Anatomía de un asesinato
1959 

8,0
20.894
Drama
Frederick Manion (Ben Gazzara), un teniente del ejército, asesina fríamente al presunto violador de su mujer (Lee Remick). Ella contrata como abogado defensor a Paul Biegler (James Stewart), un honrado hombre de leyes. Durante el juicio se reflejarán todo tipo de emociones y pasiones, desde los celos a la rabia. Uno de los dramas judiciales más famosos de la historia del cine. (FILMAFFINITY)
26 de noviembre de 2015
26 de noviembre de 2015
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otto Preminger fue uno de los grandes realizadores del cine norteamericano. Suya es una de las grandes cumbres del drama criminal, “Laura”, pero es que además de la película protagonizada por la inolvidable Gene Tierney, Preminger firmó otras obras no menos importantes, ‘Al borde del peligro’, ‘El rapto de Bunny Lake’, ‘Angel Face’ o ‘Tempestad sobre Washington’, son algunas joyas de su cine tan personal, siempre aspirando a una determinada perfección, son películas que permanecen incólumes al paso del tiempo dejando el sello, tan fácilmente reconocible y tan difícil de alcanzar, de las rotundas obras maestras. Otra de estas rotundas obras maestras es la película que hoy nos ocupa, ‘Anatomía de un asesinato’ que pertenece a ese subgénero de juicios, tan del gusto del espectador de casi todas las épocas.
El cine judicial es sin duda un género en el que Hollywood ha sido maestro, y clásicos del mismo hay muchos, sin duda “Anatomía de un asesinato” es uno de ellos. Bajo mi punto de vista, lo es fundamentalmente por dos razones, primero, porque las escenas que transcurren en el tribunal son un deslumbrante ejemplo de esa habilidad de Hollywood para convertir la sala de un juicio en un microcosmos con fascinantes leyes propias y en los que un caso cualquiera parece investirse, misteriosamente, de una capacidad de representación de la Justicia en su concepto más absoluto y abstracto; y segundo, porque es algo más que una película de juicios, es un hermoso canto humanista, con sus gotas adecuadas de cinismo y socarronería (sin los cuales, el humanismo, la verdad sea dicha, puede ser bastante coñazo). Es una lección de narración, de ritmo, que hace que las más de dos horas y media de metraje no pesen nunca: al contrario, no es imaginable que la película pueda ser más breve. Contiene interpretaciones imborrables, empezando por la del propio protagonista, el inolvidable James Stewart. Tiene un estupendo sentido del swing, a la medida de ese amor del personaje central por el jazz: nada menos que Duke Ellington compuso la banda sonora e incluso se avino a hacer una pequeña intervención tocando junto al protagonista. Y una profunda reflexión sobre los múltiples matices que tiene la Verdad, concepto ambiguo donde los haya, que aquí alcanza una hondura realmente sabrosa.
El cine judicial es sin duda un género en el que Hollywood ha sido maestro, y clásicos del mismo hay muchos, sin duda “Anatomía de un asesinato” es uno de ellos. Bajo mi punto de vista, lo es fundamentalmente por dos razones, primero, porque las escenas que transcurren en el tribunal son un deslumbrante ejemplo de esa habilidad de Hollywood para convertir la sala de un juicio en un microcosmos con fascinantes leyes propias y en los que un caso cualquiera parece investirse, misteriosamente, de una capacidad de representación de la Justicia en su concepto más absoluto y abstracto; y segundo, porque es algo más que una película de juicios, es un hermoso canto humanista, con sus gotas adecuadas de cinismo y socarronería (sin los cuales, el humanismo, la verdad sea dicha, puede ser bastante coñazo). Es una lección de narración, de ritmo, que hace que las más de dos horas y media de metraje no pesen nunca: al contrario, no es imaginable que la película pueda ser más breve. Contiene interpretaciones imborrables, empezando por la del propio protagonista, el inolvidable James Stewart. Tiene un estupendo sentido del swing, a la medida de ese amor del personaje central por el jazz: nada menos que Duke Ellington compuso la banda sonora e incluso se avino a hacer una pequeña intervención tocando junto al protagonista. Y una profunda reflexión sobre los múltiples matices que tiene la Verdad, concepto ambiguo donde los haya, que aquí alcanza una hondura realmente sabrosa.

160 minutos de CINE con mayúsculas con la que descubrirás todas las virtudes del cine del maestro austríaco. Una película contada con sabiduría, pulso y sentido del humor, retratada en un soberbio B&N y al ritmo de una música que… ¡Menuda música!
13 de noviembre de 2019
13 de noviembre de 2019
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Excelente drama judicial dirigido por el maestro Otto Preminger que se debería pasar como asignatura obligatoria por todas las facultades de Derecho del mundo.
La trama es sencilla, un hombre descerrajó cinco disparos al hombre que acaba de violar a su mujer, y busca un abogado defensor que le saque del aprieto.
Uno de los mejores juicios plasmados en la gran pantalla, con interrogatorios y contrainterrogatorios excelentes, sarcasmos incluídos por el Ministerio Público y el Defensor, con un Juez nada ajeno a los mismos.
Excelentes interpretaciones desde el primero al último del excelente reparto encabezado por una impresionante mujer como Lee Remick, y James Stewart en el papel del abogado, con un entrañable Arthur O'Connell en el papel de viejo abogado borrachín que le asiste y le asesora.
Matrícula de honor, 10 y a favoritas.
La trama es sencilla, un hombre descerrajó cinco disparos al hombre que acaba de violar a su mujer, y busca un abogado defensor que le saque del aprieto.
Uno de los mejores juicios plasmados en la gran pantalla, con interrogatorios y contrainterrogatorios excelentes, sarcasmos incluídos por el Ministerio Público y el Defensor, con un Juez nada ajeno a los mismos.
Excelentes interpretaciones desde el primero al último del excelente reparto encabezado por una impresionante mujer como Lee Remick, y James Stewart en el papel del abogado, con un entrañable Arthur O'Connell en el papel de viejo abogado borrachín que le asiste y le asesora.
Matrícula de honor, 10 y a favoritas.
29 de setiembre de 2020
29 de setiembre de 2020
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Paradójicamente, a pesar de ser abogado, el género judicial no está precisamente entre mis prioridades cinéfilas. Demasiado alambicado, irreal, fantasioso y novelesco en la mayor parte de las ocasiones, suele producirme bostezos por previsible y por sentirlo excesivamente de fórmula. Obviamente, hay una excepción que brilla por encima de todo y de todos porque es una obra capital de la historia del cine: “Matar a un ruiseñor” de Robert Mulligan. Muy cerca siento “Anatomía de un asesinato” de Otto Preminger, quizás por el mismo motivo.
Cercano en mi corazón al inmortal Atticus Finch que encarnara para la posteridad Gregory Peck en “Matar a un ruiseñor”, está ese Paul Biegler, abogado fracasado de poca monta que prefiere el jazz y la pesca a los tribunales y que encarna mágicamente James Stewart en la gran obra maestra de Preminger.
A ese picapleitos, un don nadie de provincias al que pocos clientes respetan para pagarle, le encarga la defensa de su marido una mujer irresistible con escasa apariencia de víctima, la mejor interpretación de su carrera de Lee Remick. El cónyuge, militar, es asesino confeso del propietario de la cantina por haber violado a su mujer. El personaje de James Stewart tan sólo cuenta con un Sancho Panza alcohólico y una secretaria cansada de no cobrar nunca porque el despacho no da para más para defender lo indefendible.
Cercano en mi corazón al inmortal Atticus Finch que encarnara para la posteridad Gregory Peck en “Matar a un ruiseñor”, está ese Paul Biegler, abogado fracasado de poca monta que prefiere el jazz y la pesca a los tribunales y que encarna mágicamente James Stewart en la gran obra maestra de Preminger.
A ese picapleitos, un don nadie de provincias al que pocos clientes respetan para pagarle, le encarga la defensa de su marido una mujer irresistible con escasa apariencia de víctima, la mejor interpretación de su carrera de Lee Remick. El cónyuge, militar, es asesino confeso del propietario de la cantina por haber violado a su mujer. El personaje de James Stewart tan sólo cuenta con un Sancho Panza alcohólico y una secretaria cansada de no cobrar nunca porque el despacho no da para más para defender lo indefendible.

El metraje de la cinta está ocupado en buena medida con el desarrollo del procedimiento judicial y con la lucha imposible entre David y una fiscalía Goliat que tiene todas las cartas en la manga. Y de mucha sensualidad y erotismo contenidos y afortunadamente impropios de una cinta de 1959, además de quedar como testimonio indeleble del papel de la mujer en la sociedad de los años 50, afortunadamente tan alejado y superado respecto de la actual. Queda muchísimo camino por recorrer para lograr la igualdad real, pero un vistazo a los hechos y, sobre todo, a las valoraciones y comentarios sobre la mujer en los años 50 habidos en esta cinta, basta para entender que afortunadamente también lo hay recorrido ya.
Todo ello rodado con una elegancia exquisita por parte de Preminger, con una preciosa fotografía en blanco y negro de Sam Leavitt, con un guión pleno de tensión eléctrica de Wendell Mayes adaptando al cine la novela de Robert Traver, y con la música de, ahí es nada, un tal Duke Ellington, que además se permite un pequeño cameo en mitad del metraje.
Todo ello rodado con una elegancia exquisita por parte de Preminger, con una preciosa fotografía en blanco y negro de Sam Leavitt, con un guión pleno de tensión eléctrica de Wendell Mayes adaptando al cine la novela de Robert Traver, y con la música de, ahí es nada, un tal Duke Ellington, que además se permite un pequeño cameo en mitad del metraje.
Imposible dar más por menos. Y, sobre todo, respetar más al espectador, que deberá ponerse en la piel del jurado para tomar una decisión que marcará el devenir de muchas vidas para siempre.
17 de marzo de 2022
17 de marzo de 2022
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aunque he visto que muchos la califican de drama, yo no veo más que tintes de humor. La lucha entre los letrados y el juez es delirante, sobre todo, la sencillez de James Stewart. Sin embargo Lee Remick, que me encantó en Días de vino y rosas, aquí tiene un papel de femme fatal que no le va (quizá por que en la película citada con anterioridad hacía un papel totalmente opuesto, débil y frágil). La trama, el guion, el argumento y la música están muy bien, pero el final del film, me ha decepccionado un pelín. Si observas con detalle la expresión corporal y verbal de los personajes llegas a la conclusión de cuál va a ser el veredicto, aunque sea equivocado...quizá sea este el propósito de la película, quizá no...pero a ese Ben Gazzara...ya se le veía venir ( y todo lo que en realidad pasa). Aun así, la película es buena y te hace esbozar más de una sonrisa. Sin dudarlo, un 8.5.
29 de setiembre de 2013
29 de setiembre de 2013
20 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo mismo de siempre. Al ser ésta una película muy popular y, en consecuencia, muy influyente en la historia del cine, sus argumentos ya están más que manidos. Llevo visto decenas de películas como ésta. No me aportó nada nuevo.
Los personajes, en su mayoría, son desagradables. El personaje principal, interpretado por James Stewart me cayó mal. Su "provocativo" humor irónico no me hace gracia, sino que me hace compadecerme de él y de los que lo rodean, por tener que aguantarlo. El papel de Lee Remick ya lo llevo visto cientos de veces. Lo mismo sucede con el amigo borrachín. El único al que salvo es al fiscal interpretado por Geoge C. Scott, personaje malvado pero con cierta chicha.
Me gustaría ponerle más nota, pero no me gustó prácticamente nada. Espero que a vosotros os guste más. Saludos.
Los personajes, en su mayoría, son desagradables. El personaje principal, interpretado por James Stewart me cayó mal. Su "provocativo" humor irónico no me hace gracia, sino que me hace compadecerme de él y de los que lo rodean, por tener que aguantarlo. El papel de Lee Remick ya lo llevo visto cientos de veces. Lo mismo sucede con el amigo borrachín. El único al que salvo es al fiscal interpretado por Geoge C. Scott, personaje malvado pero con cierta chicha.
Me gustaría ponerle más nota, pero no me gustó prácticamente nada. Espero que a vosotros os guste más. Saludos.
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