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España España · barcelona
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Voto de avanti:
7
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7
Comedia Una familia, propietaria de una fábrica de turrones, va a Madrid para promocionar sus productos en una feria gastronómica. Esta decisión la toman contra la opinión del patriarca y creador de la empresa, don Fernando Planchadell, que, fiel a sus principios, se resiste a toda innovación. Los maestros Berlanga y Azcona, aunque lejos de su mejor época artística, se vuelven a rodear de excelentes actores para conseguir uno de los mayores ... [+]
13 de febrero de 2017 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dos décadas después de iniciado el siglo XX, y con las primeras calores del verano de 1921, vino al mundo de los vivos Luis García Berlanga, el mismo que se nos fue después de iniciado el siglo XXI, con los primeros días del invierno de 2010. Antes de decidirse por el cine pasó por estudiar derecho y filosofía y letras. Desde esa pareja feliz (1951), codirigida con Juan Antonio Bardem a El sueño de la maestra (2002), Berlanga ha ido retratando a una sociedad pacata, timorata, tímida, gritona, interesada, salvavidas, bullanguera, autosuficiente, panderetera, socialmente conformista dadas las circunstancias, y alegre por decreto, o casi. Es en este entorno vivencial y de coloridas situaciones humanas en el que Luis crea sus películas de amplio espectro coral con la excepción de la intimista Tamaño natural (1973).

Junto a Rafael Azcona, Berlanga escribe el guión para Moros y Cristianos, estrenada en 1987, donde da vida a la turronera Planchadell y Calabuig, convidando al respetable (venía de darse un paseo por las trincheras de La vaquilla, 1985), a la degustación de sus turroneros productos navideños: garnacha, yema, almendra...en la madrileña feria gastronómica de la mano del cabeza de familia y creador de la marca turronera Don Fernando (Fernando Fernán Gómez).

En un lenguaje llano, directo y sin adornos posturales forzados, Berlanga visualiza y agiliza las escenas y la multiplicidad de caracteres y situaciones de forma coral, presentándonos a la variopinta "patulea" al más puro estilo berlanguiano, camino de la capital, con las pastillas de turrones como solución a complicadas situaciones viarias en las que Agustín (Agustín González), Joan (Joan Monleón), Pepe (Pedro Ruiz), o el mismo Don Fernando, tratan de salir adelante entre sugerentes regalos turroneros y incontenibles micciones.

La evolución de los personajes, entre los cuales Monique (Verónica Forqué), son presa de los caprichos y necesidades de Marcial (Andrés Pajares) insaciable mujeriego y en ocasiones codicioso jugador de billar. Su labor de intermediario entre padre e hijos crea situaciones de verdadero aunque ordenado caos gestual y emocional, llegando a magnificarse cuando Jacinto López (José Luis López Vázquez) asesor de imagen, Cuqui Planchadell (Rosa María Sardá) metida en política, la criada (Diana Peñalver) o Marcella (María Luisa Ponte) la insigne belcantista retirada de los escenarios pero no del buen marisco; introducen en las diferentes situaciones problemas añadidos a los ya traídos desde Xixona por la familia Planchadell y Calabuig.

Las actuaciones de otros personajes, generalmente cameos, ensalzan las diferentes escenas en ocasiones enredadas y variopintas situaciones de acción y reacción, casos que se dan entre otros con Antonia (Chus Lampreave), Olivares (Antonio Resines), Fray Félix (Luis Escobar), camarero (Emilio Laguna), jugador de billar (José Luis Coll), la esposa de Pepe (Chari Moreno), o el pollo a la pularda de Luis Ciges y Elena Santoja. El amplio elenco, como gustaba a Luis, completa la visual película que nos aboca a resultados de conformismo y aceptación entre enormes anuncios turroneros, el ego de sentirse importante y la codicia que no respeta la economía familiar ni tan siquiera en los momentos de pesadumbre, sobreponiéndose y elucubrando sobre el futuro inmediato.

Berlanga siempre quiso, procuró y lo consiguió entrecruzar a sus personajes en su paradigmática filmografía utilizando a menudo en la caracterización de sus intérpretes la compasión, la pasión, el engaño, la fidelidad, la entrega, el mimetismo, los sueños o la realidad pura. Las relaciones humanas siempre fueron una fuente de agradable y real formación para quien quiera entender la vida día a día entre grandes planos generales en los que dominaban, y dominan, las totalidades de los grupos cual masa coral dispuesta a interpretar con su acompasado balanceo la mejor música al ritmo de los redoblantes tambores y sus mejores pertenencias emocionales, en Moros y Cristianos de la mano del maestro.
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