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España España · sevilla
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Voto de Vendetta:
5
Voto de Vendetta:
5
Terror. Thriller El Dr. Kelson (Ralph Fiennes) se ve envuelto en una nueva y sorprendente relación, cuyas consecuencias podrían cambiar el mundo tal y como se conoce,. Por otra parte, el encuentro de Spike (Alfie Williams) con Jimmy Crystal (Jack O'Connell) se convierte en una pesadilla de la que el chico no puede escapar. En este mundo, los infectados ya no son la mayor amenaza para la supervivencia, ya que la inhumanidad de los supervivientes puede ... [+]
17 de enero de 2026
5 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
28 años después: El templo de huesos es esa clase de secuela que parece haber olvidado, con sorprendente convicción, por qué la saga se llamaba 28 y no Humanos haciendo cosas deplorables durante dos horas. Zombis hay pocos, casi anecdóticos, como figurantes que llegaron tarde al rodaje y ya no tenían diálogo. El apocalipsis aquí no lo provocan los infectados, sino los guionistas.

La película parece cansada de su propio legado y decide reinventarse como una especie de desfile de violencia gratuita, sadismo sin propósito y sectas satánicas con una estética tan oscura que ni el Batmóvil con las luces largas podría atravesarla. Todo muy intenso, muy “mírame qué profundo soy”, pero con la sutileza de un martillazo en el cráneo.

El foco narrativo se desplaza a personajes que parecen sacados de otra película —una peor— y la trama avanza a base de casualidades milagrosas y decisiones cuestionables. La sensación general es que alguien dijo: “¿Y si en vez de tensión, miedo y desesperación… ponemos cosas?” Y nadie tuvo el valor de responder: “No”.
El resultado es una película que no da miedo, no emociona y no respeta ni su propio universo. Eso sí, violenta es un rato. Porque claro, si no sabes qué contar, siempre puedes arrancarle la cabeza a alguien y esperar que el público confunda impacto con profundidad.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Lo del médico y su amigo zombi merece entrar directamente en los anales del “¿pero quién aprobó esto?”. Tenemos a un infectado yonqui de la morfina, como si el virus de la rabia hubiera decidido hacerse un máster en farmacología y control de impulsos. Y, por supuesto, este experimento con patas no solo no es eliminado a los cinco segundos —como dictaría cualquier cerebro funcional— sino que se convierte en la clave de la salvación de la humanidad. Porque nada grita rigor científico como “oye, mira qué casualidad, acabo de descubrir la cura mientras improvisaba”.

El mensaje parece ser: décadas de colapso, millones de muertos, civilización pulverizada… pero tranquilos, que un médico random y su colega medio podrido lo solucionan entre pinchazo y pinchazo. El virus más letal del cine cae derrotado por el equivalente narrativo de “pues probé esto y funcionó”. Brillante.

El tema del padre de Spike es directamente cine de Schrödinger. Al principio le arrancan la cabeza —detalle menor, supongo— y luego la película decide que ese personaje entra en modo NPC desactivado. No se menciona, no se explica, no se llora. O es otro padre idéntico, o resucitó, o alguien del equipo pensó: “bah, continuidad es para cobardes”. Patatas. Literalmente patatas.
Chi Lewis-Parry
Y las sectas satánicas… madre mía las sectas. Grupos violentos con cero carisma, cero trasfondo y cero sentido narrativo, cuya única función es demostrar que los humanos son malos. Gracias, película, no nos habíamos dado cuenta en las dos horas anteriores de torturas, ejecuciones y crueldad gratuita. Todo envuelto en una oscuridad visual tan exagerada que sospecho que el director odiaba la electricidad.

El sadismo ya ni intenta justificarse. No construye tensión, no aporta discurso, no revela nada nuevo sobre la condición humana. Es violencia por la violencia, como si el guion tuviera un contador de atrocidades que había que llenar antes de los créditos finales. Una carnicería emocional sin propósito, sin consecuencia y sin alma.

En definitiva, 28 años después: El templo de huesos no traiciona a la saga por arriesgar, sino por aburrir, por creerse inteligente mientras improvisa, y por cambiar el terror por un festival de decisiones estúpidas envueltas en solemnidad. Una película que confunde oscuridad con profundidad y brutalidad con valentía.

El virus no es lo peor que le pasa a este mundo.
El verdadero brote es el del guion.
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