arrow
Polonia Polonia · Terrassa
You must be a loged user to know your affinity with Taylor
/
Críticas 702
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
8
8 de septiembre de 2009
89 de 106 usuarios han encontrado esta crítica útil
Formalmente, una maravilla. Una de esas pelis que todo cinéfilo en ciernes debería ver sí o sí para saber de qué va esto del cine. Pocas veces veremos en una gran pantalla una composición de planos tan perfecta, un aprovechamiento de la iluminación tan oportuno y un ritmo narrativo tan grácil y elegante.

Nada que objetar, tampoco, a su incuestionable moralina. Porque la tiene, claro ¿Y qué? Al fin y al cabo todos sabemos que la felicidad plena es una utopía y que “la avaricia rompe el saco” ¿no? Mizoguchi, en cualquier caso, demuestra que sabe manejarse como pez en el agua en el ámbito melodramático y que la desmedida expresividad interpretativa de los actores japoneses, bien canalizada, puede constituir un recurso cinematográfico tan legítimo como eficaz.

Os preguntaréis tal vez -visto lo visto- por qué no he puntuado esta irrefutable obra maestra con mayor generosidad. La respuesta es que, lamentablemente, “Cuentos de la luna...” no me ha llegado como hubiera deseado. En ningún momento conseguí empatizar cien por cien con los personajes y no fue hasta el desenlace final cuando Mizoguchi logró tocarme la fibra de lleno. Yo achacaría ese leve desencanto al hecho de que, por norma general, las pelis que transcurren en el medioevo japonés no suelen atraerme demasiado. Quizás por eso mismo “Rashomon” no me cortó el aliento precisamente y quizás por eso mismo cada día que pasa dejo para mañana mi particular revisión de “Los siete samuráis” o “Yojimbo”. La cuestión es que mi problema con el medioevo japonés reclama una solución inmediata. Y esa solución pasa, indefectiblemente, por enfrentarme de nuevo al Kurosawa medieval y por pedirle a Mizoguchi que vuelva a contarme esos cuentos.
Yo diría, en definitiva, que con este tipo de films padezco el ‘síndrome museo’. Y es que, a veces, aunque tengas ante ti una obra de arte como la copa de un pino, el dolor de pies y el agobio de la gente es tan intenso que resulta absolutamente imposible paladearla a gusto. Mecachis!
21 de noviembre de 2009
80 de 88 usuarios han encontrado esta crítica útil
“El ente” constituye, por así decirlo, un paradigmático testimonio de todas aquellas pelis de terror ochentero que pasaron casi desapercibidas por ‘culpa’ de títulos de mayor repercusión mediática como “Poltergeist”, “Posesión infernal”, “La cosa”, “La noche de Halloween” o “Viernes 13”. Una inoportuna coincidencia temporal que se erige, a mi juicio, como la única justificación posible a la escasísima resonancia que tuvo y que sigue teniendo la peli de Sidney J. Furie en la historia del género. Así pues, me sumo a la elogiosa reivindicación de JuanCádiz porque creo, con franqueza, que “El ente” merece de todas todas la misma consideración que los títulos anteriormente mencionados.

Admitiendo de antemano que cuando la vi por primera vez (allá por el año 83) no supe justipreciarla adecuadamente, os puedo asegurar, sin embargo, que a día de hoy -visto como anda el patio del género terrorífico- la peli de Furie puede vanagloriarse sin rubor de ser un producto convincente, eficaz y más que correcto. Y no tan sólo por el canguelo que supone pensar que está basada en hechos reales, sino porque los consabidos ingredientes de este tipo de pelis (tensión, música, sexo, efectos especiales, desenlace...) se encuentran en “El ente” perfectamente administrados y dosificados. Existe, no obstante, un nimio detalle que la hace envejecer, si no mucho, sí un poquito. Lo menciona con perspicacia Valkiria y es, ni más ni menos, esa imagen entrañablemente obsoleta de médicos y familiares fumando en el hospital. Sí, habéis oído bien: he dicho fumando. Como cafeteras. Pero todo lo demás, como ya he dicho antes, es correcto. La prota (Barbara Hershey) está buena, el pitote sexual que se monta aporta morbillo a la historia (atención a los magreos pectorales) y, por si fuera poco, el hecho de que el agente maligno sea un ente abstracto e invisible (y no el Jason o Kruger de turno) le otorga a esta peli esa oportuna dosis de ingenio y personalidad que -por desgracia- tanta falta le hace al cine de terror contemporáneo.
5 de noviembre de 2008
78 de 84 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Los mejores años de nuestra vida” es lo que yo definiría como uno de esos paradigmas del cine clásico a los que se les debe añadir, sin el menor atisbo de rubor, ese archiconocido latiguillo cinéfilo que suele poner la guinda a pelis de irreprochable factura. Sí, lo habéis adivinado: ese que reza ‘de visión onerosa e imprescindible’.

De hecho, me avergüenza no haber visto esta peli hasta ayer por la noche. Hacía mucho tiempo que no descubría o repescaba en mi particular océano de obras maestras desconocidas o semiolvidadas una película de semejante calado. Una peli redonda, completa y madura. Una peli que, pese a su aparente sencillez, conmueve y cuestiona a partes iguales. Que te hace amar el cine un poquito más. Una peli implacablemente sincera que describe una serie de sentimientos y situaciones impregnadas de ese tenue halo de tristeza y nostalgia postbélica con una pureza narrativa y estilística magistral.

Si aún no la habéis visto, ya estáis tardando. Probablemente, como en mi caso, pasará a engrosar ese particular compendio fílmico denominado ‘los mejores clásicos de nuestra vida’.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Palabra de honor.
25 de abril de 2007
91 de 111 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con "Happiness", Todd Solondz no tan sólo torpedea la línea de flotación del "establishment" moral y familiar yankee, sino que además proyecta y explicita una impresionante radiografía de la soledad del urbanita.
A pesar de que la película parece perder el rumbo en determinados momentos ( a título personal creo que necesita algún que otro recorte y algún que otro retoque puntual ) globalmente el trabajo de Solondz se sostiene vigorosamente en su espíritu transgresor, crudo y despiadado.
Paradójicamente, el aspecto que más me ha atraído de "Happiness" es ese cáustico y grotesco humor negro tan difícil de hallar en el cine de nuestros días. Eso, y la interpretación de Philip Seymour Hoffman y Dylan Baker. Estelares.
La secuencia de confesión del Doctor Maplewood hacia su hijo me impactó, lógicamente, aunque creo que su crueldad conceptual es excesiva. No pretendo parecer puritano pero creo que ultrapasar los límites en temas tan espinosos como el de la pedofilia conlleva el riesgo de caer de lleno en el ámbito de la pornografía emocional. En ese sentido pienso que el tratamiento de la pederastia resultaba mucho más pedagógico o crítico en "Celebración" de Vinterberg.
17 de junio de 2009
102 de 134 usuarios han encontrado esta crítica útil
No me considero ningún experto en jamones, os lo aseguro, pero si me viera obligado a calificar la peli de Vajda en términos gastronómicos, no me cabría la menor duda: “El cebo” es un jamón ibérico exquisito. No sé si de cebo o de recebo. Tampoco sabría discernir si procede de Guijuelo o de Trévelez. Lo único que sé es que a mi me supo a pata negra. A auténtico pata negra. Con su grasita, su puntito justo de sal y su delicioso sabor. Mmmm..., excelente.

Y aunque justo la vi ayer noche, esta mañana seguía relamiéndome los labios. Como un autómata. De poco sirvió que me hubiera cepillado enérgicamente los dientes antes de acostarme. La persistencia de su aroma me embriagaba y me recordaba que, posiblemente, acababa de visionar el mejor thriller de la historia del cine patrio. Una historia muy bien contada que me atrapó a los cinco minutos y que me obligó a pellizcarme los brazos durante todo el metraje. ¿Seguro que es española? ¿Se habrán equivocado los gerifaltes de la página al colocarle la banderita rojigualda junto al título? ¿Dónde se esconde el dramón, la risa tonta, el ramalazo folklórico, el espíritu cañí...? Mi única referencia sólida, Ladislao Vajda (el de “Marcelino, pan y vino”), no era demasiado esperanzadora, pero muy pronto mis prejuicios iniciales se fueron a tomar por saco. Me encontraba ante un macabro cuento que, lejos de adornarse y pugnar por parecer relevante, se limitaba a narrar con insólito pragmatismo y encomiable agilidad la búsqueda de un sanguinario asesino de niños. Una logradísima combinación entre “Caperucita y el lobo” y “M, el vampiro de Düsseldorf” que me encandiló mucho más que esta última (sí, lo sé: he blasfemado) y que, pese a una leve pérdida de intensidad en su tercio final, logró contagiarme ese clima de angustia y desasosiego tan genuinamente hitchcockiano.
Me sorprende, en cualquier caso, la escasísima repercusión que ha tenido un film como “El cebo” a lo largo de su más de medio siglo de existencia. Y es que resulta chocante que se sepa tan poco de una peli que, sin rasgarnos las vestiduras, podríamos situar al nivel de “El verdugo”, “Calle Mayor” o “La caza”. No he indagado al respecto, la verdad, pero me imagino que su localización y su reparto (eminentemente helvético) no invitaba precisamente a que las autoridades del régimen la promocionaran a bombo y platillo... ¿me equivoco?
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Con motivo de mi tercer centenar de críticas en esta acreditada web, aprovecho la ocasión para transmitir un afectuoso saludo a todos los que, en mayor o menor grado, os habéis tomado la molestia de leer y valorar positivamente mis comentarios. Otro afectuoso saludo -de mis partes esta vez- para todos los que habéis puesto a prueba los dispositivos antifusilamiento de esta santa casa disparando sobre Taylor. Me encanta comprobar como os sale el tiro por la culata, majetes.
Cancelar
Limpiar
Aplicar
  • Filters & Sorts
    You can change filter options and sorts from here
    arrow