Alpha
5,7
949
12 de octubre de 2025
12 de octubre de 2025
26 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando vemos la firma de un director, las películas anteriores del cual ya hemos disfrutado, automáticamente ya nos vamos haciendo a la idea de lo que nos aparecerá en pantalla. Julia Ducournau (Titane, Crudo) es fiel a sí misma y nos ofrece un producto muy en su línea si bien introduce algunos elementos que vuelven a Alpha, un producto algo más asequible sin quitar aquello que nos gusta más de la directora francesa.
Aprovecha elementos que están muy de actualidad, como puede ser el mundo de las drogas, la inmigración y el bullying en un coctel algo dramático que, quieras o no quieras, te puede llegar a emocionar. También decir que es el típico film que lo amas o lo detestas. Por la puntuación que le hemos dado, podréis comprobar que nos hemos decantado más por lo primero. Lo dicho, a veces las emociones mandan.
Alpha es una adolescente de 13 años que vive con su madre. Un día, en la escuela, se hace un tosco tatuaje con su inicial. A partir de este momento su vida comenzará a girar en una vorágine que ni ella misma imagina.
Aprovecha elementos que están muy de actualidad, como puede ser el mundo de las drogas, la inmigración y el bullying en un coctel algo dramático que, quieras o no quieras, te puede llegar a emocionar. También decir que es el típico film que lo amas o lo detestas. Por la puntuación que le hemos dado, podréis comprobar que nos hemos decantado más por lo primero. Lo dicho, a veces las emociones mandan.
Alpha es una adolescente de 13 años que vive con su madre. Un día, en la escuela, se hace un tosco tatuaje con su inicial. A partir de este momento su vida comenzará a girar en una vorágine que ni ella misma imagina.

Tiene un aire a video clip, dicho esto en la parte más positiva del término. La conjunción en algunas escenas de las imágenes con la música, cuya autoría recae en Jim Williams, aún incrementa más esa sensación.
Estoy seguro que más de uno se quejará de los saltos temporales que van apareciendo pero, una vez coges el hilo, todo queda aclarado, contribuyendo esa forma de rodar a dar más profundidad a una historia que se acaba convirtiendo, seguramente sin quererlo, en algo muy cercano al terror sin llegar a traspasar la línea completamente.
El guion es fantástico, en nuestra opinión, ya que va tejiendo toda la trama como una tela de araña. Si tiene que volver para atrás no duda en hacerlo, creando cierta confusión de entrada, pero que hay que alabar por la dificultad que eso supone a la hora de rodar.
Una de las cosas a destacar, son los excelentes efectos especiales, muy cercanos al body horror, con la particularidad que lo que vemos es totalmente increíble pero que enseguida lo relacionamos con una enfermedad que tuvo su punto álgido años atrás.
Estoy seguro que más de uno se quejará de los saltos temporales que van apareciendo pero, una vez coges el hilo, todo queda aclarado, contribuyendo esa forma de rodar a dar más profundidad a una historia que se acaba convirtiendo, seguramente sin quererlo, en algo muy cercano al terror sin llegar a traspasar la línea completamente.
El guion es fantástico, en nuestra opinión, ya que va tejiendo toda la trama como una tela de araña. Si tiene que volver para atrás no duda en hacerlo, creando cierta confusión de entrada, pero que hay que alabar por la dificultad que eso supone a la hora de rodar.
Una de las cosas a destacar, son los excelentes efectos especiales, muy cercanos al body horror, con la particularidad que lo que vemos es totalmente increíble pero que enseguida lo relacionamos con una enfermedad que tuvo su punto álgido años atrás.

Una increíble Mélissa Boros encabeza el reparto en el papel de Alpha, una chica en plena efervescencia adolescente atrapada en un entorno que difiere bastante de lo que encuentra en su hogar. En el papel de madre de la criatura tenemos a Golshifteh Farahani, una mujer que tiene que luchar con todo y contra todos. El tercero en discordia es Tahar Rahim, tío de Alpha, con una vida que ya cuando lo ves, adivinas por dónde irán los tiros.
Alpha es una película para disfrutar de principio a fin. Puede que a los de lágrima fácil se le escape alguna durante el visionado. Tampoco es tan malo eso. Los que busquen, aquí estamos en los dos extremos, algo tradicional y contado de forma cronológica y a los que adoren el movimiento, la acción y tramas que ponen los pelos de punta, puede que elegir Alpha no sea la mejor opción. Nosotros hemos dado nuestra opinión, que ya es mucho.
https://www.terrorweekend.com/2025/10/alpha-review.html
Alpha es una película para disfrutar de principio a fin. Puede que a los de lágrima fácil se le escape alguna durante el visionado. Tampoco es tan malo eso. Los que busquen, aquí estamos en los dos extremos, algo tradicional y contado de forma cronológica y a los que adoren el movimiento, la acción y tramas que ponen los pelos de punta, puede que elegir Alpha no sea la mejor opción. Nosotros hemos dado nuestra opinión, que ya es mucho.
https://www.terrorweekend.com/2025/10/alpha-review.html
10 de octubre de 2025
10 de octubre de 2025
18 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras pasar por Cannes, la película inaugural del festival de Sitges ha sido la última de Julia Ducournau directora de "Crudo" y "Titane", la verdad es que tras estos interesantes títulos esperábamos que fuera a más, pero hemos salido algo defraudados con una historia dramática ambientada en los 80-90 unas décadas donde el sida causo estragos.
Alpha es una adolescente de 13 años que vive con su madre, en una fiesta le tatúan en el brazo una A con una aguja de dudosa limpieza, la madre que es enfermera y que está viendo morir a mucha gente de este extraño virus del sida, cree que podría haberse infectado. Su hermano toxicómano lo tiene, así que el drama familiar está servido.
Llena de simbolismos, donde los enfermos parecen convertirse en estatuas de mármol, Ducournau construye una alegoría a esta epidemia con buenos momentos visuales y otros con los que no conectas, rodada con colores muy apagados o atmosferas rojizas como apocalípticas, elementos con los que intenta reflejar el deterioro físico de los infectados.
Alpha es una adolescente de 13 años que vive con su madre, en una fiesta le tatúan en el brazo una A con una aguja de dudosa limpieza, la madre que es enfermera y que está viendo morir a mucha gente de este extraño virus del sida, cree que podría haberse infectado. Su hermano toxicómano lo tiene, así que el drama familiar está servido.
Llena de simbolismos, donde los enfermos parecen convertirse en estatuas de mármol, Ducournau construye una alegoría a esta epidemia con buenos momentos visuales y otros con los que no conectas, rodada con colores muy apagados o atmosferas rojizas como apocalípticas, elementos con los que intenta reflejar el deterioro físico de los infectados.

Rahar Rahim con una perdida de peso considerable, tiene las escenas más difíciles como el hermano, ya que está esquelético y a punto de morir. La madre es Golshifteh Farahani vive con traumas del pasado, con culpa, miedo y una sensación de tener que proteger tanto a su hija como a su hermano.
Lo malo es que mostradas las cartas de lo que quiere decir, el film se hace pesado y repetitivo, sin profundizar en algunos aspectos sobre la drogadicción o la homosexualidad que fueros las vías de la propagación, por lo que esa metáfora se queda a medias. Tampoco ayudan los continuos flashbacks mal colocados que a veces terminan confundiéndote.
Los personajes, incluido la niña, resultan poco empáticos, ni tampoco logra mantener un suspense que perturbe, si no que ha optado por una forma diferente de realización más simbólica. Para mí un pequeño pinchazo de esta directora notable de la que esperamos en el futuro nuevos títulos potentes.
Ricar - Destino Arrakis.com
Lo malo es que mostradas las cartas de lo que quiere decir, el film se hace pesado y repetitivo, sin profundizar en algunos aspectos sobre la drogadicción o la homosexualidad que fueros las vías de la propagación, por lo que esa metáfora se queda a medias. Tampoco ayudan los continuos flashbacks mal colocados que a veces terminan confundiéndote.
Los personajes, incluido la niña, resultan poco empáticos, ni tampoco logra mantener un suspense que perturbe, si no que ha optado por una forma diferente de realización más simbólica. Para mí un pequeño pinchazo de esta directora notable de la que esperamos en el futuro nuevos títulos potentes.
Ricar - Destino Arrakis.com
22 de noviembre de 2025
22 de noviembre de 2025
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alpha sitúa su mirada en el miedo como fuerza transmisora: un pánico moral de tintes puritanos, heredero del que se vivió en los años 80 y 90. Ese miedo al otro -a lo desconocido, pero también a lo que amenaza la supuesta pureza del cuerpo- aparece en la película agravado por el eco de los discursos de los adultos: los compañeros adolescentes de Alpha reproducen los prejuicios de sus padres. Así, la película liga dos periodos históricos para mostrar cómo el odio, el estigma y la paranoia se transmiten de generación en generación. Dos épocas marcadas por dos pandemias que generan las mismas huidas de los hospitales, las mismas tensiones sociales y los mismos mecanismos de rechazo.
Esa repetición traumática se plasma a través de un detalle simple: excepto la madre, cuyo nombre no es pronunciado, la inicial de los personajes centrales es la A (Alpha, Amin, Adrien). Son nombres que funcionan como variaciones de un mismo patrón, sujetos a un estigma que vuelve una y otra vez bajo distintas formas.
Esa repetición traumática se plasma a través de un detalle simple: excepto la madre, cuyo nombre no es pronunciado, la inicial de los personajes centrales es la A (Alpha, Amin, Adrien). Son nombres que funcionan como variaciones de un mismo patrón, sujetos a un estigma que vuelve una y otra vez bajo distintas formas.

La transmisión del trauma queda delicadamente simbolizada con la imagen de la mariquita. Cuando Amin la pasa a la mano de Alpha, le transfiere no solo el miedo al contagio físico, sino la herencia emocional de sufrir el rechazo ajeno. Alpha incluso tiene un póster de una mariquita en la pared, lo cual muestra que ha arrastrado esa transmisión infantil hasta su adolescencia.
Asimismo, el andamio en la habitación de Alpha funciona como otra potente metáfora visual: representa un mundo en construcción, paralelo a su propia adolescencia. Alpha siente que la casa se tambalea, al igual que su propia realidad cuando cree haber contraído la enfermedad. Es el despertar en un mundo que parece estar acabándose.
En la escena de la piscina, Ducournau ilustra cómo el miedo es una profecía autocumplida. La sangre de Alpha no brota espontáneamente por ninguna enfermedad, sino que es provocada al estamparse contra la pared, fruto de la persecución y el acoso de los compañeros. Es el propio terror el que genera el dolor y la herida. A su vez, este miedo se alimenta de sí mismo: al ver la sangre, todos los presentes huyen, alimentando el ciclo de terror que lo originó.
Asimismo, el andamio en la habitación de Alpha funciona como otra potente metáfora visual: representa un mundo en construcción, paralelo a su propia adolescencia. Alpha siente que la casa se tambalea, al igual que su propia realidad cuando cree haber contraído la enfermedad. Es el despertar en un mundo que parece estar acabándose.
En la escena de la piscina, Ducournau ilustra cómo el miedo es una profecía autocumplida. La sangre de Alpha no brota espontáneamente por ninguna enfermedad, sino que es provocada al estamparse contra la pared, fruto de la persecución y el acoso de los compañeros. Es el propio terror el que genera el dolor y la herida. A su vez, este miedo se alimenta de sí mismo: al ver la sangre, todos los presentes huyen, alimentando el ciclo de terror que lo originó.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Más allá de la crónica sobre el pánico, Alpha es también una película sobre el difícil camino hacia la comprensión de la madre. La obra traza el viaje de la protagonista para entender a una madre que, devorada por el miedo circundante, intenta salvar a su hermano y a su hija a cualquier precio. Su desesperación es tal que llega a ignorar el derecho al suicidio de Amin o a dudar de la evidencia científica, repitiendo las pruebas médicas de Alpha pese a los resultados negativos. El miedo es tan abrasivo que la madre, a pesar de su condición de doctora, abraza en algún momento lo supersticioso. Cede ante la creencia en el Viento Rojo, una metáfora de cómo el delirio, la paranoia y el temor irracional lo arrasan todo a su paso.
La narrativa utiliza la confusión de líneas temporales y la estructura de “un sueño dentro de un sueño” (como el poema de Poe) para mostrar cómo conviven los temores pasados, presentes y futuros. A través del andamio, Alpha viaja a su pasado (a los cinco años) para entender la voluntad protectora de su madre, percibiendo cómo el trauma afecta tanto a quienes lo viven como a quienes los rodean.
La narrativa utiliza la confusión de líneas temporales y la estructura de “un sueño dentro de un sueño” (como el poema de Poe) para mostrar cómo conviven los temores pasados, presentes y futuros. A través del andamio, Alpha viaja a su pasado (a los cinco años) para entender la voluntad protectora de su madre, percibiendo cómo el trauma afecta tanto a quienes lo viven como a quienes los rodean.

Finalmente, la obra ofrece una redención estética y emocional. La adicción y la enfermedad se muestran como manifestaciones de la fragilidad humana, pero la directora eleva a los enfermos a la categoría de eternos. Frente al estigma, el mármol imponente los sacraliza y resarce.
Como en toda la filmografía de Ducournau, los personajes de Alpha son seres alienados en plena transformación corporal y psicológica que, tras ser arrastrados por el trauma, acaban encontrando la comprensión del otro. Esta conexión cristaliza en una escena de profunda intimidad: madre e hija cantan abrazadas en la cama una canción cuya letra revela que, ante la presencia del monstruo, tanto padre como hija manifiestan su debilidad y su miedo. Este instante condensa la calidez del encuentro humano esencial en el cine de la directora, donde compartir la fragilidad se convierte en el acto de amor definitivo.
Como en toda la filmografía de Ducournau, los personajes de Alpha son seres alienados en plena transformación corporal y psicológica que, tras ser arrastrados por el trauma, acaban encontrando la comprensión del otro. Esta conexión cristaliza en una escena de profunda intimidad: madre e hija cantan abrazadas en la cama una canción cuya letra revela que, ante la presencia del monstruo, tanto padre como hija manifiestan su debilidad y su miedo. Este instante condensa la calidez del encuentro humano esencial en el cine de la directora, donde compartir la fragilidad se convierte en el acto de amor definitivo.
24 de noviembre de 2025
24 de noviembre de 2025
9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alpha (2025) se desarrolla en la década de los ochenta, un periodo marcado por un ambiente más salvaje y descontrolado, donde la juventud se mueve en espacios ambiguos y con escasa presencia de figuras adultas. En ese entorno surge Alpha, una protagonista marcada por su carácter indómito y por heridas internas que guían su comportamiento. Su complicidad y fricciones con su madre revelan un conflicto generacional y cultural que nunca se expresa claramente, pero que se manifiesta a través de gestos y silencios. La película combina elementos de relato de crecimiento, thriller paranoico y drama familiar, aunque su desarrollo avanza de forma desigual. Algunas propuestas interesantes parecen quedar sin completar, generando una sensación de desorden narrativo y dejando la impresión de que la historia sugiere más de lo que finalmente desarrolla.
En el apartado visual, Julia Ducournau vuelve a mostrar una puesta en escena impactante. Su forma de filmar los cuerpos y los espacios crea un clima tenso y sensorial, con atmósferas densas que casi se sienten físicas. Aun así, su estilo, por momentos dominante, provoca cierta desconexión emocional: hay escenas estéticamente potentes que no aportan al avance del relato y situaciones que deberían resultar más contundentes, pero se diluyen por la distancia que impone la propia estética. Aunque mantiene su inclinación hacia la provocación y la metáfora corporal, aquí parece más contenida que en trabajos anteriores.
En el apartado visual, Julia Ducournau vuelve a mostrar una puesta en escena impactante. Su forma de filmar los cuerpos y los espacios crea un clima tenso y sensorial, con atmósferas densas que casi se sienten físicas. Aun así, su estilo, por momentos dominante, provoca cierta desconexión emocional: hay escenas estéticamente potentes que no aportan al avance del relato y situaciones que deberían resultar más contundentes, pero se diluyen por la distancia que impone la propia estética. Aunque mantiene su inclinación hacia la provocación y la metáfora corporal, aquí parece más contenida que en trabajos anteriores.

La interpretación de Mélissa Boros, encargada de dar vida a Alpha, destaca por encima del resto del reparto. Su manera de transmitir la mezcla de desafío y fragilidad del personaje sostiene la película incluso en los tramos menos consistentes del guion. Alpha, atrapada entre el impulso de romperlo todo y un temor profundo, encuentra en la actriz un vehículo capaz de reflejar ese torbellino emocional con una sinceridad notable. La madre, encarnada por Golshifteh Farahani, aporta una dureza silenciosa que complementa muy bien la relación central, logrando momentos intensos cuando la película se concentra en su vínculo.
En el plano técnico, Alpha apuesta por una estética visual incómoda y poderosa: contrastes fuertes, luces casi febriles, sombras que transmiten amenaza y una textura ochentera rugosa que encaja bien con el tono general. El sonido es uno de los aspectos más destacados, con pulsos, respiraciones y zumbidos que hacen que la sensación de enfermedad sea constante. El montaje, sin embargo, muestra altibajos, con escenas prolongadas sin necesidad y transiciones que pueden generar confusión.
En el plano técnico, Alpha apuesta por una estética visual incómoda y poderosa: contrastes fuertes, luces casi febriles, sombras que transmiten amenaza y una textura ochentera rugosa que encaja bien con el tono general. El sonido es uno de los aspectos más destacados, con pulsos, respiraciones y zumbidos que hacen que la sensación de enfermedad sea constante. El montaje, sin embargo, muestra altibajos, con escenas prolongadas sin necesidad y transiciones que pueden generar confusión.

En conjunto, Alpha (2025) presenta ideas fuertes, una atmósfera muy lograda y una actuación protagonista sobresaliente, pero su estructura irregular, algunos vacíos emocionales y ciertos excesos formales impiden que la propuesta alcance todo su potencial. Aunque contiene destellos del gran cine de Ducournau, la obra carece de la cohesión necesaria para desarrollar plenamente su premisa principal.
Resumen de la crítica escrita por Pablo Veiga Carpintero
Si te ha gustado, puedes leer la crítica completa en nuestra web Cinemagavia
Resumen de la crítica escrita por Pablo Veiga Carpintero
Si te ha gustado, puedes leer la crítica completa en nuestra web Cinemagavia
18 de noviembre de 2025
18 de noviembre de 2025
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
La prometedora nueva ola del cine francés, en el que un selecto grupo de realizadores ha decidido añadir el concepto más extremo al catálogo fílmico del país vecino, hasta convertirlo en una marca de estilo reconocible en este nuevo siglo, y de entre todos ellos, y con permiso de Coralie Fargeat, es sin duda Julia Ducournau una de las más prominentes embajadoras, de lo que ahora se ha venido a denominar como Body Horror, pero que siempre fue también un asunto Kafkiano, o de la nueva carne, donde el maestro canadiense David Cronenberg es el indudable sumo pontífice.
Como es habitual, y a partir de su propio guión original, la realizadora gala presenta en su tercera película tras la cámara, a una joven de trece años llamada Alpha, una chica con ciertos problemas de adaptación y sociabilidad, que vive con su madre soltera. Tras volver un día a casa con un tatuaje en el brazo, todo comenzará a ir aún más cuesta abajo, a lo que tampoco ayuda la presencia de un extraño virus mortal, el cual arrastra en la sociedad un elevado nivel de paranoia.
Como es habitual, y a partir de su propio guión original, la realizadora gala presenta en su tercera película tras la cámara, a una joven de trece años llamada Alpha, una chica con ciertos problemas de adaptación y sociabilidad, que vive con su madre soltera. Tras volver un día a casa con un tatuaje en el brazo, todo comenzará a ir aún más cuesta abajo, a lo que tampoco ayuda la presencia de un extraño virus mortal, el cual arrastra en la sociedad un elevado nivel de paranoia.

Ducournau mantiene el tono obsesivo de sus anteriores trabajos, y ese espectro adolescente tan propicio, para mostrar los particulares descensos a los infiernos de su joven protagonistas, sin duda, expuesta a la etapa más confusa y difícil a la que cualquiera se suele enfrentar en la vida, esa donde la presión social y familiar resultan más apabullantes, y justo donde la realizadora juega con el exceso, y se muestra más obsesiva que nunca en la forma, con infinidad de primeros planos, que buscan con éxito transmitir esa atmósfera asfixiante la que el film hace gala.
Otros temas como la exclusión, la marginalidad, o los peligros de la deshumanización ante la catástrofe pandémica, son expuestos por Alpha de manera evidente, trazando un claro paralelismo con el Covid, mientras el drama familiar crece fragmentado, tomando forma a través de una serie de flashbaks, que intentan arrojar luz a muchas de las incógnitas, provocadas por una narrativa un tanto neurótica, que en último extremo, se atora desmedida en esas metáforas, a caballo entre lo corporal y lo emocional, dejando una sensación final de extrema frialdad.
Otros temas como la exclusión, la marginalidad, o los peligros de la deshumanización ante la catástrofe pandémica, son expuestos por Alpha de manera evidente, trazando un claro paralelismo con el Covid, mientras el drama familiar crece fragmentado, tomando forma a través de una serie de flashbaks, que intentan arrojar luz a muchas de las incógnitas, provocadas por una narrativa un tanto neurótica, que en último extremo, se atora desmedida en esas metáforas, a caballo entre lo corporal y lo emocional, dejando una sensación final de extrema frialdad.

En los apartados técnicos, destaca el excelente trabajo de maquillaje, para mostrar el carácter tan original de la infección, que muta de manera muy peculiar y kafkiana a los que la contraen, sin duda lo más sorprendente de un film, que también contiene una adecuada banda sonora de Jim Williams, mientras la fotografía de Ruben Impens, hace el resto para dar el tono visual perseguido por la realizadora. Ambos son colaboradores habituales de Ducournau desde Crudo, su primer trabajo tras la cámara.
Del reparto, tanto Mélissa Boros, la Alpha que da nombre a la cinta, como la iraní Golshiften Farahani, que interpreta a la madre de la protagonista, están convincentes e implicadas con sus respectivos personajes, pero si alguien destaca por encima del reparto, ese es Tahar Rahim, que sale airoso de un perfil muy complejo, el cual le exige un enorme esfuerzo físico.
Finalmente, es evidente que Alpha presenta un tipo de película para la que hay que estar mínimamente prevenido, serán más los que desprecien la oferta, que aquellos que verdaderamente disfruten con el exceso de forma y contenido, un viaje por la metamorfosis física y mental, en la que Julia Ducournau se mueve con soltura, segura de sí misma y de su visión, algo que resulta realmente contagioso, por mucho que en ésta ocasión, haya querido estirar en exceso su aliento obsesivo sobre un trabajo, que si bien resulta más imperfecto que los anteriores de la realizadora gala, sigue mostrando sobrados motivos de interés, gracias a su destacado carácter singular.
[Películas del 35 Fancine: Festival de Cine Fantástico Universidad de Málaga]
< Lee ésta crítica, y muchas más, en fusionfreakweb.blogspot.com >
Del reparto, tanto Mélissa Boros, la Alpha que da nombre a la cinta, como la iraní Golshiften Farahani, que interpreta a la madre de la protagonista, están convincentes e implicadas con sus respectivos personajes, pero si alguien destaca por encima del reparto, ese es Tahar Rahim, que sale airoso de un perfil muy complejo, el cual le exige un enorme esfuerzo físico.
Finalmente, es evidente que Alpha presenta un tipo de película para la que hay que estar mínimamente prevenido, serán más los que desprecien la oferta, que aquellos que verdaderamente disfruten con el exceso de forma y contenido, un viaje por la metamorfosis física y mental, en la que Julia Ducournau se mueve con soltura, segura de sí misma y de su visión, algo que resulta realmente contagioso, por mucho que en ésta ocasión, haya querido estirar en exceso su aliento obsesivo sobre un trabajo, que si bien resulta más imperfecto que los anteriores de la realizadora gala, sigue mostrando sobrados motivos de interés, gracias a su destacado carácter singular.
[Películas del 35 Fancine: Festival de Cine Fantástico Universidad de Málaga]
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