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Críticas de Alejandro Rubio
Ordenadas por:
49 críticas
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5
14 de octubre de 2017
22 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
Halloween está a la vuelta de la esquina y Netflix no va a dejar pasar esta oportunidad (y The Rubiew, tampoco). A pesar de que “Stranger Things” supone la mejor carta a jugar de la temporada para el servicio streaming, también tiene cabida “The Babysitter“, una película que parodia todas las cintas de terror (o slasher) pero que, desgraciadamente, acaba resultando una buena idea pero mal llevada a cabo. ¿Cuáles son los aciertos y fallos de “The Babysitter”?


“The Babysitter” narra la vida de Cole, un niño algo nerd de 12 años sobreprotegido por sus padres y que, a pesar de su edad, sigue necesitando una niñera para cuando se queda solo en casa. Bee, una chica rubia de pelo ondulado, camiseta que deja su ombligo al aire, pantalones campana y botas de tacón (puro estereotipo de “girl next door” muy Britney a principio de los 00s) será la encargada de cuidar todas las noches de Cole pero, cuando todo parece ir sobre ruedas, nada es lo que parece ser. Rituales satánicos, asesinatos y besos lésbicos cargados de parodia que despertarán más de una carcajada en el espectador.

Coge cualquier slasher y extrae todas las personalidades posibles. En “The Babysitter” encontrarás a una animadora superficial, un chico que nunca lleva camiseta, un freak que nunca ha sido besado, un negro gracioso y una chica de apariencia asiática. En la nueva producción de Netflix, estos personajes son llevados al extremo, resultando su mejor acierto. La animadora, a la cual da vida Bella Thorne (“The DUFF”, “Scream”), es una chica frívola y superficial que verá cómo su vida queda destrozada tras recibir un tiro en uno de sus pechos, llegando a pedir un tampón para parar la hemorragia (¿?). Robbie Amell (“The DUFF”) encarnará al quarterback sin camiseta, llegando a ser cuestionado incluso en la propia película. ¿La razón? Pues, tal y como afirma el personaje de Thorne, sería casi un pecado que no él mostrase sus músculos.

Sin embargo, la idea parece quedar estancada cuando llegamos al ecuador de la cinta. Una vez entendemos las intenciones de “The Babysitter” y aceptamos su propuesta, su dosis de comedia cae hasta el punto de parecer una secuela millennial de “Solo en Casa” y, desgraciadamente, no un producto tan divertido como “Las Últimas Supervivientes”. La película se desenvuelve cómodamente y con un ritmo fantástico, pero esto se debe a que no supera los 80 minutos de duración. Quizás hubiésemos necesitado más diálogos y menos acción, ya que es en las conversaciones absurdas donde “The Babysitter” es capaz de brillar.

A pesar de todo, la película acaba resultando un entretenimiento bastante acertado para un domingo por la tarde. Su ligereza, su dirección puramente milleanial… Las última de Netflix sigue contando con bastantes aciertos. Al igual que “7 Años” o “Hasta Los Huesos”, el servicio streming demuestra tiros a la diana que se presentan bastante interesantes, aunque todos ellos quedan lejanos al centro. Tendremos que seguir esperando la masterpiece cinematográfica de Netflix, si es que llega…

Nota: 5,25 / 10
Alejandro Rubio
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5
4 de julio de 2017
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
El pasado martes tuve la suerte de poder asistir al preestreno de la película “Goodbye Berlín” gracias a Golem Distribución y, aunque inexplicablemente mi nombre no apareciese en la lista, pude disfrutar de esta aventura en carretera porque le caí bien a la señora del mostrador. ¿Estamos ante la hermana cómica de “Heartstone“, película presentada en el Festival de Cine Europeo de Sevilla 2016?

“Goodbye Berlín” es una simpática comedia sobre dos adolescentes que deciden adentrarse en una aventura veraniega dejando su ciudad, dando lugar a un sinfín de situaciones cargadas de humor tratadas de un modo excepcional. Por suerte, esta cinta alemana no juega a ser tan astuta como “Chicas Malas” ni tan inteligente y pasional como “Hacia Rutas Salvajes”. “Goodbye Berlín” decide crear una atmósfera independiente con sus personajes y situaciones naturalistas, dotadas de algo de locura para no dormir al espectador. Sin embargo, pierde el norte a la hora de llevar al extremo la descripción de alguno de los personajes (como el padre del protagonista) y peca de informar de manera escasa sobre otros que podrían haber dado mucho juego (como su madre alcohólica). A pesar de todo, este largometraje dirigido por Fatih Akin consigue salir del paso de manera efectiva, logrando que el espectador llegue a disfrutar en muchísimas ocasiones de este viaje.

Es por eso por lo que “Goodbye Berlín” decide enfocar este viaje desde el punto de vista de los adolescentes, narrando siempre en primera persona a través del personaje protagonista y evitando meterse en camisa de once varas. Maik y Tschick viven una aventura edulcorada e inocente en coche como si de “Thelma y Louise” se tratasen. Además, el coche que toman prestado (sic.) supone un escenario idóneo para descubrir las emociones de ambos personajes: el hecho de ser inadaptados sociales, sus primeros amores, problemas familiares o cómo plantar cara al nuevo año tras las vacaciones. Desgraciadamente, y a pesar ser un metraje de tan solo 90 minutos, su guión se desinfla en excesivas ocasiones, haciéndonos creer que nos hemos perdido y llevamos dando vueltas a una rotonda durante más de quince minutos.

Su guión yerra de excesiva inocencia y de costumbrismo independiente. El pasar por alto temas como el bullying o la homosexualidad es uno de los grandes errores de esta cinta. Aunque claro, “si no sabes torear, no te metas”, que diríamos a cierta serie de Netflix. El director no ha sabido jugar con la enorme cantidad de elementos cinematográficos que puede llegar a aportar una película de carretera: su fotografía no provocan ganas de viajar, su dirección acaba resultando plano contra plano y los dos jóvenes actores no son capaces de soportar todo el peso de la película. Por mucho guiño cómico que el guión contenga o por mucho dramatismo que intente alcanzar, su irregularidad acaba pasándole factura.

En definitiva, “Goodbye Berlín” supone una comedia entrañable que peca de torpeza, tanto en dirección como en guión. A pesar de que en ocasiones consigue encontrar un camino sin baches, acaba resultando más similar a compartir coche con un desconocido en BlaBlaCar que una aventura veraniega con tus amigos.

Nota: 5,25 / 10
Alejandro Rubio
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9
5 de febrero de 2017
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los meses de enero y febrero son imprescindibles para todo aquel aficionado al cine. Los Globos de Oro, los SAG, los BAFTA y, concluyendo la temporada de premios cinematográficos, los Oscars. Los cines se llenan de cinéfilos y coolturetas pretenciosos gracias a películas como “La La Land“, que ya cuenta con siete Globos de Oro y la friolera de catorce nominaciones a los Oscars, igualando el récord establecido por “Titanic” y “Eva Al Desnudo”. ¿Es para tanto?

“La La Land” narra (o canta, mejor dicho) la historia de Mia, una joven aspirante a actriz y Sebastian, un pianista enamorado de la música jazz. Ambos lucharán por conseguir sus objetivos y encontrar el éxito que tanto ansían: un nombre como actriz y salvar el jazz de su muerte. Hasta aquí, todo normal. “La La Land” podría ser una cinta propia de John Carney (“Once”, “Begin Again” o “Sing Street”), pero esta va mucho más allá convirtiéndose en una de las mayores experiencias que podrás vivir en un cine.

Damien Chazelle, quien nos deleitó hace un par de años con la trepidante “Whiplash” ha sido capaz de renovar un género que pasaba sin pena ni gloria desde principios de siglo. Los musicales se convertían en el mayor quiero-y-no-puedo de estos últimos 15 años, siendo todos testigo de una interminable lista de películas que olvidabas a los pocos minutos de su proyección: “Into The Woods“, “Nine”, “Los Miserables”, “Cadillac Records” o “Dreamgirls” tan solo son algunas de ellas. Chazelle, por suerte, ha sabido aprovechar todos y cada uno de los elementos cinematográficos que se le han puesto a su disposición, consiguiendo un film que dejará a toda una sala con ganas de más.

“La La Land” es lo que “The Artist” quiso ser y no consiguió. Una oda a la historia del cine ambientada en la actualidad, pero repleta de referencias cinematográficas que adentrará al espectador por completo gracias a su ligereza narrativa y su asombrosa dirección técnica y artística. Planos cargados de color compaginados con planos oscuros que solo permiten la visualización de aquello que está siendo señalado con un foco. Una hermosa banda sonora que, a pesar de contar con pocas canciones, hace modificaciones de tempos y escalas sobre las mismas para descubrir ambas caras de una misma moneda. Unos movimientos de cámara naturalistas dotados de una increíble función narrativa y que, como no, acaban convirtiéndose en una frenética experiencia al estilo “Whiplash”. “La La Land” nos adentra en un precioso mundo de fantasía que, aunque no lo creamos, se desarrolla en un espacio real.

Sus interpretaciones, lejos de ser mediocres, pueden llegar a ser eclipsadas por todo el trabajo artístico que la película lleva consigo. Emma Stone y Ryan Gosling brillan con luz propia, pero ninguno es capaz de hacer sombra al viaje que esta cinta supone. Si bien es cierto que Stone deslumbra en todo aquello que sean diálogos y primeros planos, Gosling consigue demostrar que los musicales pueden llegar a sentarle como un guante gracias a lo bien que desempeña su papel como cantante y bailarín. ¿Hubiese sido posible haber grabado esta película con dos actores diferente? Quizás sí, aunque hubiese sido difícil igualar la química existente entre ambos. Sería fácil ver a actrices como Amy Adams (#prayforher) o Anna Kendrick en el papel de Mia y, para qué engañarnos, vocalmente hubiesen sido muchísimo mejores. Sin embargo, la personalidad física que posee Emma Stone hubiese sido imposible de igualar por ninguna de estas dos actrices.

Musicalmente, “La La Land” posee una de las mayores banda sonoras escuchadas en décadas, tanto soundtrack como score. “Another Day of Sun”, único momento videoclip que posee la película y que supone un magnífico prólogo para esta, es una canción hecha para ser tarareada durante semanas. “Someone In The Crowd” tiene un estribillo magnífico y un toque Broadway que la hace necesaria. “City of Stars” se convertirá en la canción más reproducida de nuestro dispositivo musical. “Audition (The Fool Who Dreams)” es el “Papa Can You Hear Me” de los 2000s, aportando un antes y después narrativo en la cinta. Si la gente sale bailando claqué después de la proyección de la película, será por algo.

¿Alguna pega? Pues quizás su guión, a pesar de ser francamente bueno. Todo ocurre con su debido tiempo y, aunque la búsqueda del éxito y la aceptación propia y social se esté convirtiendo en todo un tópico para este joven director, siempre que sea desempeñada de manera magistral va a ser bien recibida. Eso sí, echamos de menos el toque frívolo que hacía tan característica su anterior cinta.

En definitiva, “La La Land” es la vuelta del género musical por todo lo alto. Una fascinante experiencia cinematográfica que cumplirá todas y cada una de tus expectativas.

Hacía años que no repetía película en el cine y, en poco más de una semana, la he visto dos veces. Será por algo.

Nota: 9,5 / 10
Alejandro Rubio
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Gaga: Five Foot Two
6.3
1,470
Documental, intervenciones de: Lady Gaga, Florence Welch, Mark Ronson
7
14 de octubre de 2017
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
El pasado viernes 22 de septiembre, coincidiendo con el segundo no-concierto de Lady Gaga en el Palau Sant Jordi, Netflix estrenaba el documental “Gaga: Five Foot Two“, en el cual se narraba el último año de la cantante neoyorquina. Con una promoción apoyada fundamentalmente en la cancelación de toda la gira europea, Lady Gaga nos contará en primera persona desde la grabación de su último álbum hasta segundos antes de su performance en el descanso de la SuperBowl. Pero, ¿hasta qué punto es necesario este documental?


El último año de Lady Gaga ha sido, al parecer, bastante complicado. “Gaga: Five Foot Two” no consiste en otra cosa que en la apertura de Stefani Joanne Angelina Germanotta, nombre real de la artista, delante de una cámara que grabará todos y cada uno de los momentos más importantes ocurridos desde mediados de 2016 hasta febrero de 2017. El documental, que puede verse de manera exclusiva en Netflix, comienza con Gaga en body-chandal gris, con restos de maquillaje de la noche anterior y dando de comer a sus dos perros rodeada de familiares. “Five Foot Two” es orgánico y natural y, por suerte, no resulta forzado.

Con la grabación de su notable “Joanne” como trama principal del primer tercio del documental, podremos ver a Gaga sumergida en el estudio rodeada de productores tales que Mark Ronson, al cual podemos considerar co-protagonista, o Bloodpop, ambos presentes en temas como “Perfect Illusion”. Pero no. “Five Foot Two” no es un making of, ni pretende serlo. Este documental tiene bien definidas sus intenciones, que se basan en mostrar todo el trabajo que desarrolla la artista tanto en el estudio, como en los ensayos o en el set de American Horror Story (en el cual no parece estar muy cómoda). Lo que viene siendo un lavado de imagen tras los primeros años repletos de excentricidades que la llevaron a lo más alto del pop.

Y es que este documental se acerca más a “Alaska y Mario” que a “We Love Tamara” o “Lindsay”. Gaga se muestra completamente desnuda (incluso literalmente en alguna de las escenas) y no tiene miedo a soltar alguna que otra perla por la boca. En “Five Foot Two” existen momentos tan gloriosos como la respuesta a ese mítico “reductive” que Madonna le ofreció como calificativo en una entrevista de televisión, donde Gaga afirma que el único problema que tiene con la reina del pop es que no haya tenido el valor de decírselo a la cara. Después, como siempre, Gaga se viene arriba y dice que ella, como italo-americana que es, lo único que quiere es que MDNA le eche huevos y la empotre contra la pared mientras la besa y le explica los problemas que tiene con ella. Todo muy normal.

Después comienzan los dolores musculares, culpables de la cancelación de la gira europea, explicaciones sobre la fibromialgia, Hillary Clinton, visitas de Florence en el estudio de grabación, Gaga diciendo “necesito un porro”, explicaciones sobre la ruptura con su ex-prometido Taylor Kinney, Gaga asistiendo a un bautizo, cámbiame la tela de la chaqueta que esta no me gusta, los problemas de promoción de “ARTPOP”… dando un resultado que podríamos calificar incluso como “kitsch”. Todo esto, obviamente, acompañado por cientos de canciones procedentes de su último álbum de estudio, “Joanne”, tales que “Perfect Illusion”, “Million Reasons”, “John Wayne” o “Joanne”, dando esta última lugar a uno de los momentos más emocionantes del documental.

Pero lo más sorprendente de este documental no es otro hecho que la universalidad que representa. Sorprende que Lady Gaga se haya alejando de producciones hechas solo para fans, haciendo de este “Five Foot Two” un documental disfrutable y casi necesario para todo aquel amante de la cultura pop o incluso de la música. La naturalidad con la que está dotado esta exclusividad de Netflix y la vivacidad que presentan sus muchísimas escenas provocan un ritmo muy acertado que impide que el espectador despegue la mirada.

“Five Foot Two” es una delicia para los fans, pero también para el espectador que no ha seguido de cerca la carrera artística de la neoyorquina. Aunque algo menos de victimismo hubiese sido idóneo para este trabajo, debemos tomar el personaje de Lady Gaga tal y como es. Si queremos disfrutar de todos sus proyectos, debemos entender su estado emocional y físico. Y eso “Five Foot Two” lo refleja muy bien.

Nota: 7 / 10
Alejandro Rubio
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9
30 de diciembre de 2016
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
“But wasn’t quite ready to leave / So innocent, pure and sweet / American honey“, cantan Lady Antebellum. “American Honey” es, sin lugar a dudas, una de las grandes sorpresas del festival de cine organizado en la capital andaluza. Detrás de este se encuentra Andrea Arnold, que ya tiene un Oscar bajo el brazo. Se rumorea que ya está levantando el segundo brazo.


“American Honey” es un relato intimista y deslumbrante sobre una chica de apenas dieciocho años, Star (Sasha Lane), que decide dejar lo poco que tiene y embarcarse en una aventura desgarradora con un grupo de adolescentes que acaba de conocer. En este grupo encontramos a Jake (Shia Lebouf, conocido por “Nymphomaniac”, “Transformers” y, por qué no, el videoclip de “Elastic Heart” de Sia), el cual será incapaz de apartar la mirada de la inocente Star. El grupo tiene como misión conseguir la mayor cantidad de dinero posible vendiendo suscripciones a revistas (algo así como “Círculo de lectores”) con el fin de conseguir, tal y como ellos lo denominan, una vida de ensueño.

Alcohol, drogas, sexo, dinero y rap. De estos cinco elementos parte la premisa de la cinta. “American Honey” es una retahíla de sentimientos que no dejará a nadie indiferente y que, por suerte, ha cuidado su guión y su estética hasta el extremo. Comenzando por esos preciosos 4:3 como formato de imagen y ese filtro amarillo en todos y cada uno de los fotogramas y terminando por ese guión que abarca desde las relaciones amorosas de la protagonista hasta el olvido del pasado con el fin de comenzar una vida mejor. El último filme de Andrea Arnold provoca una montaña rusa de emociones en el espectador, el cual queda inmerso durante los 158 de metrajes que, eso sí, quedan algo largos. Ya sabeis: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

Pero, sin lugar a dudas, si hay un aspecto en el que “American Honey” no tiene rival, ese es su banda sonora. Dominada fundamentalmente por rap/trap, nos muestra un género musical que influye en los jóvenes americanos como lo hizo el rock en los 50s o el pop más bubble-gum en los 90s. Todo esto con la ayuda de “We Found Love” de Rihanna y Calvin Harris, canción que no seremos capaces de sacarnos de nuestras cabezas en las próximas semanas (por si no tuvimos bastante con las emisoras de radios en 2011). Jeremith, Ciara, Rae Sremmurd… todo esto acompañado de referencias de Kim Kardashian y demás elementos actuales de la cultura “pop” actual. Como si las chicas de Spring Breakers decidiesen dejar a un lado la música electrónica y las luces fluorescentes.

Su guión, escrito por la propia directora, posee coherencia y una estructuración envidiable. Además, arriesga dejando tramas abiertas, lo cual ha llegado a enojar a más de un espectador (nota para ese tipo de espectador: no veas “Enemy”). Su fotografía, dotada de asombrosos primeros planos de los personajes, consigue hacernos empatizar de manera inmediata con todos y cada uno de ellos. En cuanto a las interpretaciones, Sasha Lane se adentra en su personaje de manera asombrosa, siendo capaz de soportar primeros planos de un modo alucinante. Shia Lebouf brilla con luz propia.

En definitiva, “American Honey” se convertirá en un referente para toda una generación, tal y como lo han hecho cintas como “Dope” o la ya mencionada “Spring Breakers”. Por suerte, “Honey” está dotada de una madurez de la cual carecen las dos anteriores. Primer gran acierto del #SEFF2016.

Nota: 8,7 / 10
Alejandro Rubio
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