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Críticas 66
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
6
6 de marzo de 2013
16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me contaba un afamado crítico en intimidades de cama que el Almodóvar era un cineasta a tener en cuenta, a lo que yo le contestaba que me reservaba alguna que otra duda al respecto, pero él insistía y me hablaba de la tradición española del esperpento y el absurdo, y de cómo Almodóvar hacía uso de ella en ‘Laberinto de pasiones’ para reflejar el espíritu desenfrenado de la movida madrileña, y yo dale la burra al trigo, que no, pero como me comentaba todo esto en un libro, pues se quedó con la perra gorda y a mí no me quedó otra que buscarme la vida para encontrar la peliculita. Pues no os lo vais a creer pero el amigo sabía de lo que escribía, y eso que el manchego se pasa por los cojones, por los suyos y por los de toda la banda de reinonas que revolotean sin orden ni concierto por esta feria, la más mínima lógica argumental con la que este sin dios pueda al menos hacer pie por un instante. Se la trae floja, vamos, y así se mete en mil y un embolados a cada cual más pintoresco, para luego salir del disparate por la vía del medio y sin complejos. Pero aun así, por increíble que parezca, la cosa funciona, todo transcurre con una pasmosa fluidez, con un ritmo endiablado, es divertida de principio a fin y, pese a que en todo momento reine la anarquía y los gastos de producción fueran cosa de cuatro duros, peseta arriba, peseta abajo, a ratos hasta parece una buena película. No, si al final va a resultar que Almodóvar es bueno.
Fantasmagorie (C)
CortometrajeAnimación
Francia1908
6.2
1,123
Animación
6
14 de diciembre de 2012
16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aunque al parecer la primera obra cinematográfica en utilizar técnicas de animación fue ‘The Haunted Hotel’, creada en 1907 por los estudios americanos Vitagraph y dirigida J. Stuart Blackton, uno de los pioneros del mundillo recién parido, y dejando de lado los experimentos que sobre esta materia pusieron en práctica años antes personalidades como Georges Méliès y Segundo de Chomón, es este pequeño cortometraje de Émile Cohl, estrenado apenas un año después en Francia, quien se lleva los honores de ser considerado, casi de forma unánime por los historiadores de cine, como la primera película (completa) de animación.

Dicen las malas lenguas que Cohl estudió fotograma a fotograma los trabajos de Blackton para podar dar vida a su obra. Sin duda la técnica utilizada es la misma, pero no su enfoque creativo: donde el americano se conforma con poner en movimiento trazos infantiles desprendidos de toda originalidad, el francés crea en su ‘Fantasmagorie’ cuanto menos el germen de un mundo fantasioso, carente por igual de estructura narrativa, pero con un punto hipnótico en su desarrollo que aun facilita su visionado trascurridos más de cien años de su primera proyección. Cohl no se limita a jugar con técnicas y dibujos presumiendo de juguetes delante de los aburridos miembros de la alta sociedad, crea ‘algo’ que pudo ser, y fue a medias, el punto de partida de la animación. Por desgracia la vía que él abrió no fue la elegida por la mayoría de los que le precedieron. La técnica mejoró de forma exponencial a cada mamporro que los personajes, que salían como enanos de debajo de las setas en la tierra de las oportunidades, se atizaban entre ellos en cada secuencia, vaciando el fondo con cada ostia de ideas y contenidos artísticos de todo tipo y condición.

Tras triunfar a ambos lados del Atlántico, con cerca de 300 películas de animación a sus espaldas, este caricaturista, ilustrador, fotógrafo, autor dramático, actor, pintor, periodista e ilusionista, cayó en el más profundo de los olvidos, arruinado, hasta arder, ya en la vejez, dentro de su propia casa. Postrado durante sus últimos días en la cama de un hospital de cáritas, sus películas fueron recordadas en el ‘Cinéma des Champs-Elysées’ el 19 de enero de 1938. Un día después murió. Curiosamente horas después lo hizo otro gran olvidado, Georges Méliès.
1 de julio de 2011
15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nada nuevo voy a contar de esta película, la de mejor puntuación a día de hoy en esta página, casi ná. 'Una historia atractiva', 'unos personajes inolvidables', 'la fotografía exquisita', 'la ambientación inmejorable', son tan sólo algunos de los piropos con los que el aficionado al cine de cualquier los rincón adularía a este gigante. Pero una obra maestra no vive exclusivamente de estos aspectos técnicos y argumentales de orden más amplio; las diferencias en muchas ocasiones las marcan los pequeños detalles, fugaces en una escena, y que, en apenas unos segundos, revelan hechos, ideas y sentimientos que requerirían de muchas letras que ser plenamente desarrollados. Ese es el lenguaje del cine, y en ‘el padrino’ estos susurros bullen a fuego lento para gestar, escena a escena, una obra digna por sí misma de encumbrar al cine a la categoría del ‘séptimo arte’.
En el 'spoiler', un ejemplo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
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El coche se aproxima, despacio, hacia la entrada del hospital. Quieren asegurarse de que todo marcha según los planes, el trabajo debe ser rápido, limpio y, ante todo, silencioso, pero a medida que se acercan a su destino la silueta de dos hombres se hace patente frente al portal. Algo va mal, deceleran aun la velocidad hasta casi detenerse frente a ellos. Entones el hombre a su izquierda mueve ligeramente un brazo con la intención de mostrarles su arma. No alcanzaron a verla, era noche cerrada, pero la argucia funcionó y el coche, acelerando, desapare de nuevo en la noche.
En la huída, Michael les siguió con la mirada. El hijo del pastelero, a su izquierda, trataba de retomar el aliento. Echó mano a su paquete de cigarrillos, pero éstos se escurrían entre sus temblorosos dedos. Su improvisado compañero de guardia le ayudó en la tarea al tiempo que le agradecía la ayuda prestada. Cuando prendió el mechero, Michael fue consciente de ello: su pulso se mantenía inalterado; su corazón helado destempló de una punzada todo su ser. En ese instante certero lo supo. Él, que renegaba, era el más apto de la familia.
18 de febrero de 2013
11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sorprenden las películas de Víctor Gaviria. Uno no puede dejar de preguntarse cómo este cine es posible. El antioqueño es el único embajador del que tengo conocimiento con la autoridad de sellar visados a uno de los pozos más negros y profundos de entre todos los que conforman las sociedades humanas. Cuando la intención es importar el hedor que de estos lugares emanan de poco sirve levantar decorados y contratar a actores debidamente formados en el Actor’s Studio. El hiperrealismo de Gaviria se sostiene utilizando como materia prima la misma miseria que pretende describir, sólo así podremos tan siquiera comprender de lejos el mal que corroe a Rodrigo, un chaval de veinte años en Europa y un ‘culicagao’ consumido hasta la médula en las laberínticas calles del extrarradio del Medellín de aquel tiempo.

Pero esta película va más allá de su incalculable valor informativo. Cada plano, cada secuencia rodada por el colombiano, esconde mucho CINE. La imposibilidad de recrear ambientes controlados, y una más que sospechada limitación presupuestaria, son contratiempos de peso y que, sin embargo, Gaviria sortea (dentro de lo posible) con admirable destreza, dotando a su obra de una coherencia y un ritmo muy meritorios. El conjunto resultante no sólo es interesante o recomendable, ‘Rodrigo D’ es una película necesaria, aunque nada más sea porque cualquier sitio puede ser un día una barrida en la ciudad de Medellín.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Aunque nada he leído al respecto, creo que el título de esta película hace referencia directa a una de las tres obras más importantes del neorrealismo italiano firmadas por De Sica, ‘Umberto D.’, un director famoso por emplear actores no profesionales para muchos de los papeles de relevancia en sus películas. En aquella ocasión el protagonista era un anciano cuya vida se ve reducida a las miserias de post-guerra hasta el punto de plantearse el suicidio. La redención de Umberto junto a las vías de tren en la famosa escena final puede ser interpretada como un fino haz de optimismo en el futuro del pueblo italiano. En Medellín, por el contrario, el trágico desenlace está escrito desde el comienzo. No hay salida posible para sus gentes.

La realidad imponía sus condiciones, y la película concluía con esta palabras: ‘Dedicada a la memoria de John Galvis, Jackson Gallego, Leonardo Sánchez y Francisco Marin, actores que sucumbieron sin cumplir los 20 años, a la absurda violencia de Medellín, para que sus imágenes vivan por lo menos el término normal de una persona.’
22 de marzo de 2014
10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un tal Robert William Paul fue el primero en seguir los pasos de los hermanos Lumière y Edison, y también él fabricó su propio cinematógrafo. Pero a este ingeniero inglés se le ocurrió que en lugar de simplemente verder su invento también podía alquilarlo, y fue así que la británica Brighton School le cogió la delantera a sus archienemigos franceses y americanos. Pues bien, si alguien destacó entre este grupo de pioneros fue George Albert Smith, quien además de constuirse también su propia cámara, aportó al lenguaje cinematográficos sus primeras palabras.

En 1898 grabó al frente de una locomotora para que el público pudiera sentir la sensación del movimiento. Esta película, comunmente conocida como el 'paseo fantasma', fue todo un éxito, y un año más tarde graba este cortometraje en el que va un paso más allá combinando dos secuencias, una exterior y otra interior en lo que viene siendo el primer intento de decir: <mientras tanto...>, puede que el primer balbuceo del incipiente lenguaje cinematográfico.

Datos recogidos del libro 'Historia del Cine', de Mark Cousins, muy pero que muy recomendable.
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