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Voto de Milena:
8
Voto de Milena:
8
7,4
5.114
Fantástico. Romance. Drama
Érase una vez un mercader arruinado que vivía con su hijo Ludovic y sus tres hijas. Dos de ellas, Felicie y Adelaide, son seres egoístas que explotan a su hermana pequeña Bella. Un día, el padre se pierde en el bosque y llega hasta un castillo. Allí encuentra una preciosa rosa y decide cogerla para Bella, entonces aparece el señor del castillo que le impondrá un duro castigo por su osadía. (FILMAFFINITY)
31 de mayo de 2007
31 de mayo de 2007
7 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hermosa ocurrencia la que tuvo Jean Cocteau en el año 1946 al hacer esta película de tintes surrealistas sobre el mito de la bella y la bestia.
Poética y delicada en la mayoría de sus escenas creo que llega al culmen del cuidado de la estética en la secuencia en la que la protagonista sale de su casa a caballo y corre a autoinmolarse al castillo de la bestia cruzando, cual Caperucita, un intrincado bosque. Al llegar a su destino sube las escaleras ondeando su capa a cada paso con movimientos ralentizados y atraviesa un ancho corredor como si una fuerza sobrehumana la deslizara a diez centímetros por encima del suelo mientras va sorteando los visillos de las ventanas que el viento levanta a su antojo enmarcando los movimientos de la bella. Cocteau sabe propiciar en esa escena un clima misterioso y profundo, completamente lleno de plasticidad que más que cine pareciera danza o poesía filmada. Sólo por esa escena del paso de Bella por los ventanales merece la pena toda la película.
Poética y delicada en la mayoría de sus escenas creo que llega al culmen del cuidado de la estética en la secuencia en la que la protagonista sale de su casa a caballo y corre a autoinmolarse al castillo de la bestia cruzando, cual Caperucita, un intrincado bosque. Al llegar a su destino sube las escaleras ondeando su capa a cada paso con movimientos ralentizados y atraviesa un ancho corredor como si una fuerza sobrehumana la deslizara a diez centímetros por encima del suelo mientras va sorteando los visillos de las ventanas que el viento levanta a su antojo enmarcando los movimientos de la bella. Cocteau sabe propiciar en esa escena un clima misterioso y profundo, completamente lleno de plasticidad que más que cine pareciera danza o poesía filmada. Sólo por esa escena del paso de Bella por los ventanales merece la pena toda la película.
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