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Reino animal

Thriller. Drama. Cine negro Tras la muerte de su madre, Joshua “J” Cody, tiene que trasladarse a casa de su abuela Janine, que vive en Melbourne con sus tres hijos, Andrew, Darren y Craig, todos implicados en negocios ilegales. Inevitablemente, el chico se verá envuelto en los turbios asuntos de sus tíos, sobre todo cuando se produzca un enfrentamiento entre sus familiares y las autoridades locales, situación que provocará una serie de asesinatos a sangre fría. El ... [+]
Críticas 75
Críticas ordenadas por utilidad
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9
22 de noviembre de 2010
103 de 126 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Animal Kingdom" es el primer largometraje del director australiano David Michôd. Junto con "Winter's Bone", de la estadounidense Debra Granik, la película ha sido la gran triunfadora en la última edición del Festival de Sundance, en el que obtuvo el Premio del jurado al mejor filme internacional en la categoría de drama.

Se trata de un thriller dramático que retrata la vida de una familia de delincuentes en Melbourne. Está basado -muy libremente- en ciertos hechos reales que tuvieron lugar en Australia en 1988, y que incluyeron el asesinato a sangre fría de dos agentes de la ley. Los actores, excepción hecha de Guy Pearce, que tiene un papel secundario, no son demasiado conocidos, pero son sobradamente solventes y aportan credibilidad a la historia.

La película es contada desde el punto de vista de Josh (“J”) Cody (interpretado por James Frecheville, cuya desesperante inexpresividad encaja perfectamente con el personaje), un chaval de 17 años, inadaptado, confuso e inexperto que, al morir su madre de una sobredosis (nada más empezar la película, en la sobrecogedora escena inicial), recala en casa de su abuela y sus tíos, una familia disfuncional donde las haya, que dedica todas sus energías al crimen y se encuentra en el punto de mira de la policía local. Por cierto, hablando del crimen como negocio familiar, nada que ver con los simpáticos muchachotes que nos presenta Ben Affleck en la reciente "The Town": la familia Cody es una manada de indeseables mezquinos y rastreros. La policía, corrupta y de métodos expeditivos, no mejor que ellos, los persigue como a alimañas, y ellos se comportan en todo momento como tales. Especial mención merece el personaje de la matriarca, la abuela del chico, una especie de "Ma" Barker a la que le gusta besar a sus hijos en la boca.
J se debate entre la lealtad familiar y el amor a su novia, que representa una alternativa posible para la sórdida vida que lleva. En cierto modo, puede decirse que la película es la historia del aprendizaje moral de Josh (o, desde otro punto de vista, de su destrucción moral), de cómo el pobre chaval desorientado, viviendo entre auténticas alimañas, es capaz de madurar, encajar el sufrimiento y tomar decisiones.

La película, indudablemente, te atrapa. La primera mitad puede engañar al espectador, que creerá encontrarse ante una película de crítica social en la línea, digamos, de los hermanos Dardenne, pero pronto las cosas cambian y se advierte que nos hallamos ante un thriller de la mejor estirpe, y que el ritmo moroso del principio era necesario para sentar las bases de lo que pasa después. El director conduce el tempo de la película con una rara habilidad, hasta llegar a un desenlace que llegamos a sentir como necesario.

En resumen, un thriller de calidad, de los que por desgracia no abundan tanto últimamente.
6
18 de enero de 2011
63 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desde luego en Australia tienen claro su papel cinematográfico. En este caso la hoja es la conocida como ‘papel cebolla’… porque define perfectamente la revisión borrosa y completamente diferente de los géneros que retrata. Se ve y se intuye pero existe un filtro que hace aparentemente diferente lo traslúcido. Vimos esa revisión del western en “La propuesta”, el otro lado del falso documental, reinventando “Spellbound”, en “Razzle Dazzle: A Journey Into Dance”, la monster-movie de “El territorio de la bestia” llevando la bestia al territorio autóctono e incluso aires de superproducción en “Australia”. Pequeñas porciones de cine que buscan dobleces en géneros y patrones estandarizados por el cine norteamericano.

“Animal Kingdom” parece revisitar “Mamá sangrienta” de Roger Corman con tendencias esclarecidas por el thriller americano contemporáneo. Se nos presenta el retrato de una familia criminal fomentada en el matriarcado y poder una figura de aparente sonrisa sibilina y capaz de realizar lo que sea para defender su manada. El filme y ópera prima en formato largo de David Michôd nos habla de los bajos fondos mediante la analogía de la especie carnívora y selva repleta de leones. Un nuevo familiar llega a la manada, ‘J’, cuya madre huyó lejos de la estirpe y maldición familiar pero cayó víctima de la sobredosis de heroína. Desde la presentación nos hablan de la dureza e insensibilidad de estos animales depredadores aunque no nos muestran sus crímenes salvo en fotos de unos títulos de crédito. La caza acabó pero no la cena de esa carnaza que tiñen sus dientes de sangre… ‘J’ realmente es una gacela que se ve inmersa en un mundo que no le corresponde y tiene dos opciones: convertirse en león o dejar en manos de unos cazadores, más furtivos que legales, llamados policía el futuro del clan familiar.
“Animal Kingdom” recrea el suspense por lo impredecible en dilatados tiempos de exposición que traspasan la barrera de la promiscuidad narrativa. Los giros se sustentan como nueva vía de evolución del guión y se intuye cierto grado de talento en la dirección de las imágenes encastradas en notables secuencias de género. Hay reglas y normas en ese mundo: hay que lavarse las manos después de acudir al retrete… y, por supuesto, cometer un crimen. La moralidad existe pero el miedo al ser mayor acaba por apagar cualquier atisbo sentimental.
Tal vez el mayor pecado sea la irregularidad por buscar premeditadamente el punto de giro. A veces se intenta hallar algo tan imprevisible que habita lo predecible.

Aquí hay buen cine, animales y gánsteres con leona, madre y reina. La naturaleza nos guía y esta jauría humana, con una sobrenatural líder de la manada interpretada por Jacki Weaver, no queda exenta. “Animal Kingdom” nos habla de la genética criminal con ánimo de durar, revivir y vivir en tiempos y ecosistemas adversos.
7
21 de enero de 2011
46 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil
El director de esta película, David Michôd, ha hecho un esfuerzo por presentarnos algo nuevo. Eso en sí ni le justifica ni hace mejor la película pero predispone favorablemente a quienes consideramos meritoria la originalidad. Una idea nueva es siempre una cosa frágil y delicada, la puede matar una sonrisa irónica, un amago de bostezo o una mueca de escepticismo, pero es una obviedad que sin ideas nuevas ni el mundo ni el cine progresarían. Seguramente, cuando Eisenstein aportó lo que hoy conocemos por montaje a la cinematografía muchos se rasgarían las vestiduras ¿qué era eso de que una película se repensase en una sala de ensamblaje en vez de limitarse a la concatenación de las escenas rodadas entre dos golpes de claqueta? Michôd no es Eisenstein. Su contribución al cine —en el caso de que se considere como tal— es infinitamente menor, pero muchos pocos acaban haciendo lo grande.

"Animal Kingdom" es una película familiar, no porque la pueda disfrutar toda la familia —es muy aconsejable respetar la limitación de edad mínima para verla— sino porque versa sobre la familia. Una familia poco al uso, eso sí. Mi abuelo tenía dos frases referidas a la familia que eran perfectamente contradictorias entre sí pero que él desenvainaba con soltura en función del contexto: "si la familia no existiese habría que inventarla" y "la familia es una institución llamada a desaparecer". Siempre me recordaron aquello de que el sentimiento amoroso de la mujer va del "¡mátame!" al "no me despeines". Hay partidarios y detractores de la familia. También están los impostores, que se adscriben a un bando de boquilla pero en realidad militan en el contrario —la mayoría de ellos se encuadran en el segundo grupo—. La familia tiene dos cosas buenas: Te conocen y sin embargo te aceptan, y es un mecanismo de amparo, el último refugio al que se puede recurrir —cuando no consigues que ni la familia te firme los avales financieros es que la situación es ya desesperada—. La familia tiene también dos cosas malas: Te conocen y por lo tanto te subestiman —"Nadie es grande para su ayuda de cámara" decía Napoleón. Ahí está el crack de la madre de Nadal haciéndole bajar las bolsas de basura—, y genera dependencias que a veces te obligan a sacrificar tu vida en todo o en parte. Ese carácter ambivalente de la familia lo sintetizó muy bien el gran Perich en una de sus viñetas: "¡Qué agradable es recibir carta de la familia! Eso quiere decir que está lejos".
Todo esto es muy evidente en la película, donde los beneficios y perjuicios ocasionados por la familia se extreman. El protagonista, un adolescente aparentemente algo lelo, queda en una situación de total desamparo al morir su madre, lo que le hace tener que recurrir a su abuela materna, que le da cobijo y alimento pero a costa de ingresarle en un hogar de peligrosos delincuentes.

Sigue en el spoiler.
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spoiler:
Se ha dicho que ésta es una película seca, que es tanto como decir que es una película sosa, insípida. Como dice un amigo mío, un bocadillo de pan, donde lo mejor del pan está en el exterior. Y es cierto, pero se trata de un pan especial que alimenta de tensión latente, de la que quizás no seamos conscientes hasta la finalización de la proyección o hasta que lleguemos a casa porque es de esas películas cuyos efectos perduran. Lo mejor son, efectivamente, las escenas inicial y final. La escena inicial sobrecoge con ese plano general fijo de gran duración en el que uno asiste a la tragedia de un "niño grande" que pierde a su madre por algo tan sórdido como una sobredosis de heroína, lo que da cuenta del calvario que ha debido pasar hasta enfrentarse a una situación así. La escena final sorprende porque cobramos conciencia de que la introversión no es sinónimo de cortedad. Nuestro hombre resuelve una difícil encrucijada en la que se encuentra con una inteligencia superior. Veamos: sin comerlo ni beberlo, su primo —un personaje extremadamente despiadado— le quiere matar por creer erróneamente que es un soplón; para salvar el pellejo se convierte en lo que se le acusaba injustamente, pasándose con armas y bagajes a la policía, pero constata con asombro que esta metamorfosis no le garantiza la supervivencia. Se convierte en involuntaria encarnación del sujeto de la copla: "Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio: contigo porque me matas y sin ti porque me muero". ¿Qué hacer? Pone en funcionamiento un plan que le avalará como un gran estratega: se ofrece a su abuela —cuya larga mano ha intuido en la destrucción del escudo policial que le protegía— para volver a cambiar de bando, sacar de la cárcel a sus primos a los que él mismo, con su declaración, había enviado allí, y quedar a expensas de lo que decida aquél que había querido matarlo y que sí había matado a su pareja sentimental. Pero esto es pura apariencia pues será él quien dará muerte a su potencial asesino en una carambola a tres bandas, que demuestra un profundo conocimiento de la psicología de sus familiares —de su primo mayor, con el que no caben componendas; de su otro primo, pusilánime y acosado por el anterior, que experimentará una sensación de liberación con su desaparición; y de su abuela, que se precia de mirar siempre para delante y no para atrás y que da gran importancia a que "el negocio" del que vive esté en buenas manos—: venga, pues, una afrenta, suprime un peligro y, con este hecho consumado, como el león joven que vence al viejo, se convierte en líder de la manada.
6
24 de noviembre de 2010
43 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil
David Michôd debuta en el largometraje con "Animal Kingdom", una crónica negra de una familia de 'gángsteres' de Melbourne que ve cómo sus actividades criminales podrían destaparse con la llegada de un nuevo miembro a la familia. Se trata de "J", un joven que ha perdido a su madre y que decide ir a parar, pues, a casa de sus más allegados: su abuela y sus tíos. Lo que probablemente no esperaba era verse envuelto en una espiral de violencia que podría acabar explotándole en la misma cara.

Acercándose más al tono de producciones independientes que tratan estos temas, con un marcado regusto a cine negro, no tanto en sus códigos tradicionales (no hay femme fatale) como en su tono, por otra parte casi crepuscular, "Animal Kingdom" se eleva no tanto a través de su guión (que tiene algún agujero importante) sino por sus interpretaciones, bastante medidas en casi todos los casos, si bien destacan Guy Pearce (como casi siempre en cualquier producción donde decida meterse) y Jacki Weaver, que en ciertos momentos es capaz de transmitir más a través de su particular y agresivo físico que con palabras, modulando la voz para crear cierta sensación de inquietud. Por momentos parece que estemos viendo a Bette Davis soltar sus monólogos de "La loba".
Joel Edgerton
"Animal Kingdom" queda lejos de ser una gran película pero desde luego es estimable. Se sobrepone a varios bajones de ritmo imprimiendo mucha fuerza a los momentos más intensos, propone situaciones creíbles y cierra (en opinión de este cronista) de forma seca, cortante, y atractiva. Buen "neo-noir" que si bien no llega al nivel de otras del estilo, tras verla no queda la sensación de haber perdido el tiempo. De lo mejor de la sección oficial del festival de cine de Gijón.
3
25 de junio de 2011
34 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si yo tuviera una abuela como esa, no necesitaría tener un solo enemigo. Cada vez que ella dice “cariño” y besa a un hijo o nieto, anuncia una traición o una catástrofe segura.
Su sonrisa untada de melaza y sus besos de Judas bastan para provocar pesadillas en una servidora, o por lo menos ardores de estómago.
Se entiende que los hijos sean unos mendas de dudosa calaña, que la hija se suicidara y que el nieto sea tan alegre como una funeraria. Si el chaval sonríe creo que dos veces en total, y cada vez que abre la boca habla tan bajo que difícilmente el sonido de su voz entra en el rango de las frecuencias sonoras que el oído humano puede captar. Menos mal los subtítulos.
El resto, en el spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Hay algunos errores o inconsistencias argumentales que son lo que me ha terminado de arruinar la peli, la cual de por sí no me tenía lo que se dice entusiasmada.
-La poli dispara a bocajarro a un hombre sin que haya mediado forcejeo, ni amenazas del supuesto criminal, ni intentos de huida, y ahí no se investiga nada. Si todo el departamento estuviera manchado de mierda, se entendería, pero lo que no me cuela muy bien es que haya un sargento honrado en el cuerpo, que se ve que tiene autoridad o eso le hacen creer, y que éste no se pregunte ni investigue por qué sus hombres han matado a sangre fría a un hombre en un aparcamiento.
-Estamos en el siglo veintiuno. Yo pensaba que en un país desarrollado que no está en guerra ni en situación de emergencia nacional, la ciencia se sitúa a cierto nivel. No comprendo cómo una autopsia no revela que una persona ha muerto asfixiada y no por sobredosis. Ya se ve que ni la medicina forense es infalible.
-Una brigada policial asalta a mano armada y con amenazas una casa donde la misma poli está custodiando y salvaguardando la vida de un menor, y el honrado sargento Leckie no se digna averiguar cómo sus muchachos pudieron cometer semejante “despiste”.
Habrá más cosas, pero ya me saturé con las tres expuestas. Podría haber hecho la vista gorda si el thriller me hubiera tenido clavada al sofá sin ganas de levantarme ni para ir al baño. Pero como no ha sido así, pues que le den morcilla.
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