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La chica zurda

Drama Una madre soltera y sus dos hijas regresan a Taipei tras varios años viviendo en el campo para abrir un puesto en un bullicioso mercado nocturno. Cada una a su manera, tendrán que adaptarse a este nuevo entorno para llegar a fin de mes y conseguir mantener la unidad familiar. Tres generaciones de secretos familiares empiezan a desvelarse después de que su abuelo tradicional le diga a la hija menor, que es zurda, que nunca use su «mano del diablo». (FILMAFFINITY)  [+]
Críticas 28
Críticas ordenadas por utilidad
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8
31 de diciembre de 2025
30 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de tres años produciendo el cine independiente de un aclamado Sean Baker, Shih-Ching Tsou da el salto a la dirección en solitario con una ópera prima que bebe de la misma agua humanista de su colaborador. La chica zurda (2025) nos lleva hasta un Taipéi vibrante para narrar un drama familiar coescrito junto al propio Baker. Ambos se unen para narrar la marginalidad con una mirada revitalizante.

Lo que diferencia a esta cinta del resto de dramas sociales es la decisión consciente de observar la precariedad desde una perspectiva que se niega a ser gris. El filme retrata la pobreza, las deudas asfixiantes y las mentiras intergeneracionales, pero desde una fotografía vibrante y llena de vida. Tsou repudia el sensacionalismo y derrotismo habitual del género para sucumbir a un optimismo contagioso. El Taipéi que se nos muestra, con sus mercados nocturnos, sus luces de neón y su bullicio, se convierte en un escenario atractivo que logra suavizar la dureza del fondo argumental. Es por ello que se vislumbra una intención clara de generar esperanza; y es que, aunque la realidad de esta familia sea complicada, el mundo que las rodea sigue evocando una belleza estética difícil de olvidar. El trabajo artístico y fotográfico resulta tan eficaz que uno siente el impulso casi físico de comprar un billete de avión para perderse en esas calles.
Toda esta luminosidad se justifica al anclarnos al punto de vista de la pequeña de la familia. Lejos de sentirse un recurso para manipular las emociones, la niña se erige como el corazón del relato gracias a una construcción de personaje e interpretación que resultan adorables. Desde su mirada limpia y curiosa se dicta el tono de la película, lo que nos permite empatizar con las situaciones sin sentirnos obligados por el guion. Hasta la corrección de su zurdera por parte de su abuelo resulta un momento de gran simpatía y ternura.

La chica zurda (2025) evidencia una gran sensibilidad para abordar el drama familiar desde una mirada luminosa y respetuosa. Shih-Ching Tsou debuta con notable entregando una película que conmueve sin subrayar y que consigue filmar la marginalidad sin renunciar a la belleza.
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El equilibrio que se genera entre la calidez visual y la dureza de la realidad se mantiene hasta el desenlace. Cuando el drama familiar estalla y los secretos salen a la luz, la película se niega a traicionar su espíritu. Esta abandona la opción de un final lacrimógeno para regalarnos una conclusión provista de una paz coherente y necesaria.
7
27 de octubre de 2025
16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
La chica zurda es una niña a la que su abuelo la ha convencido de que la mano izquierda es la mano del diablo, la mano de los malos hecho, la mano también de ciertas licencias, como la de cometer pequeños hurtos.

Historia de un familia formada por una madre y sus dos hijas, con un padre biológico ausente, que se ganan la vida regentando un puesto de comida, instalado debajo de una escalera, en un mercado nocturno de Taipéi. La familia amplia comprende también a los abuelos maternos y a los hermanos de la madre, con ese sentido de pertenencia y de condena que suele tener todo clan.

La directora retrata la vida cotidiana de las tres mujeres, con los apuros para acabar el fin de mes y pagar el alquiler del puesto, con los conflictos generacionales entre la madre y la hija adolescente, que tuvo que renunciar a ir a la universidad por no tener dinero y quizá por alguna otra cuestión que la hizo separarse de sus compañeros.

Es un retrato coral, con bastantes personajes, aunque la “estrella” es la niña zurda, un prodigio de naturalidad y gracia: es su mirada que la que nos guía por ese laberinto que es el mercado y el propio Taipéi; es quien mira desde el asombro la peripecias de los adultos, y vuelve liviano, lleno de gracia, lo que la directora podría haber planteado como un crudo drama.
La directora tiene una larga trayectoria en el cine como productora de Sam Baker (“Tangerine”, “The Flordia Project” o “Anora”). Coguionista de la película junto a Shih-Ching Tsou, creemos ver su aportación en la elección de historias de gente corriente, sobre experiencias personales, sin cargar las tintas en su dureza y con toque de esperanza para sus personajes. La cineasta recoge algunas vivencias de su infancia en Taiwán, entre otras lo que supone ser zurda para cierta mentalidades todavía ancladas en algunas supersticiones, a pesar de brillo modernidad de la antigua Formosa.
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La puesta en escena de la directora está al servicio de sus personajes, y el laberinto que es el mercado o la ciudad está retratado con largos viajes de la cámara entre las personas o el tráfico rodado. Y busca y encuentra un final donde las tensiones acumuladas tienen una “hecatombe” durante una comida de celebración. Muy al estilo de cierto cine nórdico donde las familias se cantan las cuarenta, pero aquí con más gracia y sin dramatismo.

Una ópera prima (en solitario), que alegra la vida, aunque las circunstancias de sus personajes sean duras. Un canto a la superación y a la sinceridad. Se agradece.
8
29 de octubre de 2025
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
La cineasta taiwanesa afincada en Estados Unidos Shih-Ching Tsou, trabaja habitualmente con Sean Baker, ya que ha intervenido como actriz en papeles secundarios en la mayoría de las películas del cineasta y ha sido fundamental en la producción, excepto en "Anora", y Baker codirigió con ella "Take out". En esta ocasión, la actriz y productora dirige por primera vez un largometraje, de producción principalmente de Taiwán (ha sido la seleccionada para los Óscar 2026) y cuenta con el apoyo importante de Baker, colaborando en el guion y siendo el responsable del montaje.

La película es un divertimento no exento de calidad y denuncia social, algo que se agradece en un festival de cine (se estrenó en la quincena de realizadores de Cannes, y se acaba de presentar en la Seminci) con unas películas tan complejas y dramáticas.La historia está protagonizada por una madre y sus dos hijas, a las que vemos en el prólogo como viajan desde una localidad rural hasta la capital de Taiwán, el lugar en donde está su familia, y esa mujer comienza a trabajar en el mercado de la ciudad, en un pequeño restaurante.
La película se desarrolla a un gran ritmo, con una dirección ágil y un magnífico montaje (marca de la casa de Baker) que va pasando de un personaje a otro que no están en el mismo lugar, sin que ello signifique que sea difícil de seguir, ya que si algo tiene la cinta es que ni el guion ni los aspectos técnicos dificultan que cualquier espectador pueda entenderla, pese a tener muchos giros, algunos sorprendentes y otros predecibles.

En el fondo es una historia dramática de personajes, porque tanto Shu-Fen como su hija mayor I-Ann tienen un pasado detrás que está teniendo consecuencias en el presente y que iremos poco a poco descubriendo, pero en realidad es una dramedia en donde funciona bastante bien la mezcla de estos dos géneros, en especial las situaciones de humor presentes en todo momento y que aparecen sobre todo cuando aparece en pantalla I-Jing, la niña de 9 años hija de la protagonismo que es el personaje de la película.

La película es bastante buena en casi todos los aspectos, tanto en la dirección como en el montaje como cité anteriormente, pero también en la música compuesta por Matthew Hearon-Smith, el habitual del cine de Sean Baker, y las actuaciones femeninas son destacables. Sin ser un mal guion, porque tiene unos diálogos muy bien trabajados y unas situaciones cómicas ingeniosas, creo que se se excede en algunos giros dramáticos.
A nivel interpretativo, cuenta con un gran reparto femenino, encabezado por Esther K. Chae como la madre protagonista, y sobre todo de Janel Tsai que está magnífica en su personaje de hija mayor rebelde y que en el fondo termina siendo el personaje más importante de la historia a nivel argumental. La joven Nina Ye es la hija menor, en un acierto de casting de la directora al seleccionar a este joven talento que ya era popular en su país por personajes televisivos. Su personaje es un soplo de aire fresco a la película y estás deseando que vuelva a aparecer en otra escena.

Una película fácil de recomendar, ya que tiene ritmo y funciona bastante bien esa mezcla de géneros, el drama y la comedia, sobre todo esto último.

LO MEJOR: el montaje. El personaje de I-Jing.
LO PEOR: algunos giros dramáticos son un poco forzados.

Pueden leer las críticas con imágenes y contenidos adicionales en http://www.filmdreams.net
8
22 de enero de 2026
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película funciona como un recorrido por la cultura taiwanesa, donde la ciudad brilla con un resplandor suave —ese halo que nace de los neones y humedades nocturnas— y moldea un estilo visual muy propio, cercano a la sensibilidad de Sean Baker, su coguionista. Bajo ese tono casi luminoso se esconden historias de mujeres jóvenes que intentan sostenerse entre la modernidad, la presión cotidiana y una soledad que se disfraza de rutina.

Lo que late bajo la superficie es el peso de una sociedad que castiga lo distinto, lo que no encaja. En ese contexto, ser mujer, pobre, sola o zurda puede devenir en estigma, en condena. La película lo deja ver en decisiones constantes, en ojos desanimados, en culpas heredadas. La madre, las hijas, la abuela: cada una con su historia, con sus fracturas, con la necesidad urgente de reinventarse.

En última instancia, la película también desnuda una realidad marcada por tradiciones que pesan: el machismo cotidiano, las expectativas sobre la maternidad, la ingenuidad con la que muchas mujeres deben navegar un entorno que todavía juzga antes de escuchar. En ese mercado que nunca se detiene, los estigmas sociales aparecen y reaparecen como sombras persistentes, pero la directora encuentra formas de mostrar cómo se resiste, cómo se avanza y cómo, incluso en medio del ruido, una familia puede rehacerse sin renunciar a lo que es.
6
29 de enero de 2026
9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Shih-Ching Tsou dirige y coescribe junto a Sean Baker ("The Florida Project", "Red Rocket") este drama intimista ambientado en Taipei, centrado en una familia de mujeres de tres generaciones que regresa a la ciudad para intentar reconstruir su vida. Tras el abandono del padre —ahora solo en un hospital, con un cáncer en fase terminal—, la madre y sus dos hijas se enfrentan a una cotidianidad atravesada por la precariedad económica, los abusos laborales y sexuales, y el peso persistente de una tradición patriarcal profundamente opresiva. Cada una, desde su lugar, intenta sobrevivir en un entorno hostil que apenas ofrece refugio.

Con su ópera prima, la cineasta taiwanesa construye un relato contenido y evocador, tan crudo como realista, donde la mujer se convierte en eje narrativo a lo largo de sus distintas etapas vitales y articula una lectura abiertamente política. Tsou expone cómo las dinámicas familiares reproducen las estructuras de poder de la sociedad: una abuela autoritaria que perpetúa los valores patriarcales que la moldearon; una madre que asume como deber moral sostener a su familia; una hija mayor que busca escapar de esa espiral intentando encontrar afecto y estabilidad fuera del hogar; y una niña pequeña que observa, escucha y actúa desde la inocencia, intuyendo ya que algo no funciona.

"La chica zurda" destaca por su dinamismo visual, una paleta cromática vibrante y una iluminación muy cuidada que captura tanto el bullicio del mercado nocturno de Taipei como el tránsito constante de sus calles y la intimidad del modesto piso familiar, con sus zonas sombrías y sus rincones luminosos. El uso de la cámara de iPhone registra con naturalidad el paso de los días a las noches y los pequeños gestos de lo cotidiano, a la par que aporta una sensación de inmediatez y verosimilitud. La fotografía resulta especialmente bella, los diálogos son duros pero cargados de matices, y el ritmo narrativo está sólidamente construido.

Sobresalen las interpretaciones —todas notables—, aunque destaca especialmente I-Jing (Nina Ye), la niña zurda, único foco de luz en un relato que avanza de sorpresa en sorpresa hacia una perspectiva profundamente desesperanzadora. A pesar de ser una joya visual y abordar con valentía problemáticas sociales complejas, la película termina atrapada en un bucle pesimista que apenas deja espacio para la esperanza. Su insistencia en lo explícito —lo sexual, lo incómodo, lo desagradable— acaba imponiendo una mirada amarga y extrema, que limita la posibilidad de imaginar un horizonte distinto y deja poco margen para la trascendencia o la fuerza del amor y del perdón como vías de redención.

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    Jackass 2.5
    Estados Unidos2007
    4,9
    2.770
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