La línea del cielo
1983 

5,8
837
Comedia
Gustavo (Antonio Resines) es un fotógrafo español que decide ir a Nueva York para cambiar de ambiente y triunfar con sus fotos en la capital del arte. En su intento por llegar a lo más alto se encuentra con todo tipo de problemas: el aprendizaje del idioma, la búsqueda de una oportunidad laboral, las nuevas amistades estadounidenses a las que no entiende bien... En su nueva vida conocerá a bastantes personas, entre ellas a Pat (Beatriz ... [+]
16 de abril de 2010
16 de abril de 2010
14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Decía Jesús Polanco aka Copito de Nieve, que un español era esa persona incapaz de aprender inglés, chascarrillo que, como casi todos, da bastante bien la talla del personaje que lo suelta, en este caso el patibulario magnate del periodismo nacional, ya fallecido.
La película es extraña y buena, desde luego se deja ver y con el paso de los años no solo no pierde sino que gana muchísimo, aunque tampoco quiero meterme en berenjenales con palabrotas como "costumbrismo de la movida" o "crónica de una época". Dejémoslo en que "cualquier tiempo pasado fue mejor". Además la película tiene suficiente personalidad como para sostenerse a sí misma.
Un poco floja en el hilo argumental (defecto común a otras de la época) tiene su mejor pilar en la magnífica dirección de actores y una construcción magnífica de los personajes, que en cine es el 80%, como hemos visto tantas veces.
Por último destacar que si en cierta ocasión definimos al músico Peter Kember aka Sonic Boom (Spacemen 3, Spectrum..) como "los jerseys más peligrosos del rock'n'roll", lo mismo podríamos decir de las infames camisas que luce Antonio Resines especialmente en este film, uno de los motivos que nos llevó en su día a afirmarnos en nuestra creencia de que es el último gran sex symbol del cine español.
La película es extraña y buena, desde luego se deja ver y con el paso de los años no solo no pierde sino que gana muchísimo, aunque tampoco quiero meterme en berenjenales con palabrotas como "costumbrismo de la movida" o "crónica de una época". Dejémoslo en que "cualquier tiempo pasado fue mejor". Además la película tiene suficiente personalidad como para sostenerse a sí misma.
Un poco floja en el hilo argumental (defecto común a otras de la época) tiene su mejor pilar en la magnífica dirección de actores y una construcción magnífica de los personajes, que en cine es el 80%, como hemos visto tantas veces.
Por último destacar que si en cierta ocasión definimos al músico Peter Kember aka Sonic Boom (Spacemen 3, Spectrum..) como "los jerseys más peligrosos del rock'n'roll", lo mismo podríamos decir de las infames camisas que luce Antonio Resines especialmente en este film, uno de los motivos que nos llevó en su día a afirmarnos en nuestra creencia de que es el último gran sex symbol del cine español.
23 de julio de 2011
23 de julio de 2011
11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Muy interesante experimento de Fernando Colomo. Es muy discutible el resultado, pero desde luego la película es muy valiente. Un equipo de rodaje de CINCO personas (un número ridículo en la realización de una película de la época) se desplaza a Nueva York a improvisar una gran parte de la cinta. Algunas actuaciones son involuntarias. Muchas planos son toma única. El resultado es una película un poco cutre, pero con un realismo que no se puede conseguir en una obra de ficción. La Línea del Cielo termina emocionando, en parte por la empatía que suscita Resines, en parte por la belleza de algunas imágenes y en parte también por la genial música de Manzanita.
22 de diciembre de 2016
22 de diciembre de 2016
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
No la vi en su día, la he visto ahora en diciembre del 2016 y a pesar de las cosas típicas de la época es completamente actual. Además parece más un reportaje que una película, es estupenda, fresca, real. Me gusta especialmente que no haya excesiva música de fondo, sólo en contados momentos. Me parece una idea muy original y que (desgraciadamente) no pasará nunca de moda y nos sentiremos identificando con ese españolito que va a comerse el mundo y termina de camarero o como este hombre, volviendo a casa sin los objetivos cumplidos.
Resinas es un actorazo, tan natural que crees que es un programa de esos de "....... por el mundo ".
Recomendable, no sólo como cine, también si se pretende hacer algo parecido.
Resinas es un actorazo, tan natural que crees que es un programa de esos de "....... por el mundo ".
Recomendable, no sólo como cine, también si se pretende hacer algo parecido.
24 de noviembre de 2021
24 de noviembre de 2021
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Renaldo Nehemia. Barbara Hershey. Elisabeth is not here, she is in Phoenix, Arizona. Lost in Translation.
Tan tierna, simpática y melancólica como leve y nada.
Las desventuras de este Quijote sin armadura ni sustancia alguna que pretende hacer las Américas a pecho descubierto, para nada, a salto de mata, para Life y Newsweek, para aprender tal vez un poco de inglés y, ya de paso, echar un buen o triste polvo con alguna pobre despistada que por allí ande o pace, da un poco igual si es una nativa o de la misma España, incluso de Barcelona, no hace ascos, cualquiera en verdad le vale o sirve.
Y me temo que no a todo, ni los mocos, seguro. Veremos si eso.
Hombre, llevas no sé cuánto tiempo estudiando inglés y algunas semanas viviendo allí, in situ, y no eres capaz de entender el verbo go, yanquis go home, ni siquiera después de que la buena y tan increíble y explícitamente necesitada de sexo muchacha te lo repita como, más o menos, un millón de veces a dos centímetros de tu puta cara, qué te pasa, pana, pues no sé yo qué decir, el oído duro que tiene y el alma cerrada en un de hierro puño, así no vamos a ningún sitio.
Tan tierna, simpática y melancólica como leve y nada.
Las desventuras de este Quijote sin armadura ni sustancia alguna que pretende hacer las Américas a pecho descubierto, para nada, a salto de mata, para Life y Newsweek, para aprender tal vez un poco de inglés y, ya de paso, echar un buen o triste polvo con alguna pobre despistada que por allí ande o pace, da un poco igual si es una nativa o de la misma España, incluso de Barcelona, no hace ascos, cualquiera en verdad le vale o sirve.
Y me temo que no a todo, ni los mocos, seguro. Veremos si eso.
Hombre, llevas no sé cuánto tiempo estudiando inglés y algunas semanas viviendo allí, in situ, y no eres capaz de entender el verbo go, yanquis go home, ni siquiera después de que la buena y tan increíble y explícitamente necesitada de sexo muchacha te lo repita como, más o menos, un millón de veces a dos centímetros de tu puta cara, qué te pasa, pana, pues no sé yo qué decir, el oído duro que tiene y el alma cerrada en un de hierro puño, así no vamos a ningún sitio.

Antonio Resines
Es agradable, está escondida, escurrida, escuchimizada, es demasiado poca cosa, querible, anoréxica, anémica, enfermiza, efímera, eufemística, una planta muy delicada a la que hay que regar con mucho mimo antes de que se nos muera definitivamente de soledad y pena.
Una anécdota banal y un poquitico graciosa. Él apenas tiene sangre en las venas, un poco de jeta y mucho de los ardides/actitudes o limitaciones a lo Paco Martínez Soria, más que fotógrafo, parece un crío de teta, un español de pueblo de los de hace cincuenta años, vente a nueva york, pepe o antonio o gustavo, el caso es que vente con la gorra bien calada. Y los americanos van a lo suyo y el escritor es un listo vivo y las posibles pretendientas unas amables sosainas. Todo es una adorable e indudable birria, se te escapa de las manos, humo, espejismo, como si fuera una experiencia en tercera persona, impersonal, vivida por otro, cualquier raro fulano, por un intruso o impostor, un fraude fuera del cuerpo, como si Resines fuera también extranjero de sí mismo, carcasa cáscara vacía, sin fuste ni tino, sin apenas vida, con dificultad y gracias que parece que respira.
Una anécdota banal y un poquitico graciosa. Él apenas tiene sangre en las venas, un poco de jeta y mucho de los ardides/actitudes o limitaciones a lo Paco Martínez Soria, más que fotógrafo, parece un crío de teta, un español de pueblo de los de hace cincuenta años, vente a nueva york, pepe o antonio o gustavo, el caso es que vente con la gorra bien calada. Y los americanos van a lo suyo y el escritor es un listo vivo y las posibles pretendientas unas amables sosainas. Todo es una adorable e indudable birria, se te escapa de las manos, humo, espejismo, como si fuera una experiencia en tercera persona, impersonal, vivida por otro, cualquier raro fulano, por un intruso o impostor, un fraude fuera del cuerpo, como si Resines fuera también extranjero de sí mismo, carcasa cáscara vacía, sin fuste ni tino, sin apenas vida, con dificultad y gracias que parece que respira.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
A su favor: lo que explica el psicoanalista tan saleroso sobre su llegada a la gran ciudad tutelada por un gigantón escandinavo que recita la biblia con macarras y carteristas al retortero, el variopinto y estrafalario lumpen de todo el mundo como el alma de la fiesta y su labor como médico de batalla, guerra de guerrillas, suturando puñaladas traperas y curando heroinómanos moribundos, entre Babel, Sodoma y Gomorra y Shangri-La; y lo que cuenta la invitada a la party íntima sobre Jackie O., ese absurdo y ridículo personaje que tuvo tanta historia, sobre todo rosa y negra, cursi y truculenta, trágica y trepa, como la de Gales o Inglaterra prematuramente muerta antecesora, su modelo o modela, mito sórdido pop, amor y lujo, riqueza y desgracia.
En su contra: cuando el escritor judío dice que le iría mucho mejor si hiciera, por ejemplo, fotos de la Alhambra de Granada o de los vascos revolucionarios, tanto monta monta tanto, lo mismo me da un pedazo bello, concreto y grandioso de historia que una banda de cutres facinerosos, relativismo posmodernno a bocajarro que se dice, y además se ríe (wtf?, película fechada en el ochenta y tres, año en el que ya se habían hinchado a matar esos cavernícolas reaccionarios al servicio de los más espurios y corruptos intereses, esbirros de los más abyectos poderes; no eran pintorescos ni divertidos ni inofensivos, eran sicarios sin escrúpulos, terribles, nada baladíes); y el final chuchurrío, forzado, cuando ella le dice que se va y él también improvisa despechado y adolorido entonces y todo eso que no viene mucho a cuento de la oferta de trabajo morrocotudo que llega la cabrona justo cuando ya se estaba marchando sin despedirse, innecesario, el fracaso mejor si es limpio y seco, escueto, sin arabescos ni chuscos chistes a ultimísima hora, no me chilles que no te veo.
En su contra: cuando el escritor judío dice que le iría mucho mejor si hiciera, por ejemplo, fotos de la Alhambra de Granada o de los vascos revolucionarios, tanto monta monta tanto, lo mismo me da un pedazo bello, concreto y grandioso de historia que una banda de cutres facinerosos, relativismo posmodernno a bocajarro que se dice, y además se ríe (wtf?, película fechada en el ochenta y tres, año en el que ya se habían hinchado a matar esos cavernícolas reaccionarios al servicio de los más espurios y corruptos intereses, esbirros de los más abyectos poderes; no eran pintorescos ni divertidos ni inofensivos, eran sicarios sin escrúpulos, terribles, nada baladíes); y el final chuchurrío, forzado, cuando ella le dice que se va y él también improvisa despechado y adolorido entonces y todo eso que no viene mucho a cuento de la oferta de trabajo morrocotudo que llega la cabrona justo cuando ya se estaba marchando sin despedirse, innecesario, el fracaso mejor si es limpio y seco, escueto, sin arabescos ni chuscos chistes a ultimísima hora, no me chilles que no te veo.

Antonio Resines
Él es demasiado parado/pasmado, un enorme y deslucido pasmarote, hubiera estado mejor alguien con un poco más de garbo y cojones, con solera.
La película es muy humilde de medios, pero está bien rodada, con discreción y elegancia.
Y la música de Manzanita acompaña con toda la fuerza y raza que le falta al protagonista, ese gran contraste, inmigrantes en tierra lejana o extraña que se van un tanto al garete o traste, que se mueren de desgana.
La película es muy humilde de medios, pero está bien rodada, con discreción y elegancia.
Y la música de Manzanita acompaña con toda la fuerza y raza que le falta al protagonista, ese gran contraste, inmigrantes en tierra lejana o extraña que se van un tanto al garete o traste, que se mueren de desgana.
23 de diciembre de 2016
23 de diciembre de 2016
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al parecer la idea de hacer ésta película surgió tras la estancia una temporada del propio Fernando Colomo en la ciudad de los rascacielos intentando montar un proyecto y de paso aprendiendo inglés, de ahí surge el crear este film bastante desafortunado. Las tribulaciones de un supuesto fotógrafo de prestigio español (primer error, un tipo tan esperpéntico no puede ser un gran artista), en busca de fama y dinero del que no vemos tomar una sola foto, perdido en la “Gran manzana” neoyorquina que Colomo se empeña en ocultar su iconografía típica, incluso hasta el “Skyline” que da título al film. Es como si pretendes hacer una película sobre el Museo del Prado y no muestras un solo cuadro de sus numerosas salas. Por lo tanto, el resultado es un despropósito absoluto, no puedes hacer una tortilla sin romper los huevos. Se trata pues, de una comedia desangelada, sin chispa y con muy poca gracia. La música de Manzanita que personalmente me encanta, no tiene ningún sentido en el relato, pues la rumba flamenca no aporta nada a un madrileño que se arranca con una jota mal cantada.

Antonio Resines
Y es que, no puede salir bien una comedia cuando su guión no está elaborado, o así lo parece al ver el film, subordinado todo al pobre Resines que era un personaje constantemente repetido en sus comedias madrileñas, el resultado podría haberse llamado “Resines en Nueva York”. La buena comedia necesita personajes, situaciones y diálogos para alcanzar una cierta solidez, y “La línea del cielo” adolece de los tres aspectos. Los personajes secundarios aún logran una aceptable eficacia (eran todos amateurs) porque prácticamente no actúan, son ellos mismos; pero el protagonista – omnipresente por otra parte – no es eficaz por el mismo motivo: porque no actúa, tan sólo es. Y como no se trata de un documental, sino de una comedia, por cierto, con unos gags poco logrados, pero es que, además, el personaje central debe tener entidad y desarrollo, no basta con poner la jeta y unos cuantos tics.
Siento decirlo, uno de los peores trabajos de Antonio Resines, que mejoraría con otros futuros papeles dramáticos que le van mejor como “La buena estrella”, “Carreteras secundarias” o “La caja 507”. Y es una lástima porque en algunos momentos del film se atisban posibilidades de haber hecho una aceptable comedia con la propia experiencia del propio cinesta en Nueva York, pues la realidad podía haber sido más interesante que la ficción. Colomo quería filmar la cara amarga del sueño americano, la inadaptación al entorno por diferencias culturales y de comunicación, que no todos consiguen superar, filmando en los lugares más cutres de la ciudad con las miserias cotidianas. Era un tiempo que los cineastas españoles intentaban hacer su película en los USA pero desde una perspectiva diferente y personal, aunque con desigual suerte y pocos medios.
Siento decirlo, uno de los peores trabajos de Antonio Resines, que mejoraría con otros futuros papeles dramáticos que le van mejor como “La buena estrella”, “Carreteras secundarias” o “La caja 507”. Y es una lástima porque en algunos momentos del film se atisban posibilidades de haber hecho una aceptable comedia con la propia experiencia del propio cinesta en Nueva York, pues la realidad podía haber sido más interesante que la ficción. Colomo quería filmar la cara amarga del sueño americano, la inadaptación al entorno por diferencias culturales y de comunicación, que no todos consiguen superar, filmando en los lugares más cutres de la ciudad con las miserias cotidianas. Era un tiempo que los cineastas españoles intentaban hacer su película en los USA pero desde una perspectiva diferente y personal, aunque con desigual suerte y pocos medios.
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