113 de 168 usuarios han encontrado esta crítica útil.
VERLO:
No se puede negar que Michael Haneke es un verdadero autor. Sus señas de identidad están intactas en su última película. Los planos largos y desasosegantes, así cómo un perfecto dominio espacial de la vivienda de Georges y Anne, en el que uno diría que puede moverse sin haber estado allí. Uno casi puede recorrer sus estancias y empaparse de la tragedia de la pareja. Haneke se concede incluso algunos segundos magistrales de terror dentro la la propia pesadilla en sí; en una pesadilla dentro de la narración. Todo un prodigio técnico/artístico que me hace darle mi sobresaliente en la realización.
VIVIRLO:
Haneke no me emociona con su película, porque solo cuenta la realidad de la vida. Hace unos años mi abuela enfermó gravemente. De su inicial vitalidad pasó poco a poco a un estado indigno. Recuerdo ayudar a mi madre cuando mi abuela se cagaba y meaba en su habitación, recuerdo sus gritos de locura en mitad de la noche. Gritos desgarradores, sin sentido y escalofriantes, con algunos momentos de lucidez que hacían el martirio practicamente insoportable. Nosotros fuimos durante un año fantasmas al servicio de la muerte, porque finalmente murió.
Me fascina la técnica de Haneke, sus intérpretes, el uso de la cámara y la música clásica en momentos puntuales. Pero no me emociona, porque la realidad diaria supera con creces esta ficción. Además no empatizo con la tragedia, por la aséptica narrativa, que en este caso no beneficia al tejido vivo de la película.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)Ver todo
spoiler:
No me gusta la metáfora de la paloma. Maniquea hasta el paroxismo.
59 de 84 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Pasados los minutos iniciales, después de la catástrofe, todo se vuelve turbio:
—Enseñe abundantemente las heridas de Naomi, no sea que el espectador no lo pille a la primera.
—Aderece la película con reacciones atificiales: si te encuentras a un herido, arrástrale por el suelo, por el lodo, que sufra, que se oiga bien su sufrimiento.
—Que abunden los primeros planos con ojos llorosos. Que no solo salgan una vez, que sean abundantes y regulares, que se vea lo que el personaje sufre.
—Convierte el melodrama en una caricatura. Invéntate el metamelodrama. Que el dolor sea una caricatura de sí mismo. Ya que hay dolor: ¡QUE GRITE A VOCES!
—Que sea una película resultona, que salga buena casquería de la boca de los intérpretes.
—Que la banda sonora suene potente y sin ton ni son: venga vamos a llorar más.
Con una factura técnica impecable, no es capaz de emocionarme una sola vez por culpa de un mediocre guion. No hay emociones verdaderas en esta película. Todo es humo; hay película, sin embargo no veo una película.
Ahora haga el siguiente experimento:
Reproduzca los primeros minutos de "Mas Allá de la Vida", la película de C. Eastwood. Habrá visto más cine y más dolor que en los 100 que dura la película de J.A. Bayona.
42 de 72 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Acabo de ver mi pase a través de Ono Videoclub. La he visto con mi familia y no me ha gustado. Me gusta Paco León, me cae bien, apoyo su propuesta de democratizar el cine y dar una sonora bofetada a la decimonónica Academia del cine. Me encanta María León, adoro a la hermana "del Luisma" y ha sido una razón de peso para ver la película.
Pero si tengo que hablar de las bondades de la película, solo me quedo con el cante flamenco de María León. Que sea una película low-cost, no quiere decir que la película tenga que estar tan descuidada cinematográficamente, dándose esos aires cool. Hacer algo barato no significa hacerlo mal, porque he visto cortos y películas low-cost (que poco me gusta esta palabra) que son extraordinarios.
Todo mi apoyo a Paco León, ya cuenta con mi soporte y mi dinero; pero también con un claro suspenso, porque no siento que la película sea sincera y sí que sea muy cuestionable en las formas propiamente hablando.
Hay películas que funcionan como espejos. Un día antes de su estreno comercial, he tenido la oportunidad de ver un pase previo, y la última película de Ridley Scott funciona como un reflejo. De lo que fue, de lo que es, de lo que será. Nos llega tarde y en cierta manera con menos magia de lo que supone un estreno simultaneo. Apaleada por algunos sectores y alabada por otros. ¿Es Prometheus una mala película?: no. ¿Es Prometheus la quintaesencia prometida?: no. Pero Prometheus funciona, es a la vez obra y reflejo de un cineasta irrepetible, único; con algunas de las películas más importantes de la historia del Cine a sus espaldas. Y esta última contiene momentos irrepetibles, de esos hechos para atesorar en el baúl de las maravillas.
Prometheus es un canto a la humanidad en sí misma. Sus minutos iniciales son toda una declaración de intenciones. Esas hermosas imágenes que recorren la sala, como si de un gran documental se tratara, hacen que esos parajes, esos ríos y orografía inunden el alma de misticismo y espiritualidad. Tan solo gente cómo Kubrick, Tarkovski o Malick han filmado cosas semejantes con tanto poder (Primer Espejo).
Se la ha tildado de plana, oportunista y fuera de lugar. No puedo estar más en desacuerdo con estas opiniones, porque Prometheus es un espectáculo audiovisual ante todo, y pese a ello consigue cierta profundidad estético/artística. Algo al alcance de muy pocos, en tiempos de mediocridad cinematográfica. Los personajes de Michael Fassbender y Noomi Rapace son de los más trabajados que he visto últimamente y su evolución es ejemplar. Lo natural y lo artificial en la cara y cruz de la misma moneda, mientras a modo de tragedia griega se mueven los demás. Lovecraft y sus tentáculos están aquí y ahora con más precisión de lo que posiblemente se haya hecho (Segundo Espejo).
Scott es un maestro de la imagen, un ilusionista superdotado que tan pronto enseña un conejo en una mano lo trasforma en un ramo de flores. Asi: en un abrir y cerrar de ojos. Scott no renuncia a su comercialidad, y se retroalimenta de sus anteriores obras de género sin hacer desaparecer su valor en sí misma. Es tan inteligente que hace que este espejo funcione deformando sus imágenes para convertir lo antiguo en nuevo sin caer en la reiteración. Y de paso, tiene lo que hay que tener para mostrar las escenas más impactantes y escalofriantes sin miedo a la censura: "R-Rated" cuando casi nadie se atreve. (Tercer Espejo)
Prometheus es un divertimento sin complejos. Aquellos que quieran encontrar algo más, podrán hacerlo sin afectar a su capacidad evasiva. En la película se encuentra el aura de un director, que a sus 70 años sigue en estado de gracia, con la mente joven y despejada. Es así esta, una de las mejores películas serias de género en mucho tiempo. Y esto no es un espejo, es la realidad. El respeto que impone Prometheus es mucho. Lo suficiente para calificarla de buena, salpicada de momentos maravillosos.
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Contaba con 16 años cuando acudí al estreno de Titanic. Recuerdo las zonas aledañas al cine, repletas de gente, abarrotando la plaza de los extintos Cines Coca (Valladolid), y ocupando las calles cercanas porque allí no cabía un alfiler. El objetivo era conseguir una de las codiciadas butacas para ver el nuevo trabajo del canadiense, James Cameron.
No había distinción de edades: niños pequeños, adolescentes hormonados (en los que yo me incluía), adultos, ancianos y familias completas. Se palpaba la expectación, el evento, era el acontecimiento cinematográfico más importante del año. Nadie podía intuir aún el éxito a lo largo del planeta que le deparaba al bueno de Cameron. Yo, escéptico rememoraba sus anteriores obras, en las que la ciencia ficción ocupaba prácticamente todo el grueso.
Los Cines Coca por aquel entonces tenían la pantalla más grande de Valladolid. El aforo estaba completo y la expectación era máxima. Cuando se apagaron las luces y los primeros acordes de la partitura de Horner sonaron a la par de las imágenes de archivo de la botadura del Titanic, un escalofrío recorrió mi espalda. Las primeras imágenes submarinas del trasatlántico dejaron mudo al personal, mientras algunos retazos de los ojos de di Caprio, levantaban los primeros grititos histéricos del respetable femenino.
Todo era megalomanía. Todo estaba concebido a lo grande, para conseguir henchir el alma. Tras los 194’ de película el cine rompió a aplaudir. Vi a gente llorando como un bebé. A mí, reconozco se me saltaron las lágrimas y la mueca de idiota que se me quedó se perpetuó hasta bien pasados los títulos de crédito.
Tuve la sensación de haber visto una de las mejores películas de la historia, y desde luego que fue una vuelta de tuerca en mi forja cinematográfica muy importante. El resto es Historia del cine.
(Sigue en spoiler sin revelar nada)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)Ver todo
spoiler:
Ayer con 15 años más en las espaldas, acudí al reestreno de Titanic. Una sesión al día en los céntricos cines Roxy de Valladolid. Sin duda la mejor pantalla del casco urbano de la ciudad. Nadie abarrotaba la calle ni la cola daba la vuelta a la manzana cómo hace 15 años, pero el más que respetable número de personas que había (sí, yo también) estaban emocionados por el evento. Se respiraba en el ambiente. Mi compañera de visionado y yo nos pusimos nuestras gafas 3D.
Seguidamente logo de la Fox y los primeros acordes de la banda sonora de Horner. Imágenes de archivo en blanco y negro de la travesía inaugural del buque. Mismo escalofrío en la espina dorsal que antaño. Enseguida las imágenes, esta vez digitales, inundan el recinto, atravesando mi retina y adentrándose en mis nervios ópticos para superponerse en mis recuerdos. No habían pasado ni 45’, cuando me di cuenta de que el 3D es magnífico. El trabajo de Cameron y su equipo ha sido ejemplar. Sin duda es la mejor versión convertida a 3D que he visto, y sinceramente gana por goleada a muchas películas que vienen producidas de cuna en 3D. Me vino a la mente La Amenaza Fantasma, recientemente estrenada en formato estereoscópico y se me escapo una risita. Lo del Episodio I es un chiste. Es como si Cameron hubiese pensado en 3D cuando hizo Titanic, pero desgraciadamente no tenía medios para llevarlo a cabo. Que manejo de la profundidad de campo. Que uso más inteligente del formato. Por poner un ejemplo: las imágenes de la cena y fiesta en primera clase son más planas en contraposición paralela a la fiesta en los camarotes de tercera clase, aderezados con música irlandesa. ¡Qué relieves!, que bien trabajado el computo global de la película. He notado un grano más suavizado, pero sin desaparecer. Definitivamente, es James Cameron el dueño de la fórmula secreta del 3D. Otros lo hacen con mejor o peor resultado (esa magnífica La Invención de Hugo), pero el 3D de Cameron no molesta, hace que te olvides de él. Es solo un complemento al servicio del guión y nunca viceversa.
Y sí, 194’ minutos después aplausos en la sala, con alguna lagrimilla escurridiza en la mejilla. Y esta vez como novedad la sala completa cantando a coro el My Heart will go On de Celine Dion.
Me vuelvo a emocionar, déjate llevar y vuélvete a emocionar. Porque películas así, ya no tienen cabida en los cines (sinceramente, reponer Titanic es deficitario para el propietario del cine). Esa épica ya no existe, pero la Obra Maestra sigue indemne, a prueba de generaciones y del paso del tiempo. Una maravilla.