Críticas de: Klee

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Su valoración: Excelente
23 de Octubre de 2009
36 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Estemos ante una de las cumbres del cine de corte comercial hollywoodiense de todos los tiempos desde mi punto de vista. De todos los aspectos y detalles que se pueden comentar de esta enorme película, he decidido transmitir tan sólo tres:

1. El baile de la cámara. El realizador despliega todas sus virtudes narrativas. Una de ellas es el manejo de la cámara. La cámara baila al ritmo del filme. La cámara baila al ritmo de la impresionante banda sonora. Travellings, primeros planos medidísimos, planos secuencias interrumpidos. La cámara sigue a Ray Liotta y Lorraine Bracco, que entran en un restaurante por la puerta trasera, caminan por los pasillos hasta la cocina, esquivan todos los obstáculos que se suceden (el trasiego de los cocineros, las mesas, los camareros y sus bandejas), entran en el salón del restaurante, se detienen a hablar con un encargado; la cámara sigue a la mesa que lleva un camarero entre las demás mesas, todas ocupadas; Ray y Lorraine van detrás de la cámara y reaparecen en el plano para sentarse junto a la mesa que acaban de colocarle en un lugar privilegiado.

2. Un casting inmejorable. Los castings se premian, pero con premios a otras categorías. Deberían premiar los castings de un modo más directo. Éste se hubiera hecho (o se hubiera debido hacer) con todos los galardones en 1990. Robert de Niro parece que lleve robando mercancías desde la infancia; Joe Pesci no puede no ser un cabrón tan violento en su vida real; Ray Liotta interpreta el papel de su carrera; Lorraine Bracco se debe poner cachonda siempre que coge una pistola más allá de la pantalla; Paul Sorvino deja boquiabierta a la audiencia sólo con sus gestos; el resto de secundarios parecen sacados de la época y el ambiente al que pertenecen los personajes que encarnan.

3. Las manos de Ray Liotta. Sería inconcebible que Scorsese no hubiera hecho hincapié en la interpretación con las manos al dirigirse al reparto. Me lo imagino insistiendo durante todo el rodaje en la importancia del movimiento de manos para expresar el ritmo de la vida de estos mafiosos y acompañar y complementar al ritmo de la obra. Todos los actores están fabulosos en sus movimientos de manos. Pero destaca sobre todos ellos Ray Liotta. Emulando a De Niro metiendo dinero en los bolsillos de las camisas de todos los trabajadores del restaurante; tocándose la cara para expresar emociones; cogiendo un pitillo y llevándoselo a la boca; y, sobre todo, amasando las albóndigas, llevándoselas de una a la otra mano con el pensamiento clavado en el helicóptero que surca el cielo.
Klee
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22 de Octubre de 2009
29 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Wendy y Lucy es una historia minimalista e intensamente realista y cotidiana. Tan sólo es un pequeño fragmento de la vida de una chica expuesta a los peligros que pueden surgir en la búsqueda valiente de un lugar en la vida.

Vemos a una joven, encarnada deliciosamente por Michelle Williams (que ahora me gusta, por exagerar, el doble de lo que ya me gustaba) que flirtea con la mendicidad con la única compañía de la que parece su mejor amiga: su entrañable perra Lucy.

La película apenas nos cuenta nada más allá del fragmento que se muestra (ni hacia adelante ni hacia atrás) y estas decisiones de guión se me antojan idóneas para este relato. Cuántas personas se cruzan en nuestra vida durante uno, dos, tres días, o una, dos, tres horas, sin que sepamos nada de su pasado ni volvamos a saber nada de ella. Wendy es una más.

Un pequeño caramelo con mucho sabor si uno pone toda su atención mientras permanece en su boca, lo que le conducirá a poder disfrutar también del retrogusto que lleva implícito.
Klee
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22 de Octubre de 2009
27 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Hay películas que te hacen sentir lo hermosa que es la vida. Otras, lo desagradable. Del mismo modo, hay películas que te hacen ver lo desagradable que puede ser el cine. Ésta te hace ver lo maravilloso que es. A lo mejor fue un sentimiento que surgió casualmente durante el visionado de esta película. Pero juraría que me lo provocó la película en sí. Como otras muchas lo han hecho, por supuesto.

El cine te enseña rincones que nunca visitarás, mentes en las que nunca estarás, instantes que nunca vivirás. Corrijo: el cine te enseña rincones que nunca visitarías si no vieras cine, mentes en las que nunca estarías, instantes que nunca vivirías.

Por ejemplo, hoy he visto una muy interesante historia, narrada sin ningún tipo de pretenciosidad, aunque repleta de un simbolismo amable, sincero, genuino, y con dos tomas finales rotundas, preciosas.

Donde sueñan las verdes hormigas muestra lo despiadado que puede llegar a ser el capitalismo y el choque frontal entre occidente y el resto del mundo, en este caso, el modo de vida de las tribus aborígenes australianas, narrado desde una óptica minimalista encantadora.

Creo que me gusta Herzog. Sé que me gusta el cine.
Klee
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23 de Mayo de 2009
22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Soy un payaso. Soy un tipo fantástico. Baby, no te suicides. Mi fuerza te sacará de la miseria.

Cierto es que ahora me encuentro hundido, pero fui el gran cómico Calvero. Aunque, a pesar de ello, soy modesto y humilde. Cierto es que fantaseo con grandes actuaciones ante un público imaginario y que estoy necesitado de amor, o tal vez compañía, o tal vez empuje. Pero date cuenta de que sólo es un disfraz para Candilejas. Tras la piel de Calvero se esconde otro payaso, mucho más magnífico, sublime hasta la muerte, infinitamente menos modesto y humilde. Y con razón, ¿no crees? Mira qué gran película me salió. Una exposición de las pasiones humanas, con personajes perdidos, desorientados y confusos que ni siquiera luchan por mantener la honra impoluta. Unas pizcas de humor sazonan la historia de dos almas tristes que se encuentran y se asisten mutuamente. Muy grande, ¿no te parece? Tras la piel de Calvero estoy yo, y su piel es bastante traslúcida. Se me ve perfectamente, lo cual no significa que sea mal actor, sino todo lo contrario, pues, en el fondo, ésa es mi intención.

Soy un payaso egocéntrico y vanidoso. Soy un genio. Tengo tanta calidad mental como física. Fíjate que las horas para mí pasan mucho más lentas. Tengo tiempo para hacer infinitamente más cosas que cualquier otro individuo. De hecho, yo creo que no soy de La Tierra, que me dejaron aquí tras nacer, como se deja a un bebé en la puerta de un convento, o a un perro en la autopista de camino a Benidorm.

Que no soy Calvero, que soy el gran Chaplin. Lo parto en el cine mudo y lo parto en el sonoro. Imposible negarlo.

El gran Chaplin, el hombre que todo lo puede. Por si no lo sabías, escribo mis guiones. Dirijo, compongo la música. Brinco, corro, bailo, canto, actúo. Hago todo esto en Candilejas. Y lo dejo bien claro. Parecía imposible, antes de surgir yo, imaginar en tan pocos centímetros tanta destreza artística. Los Oscars no tienen credibilidad alguna desde que decidieron contar conmigo aun menos de lo mínimo imprescindible. Y maquillan su desfachatez con un premio a mi banda sonora de esta película. Enorme, por cierto, ¿eh? Tendré que gustarte, y mucho. Prácticamente, no tienes alternativa.

Soy un payaso. Un genio. Me lo han dicho tantas veces... Incluso muerto me lo siguen y seguirán diciendo. Soy uno entre un billón, con “B” de Barcelona.
Klee
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Su valoración: Muy buena
22 de Octubre de 2009
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Los valientes andan solos es un choque frontal entre el pasado y el futuro de Estados Unidos en un nivel intrahistórico, empleando un término ampliamente extendido de Miguel de Unamuno. Asimismo, lo es en un nivel simbólico, metonímico.

Estamos ante un eficaz western crepuscular, el más crepuscular que se pueda imaginar, pues relata las dificultades de un vaquero para desarrollar en un mundo moderno su vida habitual, con sus hábitos y modos, en la época del far west.

La película nos muestra a unos actores, los brillantes y más polifacéticos de lo que parece Kirk Douglas y Walter matthau, entre otros, un tanto caricaturizados y, no obstante, con un marcado temple interpretativo.

El director, David Miller no es ningún genio, pero sabe hacer su trabajo correctamente, y lo cierto es que el guión no precisaba de más. En él destaca, además de la ya mentada confrontación entre dos maneras de vivir, la denuncia en pro de la dignidad animal enlazada en un único cuerpo temático a la amistad entre el hombre y los animales que ha domesticado y la fidelidad entre compañeros de este viaje que es vivir, esto último representado no sólo en la relación entre el caballo y el protagonista, sino además en la subtrama entre el protagonista y su gran amigo, al que no abandona cuando es detenido y metido preso.

No entiendo cómo no es más conocida esta pequeña joya como el relato de uno de los últimos mitos dentro de esa magnífica mitología moderna que es el western. La única razón que deduzco es que su director no es conocido. Si se tratara de Ford, por ejemplo, probablemente sería un título de referencia. Un film que debería ser paladeado por todos los amantes del cine clásico americano.
Klee
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