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Acción trepidante, ritmo lento
Hermosa película, llena de una fuerza interior que se basa en la pureza de la historia en sí, extraída de una leyenda popular, y en el impecable y brioso trabajo de los actores, habituales colaboradores y conocedores del universo interior de Ingmar Bergman. Todo adquiere en ella un nivel máximo de excelencia y de conocimiento del oficio que sería abrumador si no fuera por una decidida apuesta por la sencillez.
Aparecen en ella los temas recurrentes del director sueco: la muerte, la venganza, el sentimiento de culpa. Bergman rastrea por las profundidades de los sentimientos humanos y de sus propias contradicciones. Nos presenta personajes que se retuercen interiormente por el dolor y que, sin embargo, matizan sus sentimientos de venganza con las profundas convicciones que mueven sus propias vidas. De esta lucha de contrarios surge una chispa misteriosa y potente. Del mismo modo, también nos presenta los comportamientos amorales, enfrentados con la propia naturaleza. Con la maldad como forma de relación, con la herencia misma de esa maldad.
Cine reflexivo, que elige un ritmo deliberadamente lento y se apoya en un tratamiento preciosista de la fotografía, de los encuadres y del resultado profundamente bello y, en ocasiones, pictórico.
El rimo es lento, pero la acción interior es trepidante. Aunque pueda parecer lo contrario, todo ocurre muy rápido, impelidos los personajes a tomar determinaciones inmediatas, tanto para bien como para mal. A través de unas imágenes parsimoniosas, llenas de intensidad y de poesía visual, se nos cuenta una terrible historia que pone en entredicho los límites del propio ser humano. Es evidente que la sabiduría teatral de Bergman y de sus actores consigue un resultado extraordinario.
No hay nada dejado al azar, y, sin embargo todo es sencillo, incluso rudimentario. La película deja el regusto de cuento triste con ribetes de gran tragedia.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Una muchacha es asesinada en el camino por los mismos que poco después dormirán en casa de sus padres. Cuando éstos descubren que los huéspedes son los asesinos de su hija, se toman la venganza por su mano, provocando en su interior un caudal de sentimientos encontrados y de remordimientos.
Paco Ortega 
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