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Un hombre sin pasado

Comedia. Drama. Romance Un hombre que ha perdido completamente la memoria debe reiniciar su vida en una zona marginal, junto a seres humanos apartados de la sociedad. (FILMAFFINITY)
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8
20 de julio de 2007
28 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un hombre sin pasado -un hombre al que una agresión brutal, gratuita, ha robado la memoria- nos conduce, a través de un viaje iniciático, a la marginalidad finlandesa. La elección de un tema recurrente en la cinematografía clásica, la amnesia, sirve a Aki Kaurismäki (guionista, director y productor del film) para proyectar una mirada supuestamente imperturbable, fría, sobre la realidad. Desapego aparente, porque lo que esta enésima incursión en la crítica social de uno de los realizadores más personales del panorama europeo ofrece es, muy al contrario, un auténtico recital poético, un relato profundamente humano y humanista, una apasionada reivindicación del valor de cada individuo, del potencial de felicidad que cada cual posee.
Personajes antológicos en un marco de pobreza extrema y solidaridad (a veces organizada, como la que presta el Ejército de Salvación; a veces instintiva, como la que prodiga el protagonista, un magnífico Markku Peltola) que ponen más de manifiesto la radical injusticia de un sistema socioeconómico que se pretende carente de alternativas. Personajes regidos no por el absurdo o el humor negro -como han sostenido algunos de los comentaristas que se han ocupado del film, una vez que éste mereció el “Gran Premio del Jurado”, presidido por David Lynch, en el Festival de Cannes del pasado año-, sino por una inalienable dignidad, por una insobornable bondad que pone más y más de manifiesto que el absurdo preside, precisamente, el actuar de los otros, de los asentados, de los acomodados en unas reglas del juego irresolublemente zafias.
El hecho de que su actriz principal -Kati Outinen, esposa del director, dando vida a una sobria asistente- recibiera el “Premio a la Mejor Interpretación Femenina” también en Cannes, o de que la obra fuera declarada como “Mejor Película del Año 2002” por la Federación Internacional de la Crítica, no impidió que este trabajo espléndido de Kaurismäki, comparado por más de un crítico con lo mejor de Dreyer, pasara casi desapercibido por las salas comerciales de, entre otros, nuestro país. Se suma así a la difícil trayectoria que en el mercado español han tenido otras de sus siempre originalísimas producciones (La chica de la fábrica de cerillas, 1990, Contraté un asesino a sueldo, 1990, La vida de bohemia, 1992, o Nubes pasajeras, 1996). Dificultad que, felizmente, no parece preocupar a Aki Kaurismäki, quien -tras haber dirigido en 1998 Juha, la última película ¡muda! en blanco y negro del siglo XX- se permite bromear sobre sí mismo declarándose “claramente un hombre de negocios”. Hei -hola-, santos inocentes.
9
23 de septiembre de 2006
27 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
A Kaurismaki no hay nadie, en el cine contemporáneo, que le pueda mirar de tú a tú con sus mismas reglas con las que hace su inusual cine. Sí, es raro, minimalista y profundamente matemático con su puesta en escena; su humor es frío y la pobreza de sus inhumanos protagonistas se calca en una desheradada comicidad, donde traspasa las reglas del cine mudo para congelar su mirada en Finlandia y hacernos así participar de su mundo bizarro. Único en su especie
9
17 de junio de 2008
23 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
En las películas de Aki Kaurismäki, la música escogida para los pasajes graves suele ser de Chaikovski, pero el tema de “Un hombre sin pasado” resulta, en sus primeros minutos, particularmente duro, y lo ilustra la solemne música de Leevi Madetoja, finlandés de escuela Sibelius: honda, con acentos trágicos. Reaparece luego.

Al salir de la estación de Helsinki, de noche, un hombre comprueba que su reloj se ha parado, antes de que unos ladrones desconocidos le aticen una salvaje paliza.
Cuando en el hospital ya le han dado por muerto, revive súbitamente y huye hasta la orilla del mar, en el puerto, sin memoria, el rostro vendado como el de una momia.

Una familia de chabolistas le recoge y lo cuida. Vive una nueva existencia, de paria, en un poblado de containers. Reeducan su cerebro aturdido. Reaprende el vocabulario básico: ‘mesa’, ‘cenicero’, ‘gaviota’…

Sin nombre y sin recuerdos, la vida se reduce a las coordenadas esenciales, entre bidones oxidados y siluetas de grúas, y se purifica al simplificarse.
Suena un acordeón y el viento agita la ropa puesta a secar. Mientras, todos fuman.
En el silencio de la noche, roncan las sirenas del puerto; traqueteo de los trenes, a lo lejos...

En la chabola hay un jukebox y una radio, por los que entran a la película piezas de rock y conmovedoras canciones finlandesas, cuyas letras hablan del corazón humano: “En su interior encontrarás los más grandes sueños”.

Con tierno amor conoce a Irma, del Ejército de Salvación, quien le despierta una renovada energía, ganas de luchar, buscar trabajo y dinero.

El hombre choca contra la abstracta frialdad de lo burocrático, una inhumana realidad paralela; contra las oficinas (empleo, policía, bancarias), que le exigen con gesto agrio un nombre, números de identificación, elementos de la otra vida, la vida pasada. La nueva vida brota junto a seres marginales.

Aki Kaurismäki lleva sus planteamientos estéticos a un culminante punto de madurez y equilibrio.
Cuanto más despojada, silenciosa, quieta y vacía, más plena la película de una emoción profunda y sencilla.


(Detalles humorísticos en el spoiler*)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
(*) Toques de humor marca Kaurismäki:

-Gracias, dice un día el hombre. Así que puedes hablar, le contestan. Hasta ahora no había tenido que decir nada, explica él.
-El hombre cocina en la chabola una cena romántica. La invitada pregunta si puede ayudar. No creo que tenga arreglo ya, es la respuesta.
-Uno que vive en un contenedor de basura: Si continúa la huelga de basureros tendré que ponerme a dieta.
-Un vigilante amenaza al hombre con su perro Hanniball, que se muestra amistoso de inmediato. En realidad es una perra.
7
17 de abril de 2006
19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Un hombre sin pasado" trata el tema del olvido, el olvido accidental de su pasado tras ser golpeado por un trío de delincuentes y el olvido social con el que posteriormente convive.

A pesar de la frialdad de los escenarios en los que se desenvuelven los personajes la cinta nunca decae, los diálogos son escuetos pero brillantes y muchas de sus frases están cargadas de un intenso "humor negro", también el giro inesperado de algunas escenas, las secuencias musicales y sobre todo los momentos de ternura con la que se manifiesta un verdadero amor de principiantes contribuyen a desdramatizar esta profunda crítica social y a mantener al espectador en un tono de ánimo positivo.

En conclusión una película con un tema diferente (no es “Milagro Milán”), bien tratada, con un buen reparto y con una buena música que recurre con acierto al inmortal poder social del Rock and Roll.
8
25 de noviembre de 2008
16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
El finlandés Aki Kaurismäki se ha convertido para muchos aficionados al cine en un director de culto, no tanto por estar considerado un director de moda en Europa, sino por la originalidad y la fuerza de su cine. Un cine aparentemente sencillo, conciso y minimalista pero que esconde una verdadera arquitectura interna capaz de conmovernos.

Un hombre sin pasado, es la segunda película de la Triología sobre los desheredados y los perdedores de la sociedad moderna, y compone con Nubes pasajeras de 1996 y Luces al atardecer de 2006, un interesante y poco usual cuadro sobre la presuntamente culta y rica Europa del Estado del Bienestar.

Con historias de gente que no siempre gana, de losers de la Finlandia de hoy, como es el caso del protagonista de Un hombre sin pasado, Kaurismäki consigue emocionarnos, removernos por dentro, llevarnos al territorio de la compasión y de la empatía.

Con la inestimable ayuda de actores como Markku Peltola (M) y Kati Outinen (Irma), esta última actriz fetiche del director y que ya protagonizó La chica de la fábrica de cerillas; Kaurismäki consiguió en 2002 el Gran Premio del Jurado en Cannes y el Premio FIPRESCI a la Mejor película en San Sebastián.
Podríamos citar algunas de las constantes del irrepetible cóctel Kaurismäki: la brevedad de los diálogos, los silencios, la música como transmisora de las emociones de los personajes que oscila del rockabilly al tango pasando por la música clásica o tradicional de Finlandia; una fotografía de colores contrastados, la contención de la puesta en escena de los actores, los planos largos, el humor negro...todo ello sobre una estructura clásica tan pura como el vodka más seco.

Sin embargo, la verdadera clave para entender sus historias y su mirada es dejarse llevar por ellas, convertirnos también como en este caso en hombres sin pasado, redimirnos a través del olvido y empezar de nuevo.
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