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Críticas de Lisztomania
Ordenadas por:
7 críticas
1 2 >>
6
20 de junio de 2014
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Creo que todos estábamos deseando a que, después del estreno de Alicia en el País de las Maravillas (2010), Disney siguiera haciendo versiones en carne y hueso de los clásicos de animación. Y sinceramente, fue una gran elección relatar la historia de La Bella Durmiente (1959) bajo la perspectiva de la quizá, más elegante y soberbia villana del lugar: Maléfica. Esa mujer de prominentes facciones y mirada seductora que consigue salirse con la suya en el bautizo de la pequeña Aurora. Pero, ¿a que nadie sabe la historia del por qué? (Parte de la crítica/argumento en el spoiler)

Para mi gusto (y quizás el fallo de este remake), un final muy edulcorado. Al mismo tiempo que el desarrollo de la película, desde el momento en el que Aurora trata por primera vez con Maléfica, hasta la hora en la que la princesa cae en un profundo sueño conducida por la maldición, fruto del despecho y los celos de la villana. Aun así, es muy destacable la escenografía. Ese perfecto contraste entre las ciénagas de las hadas y la lugubridad de los mismos tras el cambio fulminante. Las actuaciones de Angelina Jolie como Maléfica y Sharlto Copley como rey Stefan son simplemente impecables, mientras que Elle Fanning proporciona una imagen más acertada y fiel de Aurora, comparándola con la adulta silueta de la protagonista de dibujos hace casi sesenta años.

Calificación: 68/100 (Y matrícula de honor para Lana del Rey y su tenebrosa aunque solemne versión de “Once Upon A Dream”).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Lisztomania
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7
25 de abril de 2015
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todos podemos decir que esta versión de Cenicienta no es más que un repetitivo remake a la animación de 1950 que cuenta las aventuras (o desventuras) de una jovrn huérfana que acaba bajo la tiranía de su madrastra y sus poco agraciadas hermanastras. Bien, pues esta no va a ser menos, y de hecho, es un poquito mejor que aquella que decimos.

Puede que en la actualidad existan cientos de películas adaptadas a la historia de Perrault, y cada una a su manera. Pero la factoría Disney esta vez no ha querido empezar el guión de raíz y crear una historia confusa como la de la no tan malvada Maléfica en 2014. Han conservado el canon de historia de amor con final feliz, en el que se apremian los valores como la generosidad y el valor (cuando en realidad poco te falta para apalear a Lady Tremaine y convertirla en comida para gansos). Y no es precisamente gracias a los guionistas, que en este aspecto han estado un poquitín bastante cortos de palabras dentro de contexto, sino por la interpretación fidedigna de Lily James y Cate Blanchett encarnando el papel de Cenicienta (Ella para los que desprecien el descarado humor negro de las hermanastras) y Lady Tremaine. El dúo altamente disonante conforma una química envidiable entre los polos opuestos de una historia marcada por la buena moral.

También deberíamos dar las gracias a la insuperable labor de los encargados de vestuario y decoración que por un momento, nos han llevado a la fiesta más colorida y elegante desde la versión de 2012 de El Gran Gatsby. La magia corre a cargo de los efectos especiales que sin duda alguna, han concebido maravillas visuales en los momentos claves y esperados de la película, como la transformación de Ella para ir al baile (así como la aparición sorprendente de una acertada Helena Bonham Carter como Hada Madrina), la coordinada coreografía que se marcan los protagonistas enamorados delante de centenares de invitados, así como la predecible escena degenerativa de la carroza tras las campanadas del nuevo día.

Pero la disyuntiva queda en la pregunta: ¿es una película de sobresaliente o de suspenso? Personalmente, ni una ni otra. Disney ha conseguido con éxito plasmar una vez más su eslogan "los sueños se hacen realidad" en un tema tan banal como el amor, envuelto en un sugerente "la imagen no es siempre lo que importa, y mucho menos de dónde provengas". No quito que en ciertos tramos de la película encontremos excesos de azúcar como la primera conversación entre el Príncipe Kit y Ella, pero sí que se mantiene fiel a la historia original. Además justifica hechos completamente inverosímiles de la película de animación en esta adaptación en carne y hueso, como la concepción del vestido por cuenta de la princesa o la disyuntiva planteada en el matrimonio concertado por la conveniencia o el compromiso.

Esta película no es apta para escépticos cínicos y cerrados de mente que hayan descartado la idea de seguir las películas de Walt Disney en su infancia, adolescencia o quién sabe en qué etapa de sus vidas. Por otro lado, los fervientemente creyentes de los cuentos de hadas, pensarán que es una adaptación preciosísima, la mejor que se ha hecho desde la imposición del remake en carne y hueso. Y para alguien que razone y tenga un mínimo de humanidad, pensará que Disney sigue yendo por buen camino.
Lisztomania
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9
25 de julio de 2014
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Años 50, un pueblo de Texas perdido entre desiertos y música de Hank Williams sonando en la camioneta. Mientras tanto, dos adolescentes piensan en planes de futuro utópicos e inconcebibles.

A todos nos pasa. Afrontar con positivismo el gran paso de la adolescencia a la madurez es realmente difícil, sobre todo si te toca soportar la continua influencia de la sociedad y las costumbres inculcadas que, de una manera o de otra, es capaz de dejarte a medias por el camino. Esta película refleja esa dificultad, el "qué dirán" constante y el miedo a no ser como los demás, a romper los estereotipos vulgares y desconsiderados de una perturbada juventud. Bogdanovich consigue exprimir el zumo con éxito, aprovechando el furor de un reparto atractivo y realmente talentoso. Brillan por igual las magníficas actuaciones de Bridges y Johnson como actores secundarios, y una jovencísima Shepherd como zorra de turno, que resulta inmejorable. Así como el amorío entre Bottoms y Leachman, que resulta ser, a la par de imposible, extrañamente sugerente.

Lo que podríamos considerar una película de corte independiente, un drama crudo y sincero, se convierte en el referente previo a las edulcoradas producciones de compañías como Disney. "La última película" es la otra cara de la moneda, anticipándose a grandes éxitos como Grease (1978) que muestran la complicidad, y no la enemistad y la rivalidad.
Lisztomania
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10
19 de septiembre de 2014
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Y no solo Lee Remick piensa esto. Aunque sí hubo un momento en el que me di cuenta de lo asqueado que estaba del universo una vez iba borracho, y fue viendo esta película una noche a las tres de la mañana.

Una obra maestra de pies a la cabeza. Es sin duda la joya de Blake Edwards, a pesar de ser artífice de entrañables películas como Desayuno con Diamantes, El Guateque, La Carrera del Siglo o Victor o Victoria. ¿Cuál es la diferencia? Que el experto en comedias y musicales vuelve a meter un pie al mundo del drama, consiguiendo dar importancia a un tema tabú en la actualidad: el alcoholismo. Jóvenes, cómo podemos llegar a ser algunas veces. Pero cuando asumimos responsabilidades, cuando crecemos y emprendemos un camino, somos capaces de llevarnos los problemas con nosotros por egoísmo, dependencia y masoquismo. El problema de Lemmon y Remick fue una botella de bourbon. ¿Su posible salvación? Alcohólicos Anónimos. Y su hija, por supuesto.

Espléndidas actuaciones de los protagonistas, soberbio guión, magnífico y oscarizado tema principal compuesto nuevamente por Mancini... hasta el final te pone los pelos de punta.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Lisztomania
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8
18 de septiembre de 2014
6 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
De muchas historias acabamos enterándonos al cabo del tiempo, seamos de la generación que seamos. He de decir que al menos no supe nada de una tal Robyn Davidson hasta hace unos minutos, cuando finalizó Tracks (2013). Evidentemente, tampoco sabía que tuvo narices para emprender uno de los caminos más largos, a la par que peligrosos e incomunicados de la Tierra. Aunque también desconocía que la National Geographic acabara interesándose tan profundamente sobre aquello. Si total, con la de hechos que transcurren día a día, pensaréis. Aunque en 1977 poco había por encontrar, ¿no?

Como ya dije, la historia va de esta joven que, impulsada por seguir los pasos de su padre, decide realizar una expedición, recorriendo prácticamente una punta a otra de Australia, en cuyo fin encontramos el Océano Índico. Una travesía de casi 2000 millas que a ratos, llevan a la protagonista a la desesperación, al hastío, a la locura. Bajo la compañía de Diggity, su perra, de tres camellos que ha obtenido tras grandes labores y mayores injusticias y Rick Smolan, fotógrafo de la célebre revista de naturaleza, llevan a cabo una de las mayores historias de superación desde Into the Wild (2007). ¿Y lo fácil que es coger una mochila, un par de recuerdos y una radio para dejar el hogar? No es tan sencillo si te acompaña de manera constante un turbio y triste pasado, junto a más de una deuda pendiente.

Bajo mi punto de vista, la película lo tiene todo: Escenarios de infarto, una amplia variedad de retrospecciones como modo de referencia a la infancia de la protagonista, una banda sonora étnica y ocurrente para su ambientación, una dirección espléndida bajo la marca “John Curran" ("El velo pintado") y actuaciones memorables como la de Mia Wasikowska (“Stoker”,”Alicia en el País de las Maravillas”), acompañado de un notable Adam Driver como fotógrafo cansino, romántico y dicharachero. Antes de terminar, me gustaría citar una frase de la película (seamos maduros, todos sabemos cómo acabamos, aunque tampoco dirá nada del otro mundo) que en su día escribió Davidson en “Huellas”: Camel trips, as I suspected all along, and as I was about to have confirmed, do not being or end: they mere change form (sí, os lo pongo en inglés, que así queda más profesional). No importa un principio o un final en el viaje, sino los cambios que se tornan en su transcurso.
Lisztomania
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