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Luz silenciosa

Drama México. Estado de Chihuahua. Comunidad de los Menonitas. Johan, casado con Esther, con la que tiene siete hijos, vive desde hace dos años una historia de pasión con Marianne. Entre sus dos vidas, sus dos mujeres, la elección es imposible. Confiesa su situación a su amigo Zacarías y a su padre, que es predicador y considera que la vida de su hijo se halla bajo la influencia del diablo. Sin embargo, los dos lo apoyan, lo compadecen. Y lo envidian... (FILMAFFINITY)  [+]
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Críticas 43
Críticas ordenadas por utilidad
7 de abril de 2008
41 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película contemplativa, donde se da preferencia al silencio, a la naturaleza y a personas de cosmovisión religioso-cristiana; parecida pues a "El gran silencio", de Philip Gröning (Alemania 2005); con la diferencia que en el filme de Gröning, los protagonistas son sólo hombres maduros, católicos de clausura estricta, mientras que en el caso de esta película de Reygadas, son hombres, mujeres y niños, familias de menonitas (una de las muchas variantes del cristianismo protestante surgido en Europa a raíz de la Reforma de Lutero). Si he de escoger entre las dos prefieron la del director mexicano, pues el hecho de filmar a hombres y mujeres religiosos en su relación vivencial da de sí mucha mayor vitalidad, pasión y capacidad de alejar el aburrimiento.

De manera espléndida y bella, Carlos Reygadas, hace incapié contemplativo, paciente, lento, en la Naturaleza: el alba, el ocaso, los campos con gran solana, los campos nevados, la lluvia, etc.

Quizás esta película es un homenaje a aquella otra famosa y gran referente del cine espiritual, cristiano y milagroso, hecho con tanto arte, delicadeza e impacto carismático, que siempre será un paradigma a tener en cuenta en cuanto a filme por excelencia de los que pellizcan el alma y la impronta religiosa de los seres humanos, me refiero a "Ordet (la Palabra)", de Carl Theodor Dreyer (Dinamarca 1955). La similitud es obvia, al menos en el fondo teológico (teología lazarista) que implica ir a la muerte y regresar de la misma.

"Luz silenciosa" es todo un muestrario de magistral dirección cinematográfica, sobremanera en la filmación de las escenas. Una obra para coger calma respiratoria, para observar cómo entre las palabras caben largas pausas y silencios sin que por ello el mundo se pare o nos volvamos locos, al contrario se descubre una manera inaudita y milagrosa de escucha, de conteplación, de captación ante lo que nos rodea; maravillas a tener muy en cuenta.

Fej Delvahe
Fej Delvahe
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10 de enero de 2009
30 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
1) Desde el girar nocturno de las galaxias, la historia que va a contar Reygadas aterriza despacio en un lento amanecer que equivale al ancestral “Érase una vez…” de las narraciones arquetípicas, profundamente evocador.

Érase una vez un granjero, padre de familia numerosa, decidido a dejar a su mujer e hijos para vivir con su vecina amante, en quien estaba casi seguro de haber encontrado al verdadero amor de su vida. Ciertos márgenes de duda le movían a consultar con su padre y con su mejor amigo la decisión.

Sería un relato corriente si no se tratara de miembros de la cerrada comunidad menonita “Manitoba”, de origen alemán, arraigada en Chihuahua, México.
El estricto credo protestante de los menonitas hace que el conflicto del hombre que quiere a dos mujeres a la vez se pueda centrar en el aspecto ético-moral más que en el erótico: en el sufrimiento de las personas implicadas y en su modo de enfrentarse a las trágicas consecuencias.

2) En esta cinta hay de Tarkovski el protagonismo del paisaje; de Bresson, el concurso de actores no profesionales; de Dreyer (cuyo “Ordet” se cita expresamente en la escena del velatorio blanco y en cuyo sentido profundo se apoya), la escenificación exacta y la voluntad trascendente.

Pero tras una bregada preproducción en la hermética comunidad menonita, Reygadas elabora esas influencias en busca de una fórmula propia.
La poética de su paisajismo es más sensorial y desnuda que la de Tarkovski. Se pega al terreno para adentrarse en la profundidad del espacio, ayudado por una luz que con un amanecer y un ocaso abre y cierra la película, y parece con su brillo gobernar el mundo. El frecuente movimiento de la cámara hacia delante intensifica la sensación de amplitud, reforzada por una banda sonora sin música, tersa, reservada para las parcas voces, los sonidos de respiraciones e insectos, motores y lluvia.
Los actores no profesionales no son tomados para sólo modelar, sin reflejar emociones, según hacía Bresson. Tampoco actúan a la manera convencional sino que sienten a fondo ante la cámara. Elección y dirección de actores son extraordinarias. El sentir de estos ocasionales ‘intérpretes’ es tan vivo e intenso que casi transforma sus fisonomías de una escena a otra.
Dreyer articula en su “Ordet” un discurso religioso que sirva de marco al milagro. Reygadas, por su parte, aunque lo ambienta en una radical comunidad creyente lo envuelve menos en argumentación teológica. Prefiere abrirlo a lo maravilloso, tan presente en las narraciones tradicionales.

3) La presentación eficiente y verosímil del elemento maravilloso en estado puro, sin mezclar con lo fantástico ni lo folklórico, es posible gracias al asombroso acierto de situarlo en el peculiar ambiente de los protagonistas, de antemano depurado y libre de ganga e interferencias (no hay radio ni TV, excepto un recital de Jacques Brel), y a una dirección excelente, que apura siempre al límite el rigor de la emoción estética.
Archilupo
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17 de febrero de 2008
33 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Luz silenciosa" es lo mejor que le ha pasado al cine en las últimas décadas (sólo puedo compararla al testamento de Bergman, "Saraband" así a bote pronto). Un prodigio de puesta en escena, de planificación, tan aparentemente sencillo como endiabladamente profundo, una película que si te atrapa no te suelta ni tras el final ni el resto de tu vida. El film pasa a engrandecer el arte cinematográfico, deja una huella imborrable en la mente del espectador que ya descubrió el poder de la imágen y la emoción con el citado Bergman, Tarkovski... Ensancha el espectro de posibilidades ante el aprisionamiento de ideas del cine convencional, deja escenas para el recuerdo, planos, miradas, lágrimas, emociones como hacía mucho que no se veían reflejadas en la pantalla. Uno puede adivinar o predecir por donde le vienen las críticas negativas de cierto sector de la crítica y el público, "Luz silenciosa" no aspira a ser definitiva, abre puertas, no todo el mundo se someterá con agrado a su ritmo, a su respiración y más de uno tendrá ya sentenciado a Reygadas haga lo que haga. "Stellet licht" en mi caso, se queda tatuada en la parte interna de mi piel, amplía suave y agradablemente los márgenes de mi cinefilia. Una obra maestra, tal cual. Y si no le doy un 10, es porque allí tengo encumbrada a "Persona" de Bergman y me gusta verla a solas, en la cumbre.
Vargtimmen
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6 de abril de 2010
32 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para empezar, a todos aquellos que:
a) piensan que “Ordet” es una obra maestra,
b) creen que “Luz silenciosa” es un plagio de la anterior,
c) consideran a Bergman el maestro de los maestros,
les invito a saltarse esta crítica e ir directamente al NO de “¿Le ha resultado interesante...?”

¿Sigues leyendo? Pues ahí va.
Ya le “puse unas buenas banderillas” a “Ordet” (expresión usada por cierto usuario al que aprecio) en una crítica hace más de un año y no quiero insistir en ella, aunque ciertos críticos me incitan a ello con sus comparaciones entre ambas películas. La de Dreyer me aburrió por sus continuos diálogos y monólogos insípidos. La de Reygadas si aburre es por la falta de ellos, pero sobre todo por esos inacabables travellings y esos planos fijos que no aportan nada.

Ha habido películas que al carecer de cualquier información sobre ellas nos sorprenden positivamente. En cambio, creo que a “Luz silenciosa” le ocurre todo lo contrario si no estás informado de cómo debe ser tu predisposición:

1. Vedla relajados, en la tele (¡jamás en el cine!) a media tarde, no a la hora de la siesta ni después de la cena si no queréis caer en un sopor irresistible (Dura más de 2 horas)
2. El argumento es sencillo. Un padre de familia religiosa se enamora de otra mujer.
3. Se inicia la película con un amanecer (duración aproximada de 4 a 5 minutos). Os vais a encontrar con secuencias eternas (algunas bellas, otras tediosas), planos fijos innumerables (algunos meritorios, otros innecesarios), algún plano fuera de campo sin motivos, travellings interminables y monótonos.
4. La fotografía, el color, son magníficos. Lo mejor. Hay un incuestionable poderío visual.
5. Si sois capaces de llegar hasta el final tendréis la sensación extraña de engañifa bella.

Durante el proceso de un montaje se seleccionan unas secuencias y se descartan otras y se imprime el ritmo a la película. No sé cuales se descartarían pero sí sé cuáles no debería haber seleccionado el montador, o cuáles debería haber recortado para que el ritmo no pase de ser lento (que es el requerido, pues un ritmo normal acortaría la película a un cortometraje de 30 minutos escasos) a producir somnolencia y desinterés.

La historia no me entusiasma, pero la secuencia del desayuno en familia me cautiva aunque la estropea el actor que interpreta a Johan, pues su llanto es más falso que la moneda de 3 euros (claro que habrá alguno que dirá que el sentimiento de culpabilidad le induce a forzar las lágrimas para descargar un poco su conciencia). La secuencia del baño de los niños es hermosa. La de la carretera y la lluvia, también. Pero...

Los diálogos son insustanciales. En absoluto me gusta el final. El mensaje (si es que lo hay) no llega al corazón del espectador.

Aún así, la puntúo por encima de la de Dreyer. Porque no hay ningún lunático con su discurso religioso intrascendente, por el amanecer, por la lluvia, por el paisaje, por la luminosidad..., por el silencio.
BAKUNIN
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27 de noviembre de 2007
19 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estreno en España en el Festival Internacional de Cine de Gijón de esta película más que notable donde Reygadas deja ver sus influencias con una claridad de dignifica el cine reciente y hace pelearse a los abogados defensores del cine clásico, quienes promulgan que ésta puede ser una copia mal calcada de un cine bergmaniano (véase la preciosa escena del baño de los niños), bressoniano (lentos movimientos de cámara, personajes hieráticos) y sobre todo dreyeriano (en un final de un blanco que hace palidecer cualquier escena de amor actual).
Entre varias de las cosas positivas de la película está el que los personajes conocen la historia que se les puede venir encima y aceptan un futuro que puede ser enormemente destructivo. Su actores no profesionales (el propio Reygadas afirmó al final de la proyección que había sido muy costosa la elección de su casting) le dan ese tono natural y místico a su narración y abofetea con su pasmosa dirección a la "cámara en mano".
Gran historia de amor que se merece un éxito rotundo; porque no todo es Dreyer, no todo es Bergman, no todo es Bresson. El todo lo construyeron unos cuantos pero otros han ido pegando más piezas.
Y atentos a la escena de la lluvia....me pareció demoledora
enyel
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