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Mangue Negro (Mud Zombies)

Terror En este manglar del remoto estado de Espiritu Santo en Brasil habita una pequeña comunidad de pescadores que viven del marisco y el pescado que pueden conseguir de este paraje tropical. Todo ésto se ve amenazado por la polución que amenaza con hacer desaparecer toda clase de vida de la zona. De repente, del contaminado pantano emergen criaturas zombies que atacan a los lugareños. Luís da Machadinha es el héroe al estilo Ash-Bruce ... [+]
Críticas 4
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4
12 de agosto de 2010 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Brasil nos trae una "nueva" película de zombies. La historia, la de siempre: zombies caníbales que no se sabe de donde han salido. Pero ahí están, y hay que huir.
No es terror... es más bien comedia. No pasaría nada si fuera buena pero no lo es.
Ni por los efectos, ni por los actores, ni la historia, ni el guión...
Lo mejor: los homenajes a las películas de terror de Romero y Raimi. Además, solo dura hora y media. Con lo cual la sensación de haber perdido el tiempo no es demasiada.
Además, ya sabes lo que vas a ver. Si te gusta este tipo de cine, no es la mejor opción, pero si no te la tomas muy en serio, igual hasta te entretiene.
6
31 de mayo de 2012 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Una película de zombies brasileña?, ante el conocimiento de tal producción y las entusiastas reseñas escarbadas por la red, los dedos se me hicieron huéspedes y en menos de lo que tarda en presignarse un cura loco, me hice con ella y me la enchufe.

No me voy a meter en farragosos charcos sobre peculiaridades en cuanto a nacionalidades de películas zombies (ya lo hice en mi critica de la serbia "Zone of the Dead 2009", y salí escaldado por el trabajo que levaría hacer algo medianamente completo), solo reseñar antes de entrar en materia, lo insólito de lo brasileño de su procedencia, y lo aun mas insólito de que con un presupuesto a todas luces ínfimo, estemos ante una autentica joyita de esas que en el universo zombie son cada vez mas rara avis.

Son muchas y de los mas variados presupuestos y nivel artístico las películas que desde "Posesion infernal" de Sam Raimi, han usado esa mezcla de terror y comedia con protagonista baqueteado y puteado por las fuerzas del mal en su lucha con estas, pero ha tenido que ser esta rareza, la que sin pretendidos y obvios plagios de esos que intentan colar como homenajes, resulta de las pocas que entretienen y divierten; este emulo de Juan Palomo (yo me lo guiso, yo me lo como, dirección, guión, fotografía, y maquillaje) llamado Rodrigo Aragão, con su opera prima en dirección y guión, tiene talento (tiene todas las papeletas de ser llamado por Hollywood mas pronto que tarde, anda necesitado el genero de terror de savia nueva) En las escenas con zombies de por medio, el maquillaje, banda sonora y efectos de sonido (no me extrañaría que también estuviese el tal Aragão detrás del sonido), de lo mejor que he visto en una película de esta enjundia, una trama que mezcla terror, romance (si se le puede llamar así a un continuamente frustrado Romeo), y comedia, en húmedas y cenagosas localizaciones que la sientan como un guante, irregular fotografía (supongo que los diferentes tonos son causa del ajustado presupuesto, aunque pueden pasar perfectamente como toque "de auteur"), y un director, guionista, etc, etc, que se nota disfruta con el genero, ha mamado a Raimi y Peter Jackson (el de "Mal gusto" y "Braindead").

En resumen, de obligada visión para el aficionado a tan maltratado genero, primero por lo digno y entretenido de la función, y luego por estar al día de lo que se cuece y los nuevos talentos que van apareciendo.
7
18 de mayo de 2020 Sé el primero en valorar esta crítica
Situados en un viejo pantano brasileño, fraccionado en dos partes llamadas Tapuia y Sumidouro, donde los lugareños aseguran que está embrujado, que la vida se está pudriendo. Luis (Ricardo Araújo) deberá enfrentarse a los muertos que regresan a la vida mientras trata de salvar a su enamorada de los peligros en ciernes que se zambullirán sobre los humildes habitantes del lugar hambrientos de carne humana.

Rodrigo Aragão, director brasileño de esta producción, debuta de manera maravillosa en el cine de género con una película serie B altamente influenciada por los clásicos del cine de gore y terror, especialmente del subgénero zombi, como son Braindead (Tu madre se ha comido a mi perro) (Peter Jackson, 1992) o Posesión infernal (Sam Raimi, 1979), estandartes inexorables de este tipo de cinematografía.

El tema retratado es el apego sentimental y la supervivencia, enlazados ambos a través de la fuerte conexión que establecen sus personajes con el transcurso de la historia, recreando también un dibujo de héroe poco convencional y la capacidad de superación del miedo a través de sentimientos igual de potentes como el amor. También se denota un interés especial en el respeto hacia las supersticiones y tradiciones, así como hacia la sabiduría de las personas mayores, utilizando a doña Benedicta para representarlo.

Aparte de pertenecer a los géneros antes citados, especialmente al subgénero zombi, también recurre a algunos gags cómicos usando humor negro que tan bien acompaña este tipo de películas, siendo también un recurso muy representativo de las influencias que toma y casando a la perfección tanto con las interpretaciones del elenco como con la factura de bajo presupuesto.

Por razones obvias, no es una película dirigida a toda clase de públicos por las características genéricas que tiene tanto como por un lenguaje cinematográfico bastante más cuidado que hace especial hincapié en mostrar todo lo desagradable y explícito que tal tipo de argumento conlleva, todo de talante plenamente visceral.

Tanto la idea principal como la trama amorosa apartada a un segundo plano están muy bien construidas, con un guión que respalda tanto la evolución del protagonista como el amor recíproco de manera simultánea, valiéndose de la confianza y la supervivencia. Quizás pueda confundir en una primera instancia por un montaje sintético que utiliza muchos fundidos en momentos críticos de la acción, lo cual da cierta intriga, para crear una línea narrativa complementaria a la principal enfocándose en otro personaje de la historia de modo sincrónico. Los diálogos no poseen más condimento que la búsqueda de un grado realista, constituido de líneas cortas para expresar con claridad el miedo y la preocupación del grupo de personajes.

El nivel interpretativo es directamente de serie B, notándose que no son actores pero, aún así, consiguen ofrecer una interpretación convincente adaptándose a los registros cómicos y dramáticos, más al primero que al segundo. Sin embargo, hay dos actores que hacen las delicias del público: André Lobo dando vida a la vieja sabia doña Benedicta, y Markus Konká como el experimentado pescador Agénor Dos Santos. El hecho de que no sean profesionales los ejecutores de los papeles no los condena a ofrecer mediocridad, así fue el caso de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968) la cual, al ser la primera representación en pantalla del zombi moderno, tiene por perogrullada una poderosa influencia sobre esta.

Las técnicas cinematográficas contienen bastante interés, valiéndose de elementos muy convincentes para crear una atmósfera impecable a través de la puesta en escena. Comenzando la película con un plano subjetivo donde se enfoca con un primer plano el rostro de Markus Konká, el cual, a modo de escaleta, advierte directamente al espectador de la situación del pantano y los riesgos que entraña. Ello, acompañado de una pieza musical compuesta mediante sonidos tropicales con efectos de percusión, sitúa ipso facto al espectador en un espacio desconocido, y peligroso. Todo ello combinado con unos créditos iniciales en los que se escenifican elementos del atrezo siniestros como cráneos, organismos en descomposición y viscosidades hace que, desde el planteamiento, capte el interés del público proveyéndolo de una atmósfera asfixiante óptima para el desarrollo del argumento. A lo largo del metraje se utilizan otras técnicas como el plano detalle para seguir mostrando, a través de comida generalmente, el estado del pantano, aumentando la opresión de la atmósfera e incomodando al espectador. También se recurre a primeros planos contrapicados a la hora de designar un peligro inminente, enfocando con planos cortos los rostros de los personajes acercándose lentamente. Los travelling ópticos es un recurso usual para aumentar la importancia de los diálogos, así como travelling frontales añadidos a un slow motion que siguen la trayectoria de un objeto lanzado, jugando con la escenografía y el espacio.

La fotografía, también de Rodrigo Aragão, está muy conseguida, predominando en ella marrones y verdes vivos representantes de la naturaleza, y una iluminación difuminada que acompaña a la perfección con el contraste de luces y sombras a lo que se podría esperar de un pantano.

Tanto decorados, que ensalzan esa pobredumbre de los residentes, como el vestuario, constituido siempre de prendas blancas que simbolizan la pureza y esa necesidad de evasión del calor del Pantanal, otorgando más realismo, para luego teatralizar mejor mediante prendas claras la suciedad y, por ende, la pérdida de la inocencia. La gama pictórica cambia radicalmente del día a la noche, usando para la última derivados del azul.

La banda sonora presenta cambios a lo largo de toda la película, desde temas cercanos a las películas de terror de los años 60 y 70 compuestos por la Orquestra Sinfônica Brasileira, hasta riffs característicos del heavy metal utilizados para loar las coyunturas épicas del protagonista. (7.5).
1
11 de agosto de 2010 0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nada que contar ni, por lo visto, talento para contarlo. Resultado de aficionados sin ideas. Imposible tomársela en serio, se requiere un enorme esfuerzo de voluntad para tomársela en broma, así que lo más acertado es no tomársela de ninguna manera no viéndola.

Absoluta incapacidad narrativa. Deslavazada sucesión de escenas arbitrarias en la primera mitad, extenuante sucesión sin ritmo de mediocres escenas de luchas hasta el final. Ante esto, no merece la pena hablar de las muchas incoherencias. El par de intentos de jugar con la temporalidad de las situaciones quedan ingenuos e inútiles. Del criterio dramático mejor no
hablar, las pocas escenas en las que intenta desarrollar alguna idea quedan ridículas.

Acabado cutre. Por la pinta de la fotografía parece estar rodada en vídeo. Denota cierta ambición estilística por su esmero en ciertos encuadres pero sólo consigue un estilo visual ampuloso sin objeto ni resultados. Penoso el aspecto de supuestas escenas nocturnas rodadas de día con un filtro para oscurecerlas. Chorretones de salsa barbacoa a diestro y siniestro.

Actores pésimos, increíbles. Si la película hubiera tenido algún valor, las interpretaciones la habrían hundido. Los cangrejos resultan más expresivos.
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