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16 de Diciembre de 2011
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Hoy en día, gracias a Internet y a la gran distribución de películas en dvd y demás, no es difícil ver Nosferatu. Hace unos cuantos años cuando pude verla por vez primera ya había visto la versión interpretada por Bela Lugosi al menos 4 ó 5 veces. Reconozco casi imposible superar la interpretación de Lugosi, y al menos esa primera aparición es la escalera de su castillo hasta ese primer plano al tiempo que se presenta con un deliciosamente tétrico "I´m Drakula", o aquel otro igualmente primer plano en el que se acerca a su presa para morderle la yugular no menos mítico y poéticamente espeluznante. Ahora bien, Nosferatu tiene planos igualmente antológicos con esa apariencia cuasi cadavérica del conde Orlok. Y difícilmente podrá ya borrarse de mi memoria la imagen de ese fantasma gobernando el barco o apareciendo entre las sombras de ultratumba o irguiendo su cuerpo hiératico desde su ataúd. Esta película deja bien a las claras que el expresionismo fue el mejor padre que pudo tener el cine de terror.
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