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Voto de Bartleby:
6
Voto de Bartleby:
6
6,2
26.554
Drama. Intriga. Thriller
Un hombre (Sergi López) y su hijo (Bruno Núñez) llegan a una rave perdida en Marruecos. Buscan a Mar, su hija y hermana, desaparecida hace meses en una de esas fiestas sin amanecer. Reparten su foto una y otra vez rodeados de música electrónica y un tipo de libertad que desconocen. Conocen a un grupo de raveros y deciden seguirlos a una última fiesta que se celebrará en el desierto, donde esperan encontrar a la joven desaparecida. ... [+]
9 de junio de 2025
9 de junio de 2025
105 de 123 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una pena. Una gran idea de inicio. Hubiera bastado con esa única idea bien desarrollada, como Laxe sabe hacer, como ha demostrado y siendo joven tiene verdadero potencial para ello, y lo hará en el futuro porque tiene talento, pero con fallos que pulirá con el tiempo.
El rave, esa cultura que desconozco por generación (me quedé en los fiestorros de la Malvarrosa), y que, solo por conocerlo, merece la pena la película, aunque las fiestas salvajes no acaben de llegar. Son unos jipis modernos y también unos zombies, huyendo hacia ningún lugar; baile anárquico y sensitivo; desorientados, aunque ni mucho menos lo estén geográficamente los personajes de la película (tampoco el personaje de S. López está orientado marchándose al desierto con su hijo pequeño en busca de su hija). Es ese otro tipo de desorientación el que plantea Laxe como sinónimo del purgatorio. Gran idea.
Después la película falla donde pensaba que no lo iba a hacer. Pasan cosas y muy dramáticas y las metáforas no me parecen muy elaboradas. En esos momentos, los actores fallan porque además de quedar estupendos ante la cámara, alguno muy freak como no ocultan por sus filias (camiseta de Freaks de Browning), tienen que hacer papeles muy dramáticos y no están a la altura porque Laxe no les ayuda forzando tanto las situaciones. Fuerza la situación dramática para que le quepa la metáfora, ese es el principlal defecto de la película. No son "recursos arteros propios de shock value", como dice algún crítico, simplemente lo returerce todo para que le quepa el mensaje.
El rave, esa cultura que desconozco por generación (me quedé en los fiestorros de la Malvarrosa), y que, solo por conocerlo, merece la pena la película, aunque las fiestas salvajes no acaben de llegar. Son unos jipis modernos y también unos zombies, huyendo hacia ningún lugar; baile anárquico y sensitivo; desorientados, aunque ni mucho menos lo estén geográficamente los personajes de la película (tampoco el personaje de S. López está orientado marchándose al desierto con su hijo pequeño en busca de su hija). Es ese otro tipo de desorientación el que plantea Laxe como sinónimo del purgatorio. Gran idea.
Después la película falla donde pensaba que no lo iba a hacer. Pasan cosas y muy dramáticas y las metáforas no me parecen muy elaboradas. En esos momentos, los actores fallan porque además de quedar estupendos ante la cámara, alguno muy freak como no ocultan por sus filias (camiseta de Freaks de Browning), tienen que hacer papeles muy dramáticos y no están a la altura porque Laxe no les ayuda forzando tanto las situaciones. Fuerza la situación dramática para que le quepa la metáfora, ese es el principlal defecto de la película. No son "recursos arteros propios de shock value", como dice algún crítico, simplemente lo returerce todo para que le quepa el mensaje.

Allí donde Mimosas sobresalía, en una película de un angel bueno pastor (de almas) medio santo, medio idiota (Ninetto Davoli, o el Lazzaro felice de Alice Rohrwacher), en una película muy pasoliniana y con un desierto maravilloso que cumplía perfectamente su papel, un desierto al que se le dotaba de contenido místico, aquí parece más un desierto casi artificial, doblegado a los caprichos de la historia. En Mimosas era la sensación de dejarse llevar, de "sentir" la película, aunque sea un cliché muy manido y un poco cursi. Es decir, no dar tanto significado a las cosas es lo mejor que pasaba en Mimosas, para mí, su mejor película sin ser redonda.
En todo caso, como he dicho, yo iría a verla si te gusta ese cine libérrimo que no pide ni explicaciones ni permiso a nadie, aunque a veces no sea redondo, donde también hay necesariamente que incluir a Albert Serra, dos talentos. Además en ningún momento miré el reloj, es el cine que no sé si trata de trance pero sí, desde luego, de hipnosis. En ningún momento la película decae porque Laxe sabe muy bien narrar con imágenes. No en vano ha sido premiada en Cannes por un jurado en el que estaban Hong Sangsoo y Carlos Reygadas.
En todo caso, como he dicho, yo iría a verla si te gusta ese cine libérrimo que no pide ni explicaciones ni permiso a nadie, aunque a veces no sea redondo, donde también hay necesariamente que incluir a Albert Serra, dos talentos. Además en ningún momento miré el reloj, es el cine que no sé si trata de trance pero sí, desde luego, de hipnosis. En ningún momento la película decae porque Laxe sabe muy bien narrar con imágenes. No en vano ha sido premiada en Cannes por un jurado en el que estaban Hong Sangsoo y Carlos Reygadas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La muerte del hijo, tan inesperada como terrible, deja una mella liviana según pasa la película y Sergi López, un actor siempre solvente, trasmite muy poco, ni desesperación ni shock emocional... no está bien, algo extraño en él y de lo que tiene mucha culpa la dirección y el guion. Lo mismo con el resto de actores ante los eventos dramáticos del film. El camino del paraíso está lleno de dolor y de pérdidas, parece decirnos (sermonearnos) Laxe.
El campo de minas es una de las situaciones absurdas a las que me refería antes. En el contexto de una tercera guerra mundial, no parece muy lógico plantar minas en medio del desierto. Se ponen a bailar en medio del desierto y a tomar algo parecido al peyote "porque puede ayudarles" y de repente explota esa chica estupenda y de una belleza extraña en lo que parece humor negro: "Que explote todo de una vez", pues sí, bum, y con ella por delante. La salvación espiritual es un camino de minas, pero no parece que esa sea la mejor manera de mostrarlo. Una metáfora forzada de las que hablabamos antes. Tampoco de superarlo andando sin pensar, o con los ojos cerrados, como hacen los tres supervivientes, muerto el homosexual "freak" manco, aunque había seguido los pasos de Sergi. Los dos siguientes lo harán tapándose los ojos. Es el camino de la fe, un camino ciego por antonomasia.
El campo de minas es una de las situaciones absurdas a las que me refería antes. En el contexto de una tercera guerra mundial, no parece muy lógico plantar minas en medio del desierto. Se ponen a bailar en medio del desierto y a tomar algo parecido al peyote "porque puede ayudarles" y de repente explota esa chica estupenda y de una belleza extraña en lo que parece humor negro: "Que explote todo de una vez", pues sí, bum, y con ella por delante. La salvación espiritual es un camino de minas, pero no parece que esa sea la mejor manera de mostrarlo. Una metáfora forzada de las que hablabamos antes. Tampoco de superarlo andando sin pensar, o con los ojos cerrados, como hacen los tres supervivientes, muerto el homosexual "freak" manco, aunque había seguido los pasos de Sergi. Los dos siguientes lo harán tapándose los ojos. Es el camino de la fe, un camino ciego por antonomasia.

Oliver Laxe
El final es Sirat, ese filo de la navaja, esa puerta estrecha que separa el infierno del paraíso, como se explica en los títulos de crédito iniciales y que en ese contexto apocalíptico de una destrucción mundial, representa la vía de tren de esos convoyes de repatriados de gente que nada posee ya, donde también van nuestros tres héroes, en lo que es el significado final y más político del film. Todos podemos ser repatriados en algún momento y, como consecuencia de ello, santos; antes entrará un camello (también un dealer rave) por el ojo de la aguja que un rico (warmakers) en el reino de Dios. Demasiados camellos.
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