arrow

Azul y no tan rosa

6,3
699
votos
Sinopsis
Diego, un fotógrafo de éxito, decide formalizar su relación con Fabrizio yéndose a vivir con él, pero, de manera inesperada, se ve obligado a hacerse cargo de su hijo Armando, que vive en España y al que no ha visto desde hace años. El chico llega con una maleta cargada de reproches, de modo que a Diego no le resultará fácil restablecer la relación afectiva con él. En tales circunstancias, un grupo de radicales homófobos le ... [+]
Críticas ordenadas por:
1 2 3 4 >>
2 de diciembre de 2012
11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para un venezolano hablar sobre el cine venezolano resulta hoy en día algo penoso e intrascendente. Principalmente por la poca veracidad de la «calidad» cinematográfica que azota el panorama artístico nacional. Año tras año se han estrenado proyectos fílmicos que pretendían generar un punto de inflexión a tal panorama, cuyo insuficiente resultado lograría meramente acentuar los mismos huecos y fallas que padecía –y posiblemente aun padece– el cine patrio. Con la llegada de Azul y no tan rosa, se confirma la premisa de que necesitamos intervención extranjera para poder vislumbrar algo de eficacia cinematográfica en las salas de cine de nuestro país.
Siendo una coproducción Venezolana – Española y bajo el apoyo de Ibermedia, Azul y no tan rosa viene a plantear una nueva modalidad de narrar historias rompiendo viejos y cansinos estereotipos del cine nacional. La ópera prima de Miguel Ferrari es una ráfaga de aire fresco para el rostro y un indicio de esperanza para el cine venezolano.
Pese a todo lo dicho, la película no escapa de errores puntuales y de poseer ciertos defectos en su narrativa y su ejecución. El guión de Miguel Ferrari que nadea entre la comedia y el drama no logra equilibrar precisamente estos dos géneros. Momentos jocosos y una que otra secuencia dramática jamás logran conectarse adecuadamente dando como resultado un ritmo argumental algo irregular. Además, el exceso de referencias cinematográficas que emplea Ferrari, son tan precisas que por momentos se cree ver un film de Almodóvar de serie b.
Azul y no tan rosa, pretende contarnos la historia de este hombre que se reencuentra con su hijo y al mismo tiempo se despide del gran amor de su vida. Un discurso de tolerancia y buenos propósitos, que se ejecuta trastocando viejos tabúes de la sociedad venezolana. El problema radica en que la ambición del argumento es tan grande–pretendiendo abarcar tantos temas–, que finalmente termina por arrojar giros argumentales con carencia de veracidad y opta por concluir todo de la manera más fácil con un desenlace demasiado previsible y poco inteligente. Miguel Ferrari deleita la retina del espectador con una estética impresionante y deja de lado profundizar en un argumento que merecía ser explotado.
Azul y no tan rosa es la ópera prima de Miguel Ferrari, también es a su vez un punto de partida para el auge de historias diferentes en el cine patrio y la representación de un antes y un después en la cinematografía nacional. Gracias a su excéntrico argumento, sus personajes entrañables y su interesante diseño de producción, Azul y no tan rosa es una película simpática que merece ser visionada. Orgullo nacional.

José Barriga
http://academyawards2009.blogspot.com
José Barriga
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
24 de abril de 2014
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
De entre este pequeño colectivo de producciones latinoamericanas que recientemente han ido llegando a nuestras salas (a saber, Pelo malo, Una noche y el mismo título del que ahora hablamos) Azul y no tan rosa se presenta como la menos lograda de todas ellas. Mientras que los trabajos de Lucy Mulloy y Mariana Rondón desprendían evidentes rasgos autorales (dando por supuesta la clara superioridad del trabajo de Rondón), esta coproducción hispanoamericana con la que el debutante Miguel Ferrari logró su primer galardón en el último festival de los Goya destaca por su falta de personalidad, su apego a fórmulas tópicas y especialmente por su exagerado posicionamiento naif respecto a la tesis planteada. Podríamos decir que se trata de una producción abiertamente ansiosa por copiar el estilo narrativo hollywoodiense más elemental, logrando resultados únicamente equiparables a las películas más mediocres del cine estadounidense. O dicho otro modo, cualquier película proveniente del terreno norteamericano consigue, por floja que sea, un acabado mucho más completo y competente que el del título que nos ocupa.

Pues el trabajo de Ferrari resulta insatisfactorio tanto en el aspecto formal como en el de fondo. Respecto a lo primero, nos encontramos ante un tipo de narrativa que se esfuerza innecesariamente en destacar, ofreciéndonos constantemente ineficaces entrecruzamientos de secuencias mediante los cuales el director intenta evidenciar su presencia. Como si la intención fuera ante todo una especie de reivindicación de talento, tratando de lograr una suerte de correlación entre métodos y mensaje, pero consiguiendo únicamente un innecesario exhibicionismo formal. Por lo que respecta al fondo, lo que acabamos contemplando es una insulsa fábula de buenos y malos poco interesada en descubrir el origen de la discriminación supuestamente denunciada, dando por hecho la moral (buena o mala) del carácter de las acciones de cada personaje. Del mismo modo, la (supuesta) evolución de los protagonistas se da más por necesidad del argumento que por hechos que pudieran parecer veraces, pues el camino que todos ellos recorren no contiene secuencia alguna que nos permita observar ningún tipo de cambio en su personalidad.

Para ser justos, cabe decir que Azul y no tan rosa es un trabajo cargado de buenas intenciones, deseoso de contribuir en una necesaria unificación de posiciones sociales y en la supresión de prejuicios respecto a orientaciones sexuales y también en la identificación personal en el género por parte del ser humano (en pocas palabras, el trabestismo). Pero lo hace mediante la repetición de una historia ya contada millones de veces y a menudo mucho mejor, sin ofrecer nada nuevo ni en las formas ni en el discurso. Lo que convierte esta película en una pequeña anécdota fácilmente olvidable por aquellos que compartan su posición ideológica y aun más fácilmente discutible por aquellos contrarios a su tesis. Con lo que tenemos un trabajo que ni entretiene ni convence, pues únicamente expone un punto de vista con muy poca eficacia y confiando demasiado en las buenas intenciones de sus espectadores. Y dicho sea de paso, el hecho de que un producto como este sea galardonado en el (supuestamente) mayor festival de cine de nuestro país nos da una pista importante sobre las razones de su mala salud.

http://cinemaspotting.org/2014/04/24/azul-y-no-tan-rosa-miguel-ferrari/
Martí
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
3 de diciembre de 2013
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para ser la primera película venezolana que recuerdo haber visto, un sobresaliente le pongo.
El film muestra desde el principio qué es lo que nos quiere contar, homofobia. Sin embargo, hay que quedarse hasta el final para ver cómo lo hace. Mezclando con maestría los momentos duros y los no tan "rosas" de la vida de cada uno de los personajes, se elabora una deliciosa comedia marcada por las tragedias más cotidianas de la vida. Poco a poco el espectador se ve sumergido en una vida real en la que la aversión a la homosexualidad es lo de menos. Todos llevamos un drama pequeño o grande en nuestro día a día, al igual que cada uno de los personajes que Miguel Ferrari nos expone en la pantalla. A veces, incluso varios dramas a la vez. Pero la vida sigue, como le siguen a ellos, sobreponiéndose a los momentos difíciles, encontrando nuevamente el equilibrio, la paz y la armonía en la vida. Valiente llaman al director por atreverse con un tema tan delicado. Audaz digo yo, por valiente y por aplomado. Torero, por entrar de valiente y por salir victorioso.
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
Moisés_Garrido
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
25 de abril de 2014
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
''La vida es tango.'' ; ''Vale.'' La vida es un baile apasionado (pre)diseñado para dos personas, pero con las puertas abiertas, en algún que otro momento, a otros bailarines. Aceptamos. Entonces, hay que estar siempre atento porque nunca se sabe quién estará rondando tu (/ vuestro) espacio vital... nunca se sabe quién podría cambiar, para bien o para mal, esta hipnótica danza. Al fin y al cabo, aquí todo el mundo está invitado, lo que pasa es que con tanto movimiento, sudor y feromonas involucradas en la ecuación, la gente tiende a ponerse más violenta de lo que debiera. Ese gusto por lo primitivo se palpa en el ambiente. Las miradas que se intercambian los implicados se cargan cada vez más de ira y agotamiento. El sudor empapa ya todo el cuerpo y el tono de los jadeos se corresponde con el de un depredador de la jungla que está buscando una nueva presa... o con el del filete en potencia que huye como puede de las fauces de su perseguidor. En fin, el amor y los desamores... que la vida es tango, y los tangos, tangos son.

La ópera prima de Miguel Ferrari empieza con la estilosa filmación de unos ensayos correspondientes a un número teatral de tango en multitud. Tiene más sentido del que parece. Permitiendo que todo el sonido ambiente se filtre en la acción que está captando la cámara y navegando elegantemente en una marea de primeros planos, el debutante no desaprovecha la primera ocasión que se le brinda para hacer demostración de fuerza y, de paso, firmar una suficientemente . Al final del ejercicio, y cuando en el escenario por fin se ha detenido el -trepidante- movimiento, queda claro que el tango a seis (o más) no era más que una excusa para que mujeres y hombres (y viceversa...) interactuaran y se cambiaran los roles de forma grácil y natural. Total, que nos ha quedado una pareja heterosexual, una gay y otra lésbica. Niquelao'... aguántenme la pose unos segunditos para el fotógrafo y... listos.

La maldita pose, otra vez... capaz de estropear hasta la mejor imagen. Así, lo que Miguel Ferrari había ido construyendo (a nivel de estética, a nivel de discurso...) se tira por la borda en un abrir y cerrar de ojos cuando sale a relucir la realidad. Au revoir, y si te he visto, no me acuerdo. Sinceridad la justa a la hora de poner sobre la mesa las tesis supuestamente comprometidas, que en principio de esto trata el asunto. Concienciar, que a la gente le falta esto mismo: conciencia. Volviendo al numerito, al final quizás no se trataba de reivindicar lo que ahora mismo, por pura obviedad, no necesitaría ser reivindicado (hablamos, por supuesto, de la defensa de la comunidad Gay, Lésbica y Transexual), sino de que cuadrasen los números de la aritmética estética más fría. Ante la complejidad, la simpleza más chabacana. Cada oveja con su pareja... pero con conciencia moderna, y sin aportar nada a la causa más allá de un slogan de programa de sobremesa y, quién sabe, una pose. Del agravio comparativo que tiene que ver con Mariana Rondón (quien con mucho menos logró muchísimo más, gracias a la muy reseñable 'Pelo malo'), mejor ni hablar.

A partir de ahí, quedan dos horas de sonrisas y lágrimas (pero sobre todo de lo segundo, o al menos esto se nos quiere hacer creer), con el telón de fondo de una familia destrozada (dejémoslo en ''desestructurada'')... pero no demasiado. ¿Existe un catalizador mejor para las emociones más efervescentes y, a fin de cuentas, más intrascendentes? Así discurre 'Azul y no tan rosa', entre golpes de efecto de un histrionismo marca de la casa, y que alargan un poco más (y así...) la llegada de lo inevitable, en otras palabras, de lo desesperantemente previsible. Los giros y los momentos de supuesto ''impacto máximo'' se concatenan con la misma gracia (?) que la de cualquier telenovela sudamericana. ''Suena a culebrón... no, espera, ¡a boa constrictor!'' (Fin de la cita) En esto último, recordemos, el pueblo venezolano era, hasta no hace mucho, el rey indiscutible en este inmundo terreno (el televisivo, por supuesto). Total, ya puestos a generalizar...

Los homosexuales y transexuales, es decir, los que antes eran los raros, son ahora mismo los buenos buenísimos. Santos y mártires. En el peor de los casos dentro de este rocambolesco juicio moral, son patosillos cuya torpeza se explica por las duras circunstancias (sociales, familiares...) a las que deben enfrentarse. Los del otro bando, son todos unos demonios. Con sus cuernos y pertinentes colas (''¡Huele a asufre!'')... con un poco de suerte, se les permite aspirar a la categoría de intolerantes pero simpaticones trogloditas. Blanco y negro: Así está el mundo, nos dice Miguel Ferrari. Lo mismo para la geografía: en Venezuela, esa ruina país gobernada por un atajo de sucios dictadores, el caos; en España (¡España!) está ni más ni menos que el mismísimo Edén. Calles pavimentadas en oro, oportunidades para encontrar un lugar mejor y, por supuesto, (auto)aceptación. Recúbrase todo con un algún que otro guiño a la infamidad de la Movida madrileña y dicha mentira tiene el éxito garantizado en los Goya (para mayor desconcierto en una categoría no exenta de grandes títulos). Y efectivamente (cosas de los complejos). Fácil, ¿a que sí?
reporter
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
24 de abril de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es posible que el mejor momento de la gala de los Goya 2014 se produjera cuando se pronunció el ganador a la mejor película iberoamericana. Entonces, el venezolano Miguel Ferrari, que acababa de filmar su ópera prima, estalló de júbilo junto a toda su prole y acudió a recoger el galardón antes de articular un discurso repleto de palabras atropelladas ante la emoción del momento.

Pues bien, vista la película en cuestión, de nombre Azul y no tan rosa, hay que decir que cinematográficamente parece la viva imagen de su director al enterarse de que había ganado el Goya. En efecto, es una película rodada de manera ágil y alegre, con una fotografía no deslumbrante pero sí efectiva y con un reparto que supera su (en general) escaso bagaje en películas de renombre con una compenetración y una química entre ellos que favorece bastante el tema principal de esta obra: la aceptación de uno por parte de sí mismo y la aceptación de uno por parte de los demás. Esto es, cómo nos sentimos y cómo sienten los demás que somos.

Más concretamente, Azul y no tan rosa pone en el punto de mira el tema de las relaciones homosexuales, una situación que legalmente parece ir avanzando poco a poco, al menos en los países del primer mundo, pero que tiene un agujero enorme en cuanto a la tolerancia social. Venezuela no es precisamente un ejemplo de tratar con normalidad la homosexualidad, y eso se demuestra en la pareja que nos enseña la película: el fotógrafo profesional Diego y el médico especialista en partos Fabrizio. Rodeados de sus extravagantes amistades, parece que su relación carbura bastante bien pese al rechazo de sus respectivas familias y en general de muchos que los ven acompañados. Para Diego surge un primer escollo cuando se tiene que hacer cargo de su hijo Armando, al que abandonó hace cinco años, pero esto no es sino una memez comparado con lo que le esperará en los días siguientes.

De principio a fin, la película se caracteriza por tratar la homosexualidad como algo totalmente natural. Aquí el que es gay no se viste de rosa, habla como Boris Izaguirre y anda como si desfilara en la Pasarela Cibeles, sino que es un hombre hecho y derecho como otro cualquiera con la única distinción de que le gustan los hombres y no las mujeres. Por tanto, no hay rastro de esos personajes andróginos vestidos de manera peculiar con los que muchos asocian a la homosexualidad, y apenas aparece un hombre con grandes músculos en las dos horas de película. De hecho, si exceptuáramos algunas escenas (como la que por primera vez en el cine venezolano muestra a dos personas del mismo sexo besándose) parecería tarea imposible discernir quién es heterosexual y quién no.

En cuanto al plano actoral, sorprende bastante la interpretación del protagonista Diego por parte de Guillermo García. Al principio se muestra frío, como si la película no fuera con él, incluso se aprecian poquísimas dotes interpretativas. Sin embargo, en cuanto la trama se desarrolla y la borrasca aparece en el horizonte, el rostro de Diego se convierte en un torbellino de sensaciones y en cada escena en la que aparece retumban los truenos ante el desasosiego que muestra. Esto es algo que se puede extender a la gran mayoría del reparto, cuya credibilidad va claramente de menos a más conforme avanza el metraje.

Hay que ponerle un “pero” a la película y es que los últimos diez minutos, que van hasta las cejas de moralina, hacen difícil que permanezca algún residuo de crítica social por el camino. Evidentemente, cualquier película que se atreva a mostrar una relación homosexual en un país tradicionalmente conservador en este aspecto merece toda felicitación y elogio por el riesgo que atañe una producción así. Pero para que la crítica hubiera sido más profunda y duradera, habría que haber diseñado un final más a la altura, porque el que nos ofrece Azul y no tan rosa parece más cercano de un mundo imaginario y buenrollista que de La Tierra. En cualquier caso, la cinta que firma Miguel Ferrari merece ser vista y aplaudida ya no sólo por erigirse como una obra artística que intenta romper con el rechazo de la sociedad, sino porque cinematográficamente nos ofrece bastantes minutos de calidad y, pese al bajón final, no deja mal sabor de boca.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para www.cinemaldito.com (@CineMaldito)
Kasanovic
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
1 2 3 4 >>
Preguntas más frecuentes | Política de privacidad / condiciones de uso | Ir a Versión MÓVIL
© 2002-2015 Filmaffinity - Movieaffinity | Todos los derechos reservados