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Voto de Maldito Bastardo:
3
Voto de Maldito Bastardo:
3
4,3
4.789
4 de septiembre de 2011
4 de septiembre de 2011
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
En las dos partes que componen, de momento, la franquicia de “[•REC]” Jaume Balagueró y Paco Plaza componían la recreación del terror desde la vivencia filmada en primera persona. Un carrusel por el paseo de los horrores bajo el mandato del vídeo digital y su explotación y delirio al completo. Era más que obvio que el mercado americano estaba necesitado de un remake pero “Quarantine”, en su cartel, mata y elimina cualquier suspense:
El 11 Marzo de 2008 selló un edificio de apartamentos en Los Ángeles.
Los inquilinos nunca han vuelto a ser vistos.
Sin detalles.
Sin testigos.
Sin evidencias.
Mientras que en “Holocausto caníbal” y descendientes (“El proyecto de la Bruja de Blair” o “Cloverfield”) se intentaba dotar de realismo mediante el mockumentary o el documento revelador: «lo que van a ver a continuación ha sido encontrado en… y es real». En “[•REC]” se abrían otros espectros que no quedan más abiertos con la secuela. No sólo se intenta dar respuestas sino que se abren nuevas incógnitas. Pero esa ruptura de su recreación americana frente a lo marcado en la original da una sintomatología de que todo tiene que quedar tan bien hilado que finalmente no resulta creíble. Vemos lo que se grabó pero al mismo tiempo nadie nos cuenta cómo llegó a nosotros. Lo que nos indica su cartel simplemente lo da por el hecho, eliminando el suspense de encontrarnos ese terror en nuestra realidad.
El 11 Marzo de 2008 selló un edificio de apartamentos en Los Ángeles.
Los inquilinos nunca han vuelto a ser vistos.
Sin detalles.
Sin testigos.
Sin evidencias.
Mientras que en “Holocausto caníbal” y descendientes (“El proyecto de la Bruja de Blair” o “Cloverfield”) se intentaba dotar de realismo mediante el mockumentary o el documento revelador: «lo que van a ver a continuación ha sido encontrado en… y es real». En “[•REC]” se abrían otros espectros que no quedan más abiertos con la secuela. No sólo se intenta dar respuestas sino que se abren nuevas incógnitas. Pero esa ruptura de su recreación americana frente a lo marcado en la original da una sintomatología de que todo tiene que quedar tan bien hilado que finalmente no resulta creíble. Vemos lo que se grabó pero al mismo tiempo nadie nos cuenta cómo llegó a nosotros. Lo que nos indica su cartel simplemente lo da por el hecho, eliminando el suspense de encontrarnos ese terror en nuestra realidad.

Jennifer Carpenter
Pero si imaginamos la producción española como un Tren de la Bruja re-adaptado a las fórmulas del terror instauradas por Ruggero Deodato, Daniel Myrick, Eduardo Sánchez o Matt Reeves la versión americana parece cambiar únicamente sus carteles y pasajeros: el vagón y el trayecto es el mismo. Nada nuevo y encima nada útil, lo que vuelve a convertir el remake como arma de la intranscendencia.
Pero es interesante ver cómo EEUU americaniza cualquier espectro extranjero posible. Llevando la inmigración, consiguiendo un entorno óptimo y recreando otras pautas narrativas iniciales para dar más credibilidad a sus protagonistas aunque ya la tengan perdida en el cartel que les retrata.
Pero es interesante ver cómo EEUU americaniza cualquier espectro extranjero posible. Llevando la inmigración, consiguiendo un entorno óptimo y recreando otras pautas narrativas iniciales para dar más credibilidad a sus protagonistas aunque ya la tengan perdida en el cartel que les retrata.
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