no transmite la emoción que se exige en esta historia, una fábula futurista, con excelentes trabajos anteriores (Sicario, Incendies), pero que con este no está la altura esperada, ni siquiera el pérfido Wallace (Jared Leto) está realmente deleznable con su ceguera parece reclamar piedad, por no mencionar a su discípula y perversa asesina que causa sonrojo por su estupidez.

Los “flash backs” o referencias superficiales a Elvis Presley o Frank Sinatra, resultan ridículas y pintorescas sin añadir nada especial a su trama. Después de todo lo expuesto, sólo me quedo con el veterano Dekard, un inspirado Ford que nos transporta a la nostalgia de la primera entrega, auténtica obra influyente en el cine y la televisión presente y a través de los años. Esta secuela es totalmente irrelevante y prescindible, desde la primera hora mis frecuentes miradas al reloj no cesaron con absoluta desesperación, una decepción flagrante, los espectadores nos mirábamos perplejos sin reaccionar a 160 minutos de espectáculo plomizo, intentándole hacer una autopsia ilegal a la gran obra maestra de Ridley Scott, como dice algún crítico: “cuando aún está muy viva”.
EL ALBATROS
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8
4 de febrero de 2018
23 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Paul Thomas Anderson es el “enfant terrible” del actual Hollywood, sus películas gustan más o menos (repasar filmografía), pero siempre son arriesgadas y originales, desde “Sidney” un excelente “film noir” con el que se dio a conocer. En esta ocasión me parece una historia atractiva y densa en el terreno moral, dos horas de buen cine para los amantes de las grandes pasiones amorosas y las relaciones destructivas. Las imágenes de sus películas son poderosas y siempre dejan huella, retratos marcados en su fascinación por personajes excesivos que reflejan pasiones humanas descritas con toda crudeza. Inspirada, al parecer en el modisto español Balenciaga, diseñador de alta costura en París, apasionado de la pintura española de Velázquez y Goya, fue contemporáneo de Coco Chanel y Christian Dior.

La prueba del talento de Anderson se fragua en este film por su elegante y clásica puesta en escena, la cadencia pausada con la que avanza la trama, con detalles de dominio técnico abrumador, como su maestría en el plano secuencia, sus travellings pausados y ceremoniosos. Una fotografía de luz tenue, de tonalidades sombrías, que reflejan las antagonistas ideas sobre la pasión por el trabajo y la creación artística de diseñar ropa para una clase social rica y poderosa, para mujeres maduras que no aprecian lo que lucen, sino que presumen de su estatus privilegiado. La película está impregnada de sensualidad y elegancia formal.

Reynolds Woodcock (magistral como siempre, de presencia física turbadora, Daniel Day-Lewis) es un modisto entregado en cuerpo y alma a su profesión, un neurótico reconocible pero apuesto, un perfeccionista obsesivo, como el director del film, que cuida cada detalle con metódica precisión. Un ser ensimismado y atormentado influenciado por los recuerdos maternos, quizás sea el hilo invisible que alude el título del film, ese hilo que le ata al pasado de su niñez, que se ve sorprendido por el amor hacia una camarera, Alma (Vicky Krieps, que en mi opinión le falta más presencia física como actriz) que se convierte en musa y amante, pero que se resiste a ser una simple modelo o maniquí, cuya relación desmonta su habitual vida cotidiana junto a su hermana controladora, celosa y protectora. Un papel, el de Day-Lewis, hecho a su medida, nunca mejor dicho utilizando un símil del mundo de la moda.

El film es enigmático por momentos, guardando similitudes con “Rebecca”, la obra maestra de Hitchcock, Max de Winter (Laurence Olivier) también era un hombre atormentado que comienza una nueva vida casándose con una joven ingenua. La ama de llaves, la señora Danvers, recuerda en cierto modo a la hermana del modisto, siempre vigilante de los gustos del diseñador, cuando le aconseja a Alma que no le prepare la fiesta sorpresa. Hay también un ambiente opresivo y viciado de incomunicación y de guerra de sexos. Una película sugerente que transmite una relación romántica y ambigua que deja muchas incógnitas a merced del espectador, para que nos respondamos según nuestro criterio, si estaríamos dispuestos o no a continuar esa relación.
EL ALBATROS
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9
27 de junio de 2017
13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película poco conocida que no suele gozar del prestigio y la categoría de favoritas, pero que para mí, sí que lo es, por los motivos que paso a describir. Además de una maravillosa historia de amor imposible, se trata de una reflexión profunda sobre el mundo del arte y la creación artística, en un primer plano la arquitectura y en un segundo plano, el mundo de la literatura que encarna ese escritor de relativa fama que le encarga una casa a nuestro protagonista, y que también se debate en el dilema de la creación personal. Por otro lado también aborda otro dilema que suele ocurrir en la vida y que el cine lo recrea con frecuencia, se trata de elegir lo que dicta tu corazón en el terreno sentimental o lo que dicta tu ambición profesional (al arquitecto le surge un proyecto atractivo e irresistible en Hawai) de mejorar tu futuro sacrificándolo todo por ello, el exitoso film “La, La, Land” también lo abordaba, desde el terreno musical.

“Strangers When We Meet” es un apasionado melodrama romántico, lleno de colores descriptivos y estimulantes que reflejan el ambiente dramático que viven los personajes, cercano a la estética del Pop-Art, iluminado de forma portentosa por el operador Charles Lang JR., con uso formidable del Cinemascope en sus encuadres. Una película moderna en todos sus aspectos, desde su estética visual hasta su argumento profundo y complejo que sondea las emociones humanas. Una obra inalterable al tiempo, pese a su fecha de producción. Richard Quine fue un director poco valorado, no entiendo el motivo, pues me parece un cineasta estupendo, del que apenas existen libros o estudios de sus películas que si las repasamos pueden resultarnos sorprendentes por su calidad. Director poco ambicioso en el terreno personal, nada preocupado por el éxito comercial pero con films atractivos para el aficionado al buen cine. En esta ocasión se trata de una película hermosa que aborda temas eternos como la fragilidad de los sentimientos, disfruta de un original triángulo amoroso: un hombre, una mujer y una casa. Es el proyecto que apasiona al arquitecto Larry (Kirk Douglas), vértice de la relación furtiva que mantiene con Maggie (Kim Novak), una bella mujer, ambos casados que huyen de la frustrante rutina y la desidia conyugal.

La decisiva personalidad y presencia de los actores determinan una gran fisicidad, poco habitual en una trama que es una típica historia de adulterio de unos seres en busca de la felicidad que no han conseguido con sus respectivas parejas. El guión es excelente, del propio autor que escribió la novela, Evan Hunter, otorgando al film un hondo calado existencial, donde hallamos a la arquitectura como arte y medio para la pasión de crear algo original y diferente del mero proyecto habitacional, así como el amor apasionado y furtivo que les resulta difícil liberar por los prejuicios sociales que les maniatan. La independencia y rebeldía del artista para crear algo personal que refleje la visión de un creador, es este caso un arquitecto. Un film sugerente y lleno de detalles creativos y miradas definitorias, como las relaciones personales de sus protagonistas, sus lastres familiares, sus relaciones furtivas, los vestidos que luce Maggie, su mirada inquietante, sensual y lasciva. El color rojo de la pasión es claro protagonista de su puesta en escena, las pasiones reprimidas que ven la luz y el remordimiento culpable que produce la relación que rompe las convenciones morales y sociales.
Gracias a todos los que tengan la generosidad de leer esta subjetiva opinión.
EL ALBATROS
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7
27 de julio de 2017
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin agallas para responder al reto vital de la juventud, es lo que aprecio en esta interesante película de Julio Diamante, director y crítico de cine malogrado por la censura, film entroncado en lo que se denominó “Nuevo Cine Español” que abordaba la problemática de unos jóvenes en un entorno social poco favorable. Pero en mi opinión, el film no se limita a criticar sólo las normas atávicas de una sociedad machista y sin libertades, lo mejor es que se atreve a criticar a esos jóvenes que teniendo oportunidades de luchar por un porvenir, se acomodan en la pasividad y el victimismo que yo llamaría cobardía de enfrentarse a la vida. Algunos lo denominan la juventud perdida, pero aquí lo que se nos presenta es un tipo vago, sin esperanza ni ilusión y alineado con la frustración, presuntuoso y sin valor para asumir responsabilidades en un momento en que el país estaba mejorando económicamente. Donde la mujer debía ser sumisa y sacrificada, ante las convenciones ancestrales y la libertad sexual sólo correspondía al varón.

Narra entre dudas y divagaciones morales (el protagonista no deja de lamentarse y repudiar todo lo que le rodea desde la autocomplaciencia) una historia de amor al que una pareja no se entrega por igual, me refiero a la actitud del hombre que no es leal como ella espera al entregarse noblemente. Ella demuestra ser mucho más madura y responsable ante un pretendiente que huye de su compromiso moral. El egoismo de una juventud de clase media sin valores que pretende conseguirlo todo de forma fácil y sin esfuerzo. La fotografía en blanco y negro, refleja perfectamente ese ambiente pesimista y plomizo, oscuro y sin brillantez moral. Elena María Tejeiro realiza un trabajo portentoso como novia apasionada y vulnerable por su fragilidad, de este guaperas de salón y moqueta roja (el italiano y discreto Luigi Giuliani). Juan Luis Galiardo como aguerrido ligón oportunista ya comienza destacar por su buena planta física. Lola Gaos da perfectamente el personaje de madre castradora e influyente sobre un hijo sin valores.

Una película atrevida para su tiempo que no decaído en absoluto porque lo que plantea se mantiene actual, a pesar de las diferencias sociales de la actualidad, el arribismo y la hipocresía moral, el tema de la juventud perdida está siempre latente, de los que luchan por salir adelante y de los que esperan que se lo den gratis por haber venido al mundo. Yo me quedo con los primeros, porque entre otros cosas, también he vivido esas circunstancias como todos, he sido un joven emprendedor ilusionado y sin padrinos que me allanasen el camino. Decía el célebre escritor Blasco Ibáñez en una de sus sabias citas:”La juventud es la edad de los sacrificios desinteresados, de la ausencia de egoísmo, de los excesos superfluos”. Está claro que nuestro protagonista no practicaba esa sana filosofía, todo lo contrario pues es mansurrón, cínico e hipócrita. Resulta curioso como cada espectador puede ver la misma película pero con una interpretación antagónica a otras críticas. Gracias por respetar la mía.
EL ALBATROS
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8
25 de julio de 2017
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Claude Chabrol goza de una carrera prolífica e irregular pero si algo tiene su cine, es una personalidad muy definida dentro de los cineastas surgidos de la “Nouvelle vague” y colaborador antes en la revista “Cahiers du Cinéma”. No ha entusiasmado como Truffaut o Godart, aunque se ha mantenido fiel a sus constantes, explorando la maldad humana, la fatalidad, el crimen y sus aspectos más morbosos, gran admirador de Hitchcock y Lang, en su cine abundan situaciones relacionadas con dichos maestros que tanto influyeron en su cine pero desde su perspectiva francesa. Sus películas se plantean como ataques a la burguesía, que aquí sacude con fuerza, y muy críticas con las instituciones, principalmente la familia. Siempre desvelando la sordidez de las apariencias.

En esta película, el director francés da protagonismo a las mujeres, unas féminas poderosas y devastadoras, inquietantes y fascinantes, decididamente perturbadoras, de una determinada estabilidad emocional o estatus social. Todo ello sembrado de pistas y detalles que desde el primer momento falsamente trivial, sugieren algo turbio y extraño que presagian un progresivo malestar, de futuras convulsiones que van a jalonar la trama. Catherine Leliévre (Jaqueline Bisset) es una madura mujer que dirige una galería de arte, últimamente no ha tenido suerte para encontrar una empleada de hogar que cuide su casa cuando está ausente. Pero tras contratar a Sophie (Sandrine Bonnaire) se siente aliviada por su diligencia, una chica retraida y misteriosa que pronto demostrará que no es tan apacible como parece.

La espoleta que despierta el pasado de Sophie lo provoca su amistad con Jeanne (Isabelle Hupper) una descarada y chafardera empleada de correos de turbio pasado. En su primera parte el cineasta se cuida y recrea minuciosamente la rutina de la familia Leliévre, su aburrimiento e inanidad, sus comidas esencia del espíritu de la burguesía de provincias. Pero lo más atractivo es cuando las amigas de clase obrera se cuentan sus oscuros asuntos del pasado. Es cuando se nos muestra al mejor Chabrol como sagaz observador, penetrante analista de comportamientos atípicos, también de mentes desequilibradas que perfilan una catarsis violenta. Chabrol no descuida sus guiños y anotaciones culturales: “El viaje al final de la noche” de Céline, la ópera “Don Giovanni” de Mozart, que preside la reunión familiar desde la televisión.

Tampoco olvida sus puyas a la televisión basura que Sophie contempla como hipnotizada con programas absurdos y desechables. El film gana intensidad con esa relación entre Sophie y Jeanne, son dos caracteres opuestos: la primera es reservada, tímida e introvertida; la segunda abierta, extrovertida y parlanchina. Ambas congenian y se convierten en cómplices, la primera es disléxica y analfabeta, huraña y resentida; la segunda está excluida del orden burgués, odia a Catherine ex actriz de cine, porque representa lo que a ella le hubiera gustado ser. En el fondo, es un ajuste de cuentas y de conciencia de clase a cargo de Chabrol. Su puesta en escena impecable su elegancia absoluta, su violencia es descarnada y expresiva, marca de la casa. La recomiendo para cualquier aficionado que quiera descubrir o admirar el buen cine, brillante e inteligente, gracias.
EL ALBATROS
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