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Voto de jcarreira17:
10
Voto de jcarreira17:
10
7.9
18,513
Serie de TV. Animación. Ciencia ficción. Acción. Fantástico
Serie de TV (1995-1996). 1 temporada. 26 episodios. En el año 1999, en la Antártida, ocurrió un cataclismo llamado "El Segundo Impacto", como resultado de un incidente ocasionado por unos seres conocidos como "Ángeles". Gran parte de la Tierra quedó devastada por el fenómeno, y la mitad de la población sucumbió en la catástrofe, aunque ahora la humanidad gradualmente se va recuperando. Años después, en el 2015, los "Ángeles" regresan y ... [+]
7 de mayo de 2026
7 de mayo de 2026
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Serie: Neon Genesis Evangelion (1995-1996)
Valoración: (10/10 - Obra cumbre)
Si hay una sola producción audiovisual en este mundo que justifique la devoción absoluta, el revisionado perpetuo y el fetichismo del coleccionismo, para mí, es indiscutiblemente Neon Genesis Evangelion. Permitirse ser un "friki" con esta obra no es un capricho estético ni una regresión infantil; es la reverencia lógica ante un artefacto cultural inagotable, un pozo insondable de pesudofilosofía que nos persigue desde la infancia porque, en el fondo, siempre ha hablado de las fracturas más profundas de nuestra propia psique.
Hideaki Anno perpetra aquí uno de los engaños más brillantes de la historia de la televisión: camuflar un tratado demoledor sobre la angustia existencial bajo el barniz contingente de un anime de mechas. Rápidamente comprendemos que los verdaderos monstruos no caen del cielo. El engaño, los secretos inconfesables y la maldad intrínseca vertebran a cada institución (NERV, SEELE) y a cada adulto de la serie (con Gendo Ikari como sumo sacerdote del narcisismo). Anno nos restriega por la cara que esa crueldad es inherente al ser humano, una tara biológica tan innata e ineludible como nuestro propio córtex prefrontal.
Valoración: (10/10 - Obra cumbre)
Si hay una sola producción audiovisual en este mundo que justifique la devoción absoluta, el revisionado perpetuo y el fetichismo del coleccionismo, para mí, es indiscutiblemente Neon Genesis Evangelion. Permitirse ser un "friki" con esta obra no es un capricho estético ni una regresión infantil; es la reverencia lógica ante un artefacto cultural inagotable, un pozo insondable de pesudofilosofía que nos persigue desde la infancia porque, en el fondo, siempre ha hablado de las fracturas más profundas de nuestra propia psique.
Hideaki Anno perpetra aquí uno de los engaños más brillantes de la historia de la televisión: camuflar un tratado demoledor sobre la angustia existencial bajo el barniz contingente de un anime de mechas. Rápidamente comprendemos que los verdaderos monstruos no caen del cielo. El engaño, los secretos inconfesables y la maldad intrínseca vertebran a cada institución (NERV, SEELE) y a cada adulto de la serie (con Gendo Ikari como sumo sacerdote del narcisismo). Anno nos restriega por la cara que esa crueldad es inherente al ser humano, una tara biológica tan innata e ineludible como nuestro propio córtex prefrontal.

Lo que eleva a Evangelion a la cima del arte es su estructura de tragedia clásica gravitando sin frenos hacia lo imposible. Shinji, Asuka y Rei no son héroes de acción; son sujetos arrojados a un escenario absurdo, obligados a pilotar monstruos orgánicos que funcionan como ataúdes claustrofóbicos. Sus cabinas, los Entry Plugs, son espacios de alienación y parálisis absolutas, escenarios de aislamiento que dialogan de tú a tú con los personajes inmovilizados en cubos de basura o montículos de arena del teatro de Beckett. Es la escenificación pura del pesimismo: la imposibilidad de conectar, la imposibilidad de huir, la imposibilidad de existir sin dolor.
La serie hace suya la filosofía de Schopenhauer de manera explícita a través del "Dilema del erizo": la condena ineludible de que acercarnos a los demás implica mutilarnos mutuamente. Todos los personajes operan desde esa herida original. Son ecos de ese "Hombre del subsuelo" dostoievskiano, lamiéndose las heridas, deseando el contacto humano pero aterrorizados por el juicio y la mirada del Otro. El colapso psicológico de los últimos episodios no es un fallo narrativo por falta de presupuesto, sino el desmantelamiento necesario de toda ilusión. Es el descenso final al abismo del yo, donde las máscaras caen y queda al descubierto la vacuidad aterradora de la existencia humana. Es el viaje paralelo interior de Shinji mientras se consuma la gran obra de la humanidad de The End of Evangelion.
La serie hace suya la filosofía de Schopenhauer de manera explícita a través del "Dilema del erizo": la condena ineludible de que acercarnos a los demás implica mutilarnos mutuamente. Todos los personajes operan desde esa herida original. Son ecos de ese "Hombre del subsuelo" dostoievskiano, lamiéndose las heridas, deseando el contacto humano pero aterrorizados por el juicio y la mirada del Otro. El colapso psicológico de los últimos episodios no es un fallo narrativo por falta de presupuesto, sino el desmantelamiento necesario de toda ilusión. Es el descenso final al abismo del yo, donde las máscaras caen y queda al descubierto la vacuidad aterradora de la existencia humana. Es el viaje paralelo interior de Shinji mientras se consuma la gran obra de la humanidad de The End of Evangelion.

Evangelion no ofrece consuelos baratos ni catarsis liberadoras tradicionales. Es una obra maestra monumental precisamente porque se atreve a mirar fijamente al vacío y a sostenerle la mirada. Una poética de la desesperación que, paradójicamente, al diseccionar de manera tan clínica nuestra soledad y nuestra inevitable miseria compartida, nos hace sentir un poco menos solos en este mundo absurdo. Una obra eterna.
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