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Recreación de un asesinato

Drama. Thriller Un juicio ficticio sobre el asesinato de la productora francesa Sophie Toscan du Plantier cuestiona los hechos y debatiendo la inocencia de su asesino convicto, Ian Bailey.
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6
13 de noviembre de 2025
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
A Jim Sheridan le han otorgado el Giraldillo de Honor en reconocimiento a su carrera (los otros galardonados extranjeros con este mismo premio han sido Costa- Gavras y Juliette Binoche) en el 22 Festival de cine europeo de Sevilla. Jim Sheridan, con una vida personal algo complicada, ya que, tras muchos años de matrimonio, perdió a su esposa de un cáncer, y es padre de varias hijas. Además posee un largo bagaje de carácter cultural, sea estudiando o creando formaciones teatrales (por ejemplo, junto a su compatriota Neil Jordan). En la actualidad vive junto a la directora de cine marroquí Zahara Moufid, que comparten una hija, la joven actriz Amira Clodagh, y a la que le ha reservado un breve papel en este film. Admirador de toda clase de culturas, le encanta España y sigue fascinado por el cine que tenga “compromiso”, de ahí su admiración por Costa- Gavras.

Y tras este preámbulo, quería recordar que tras años de estar como perdido en el limbo, retoma el cine que más le interesa, el judicial, para volver a estar en forma. Porque tras los bombazos obtenidos dirigiendo a Daniel Day- Lewis, como “Mi pie izquierdo” o “En el nombre del padre” (para mí, la mejor), rueda éxitos no tan sonados como “El prado” o la infravalorada “The Boxer” (también con Daniel Day- Lewis). Con “En América”, su meteórica carrera inicia una curva de descenso con películas que pinchan en taquilla y llevándose en 2011 un gran batacazo con la muy olvidable “Detrás de las paredes”, un supuesto film de terror, quizás el más desafortunado de su carrera. Espacia su tiempo entre un corto y trabajos documentales (género que no descarta volver a tocar en un futuro) para reaparecer, tras más de una década con “Re- Creation”, a la limón con David Merriman (tanto en su dirección como en el guion) con el título aquí de “Recreación de un asesinato”, quizás para aclarar más de qué va la película y hacerla más atractiva para su carrera comercial.
Vicky Krieps
Sheridan, bebiendo más de “Doce hombres sin piedad” que de su propia “En el nombre del padre”, pone en tela de juicio el funcionamiento de la justicia irlandesa. La película, que se basa en unos hechos reales acaecidos en Irlanda en 1996 en los que al periodista Ian Bailey es el sospechoso del asesinato de Sophie Toscan du Plantier, por homicidio doloso. Lo mejor es que Sheridan intenta no pronunciarse directamente sobre si el sistema irlandés es justo o no, a lo que se suman, en este caso, la imposibilidad de extradición o las posibles negligencias que formen las pruebas incriminatorias.

Lo que hace Sheridan es, partiendo de todo este material, hacer una deliberación ficticia del jurado. Quizás para diferenciarla de otros films que tocan esta fórmula es hacerlo algo más intrincado y es donde su guion, a veces se pierde, convirtiendo a “Recreación de un asesinato” es una película correctamente realizada, con sus tiempos bien repartidos en una hora y media bien aprovechada, con montaje medido y sobre todo unos actores que dan lo mejor de sí mismos, destacando Vicky Krieps, que después de tantas colaboraciones acertadas, igual consigue que la nominen al “Oscar”, quizás más bien por la última de Jim Jarmusch “Father Mother Sister Brother”, le siguen John Connors, Tristan Heanue o el mismo Jim Sheridan que se reserva también un papel. La aportación de Colm Meaney es simplemente un trabajo de colaboración amistosa, pero, en resumen, el conjunto artístico es sin duda de lo mejor, sin estridencias exageradas e intentando no romper ese aire casi “documental”. En su contra está que el espectador tarda en identificarse con ellos.
El resto de los apartados, como cabía esperar, están cuidados y no desentonan en ningún momento.
La aceptación por parte del público con “Recreación de un asesinato” no está muy clara, por ello han decidido antes pasearla por festivales de cine, ya sea por Oldenburg en Alemania, Tesalónica en Grecia o aquí en Sevilla.

A pesar de ser una coproducción entre varios países como Irlanda, Luxemburgo o España, la película lleva su sello irlandés, aunque solo fuera por las breves muestras de sus paisajes o las contadas salidas a exteriores, ya que su mayor parte se desarrolla en interiores.

Puede que “Recreación de un asesinato” no vaya a ser una película que se deba ver obligatoriamente. Vamos, que si la ve un público serio le puede gustar y si no la ve pues no se pierde gran cosa. Pero no dejará de ser interesante para los “fans” del género de juicios y sobre todo porque significa que Jim Sheridan aún pueda dar de sí, lo cual es de agradecer frente a tanta mediocridad e irrelevancia.
Brevemente pasamos al Spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
SPOILER

Quizás su punto de partida, tras la primera votación de si el acusado es culpable o no, sea lo más flojo. Como luego iremos comprobando en el desarrollo hubiera sido más lógico que el jurado número 8 (Krieps) hubiera mostrado su disconformidad sacando a la luz algunos de los flecos que luego aparecerán y no diciendo que por un “pálpito o una sensación abstracta” se muestra en contra.

También luego carece de lógica, que la miembro que viene del Líbano, desee hablar en francés (traducido posteriormente por el jurado número 8) para contar su historia personal. Se supone que para ser jurado debes entender el idioma donde tiene lugar el juicio, porque igual es que no se ha enterado bien de lo que ha ocurrido. Eso lo vi como fuera de lugar.
4
10 de mayo de 2026
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Recomendación

No. No puedo aventurar a nadie a que se meta en este lío. Es una recreación de un caso real que personalmente no conocía y que siento doloroso por sus zonas oscuras, pero no lo veo convertido en una experiencia de cine como otros casos de este estilo. No se deja ver, no atrapa. Queda más cerca de un debate judicial televisivo que de una historia que realmente interese.

Cinematografía

Encerrar casi el 100% de la acción en una sala en otras películas ha funcionado, pero aquí te atasca y te arrastra. Hay sombra, oscuridad y sensación de encierro. En lugar de crecer, empiezas a decrecer a medida que avanza la película; desorienta. Es visualmente aburrida. Ese exceso de plano corto, con tiempos de relleno donde nada ha cambiado entre ellos, hace que todo resulte demasiado previsible.

Fotografía

Sobria, funcional, emotiva y oscura, pero tampoco emociona. Cada plano es firme y horizontal. Hay una intención de crear tensión en espacios cerrados, rostros, miradas y discusiones, pero la imagen no termina de ganar terreno. Es una fotografía al servicio de la historia, no una fotografía que aporte nuevas capas.

Actores

El reparto y, sobre todo, los personajes representados, son perfiles humanos a los que no terminas de conocer porque solo hay pequeños atisbos de lo que son sus vidas. De hecho, parecen construidos más como posiciones dentro de un debate que como personas con verdadera humanidad. A algunos no sabes bien quiénes son ni qué representan.

Dirección

Parece que este director, Sheridan, tiene un gran historial, pero aquí se queda a medio camino. Quiere hablar de justicia, verdad, prejuicio y duda, pero no termina de conseguirlo. He leído que en una entrevista dijo que quería alejarse del morbo, pero esa intención no siempre se traduce en una película poderosa.

Reflexión final

Lo mejor de Recreación de un asesinato es el tema: la duda, el peligro de condenar desde el ruido mediático y lo difícil que es hacer justicia después de que ha pasado el tiempo. Para mí, la película es demasiado plana, dependiente y con poca fuerza emocional. Interesa más por el caso real que por el cine que ofrece.
6
1 de mayo de 2026 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Recreación de un asesinato aborda un caso real polémico, el asesinato de Sophie Toscan du Plantier y la condena de Ian Bailey, pero en lugar de limitarse a los hechos, plantea un juicio hipotético que permite cuestionar pruebas y versiones, poniendo en duda la verdad establecida. La historia se desarrolla como un debate continuo donde nada es definitivo, aunque la acumulación de argumentos puede volverla repetitiva y más discursiva que emocional.

Dirigida por Jim Sheridan y David Merriman, adopta un tono sobrio y reflexivo, moviéndose entre el documental y el drama judicial. Su ritmo pausado y centrado en diálogos refuerza el realismo, pero también puede resultar estático y limitar la intensidad.

El reparto, con nombres como Vicky Krieps y Colm Meaney, apuesta por la contención, priorizando la credibilidad colectiva sobre el lucimiento individual. Los personajes funcionan como distintas perspectivas de la verdad, mientras que Ian Bailey aparece más como símbolo de duda que como figura definida.

La puesta en escena es minimalista, con espacios cerrados y énfasis en el diálogo, lo que refuerza su carácter intelectual, aunque reduce la implicación emocional. En conjunto, es una propuesta interesante que reflexiona sobre la fragilidad de la verdad judicial, pero que impacta más desde lo cerebral que desde lo emocional.

Resumen de la crítica escrita por Pablo Veiga Carpintero
Si te ha gustado, puedes leer la crítica completa en nuestra web Cinemagavia
1
13 de mayo de 2026 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Abordar el true crime desde la ficción exige una pericia narrativa de la que el veterano director irlandés Jim Sheridan demuestra carecer por completo en Recreación de un Asesinato. La cinta toma como materia prima uno de los episodios más oscuros y mediáticos de la crónica negra de su país: el brutal asesinato de la productora francesa Sophie Toscan du Plantier en 1996 y el polémico enjuiciamiento en rebeldía del periodista Ian Bailey. Sheridan plantea un experimento audaz sobre el papel: organizar una deliberación ficticia de un jurado para diseccionar los agujeros del sistema judicial irlandés y debatir las sombras del caso. Sin embargo, el resultado es un simulacro artificial, un pastiche insufrible que naufraga éticamente y narrativamente, acercándose más a la monotonía de un podcast de crímenes leído con desgana que a una experiencia cinematográfica merecedora de la gran pantalla.

Desde una perspectiva ética y formal, la propuesta de Sheridan es profundamente problemática. La mezcla indiscriminada de datos reales, dolor verídico e invención dramática resulta de muy mal gusto. El director asegura querer mantener una posición neutral frente al caso real, pero al ficcionalizar el proceso de manera tan tramposa, acaba por banalizar la tragedia de la víctima. Probablemente, la premisa hubiera funcionado mucho mejor si se hubiera abordado desde el documental puro: un experimento donde ciudadanos reales analizaran los hechos reales. Al envolverlo en las costuras de la ficción de calidad televisiva (porque estéticamente no supera el nivel de un anodino telefilm de Antena 3), la cinta trivializa las negligencias policiales y la imposibilidad de extradición que rodearon al caso verdadero.

En el apartado visual, la cinta es un páramo desolador. La estética es agresivamente aburrida y repetitiva. La película abusa hasta la náusea del plano corto y firme, rellenando el tiempo con transiciones donde la imagen permanece estática y muda. Hay una intención evidente de exprimir la tensión en los rostros y en la fricción de los espacios cerrados, pero la monotonía fotográfica provoca exactamente el efecto contrario: desorientación, letargo y pesadez. El metraje se atasca y te arrastra hacia el fondo con él, logrando que el interés decrezca de manera inversamente proporcional al avance del minutero.

En definitiva, Recreación de un Asesinato es una obra torpe, aburrida y éticamente difusa que fracasa en cada una de sus aspiraciones. Es un drama judicial sin pulso, lastrado por un guion plagado de agujeros lógicos, diálogos anacrónicos y personajes huecos. Su empeño en hibridar el true crime con la ficción moral resulta en un telefilm claustrofóbico que trivializa un caso real estremecedor. En suma, estamos ante una película que desperdicia su dolorosa materia prima y confirma que, a veces, la realidad merece ser contada por el periodismo y no manoseada por un cineasta sin brújula.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La sombra del clásico de Sidney Lumet, Doce hombres sin piedad, es alargada y cruel, y Sheridan se empeña torpemente en invocarla para salir trasquilado en cada comparación. Mientras que la claustrofobia de una única habitación servía antaño como una olla a presión insuperable, aquí el director dinamita cualquier atisbo de tensión al dispersar a sus personajes. El jurado pasea su debate por comedores, pausas para el café e incluso parques al aire libre con pajarillos trinando, disolviendo el clímax en una sucesión de excursiones intrascendentes. A esto se le suma la constante y molesta inserción de flashbacks innecesarios y primeros planos del acusado gesticulando, interrupciones groseras que rompen el ritmo de la deliberación y demuestran una nula confianza en la fuerza del texto.

El guion es, sin tapujos, un desastre estructural que insulta la inteligencia del espectador. La chispa que detona el conflicto en la sala de deliberación roza lo risible: tras la primera votación casi unánime por la culpabilidad, el miembro disidente del jurado (Vicky Krieps) no argumenta su postura esgrimiendo lagunas en las pruebas o negligencias policiales que han presenciado durante el juicio, sino alegando una simple "sensación abstracta" o "pálpito". Es una excusa perezosa e inaceptable para mover la trama. Igualmente absurda es la inclusión de una miembro del jurado originaria del Líbano que, de repente, exige hablar en francés (necesitando traducción) para relatar un trauma personal; un capricho de escritura que hace cuestionarse cómo una persona que no domina el idioma del país ha sido seleccionada para evaluar pruebas en un juicio por asesinato.

Los personajes que habitan este jurado, paritario en género para forzar torpemente ciertas dinámicas políticas contemporáneas, son cascarones vacíos. El espectador jamás llega a conocerlos como seres humanos porque no lo son; están escritos exclusivamente como peones discursivos, bocinas que declaman posturas en un debate prefabricado. Las actuaciones del elenco son incapaces de insuflar vida a unos diálogos de cartón piedra. Además, el libreto comete el pecado capital del drama judicial perezoso: obliga a los doce miembros a reexplicarse entre ellos (y a la audiencia) absolutamente todos los detalles y giros del caso, fingiendo sorpresa ante revelaciones y pruebas que, lógicamente, acaban de escuchar y analizar durante las semanas que duró el juicio previo.

A la torpeza estructural se une un anacronismo verbal insoportable que expulsa al público de la película a patadas. En su afán por dotar al texto de una supuesta resonancia moderna, el guion incrusta expresiones contemporáneas profundamente politizadas en boca de sus personajes. Escuchar a los miembros del jurado arrojarse términos como fake news o eslóganes del estilo "a los hechos no les importan tus sentimientos" rompe por completo la suspensión de la incredulidad. Es un peaje lingüístico doloroso que convierte una deliberación de asesinato en un ruidoso hilo de Twitter, demostrando la incapacidad de los guionistas para generar un conflicto orgánico sin recurrir a muletillas virales.
2
21 de mayo de 2026 0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta especia de 12 hombres sin piedad a la irlandesa supone, sin duda, el mayor fracaso de Sheridan director. Con un reparto que me parece bastante inadecuado y muy flojo en alguno de los personajes más importantes, Sheridan vuelve sobre un caso que, no se entiende bien porqué, le ha marcado a través de los años, el asesinato del que se acusa a un periodista y que sucedió en Irlanda hace décadas.

Al parecer, imagina una resolución que nunca llegó a tener y se empeña, en mala hora, en contarsela a los espectadores. Y lo hace de forma tediosa, embrollada, con una impostura y una pretendida solemnidad que ni el caso merece ni el espectador soporta.

Aparte de un casting muy desafortunado, en el que aparece el propio Sheridan como presidente del jurado, la película parece tener de referencia la obra maestra de 1957 que firmó Lumet, cumbre del cine en general y muy en particular de ese subgénero que es el cine de juicios. Claro, Sheridan no tiene a Fonda o a Lee J. Coob, pero parece que tampoco tiene el pulso necesario para meternos en esta historia, muy deslavazada y con un guión lioso y poco consistente.

Se hace larga, además de que ya de por sí lo es. Larga y aburrida.
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