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Voto de Luis Guillermo Cardona:
6
Voto de Luis Guillermo Cardona:
6
Drama Historia de los ingenieros aeroespaciales británicos intentando romper la barrera del sonido. Tony es un exitoso piloto de combate de la Segunda Guerra Mundial. Su prometida es hija de un importante magnate que diseña aviones. La tensión entre ambos hombres conducirá a su ambición por romper la barrera del sonido con un nuevo modelo revolucionario. (FILMAFFINITY)
18 de diciembre de 2013
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aviones capaces de desarrollar grandes velocidades se utilizaban ya en la II Guerra Mundial, pero al intentar desarrollar sus máximos potenciales, empezaron estos a tener problemas de compresibilidad (disminución de volumen) debido a un obstáculo físico al que se denominó La Barrera del Sonido. Con movimiento omnidireccional, a una velocidad de 1.234,8 km por hora, la barrera del sonido sufre su proceso de transformación cuando un avión se aproxima a esta misma velocidad. Entonces se convierte en un fluido denso que hace compresión, ofreciendo a la nave una fuerte resistencia.

Fue el 14 de octubre de 1947, cuando el estadounidense Chuck Yeager (Charles Elwood Yeager) atravesó, por primera vez y de manera oficial, la barrera del sonido. Para alcanzar esta hazaña, 18 pilotos habían sacrificado su vida en los experimentos. Llama la atención que, sin demasiadas preocupaciones por el rigor histórico y científico (pues entre otras cosas se comentó también que el avión usado, el vickers-supermarine swift, no estaba capacitado para hacer un vuelo supersónico, que el jet vampire no podía recorrer Inglaterra-Egipto sin hacer escala para recarga de combustible, y otros detalles importantes) los ingleses se lancen con una historia a la que se da un carácter semidocumental, donde ¡hasta los aviones aparecen en los créditos!, y donde al final se atribuyen que fueron ellos los primeros en romper la barrera del sonido... ¡y con tan solo un par de víctimas! (bueno, tres, si se agrega al competidor de Havilland).
Nigel Patrick, Ann Todd & John Justin
Como documento histórico, la película de David Lean es pues una completa fanfarronada, y en tal sentido no tiene valor alguno, aunque podemos exceptuar las atractivas y ejemplarizantes escenas de vuelo que tuvo a su cargo Anthony Squire, aunque hasta en esto hubo un craso error, porque -según explicaba luego el mismísimo Chuck Yeager- si un piloto hiciera la maniobra que llevó a cabo Philip Peel en la película, hubiera sido un inevitable suicidio.

Sin embargo, hay algo que me resulta muy encomiable en "LA BARRERA DEL SONIDO", y es lo que atañe a la lucha obstinada y valiente de ciertos hombres, para lograr objetivos que parecieran absurdos, imposibles, y hasta heréticos, para el común de los mortales. Son estos, seres que parecieran predestinados, que dan la impresión de estar oyendo una voz persistente en su interior que les dice que no desistan y que sigan adelante contra todos los obstáculos, porque cada sacrificio traerá una nueva luz, y en cualquier momento, el triunfo estará asegurado.
Ralph Richardson, Ann Todd & Nigel Patrick
Ralph Richardson vuelve a darnos otra lección de perfecta y matizada actuación, y como John Ridgefield el multimillonario fabricante de aviones, nos ofrece una lección de fe y de constancia en la que el hombre simplemente hace lo que tiene que hacer. Pareciera inhumano (y de hecho comete faltas terribles, como lo que sucede con su hijo Christopher), pero en el fondo, el encumbrado empresario solo sigue esos pertinaces impulsos que lo llaman a conseguir un nuevo avance para la ciencia. ¿Habrá algo de egolatría? Bastante probable. Pero según el carácter que nos recrea Lean -basado en el guión de Terence Rattigan-, siento que hay más de objetivos irrenunciables que de vanidad. Él solo es el hombre con los recursos.

“Mi padre primero se lamentó de que yo no fuera un chico –comenta a su marido la bella y sufrida Susan- y después se lamentó de que Chris no fuera el chico que esperaba”. Esto da cuenta de la obsesión que animaba a J. R. desde mucho tiempo atrás… como si llevara en sus entrañas una idea única e indefectible. Hay hombres así, pero cuando la historia conoce los resultados de sus empeños, se da cuenta de que fueron grandes.

Título para Latinoamérica: “SIN BARRERAS EN EL CIELO”
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