67 de 87 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Nunca me canso de ver esta película, y cada nuevo repaso supone más hallazgos estéticos y artísticos. Para calificarla por completo se agotarían todos los adjetivos usuales: vitalista, hiperbólica, fantástica, satírica, alegre, sentimental, irónica, surrealista, admirable...¿cuántos más habría que inventar?. Todo una mirada amorosa a la Italia de los años 30, toda una galería de personajes únicos y entrañables. Una película que es la suma de muchas películas, una burla incruenta del ambiente prenazi y el retrato lleno de añoranza de una sociedad que ríe más que pena, que aspira a pleno pulmón el aire limpio de los campos y que aprecia, como pocas, las cosas buenas y sencillas de la vida. ¿Exagero un poco? Creo que todo el mundo la ha visto, y que a todos ha maravillado. Si algún despistado no la contempló, que se apresure a paladear una auténtica joya del cine...universal.
30 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Parece increíble y admirable que en 1936 pudieran filmarse películas como esta, aunque el secreto está en la bondad del guión, en la magistral dirección del mítico Capra, y en la gran interpretación de Gary Cooper como héroe sencillo y noble, bien secundado por una inteligente y simpática Jean Arthur. Como suele suceder en muchas películas americanas de todas las épocas, a Gary le toca hacer el papel de hombre idealista y de aparente simpleza (papel que borda mejor que nadie, para mi gusto, otro gigante: James Stewart), frente a todos los "malos" (que hay bastantes en la película), y de quien se burla hasta su "partenaire"... pero solo hasta que descubre la grandeza moral del personaje y, como es lógico, se enamora de él perdidamente. Al final, y como epílogo a un interesante juicio (otro recurso habitual para mantener la emoción) triunfan el amor y la bondad. Alguien podría achacar a la historia la poca verosimilitud de parte del argumento, porque ¿qué hombre de este mundo podría renunciar a una herencia de veinte millones de dólares, de los de entonces?. Pero el cine es así, y así le gusta a mucha gente. En resumen: película digna de figurar en cualquier cineteca exigente.
37 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Veo que los 17 fans de Filmaffinity que me han precedido en el comentario no saben muy bien, en rigor, con qué cosa hemos venido a topar: desde los que la consideran obra maestra y quintaesencia del cine, hasta los (menos numerosos) que estiman que es una soberbia tomadura de pelo: ¿Cine para elegidos?; ¿Obra de arte del cine hiperabstracto?... Es probable que sea eso, y algo más. Lo único que no puede negarse es que es totalmente distinta a todas las películas que uno vaya podido ver en su vida (eso al menos me ha sucedido a mí). Hay, aunque algunos lo nieguen, un extrañísimo y original guión; y por supuesto, una extraordinaria actuación de Sean Gullete como matemático que no sabes si domina a los números por los que se rigen desde las leyes del universo hasta los ciclos más comunes de la vida, o si son éllos los que le dominan y le asfixian. Yo no me atrevería a darle el diez que algunos le otorgan, al parecer, sin titubeos. Más bien me parece una película absolutamente incalificable, como lo es para mí el sabor, por ejemplo, de las ostras (manjar de dioses, o alimento indigerible, según los gustos). Al que le vayan mejor solamente los platos caseros, sin sorpresas, que se abstenga de verla, porque se aburrirá soberanamente, y no entenderá nada de nada.
23 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Quizás sea esta una de las películas más realistas sobre el complejo conflicto político de Irlanda del Norte, todavía latente (a pesar de los tardíos acuerdos de una paz dificílmente conseguida) y que puede volver a estallar en cualquier momento; pero no es una historia del problema, sino solamente una de sus páginas de mayor tensión y emotividad, desarrollada en Belfast en 1981. El ejército británico acorrala a los terroristas del IRA (aunque ellos se consideran luchadores por la independencia de la católica Irlanda), y hace prisioneros a un grupo de trescientos, que siguen luchando en la cárcel por sus derechos y, particularmente, por el reconocimiento de su condición de presos políticos (como los de ETA en España, aunque entre aquel conflicto y el vasco existen notorias diferencias). La historia hilvanada hábilmente por Terry George y Jim Sheridan es puramente descriptiva y trata de ser políticamente neutra, aunque en éste, como en cualquier otro conflicto histórico de igual naturaleza, es difícil mantener el equilibrio ideológico entre puntos de vista tan dispares, como puede apreciarse en la evolución de los sentimientos de dos madres protagonistas del film: la moderada y pacifista Kathleen Quigley (Helen Mirren), madre de Gerard, y la radicalizada Annie Higgins (Fionnula Flanagan), madre de Frank. Los dos muchachos resisten con entereza y heroísmo idealista sus posiciones revolucionarias, sumándose a los presos que organizan una dura huelga de hambre, detenida después de la muerte de algunos de los huelguistas, tras arduas negociaciones con los representantes del gobierno de Margaret Thatcher, la dama de hierro. Los sufrimientos de estas familias son retratados con hondo dramatismo, resaltando el papel abnegado de las mujeres que también lucharon hasta la extenuación para conseguir mejores condiciones de la vida de los presos y perseguir, a mayor plazo, un acuerdo honroso de paz. Película dura, violenta, emotiva, con lecciones que deberían aprender los que se empecinan en eternizar esos dramas internos.
22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil.
El cine es a veces pretexto para inventar historias que dificílmente pueden suceder en la vida real, y ese es uno de sus muchos encantos. Tal es el caso de esta película, en la que un José Coronado -que no nos había convencido hasta rodar "Caja 507"- encarna con éxito a un mentiroso enfermizamente compulsivo (Emilio Barrero), que crea a su alrededor toda una complicada maraña de apariencias, con maestría tal que durante muchísimos años todo el mundo cree que es un avispado economista que trabaja en el Banco de España, engañando no solo a todos los amigos y familiares que le confían sus ahorros, sino incluso a su propia esposa Agata (Adriana Ozores). Parece realmente inverosímil que una cadena de embustes de tales dimensiones pueda mantenerse tanto tiempo, aunque han existido muchos casos de farsantes que lo han intentado sin éxito, porque en algún momento se produce el fallo que desenmascara al embustero. Para Emilio Barrero ese punto de inflexión se produce cuando se enamora de una joven estudiante, Rosana, interpretada convincentemente por Marta Etura, y desde entonces su mundo inventado comienza a derrumbarse, porque los equilibrios sobre la cuerda floja son cada vez más difíciles. Todos los espectadores pueden barruntar que llegará un final explosivo, aunque Eduard Cortés, director casi novato, juega con su paciencia, manteniendo un grado de tensión dificílmente sostenible para desvelar un final que, en cierta medida, defrauda*. Buena historia y magnífico trío de intérpretes.
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spoiler:
Cuando Emilio Barrero ve cerrados todos los caminos, se suicida con un tiro de la pistola que ha robado a su padre. Final un tanto cobarde, pero que quizás sea la única solución lógica al problema planteado.