¿Dónde está mi hija?
1979 

6,7
2.488
29 de setiembre de 2010
29 de setiembre de 2010
42 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sólo quién ha sido educado bajo ciertos preceptos cristianos en torno a la pureza y a la moral puede entender el horror que encierra el viaje de un americano-holandés de origen calvinista a un mundo que hasta entonces ha decidido creer que no existe. Los cristianos son hombres condenados al antinatural deseo de permanecer en una infancia edénica, preservada de la corrupción -entiéndase el pecado-, lo vil. Carecer de pureza significa la expulsión. El horror en "Hardcore" es exponer a un niño eterno a todo lo que se esconde más allá del decorado del Edén. Obligarle a ver la realidad de la que la fe le mantiene preservado. George C.Scott, como el padre de una adolescente fugada al inimaginable infierno del porno duro, no es tanto un padre como el niño del paraíso que abandona su refugio para encontrarse con la peor de sus pesadillas: la pureza mancillada.
Se despierta por la noche con la conciencia de haber sido manchado por lo que ha visto. Ese es su terror más grande.
Se despierta por la noche con la conciencia de haber sido manchado por lo que ha visto. Ese es su terror más grande.
11 de mayo de 2010
11 de mayo de 2010
35 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siguiendo la estela de mi idolatrado actor George C. Scott, encontré esta película de Paul Schrader (Aflicción, 1998) que navega entre la oscuridad de la noche durante finales de los años 70, en un mar de clubes de prostitución y películas porno de la clasificación hardcore. Hasta ese lúgubre mundo llega precisamente Jake VanDorn (Scott), un afable a la par que imponente empresario de la madera que ve cambiar por completo el rumbo de su vida al desaparecer su hija durante una excursión con el instituto.
Desde entonces, su única prioridad sobre todas las cosas será la de encontrarla, recurriendo así junto a su cuñado a los servicios de Andy Mast (Peter Boyle), un reputado detective que no tardará en hallar indicios sobre la ubicación de la joven. Pero Jake VanDorn no se da por satisfecho con el trabajo del detective y decide involucrarse personalmente en la trama accediendo hasta las mismísimas entrañas del sector de las películas pornográficas en el que al parecer se encuentra su hija. Para poder pasar desapercibido entre un mundillo tan pícaro e inseguro, se verá obligado a cambiar su propio atuendo al ser confundido constantemente con un policía por los serios trajes con los que va tocado. Pero poco a poco, irá comprobando que sus ropas no es lo único que sufrirán una transformación, viendo crecer su ira a medida que se van sucediendo los acontecimientos.
La película es un notable entretenimiento que puede recordar al desarrollo de otras cintas que contienen o se centran en la prostitución y lo que engloba este aspecto, mientras el urbanismo nocturno es uno de los principales protagonistas, como pasó en Taxi Driver (1976). El trabajo de George C. Scott no hace más que afianzar la excelente opinión que un servidor tiene sobre el mismo, no habiendo logrado contemplar uno solo de sus papeles en los que reduzca la calidad que a través de sus gestos, formas y su agresiva voz se expresa. El resto del plantel realiza unas correctas interpretaciones que se ven apoyadas en la nada despreciable aparición de un buen Peter Boyle, con un personaje lleno de ironía y cargado de indiferencia.
(Sigue en el SPOILER sin desvelar detalles del argumento, por falta de espacio)
Desde entonces, su única prioridad sobre todas las cosas será la de encontrarla, recurriendo así junto a su cuñado a los servicios de Andy Mast (Peter Boyle), un reputado detective que no tardará en hallar indicios sobre la ubicación de la joven. Pero Jake VanDorn no se da por satisfecho con el trabajo del detective y decide involucrarse personalmente en la trama accediendo hasta las mismísimas entrañas del sector de las películas pornográficas en el que al parecer se encuentra su hija. Para poder pasar desapercibido entre un mundillo tan pícaro e inseguro, se verá obligado a cambiar su propio atuendo al ser confundido constantemente con un policía por los serios trajes con los que va tocado. Pero poco a poco, irá comprobando que sus ropas no es lo único que sufrirán una transformación, viendo crecer su ira a medida que se van sucediendo los acontecimientos.
La película es un notable entretenimiento que puede recordar al desarrollo de otras cintas que contienen o se centran en la prostitución y lo que engloba este aspecto, mientras el urbanismo nocturno es uno de los principales protagonistas, como pasó en Taxi Driver (1976). El trabajo de George C. Scott no hace más que afianzar la excelente opinión que un servidor tiene sobre el mismo, no habiendo logrado contemplar uno solo de sus papeles en los que reduzca la calidad que a través de sus gestos, formas y su agresiva voz se expresa. El resto del plantel realiza unas correctas interpretaciones que se ven apoyadas en la nada despreciable aparición de un buen Peter Boyle, con un personaje lleno de ironía y cargado de indiferencia.
(Sigue en el SPOILER sin desvelar detalles del argumento, por falta de espacio)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Es de agradecer la ambientación callejera y cercana de la película, a caballo entre los escenarios reales de Gran Rapids y Walker en Michigan; Burbank, San Diego y San Francisco en California y, dentro de este último estado y dentro de la ciudad de Los Ángeles, Century City y Hollywood. Sus calles, con una aparente poca presencia policial, destilan imágenes cargadas de personajes opacos y desconfiados. Es latente el trabajo de la dirección en todas estas cuestiones, engrandeciendo la película desde escenas rebosantes de realismo y utilizando a un personaje que no pretende ser un héroe, sino sólo un padre que quiere encontrar a su hija sin renunciar a las limitaciones que su religión, la calvinista, -al parecer, compartida por Schrader- le impone, a pesar de que tenga que vivir todo tipo de experiencias desagradables. En cierto modo, la actitud del protagonista también puede recordar, aunque en mucha menor medida, a la vivida muchos años después por Antonio Delgado (Juan Diego) en Padre coraje (2002).
La música parte desde los compases de Jack Nitzsche, autor de bandas sonoras tan flamantes como la de El exorcista (1973) o Alguien voló sobre el nido del cuco (1975). Los temas de su score en esta película escoltan con acierto al argumento, intercalando unas melodías extrañas que buscan despertar tensión en el espectador.
La música parte desde los compases de Jack Nitzsche, autor de bandas sonoras tan flamantes como la de El exorcista (1973) o Alguien voló sobre el nido del cuco (1975). Los temas de su score en esta película escoltan con acierto al argumento, intercalando unas melodías extrañas que buscan despertar tensión en el espectador.
20 de octubre de 2012
20 de octubre de 2012
17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película que arranca bien y te conduce de manera interesante a través de ella para llevarte a un desenlace un tanto decepcionante por la forma de rematarlo, abrupto y simplón. Tengo entendido que el final original era otro (*), se nota. Parece ser que el padre de Schrader se sintió retratado en el personaje principal y que se ofendió mucho con su hijo.
En cuanto a los actores: George C. Scoot y Peter Boyle eran muy buenos y eso se nota siempre, y el resto de secundarios están muy bien escogidos.
Bien filmada, se nota que Schrader tiene talento, con toques infantiles en su forma de mostrarnos la supuesta sordidez del mundillo porno. Divertida y genial la escena que van atravesando las paredes de cartón que dividen las distintas facetas del porno. Tampoco se queda manca aquella en la que el sádico cae sobre el espejo. Muy divertido por momentos, el casting que realiza Scott.
En fin que al final (aunque poco más puede decir Schrader) si bien deja claro - de forma escueta pero directa - las motivaciones de la niña y el padre para actuar como lo han hecho, me quedé con la sensación de que faltaba algo.
Interesante.
En cuanto a los actores: George C. Scoot y Peter Boyle eran muy buenos y eso se nota siempre, y el resto de secundarios están muy bien escogidos.
Bien filmada, se nota que Schrader tiene talento, con toques infantiles en su forma de mostrarnos la supuesta sordidez del mundillo porno. Divertida y genial la escena que van atravesando las paredes de cartón que dividen las distintas facetas del porno. Tampoco se queda manca aquella en la que el sádico cae sobre el espejo. Muy divertido por momentos, el casting que realiza Scott.
En fin que al final (aunque poco más puede decir Schrader) si bien deja claro - de forma escueta pero directa - las motivaciones de la niña y el padre para actuar como lo han hecho, me quedé con la sensación de que faltaba algo.
Interesante.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Decir que me gusta la doble expiación a la que somete Schrader a Scott: por un lado la de ver a su hija actuando en el porno, y por otro, la de saberse el detonante (al final) de que ella prefiera ese mundo a su compañía.
Lo que más curiosidad me provoca, es saber como será la readaptación de la niña tras su viaje al submundo.
* La hija de Van Dorm había muerto durante su escapada y todo el esfuerzo del padre resulta inútil
Lo que más curiosidad me provoca, es saber como será la readaptación de la niña tras su viaje al submundo.
* La hija de Van Dorm había muerto durante su escapada y todo el esfuerzo del padre resulta inútil
29 de setiembre de 2011
29 de setiembre de 2011
13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
292/12(23/09/11) La segunda realización del gran guionista Paul Schrader es un intenso drama en el que chocan dos mundos, trata un tema cuasi-autobiográfico el de personas con una fuerte educación religiosa que de tanto apretarte con sus preceptos acabas por explotar y haces todo lo contrario que te han obligado, él pertenecía a una familia de descendientes holandeses y de sólidas convicciones calvinistas, lo mismo que es el protagonista. Schrader en esta obra hace una puesta al día del western de John Ford ‘Centauros del desierto’, una muchacha que desaparece entre las garras de los indios en este caso el submundo del porno duro, ellos la transforman en otra persona, en la del oeste era su tío Ethan Edwards-John Wayne quien la buscaba durante años por las Naciones Indias, aquí es su padre Jake VanDorn-George C. Scott quien se mete de lleno en este perverso universo para hallar a su retoña, Kristen (correcta Ilah Davis) él está viudo y proviene de una comunidad ultrareligiosa calvinista, su hija desaparece durante una excursión con el instituto en Los Ángeles, la policía se preocupa poco, por lo que contrata a un detective, Andy Mast (buen Peter Boyle), que le hace saber que está metida en una red de pornografía, por lo que decide por su cuenta adentrarse en este sórdido mundo haciéndose pasar por un productor de este género. La puesta en escena es uno de los pilares del film, con un comienzo que es el contraste con lo que en mayor metraje vamos a ver, una un lugar donde resalta el color blanco de la pureza, de la inocencia, pero que a la vez es un sitio cerrado y tras la desaparición de Kristen empieza el descenso a las catacumbas de la sociedad, el patio trasero donde guardamos la basura de nuestra conciencia, donde se asientan nuestros más bajos instintos, una ciudad oscura, sucia, turbadora, donde la única luz proviene de las luces de neón, poblado de sex-shops, peep-shows, cines porno, rodajes de hardcore duro, prostitutas y sus chulos, territorios sombríos para representar la bajada a los infiernos por un alma pretendidamente limpia, recuerda en este aspecto a la posterior ‘Taxi Driver’ de Scorsese no en vano además de ser el guión de Schrader el fotógrafo es el mismo, Michael Chapman (‘Toro salvaje’ o ‘El Fugitivo’), urbes sucias, pobladas de personajes deprimentes, pusilánimes, pesimista, donde el ultrareligioso protagonista se alía con una actriz porno, Niky (Fenomenal Season Hubley) y se da cuenta que ella tiene más dignidad que él, con este choque entre estos caracteres nos vemos reflejados en nuestros conceptos moralistas, bastante discutibles y bastante complejos. Este film es una crítica social tan de moda en el cine de los 70, donde se critica a la juventud, a la religión, a la hipocresía ética, al mundo de la pornografía que estaba en auge en esta década, derivando en algunos casos en las abominables snuff-movies. (Continua en spoiler sin spoilers)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La cinta posee un ritmo ágil, nunca se estanca, el desarrollo no para, el increscendo dramático es pétreo y asfixiante, con conversaciones de gran profundidad y con escenas de las que se te quedan, la pelea con el suministrador de porno en el burdel, atravesando las pareces falsas, todo una metáfora de este artificios mundo, y que tiene su zenit en su final callejero, un áspero colofón. George C. Scott realiza una labor bestial, una labor en la que desparrama carisma, una personalidad portentosa que inunda la pantalla, sus ojos te penetran, su evolución te va tocando la fibra, un coloso en una gran interpretación. Recomendable a los que gusten de thrillers turbadores. Fuerza y honor!!!
1 de junio de 2018
1 de junio de 2018
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Nos parecemos en que el sexo no es algo importante en nuestras vidas: tú no lo practicas y a mi me da igual con quién practicarlo."
Las escenas que Jack Van Dorn (correcto George C. Scott) comparte con Niki son lo mejor de esta película. Con ellas Schrader trata de demostrar que dos personas con estilos de vida del todo opuestas, -uno puritano y la otra promiscua' tienen en realidad los mismos anhelos, pues se agarran a unas creencias y esperanzas que les permitan ser redimidos (¿de qué?, me pregunto si su estilo de vida es el adecuado, como manifiestan ambos).
Las escenas que Jack Van Dorn (correcto George C. Scott) comparte con Niki son lo mejor de esta película. Con ellas Schrader trata de demostrar que dos personas con estilos de vida del todo opuestas, -uno puritano y la otra promiscua' tienen en realidad los mismos anhelos, pues se agarran a unas creencias y esperanzas que les permitan ser redimidos (¿de qué?, me pregunto si su estilo de vida es el adecuado, como manifiestan ambos).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Niki esperaba que Jack no se olvidara de ella una vez que encontrara a su hija. "Van Dorn me protegerá", dijo textualmente en una escena. Su éxito como prostituta en realidad escondía un doble fondo no tan alentador como pudiera parecer (parece que la apariencia siempre lo fue todo, por encima incluso de los sentimientos reales, así nos creemos menos vulnerables) pues en el fondo es una desgraciada víctima como tantas, como bien claro deja Schrader.
'Hardcore' tiene un toque un tanto mordaz, la escena en la que Jack entra en un tugurio tras otro y le reciben exactamente las mismas palabras quiere decir que en realidad todos esos lugares son lo mismo y que lo único que se preponen es cometer el mayor número de indiscriminados atracos que les sea posible a todo aquel que ose a ser su clientela. Jack, ajeno a aquel entorno entraba allí con apatía, buscando simplemente que le escucharan y le comprendieran, ignorando que en un lugar en el que la principal esencia es la falsedad, ni entregando todo el dinero del mundo hubiera encontrado lo que buscaba. Igual que muchos de los que acuden allí.
Pero Jack tampoco es el hombre de moral perfecta que podría llegar a parecer, pues el desenlace explota de manera inesperada con una información que en realidad se entreveía, y es que comenzó a dar importancia a su hija desde que desapareció. Como otras tantas veces se empieza a valorar lo que se tiene cuando se pierde. La hija alega que en este nuevo entorno se sentía feliz, mentira, que se manifiesta cuando finalmente da la mano a su padre para que la lleve con él a casa. A lo largo del viaje que emprendió para encontrarla, la película no ha escatimado en comentar los defectos del padre, amargado y orgulloso entre otros. El tal Ratan en cambio no pudo tener un final más simbólico, muriendo desplomándose contra la vitrina de uno de esos horteras establecimientos que ofrecen cutres espectáculos, siendo su tumba esa penosa industria en cuya proliferación se entregó en cuerpo y alma, nunca mejor dicho.
Schrader reparte para ambas posturas enfrentadas, reparte a todos sin discriminación, no se posiciona, pero la película en sus 107 minutos no me transmite ni frío ni calor. Distraída, mejor (o no tan mala) como muchas otras, pero tampoco brillante.
'Hardcore' tiene un toque un tanto mordaz, la escena en la que Jack entra en un tugurio tras otro y le reciben exactamente las mismas palabras quiere decir que en realidad todos esos lugares son lo mismo y que lo único que se preponen es cometer el mayor número de indiscriminados atracos que les sea posible a todo aquel que ose a ser su clientela. Jack, ajeno a aquel entorno entraba allí con apatía, buscando simplemente que le escucharan y le comprendieran, ignorando que en un lugar en el que la principal esencia es la falsedad, ni entregando todo el dinero del mundo hubiera encontrado lo que buscaba. Igual que muchos de los que acuden allí.
Pero Jack tampoco es el hombre de moral perfecta que podría llegar a parecer, pues el desenlace explota de manera inesperada con una información que en realidad se entreveía, y es que comenzó a dar importancia a su hija desde que desapareció. Como otras tantas veces se empieza a valorar lo que se tiene cuando se pierde. La hija alega que en este nuevo entorno se sentía feliz, mentira, que se manifiesta cuando finalmente da la mano a su padre para que la lleve con él a casa. A lo largo del viaje que emprendió para encontrarla, la película no ha escatimado en comentar los defectos del padre, amargado y orgulloso entre otros. El tal Ratan en cambio no pudo tener un final más simbólico, muriendo desplomándose contra la vitrina de uno de esos horteras establecimientos que ofrecen cutres espectáculos, siendo su tumba esa penosa industria en cuya proliferación se entregó en cuerpo y alma, nunca mejor dicho.
Schrader reparte para ambas posturas enfrentadas, reparte a todos sin discriminación, no se posiciona, pero la película en sus 107 minutos no me transmite ni frío ni calor. Distraída, mejor (o no tan mala) como muchas otras, pero tampoco brillante.
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