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Voto de Revista Contraste:
3
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3
Drama. Musical Inspirada en hechos reales, se centra en la líder religiosa Ann Lee, fundadora del Movimiento Shaker a finales de la década de 1770, llegó a construir una de las sociedades utópicas más grandes de la historia de Estados Unidos. Los seguidores de Lee la consideraban el Jesucristo femenino, y sus fieles le rezaban cantando y bailando. (FILMAFFINITY)
24 de marzo de 2026
12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ann Lee fue un personaje real, poco conocido fuera de su Manchester natal y de la zona de Estados Unidos en la que desarrolló la mayor parte de su actividad religiosa y donde murió. Una mujer que se pone al frente de una comunidad religiosa, o que la funda, era algo habitual en el mundo católico, pero no en el protestante y, entre otras cosas, por eso tuvo que emigrar a las colonias inglesas de América. Acercar este interesante perfil era, en este comienzo de siglo donde se lucha por visibilizar a las mujeres, una tarea pendiente que el cine podía realizar. Y todavía puede, ya que la propuesta de Mona Fastvold deja mucho que desear.

El guion se centra en Ann Lee, como mujer, y en lo más anecdótico de su mensaje: los bailes o movimientos con los que, supuestamente, el Espíritu Santo expulsaba el pecado de sus cuerpos, por lo que a sus seguidores les llamaron “shakers”. Esta circunstancia parece que dio pie a Fastvold para convertir en una especie de musical este biopic. Pero como todo en este film, se queda en un intento fallido. La música, bella, y los bailes “agitados” son siempre iguales, no hay ningún cambio de ritmo ni de melodía por lo que son tremendamente repetitivos, lo que lleva al aburrimiento y finalmente a la exasperación. 136 minutos es demasiado para tan poca variedad musical y coreográfica.
Amanda Seyfried
Entiendo que los realizadores tampoco querían o sabían describir su pensamiento religioso. Su rechazo al sexo no encaja con el empoderamiento actual de la mujer y dicho puritanismo lo compensa Mona Fastvold multiplicando cansinamente las escenas de sexo explícito. Tampoco otras partes de la doctrina o la moral de los “shakers” se reflejan y esta ausencia la equilibra con críticas poco sutiles a todo tipo de religión.

En definitiva, el tres que lleva por nota corresponde: uno al vestuario, otro a la fotografía y el tercero para Amanda Seyfried, la única que parece tomarse en serio su papel. El resto de sus correligionarios parecen alumnos de la Julliard, o de la antigua serie Fama, preparando la audición final del curso.

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