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Críticas de: Taylor
Taylor Terrassa - Polonia 
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Hasta que llegó su hora (1968)
Sergio Leone
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| 195 de 225 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
24 de Octubre de 2007 |
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“Centauros del desierto”, “Rio Bravo”, “Grupo salvaje”, “Sin Perdón”... excelentes westerns todos ellos. Magníficos, irrepetibles... sublimes, tal vez.
Sin embargo, por encima de ellos, un peldañito tan sólo, se encuentra en mi particular santuario cinéfilo esta inconmensurable obra maestra. Un 10. Sin paliativos.
“Once upon a time in the west” me marcó de adolescente. Como a una res. A sangre y fuego. Y me proporcionó los rudimentos suficientes para convertirme en recalcitrante cinéfilo hasta el fín de mis días.
La exigua carrera cinematográfica de Sergio Leone constituye un modélico ejemplo de evolución cualitativa. El italiano superaba película tras película las expectativas creadas por su propio público forjando trabajos de cada vez mayor envergadura. Tras finiquitar la trilogía del dólar, Leone decidió oficiar la extremaunción definitiva del spaghetti-western. Pero en lugar de optar por la vía rápida y pegarle dos balazos como cualquier cowboy que se precie haría con un caballo malherido, el gran Sergio decidió escenificar una lenta y agónica danza de la muerte. Para ello contó con la inestimable colaboración de un amigo de la infancia, el insigne compositor Ennio Morricone, sin el cual ese efecto multiplicador que comenta Tomine nunca hubiera sido posible.
Recomiendo a todos aquellos que jamás hayan experimentado el tan cacareado “efecto Stendhal” a que disfruten y paladeen este film. Sin nervios. Sin prisas. Degustándolo plácidamente. Secuencias como la llegada de Jill a la estación de Flagstone o el duelo final entre Harmónica y Frank son, además de antológicas, excelentes testimonios que constatan de qué manera pueden estimularse sensibilidades tan burdas y cavernarias como la mía.
Taylor 
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(500) Días juntos (2009)
Marc Webb
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| 157 de 185 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Noviembre de 2009 |
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Que cada cual interprete la arroba de mi título como le de la real gana. Yo, por mi parte, la leeré como una grande, hermosa y clarísima A porque soy un tío y porque, al fin y al cabo, el gran damnificado en toda esta historia también lo es. Empatía pura y dura, dicen. Pues eso.
En cualquier caso, afirmo rotundamente que todas las mujeres son iguales (menos las de mi familia, of course) porque -como bien sostiene Tom- “en este mundo hay dos clases de personas: los hombres y las mujeres”. Y aunque mujeres las hay de todo tipo y condición, casi todas concurren en esa faceta perversa y manipuladora que tan meridianamente simboliza Summer, la destrozacorazones oficial de esta peli. Una tipa que tiene la desfachatez de mantener encoñado a un pobre gilipollas como Tom durante 500 días sin otro objetivo que pasar el rato en buena compañía y echar un casquete de vez en cuando. Algo que no censuro salvo en tres detalles muy significativos:
1.- Cuando una mujer independiente percibe que un ‘amigo especial’ se está encoñando con ella, debería echar el freno. Summer no lo hace y ello constituye un acto de crueldad intolerable.
2.- Cuando una mujer independiente se lleva a un ‘amigo especial’ a Ikea para pasear agarraditos de la mano y retozar en las camas de exposición es porque quiere dejar de ser independiente y convivir en pareja. Summer hace eso mismo sin la menor intención de asentar su relación de pareja y ello constituye un acto de crueldad intolerable.
3.- Cuando una mujer independiente presume de independiente y se lía con el primero que pasa dejando más tirao que una colilla a un ‘amigo especial’ que lleva 500 días soportando sus caprichos e incongruencias es porque esa tipa es un zorrón de mucho cuidado. Summer hace lo propio y ello constituye un acto de crueldad intolerable.
Por lo demás, nada que objetar. Webb alterna correctamente flashback y flashforward para narrarnos esos 500 días de sonrisas y lágrimas y -lo que es más importante- consigue transmitirnos con sinceridad y verosimilitud algo todos ya sabemos, o deberíamos saber: en esta puñetera vida hay tanto amor como desamor y nada, pero nada de nada, está predestinado. Todos dependemos de las casualidades y esas casualidades son las que determinarán -siendo tíos- que nos crucemos, o no, con alguna de esas Summer que pululan por ahí. Aunque, a decir verdad, si todas son iguales... lo tenemos chungo, colegas.
Taylor 
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Perros de paja (1971)
Sam Peckinpah
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| 172 de 222 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
7 de Septiembre de 2007 |
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De todos es conocido que Peckinpah no fue precisamente un maestro de la sutileza. Y a fé de Dios que “Perros de paja” es una de sus obras más paradigmáticas al respecto. La peli abre la veda a una procesión de títulos que, de la mano de la ultraviolencia, escandalizarán a la sociedad setentera y le mostrarán sus perfiles más abyectos.
Peckinpah se hace valer de sus prodigiosos movimientos de cámara, de sus zoom endiablados y de su magistral dominio de la cámara lenta para contarnos muchísimas cosas sin necesidad de diálogos, de palabras vanas, de rollos patateros. Esto es cine, señores!. Peckinpah mueve la cámara como un tanguero, maniobrando con ímpetu, con pasión, con brusquedad milimétrica. Sus clamorosos silencios, su aprovechamiento no sólo de la música sino del sonido, es acojonante. Thriller “in crescendo”, como marcan los cánones. Como un buen polvo. Y luego viene el montaje: tomaydaca, tomaydaca, tomaydaca. Brutal.
La peli da mucho que hablar. Es perfecta para un cinefórum de parroquia. Cobardía, provocación, erotismo, misoginia, maldad, venganza, violencia, honor, ética… Porque señores, aquí no se salva ni el apuntador. Un pueblecillo escocés habitado por una cuadrilla de borrachos, pendencieros, crápulas y haraganes capaces de modificar la conducta de cualquier pardillo. Luego está Amy, protagonista de la violación más ambigua que jamás había presenciado en pantalla. Y tantas y tantas cosas…
Sam nos ofrece una auténtica lección de cine. Y es que, como afirma mi buen amigo Santi: “Cuanto más cine suyo veo, menos valoro a Tarantino”.
Taylor 
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Lilya forever (Lilja 4-ever) (2002)
Lukas Moodysson
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| 130 de 156 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
23 de Enero de 2008 |
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Partamos de la siguiente premisa: “Lilja 4-ever” no es una peli comercial. Y no lo es porque su propósito esencial no consiste en entretenernos sinó en aportarnos algo más. Ese algo más deberá desentrañarlo cada uno. Yo ahí ni entro ni salgo. ¿De acuerdo?. Ok, prosigamos. Moodysson rehúsa todo instinto amable o complaciente y se la trae floja parecer implacablemente áspero e inhumano. Aunque claro, supongo que abordar el tema de la explotación sexual de menores de otro modo resultaría algo incongruente. El sueco emplea trazas documentales que le transfieren a su trabajo cierto aspecto televisivo aunque, evidentemente, tampoco podríamos definir “Lilja 4-ever” como un docudrama en el sentido estricto de la palabra. Tal vez a más de uno le sobrepase su imprimación atroz y confunda reproducciones ficticias de situaciones y circunstancias reales con dramones de sobremesa, pero no creo que nadie en su sano juicio detecte indicios ñoños o lacrimógenos en la propuesta de Moodysson. Y mucho menos, intelectualoides o culturetas. Esta peli es una contundente patada en los huevos, un soberano guantazo en el amodorrado careto de la acomodada Europa Occidental, de esa idílica civilización que suele escurrir el bulto ante los crecientes problemas derivados de la inmigración incontrolada, la población marginal y la impunidad operativa de las mafias de los países del este. Pero lo mejor de todo es que todo ese espíritu de denuncia se divulga solapado a una propuesta visual y alegórica que amortigua la crudeza de su trama y favorece su asimilación. No creo que sean necesarias las gafas de pasta para ver esta peli. Tan solo algo de conciencia y sensibilidad.
Taylor 
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Camino (2008)
Javier Fesser
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| 142 de 186 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Octubre de 2008 |
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Pertenecer al Opus Dei implica, entre otras muchas cosas, renunciar a ser completamente libre para seguir a rajatabla las indicaciones de un camino predeterminado con premeditación y alevosía. Un camino a recorrer con piloto automático: el de Monseñor Escrivá de Balaguer.
Ese camino es el que reproduce con irreprochable objetividad y sin excesiva acritud Javier Fesser. Un camino anacrónico, retrógrado y fundamentalista, pero real al fin y al cabo. Multitud de personas vinculadas al entramado de la Obra en algún momento de sus vidas podrían corroborar taxativamente mi aserto. Personas que reniegan y abominan de ese traumático pasado. Entre ellas, mi esposa.
No considero, pues, que Fesser se haya cebado desproporcionadamente con el Opus ni que en ningún momento su peli manifieste indicios panfletarios o apologéticos. Insisto en reiterar que su imparcialidad me parece encomiable y que lo que el espectador contempla no es más que un modélico extracto de los principios y el ‘modus vivendi’ de cualquier familia inscrita en dicha secta. Ni más, ni menos. Y si alquien se pica será porque ajos come. Digo yo.
Respecto a aspectos puramente cinematográficos destacaría la exquisita sensibilidad con la que se nos esboza esa historia de amor adolescente, las brillantes interpretaciones del trío protagonista (especialmente esa encantadora niña, Nerea Camacho) y el espléndido planteamiento visual de su joven director. También me ha sorprendido gratamente la presencia de ciertos elementos absolutamente extemporáneos (indumentaria, cámara de Super8, papel moneda en pesetas...) que no hacen más que subrayar con sutileza y acierto el carácter decrépito y caduco de la mentalidad opusiana. Lamentablemente, el dramón hospitalario incluye algunos momentos ñoños que me impiden otorgarle un notable alto. Aún así, recomiendo “Camino” a todo aquel que quiera conocer algo más de cerca las poderosísimas garras del Opus y sus mecanismos de persuasión y financiación.
Taylor 
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