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Voto de AdolfoOrtega:
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Aventuras Antigüedad, Helenismo. Alejandro (356-323 a. C.), rey de Macedonia, comenzó a reinar a los veinte años. Se apoderó primero de Grecia y, después de conquistar el inmenso Imperio Persa, siguió avanzando hacia la India. Fue un gran estratega que nunca perdió una batalla, un visionario cuyos sueños, hazañas y destino dejaron huella en la Historia. Cuando murió, a los 33 años, había forjado un imperio sin precedentes en la historia. Los ... [+]
29 de enero de 2012
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
El pestiño comienza con una cita de Virgilio: "La fortuna favorece a los audaces". Después aparece Anthony Hopkins, haciendo de Ptolomeo, para darnos la brasa en una Alejandría de cartón piedra. Y empieza aquí el análisis psicológico del personaje. Difícil tarea, tratándose de una de las personalidades más trascendentales, a la vez que enigmáticas de la Historia. Porque el genio de Alejandro es inconcebible para la mayoría de nosotros. El misterio de su gloria, la precocidad de sus hazañas, su talento político y militar... Ante su grandeza, nuestra humildad debería de acrecentarse, al mismo tiempo que nuestra admiración hacia él. Por eso, cualquier acercamiento a su figura debería ser, al menos, respetuoso en el fondo y en las formas. Es esto lo que, en mi opinión, consigue Manfredi en su trilogía literaria, y es de lo que carece insultantemente la película que nos ocupa, una película nefasta. Nefasta porque convierte la vida y obra de Alejandro en una telenovela venezolana. Nefasta porque aburre a las ovejas. Y nefasta porque está muy mal hecha, a pesar de contar con un presupuesto mareante. Las batallas son confusas, con un pésimo montaje, en el que se alternan decenas de escenas rapidísimas con tomas en una insufrible cámara lenta. Los diálogos, totalmente inverosímiles, nos muestran a un Alejandro cursi y repelente diciéndole pamplinas a su amiguito. Los actores caricaturizan a los personajes, algunos especialmente inexpresivos, como Darío el grande.
Val Kilmer & Colin Farrell
Lo que no consigo comprender es como prestigiosos cineastas como Stone o Coppola después de visionar su creación, puedan sentir la más mínima satisfacción (no pecunaria, se entiende) por su trabajo. Me imagino al bueno de Oliver, diciendo: " Paco Coppola, ¡Vaya truño nos ha salido!. A ver si los de marketing, a base de echar millones, promocionan bien... Seguro que le ganamos dinero. Para empezar, ¿qué te parece si comenzamos una campaña sobre si el Alejandro ese era sarasa?"
Precisamente Aristóteles, maestro de Alejandro, nos hablaba del justo medio. Esto es, la importancia de discernir, sin dejarnos arrastrar por las pasiones, sobre nuestros actos, para buscar la virtud. Pero Stone ha confundido la audacia con la temeridad. Porque abordar un tema tan complejo como el análisis del talento y la personalidad de un genio sin estar lo suficientemente preparado, a pesar del prestigio de tu apellido, sin dedicarle el estudio, y el cariño necesario, que no se paga con millones de dolares, es insultante, cuando no ofensivo para la Historia.
La fortuna favorece a los audaces, pero no a los osados.
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