93 de 106 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Es 1974, el franquismo se encuentra en sus últimos estertores y Bud Spencer y Terence Hill ruedan en Madrid su obra maestra.
Objetivamente hablando, esta película es un maravilloso compendio de géneros comprimidos en uno solo: La comedia sobre la naturaleza humana.
La naturaleza humana es competitiva: El comienzo, con la carrera de coches, es la muestra de ello.
La naturaleza humana se distingue de la animal por la resolución inteligente de problemas: El buggy, que es de los dos por haber llegado empatados, se lo juegan de la única forma posible: Salchicha y cerveza.
La naturaleza humana improvisa: ¿Qué pasa si no se repara un daño causado? en la lógica de Bud y Terence no se contemplaba la posibilidad de que una afrenta no sea reparada, así que si no es así pues... se enfadan.
Y podría seguir analizando a la Naturaleza humana a través de esta película, pero me voy a ceñir, a continuación, a aspectos meramente cinematográficos.
La pareja protagonista se rodea de un elenco de secundarios de lujo, con Emilio Laguna, el "Matías" de Médico de Familia a la cabeza y Donald Pleasance, un actor que solo trabaja con los grandes: John Sturges, Don Siegel, Roman Polanski, Tony Richardson, John Carpenter, Elia Kazan... (aunque su papel en "Y si no,..." como asesor del jefe mafioso es el mejor de su carrera) . Es este el mejor reparto que van a encontrar en su fecunda filmografía Bud y Terence.
Hasta las situaciones de mayor tensión y desasosiego, como la escena del coro, son rodadas de tal forma que no se pierde ni un ápice de intriga ni de comicidad.
Las mejores escenas de pelea de Bud y Terence, por las que son eternamente recordados, hallan en esta joya su mayor cota de barroquismo y genialidad. Tanto la del gimnasio como la de los globos (con guiños a los Hermanos Marx) son sublimes en su puesta en escena, su ritmo endiablado y su adecuada duración.
Por tanto, este largometraje es una oda a la amistad, con abundantes descargas de violencia dentro de su lirismo y ternura. Algo de lo que sin duda tomaría buena nota Takeshi Kitano en películas como Sonatine o Hana-Bi, que no llegan a superar a esta Película con mayúsculas, aunque sí se le acercan bastante.
47 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Estados Unidos, años 70. Es tiempo de crisis en el cine yanqui tal y como había sido concebido hasta entonces. Es Deliverance uno de otros tantos buenos ejemplos de que las cosas estaban cambiando.
Primero, con unos títulos de crédito formados por imágenes de todoterrenos adentrándose en paisajes escarpados y salvajes (los Apalaches) acompañados por... no, no es una voz en off. Es un diálogo en off. Es lo que se supone que están hablando los personajes que van en esos 4x4. Original manera de empezar.
La trama avanza equidistante entre varios géneros cinematográficos. Por un lado es un western de tramperos. Con un poco de imaginación, Burt Reynolds es un carismático Davy Crockett adentrándose por territorios inexplorados por el hombre blanco en compañía de otros exploradores, con la permanente amenaza invisible de los indios nativos. En este caso, son los tipos de ciudad en canoa, con el peligro de la presencia de paletos oriundos de la zona.
Por otro lado, es cine negro. Vamos, un delito grave que se va complicando y que va implicando a gente con una familia y una vida arreglada que quiere esconderlo a toda costa, lo que les acarreará cada vez más problemas. Tensión en aumento hasta desembocar en un callejón sin salida que no puede sino evocar al film noir de toda la vida.
Y, por supuesto, es cine de aventuras. Una auténtica epopeya en medio de una naturaleza salvaje de rápidos, cañones, barrancos, bosques, etc. Incluso se podría hablar de road movie, pero tal vez, intentar equiparar coches y carretera con unas canoas por el río puede resultar demasiado osado por mi parte.
Queda así un largometraje extraño, desasosegante, trepidante y con un punto de giro en el minuto 45 de película que los cánones clásicos jamás aceptarían. Estas reglas estipulan que debe ocurrir siempre en el primer cuarto del film, para no aburrir al espectador sin una chicha que ofrecerle. A Boorman se la suda y con razón.
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spoiler:
La ESCENA:
El duelo de Banjos, donde se nos anticipa esa lucha entre los paisanos y los ciudadanos (banjo contra guitarra acústica, improvisando). El actor que hace de niño que toca el banjo se me aparecerá en unas cuantas pesadillas. Qué inquietante.
PD: Deliverance, en inglés, es liberación, no defensa. Tampoco deliberación.
45 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Ironías de la vida
La desgracia de morir solo, que no se den cuenta de que ya no estás hasta que han pasado unos días y tu cadáver se pudre y emana el nauseabundo olor sintomático de que la vida hace tiempo que perdió la guerra. Así, como un perro, murió Benny Hill. Afligido por la muerte de su madre, la única mujer que lo quiso en toda su vida, el cómico inglés se encerró mucho más en sí mismo en sus últimos años y su misantropía se incrementaba en la misma medida en que el resto del mundo tampoco se acordaba ya de él.
La cruel paradoja de los que se ganan la vida haciendo un poco más felices a los demás con unas sonrisas y en su propia vida no son capaces siquiera de sonreír. El payaso bohemio y abandonado al que nadie toma en serio porque es imposible separar a la persona del personaje.
En su show se transformaba. Lo daba todo por la risa del público. Lo conseguía interpretando a personajes mujeriegos y picarones, ejerciendo una crítica implacable al sistema sanitario y administrativo inglés y representando delirantes recreaciones históricas, especialmente de capa y espada.
Recursos técnicos como la aceleración del sonido y la imagen los usaba como nadie. La música también estaba cuidadosamente seleccionada para regocijo de mandíbulas batientes. Y triunfó ¿triunfó para qué? en el final del camino probablemente lamentaría que, en el fondo, nadie fuese capaz de siquiera intentar contagiarle un poco de optimismo a él, que tantos buenos momentos nos había dado con su trabajo.
Nadie daba los cachetes como él, ni ponía esas caras de perplejidad, ni pellizcaba con esa clase los traseros de enfermeras y secretarias ligeras de ropa. Aquí yace el cómico más triste de toda Inglaterra. Recemos por él.
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La ESCENA:
En una de espadachines, Benny ha de entregar una carta al rey, que está a tropocientos kilómetros. En su camino, se cruza con varios enemigos que intentan interceptarlo. Para librarse de uno de ellos, arma su brazo derecho y empieza a girarlo sobre su hombro en actitud desafiante. La imagen se acelera y el enemigo permanece espectante. Se para la aceleración de la imagen a la vez que Benny le suelta un certero puñetazo con el otro brazo que permanecía hasta entonces relajado. K.O.
42 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Terence Hill estaba semirretirado del cine, viviendo en un rancho, intentando olvidar la trágica muerte de su hijo. Bud había realizado unas cuantas películas en solitario y acudía a numerosos programas de la televisión italiana, e incluso lo pudimos disfrutar en la versión española del "Qué Apostamos". A ambos les quedaba cerrar su brillantísima etapa juntos y por eso cuando Terence llamó a Bud para rodar una película a sus órdenes y volver a sus orígenes del oeste, Bud no lo dudó ni un segundo.
Surge así "Botte di Natale" como su testamento final y como un modo de hacer caja aprovechando el tirón de las navidades, fecha de su estreno y, no se equivocaba Terence, de posteriores emisiones televisivas navideñas que también les permitiesen ir ganando dinerillo en el futuro. Este es el motivo por el que la infancia aparece tanto en la película y el por qué de su orientación claramente infantil en el desarrollo de la misma.
Los dos se merecían una última película que les reportase beneficios. Se lo merecían después de haber creado un tipo de comedia europea, internacional y exportable a cualquier país, como lo demuestra el éxito de su filmografía en países tan diferentes como USA, Alemania, España y, por supuesto, Italia. Es aquí donde destacan como un faro en la comedia europea en los 70 y 80, puesto que las películas de Pajares y Esteso, por ejemplo, sólo las entendería el público español. Su humor, a pesar de nacer en Italia, era universal.
Este es uno de los momentos más flojos de su filmografía a priori. Aunque Terence se conservaba en perfecta forma y todavía podía resultar creíble como galán, Bud estaba demasiado talludito. Pero este hándicap es superado con maestría e ingenio, ya que dada la imposibilidad de montar a caballo, el vehículo de Bud pasa a ser una cómoda carreta. Y Terence resultaba una incógnita como realizador inédito, pero lo llevó con solvencia y demostró todo lo aprendido al haber trabajado con maestros como Visconti, Corbucci o Barboni. Abundan los planos detalle, planos "de autor" de botas caminando, grúas perfectamente integradas en la narración, fotografía impecable... todo para darle un acabado en absoluto televisivo y sí muy cinematográfico, muy western.
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spoiler:
La trama, repleta de guiños a obras maestras del género y del maestro Leone: la carreta repleta de malhechores con los que cobrar la recompensa ("La muerte tenía un precio"), el salvar al ahorcado con un disparo ("El Bueno, el Feo y el Malo")... con la intención de rendir un homenaje a un maestro del género en su última película.
Cuando parece que se va a convertir en almíbar al irse cayéndoseles las pistolas a los secuaces del malo en el duelo final por un estúpido espíritu navideño, resulta ser un mero recurso para acabar, como no podía ser de otra manera, con la última pelea a golpe de puño hacia abajo, patadas voladoras, agarrar los puños de contrarios, ejercicios de esquivar y golpear... las lágrimas son inevitables en ese combate final juntos, por mucho niño que haya de por medio.
Un tiempo que se acaba, unos personajes cuya época ha terminado y se resisten a aceptarlo: El paradigma del western, que al fin y al cabo fue el género que los unió en "Le llamaban Trinidad", se muestra ahora con toda la dignidad y grandeza posibles. Aunque todo haya pasado, permanecen y en el futuro se les reivindicará con mayor seriedad y rigor que un servidor, situándolos en el lugar que merecen dentro de la Historia de la Comedia y del Cine en general.
40 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Una serie que combina acción y vida sentimental de los protagonistas. Me suena: Vigilantes de la Playa, L.A. Heat, Tropical Heat, Policías, Canción triste de Hill Street, Diagnóstico: asesinato...
Esta gana por goleada en cuanto a cutrez. Porque hay que decir que las historias sentimentales son las de un jefe maduro macizo que está separado y se las liga chasqueando los dedos y las de subalternos jóvenes en estados de continua segregación de hormonas, feromonas y tonteos insustanciales (no se vislumbra apenas muslamen o pechuga) Y esto es lo más significativo de la trama.
¿Por qué algo tan cutre espantoso y mil veces visto es lo mejor de la serie?
La respuesta es sencilla: Porque las escenas de trepidante acción se basan en la insultante premisa de que los cacos van corriendo perseguidos por fornidos policías en mountain bike. Y tardan una barbaridad en cogerlos, si lo consiguen sin la ayuda de un transeunte ejemplar. Si el escenario es el paseo de Santa Mónica ¿cómo demonios no los cogen en tres pedaladas? porque se recurre a la vergonzosa artimaña de poner un plato pequeño y un piñón enorme que intenta crear una sensación de velocidad estúpida y absurda (y esto no es Spaceballs), con millones de pedaladas para poder recorrer unos metros. Y ese molinillo a lo Armstrong no es para subir precisamente el Tourmalet, sino el llano paseo de la playa. Si esto lo ven Udo Bolts, Eros Poli o Leanizbarrutia, se les caería el alma a los pies.