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España España · barcelona
Críticas de avanti
Ordenadas por:
311 críticas
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7
8 de enero de 2018
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
1973. The most dangerous match (La partida más peligrosa) dirigida por Edward Abroms es el septimo telefilm de la segunda temporada y diecisiete de la serie, donde reyes y reinas junto al abultado séquito completado por grandes torres, bravos caballos, ágiles alfiles y un nutrido grupo de serviles peones, plantean una peligrosa partida de ajedrez donde se enfrentan la veteranía y la juventud envueltos en un mar de coloridas nieblas sobre un tablero de ajedrez y dos cerebros en el juego ajedrecístico donde se impone la lógica del veterano entre gigantescas figuras móviles que se mueven acosadoras hacia el joven cerebro entre distorsionados planos angulares y planos subjetivos de visión impactante en el enrarecido ambiente psicodélico de una mente agobiada, preocupada y confusa que repentinamente despierta de su pesadilla confuso y bañado en sudor frío con un acusado grado de preocupación marcado en el rostro del joven maestro ajedrecista Emmett Clayton (Laurence Harvey).

Tomlin Dudek (Jack Kruschen) es el veterano ajedrecista lleno de amabilidad que se enfrentará en la partida que señalará al campeón del momento. Además del ajedrez hay un nexo común Linda Robinson (Heidi Brühl), expareja del joven ajedrecista, y secretaria personal ahora de Tomlin, encargada de llevar los asuntos profesionales veterano del campeón, entre los cuales organizar un encuentro secreto, fuera de cámaras, paparazzi y del omnipresente guardián y entrenador de Tomlin: Mazoor Berozski (Loyd Bochener, para saludarse y hablar sobre la partida que les enfrentarán, reunión de la que se iniciarán los problemas.

Emmett Clayton con un meditado plan pretende rehuir del enfrentamiento debido a su inseguridad profesional no demostrada para el esperado enfrentamiento entre campeones para lo que planea un plan de eliminación del veterano ajedrecista, dando pie posteriormente a la intervención del teniente Colombo con sal y pimienta entre las manos junto a una camisa con olor a ajo adobado. El telefilm toma un cariz de verdadero thriller desde el momento en el que se denuncia la breve desaparición Tomlin Dudek y el posterior hallazgo en su habitación con claros síntomas de envenenamiento.

La investigación de Colombo centrada en el joven campeón con la estrategia del constante acoso a quién, con imperturbable insistencia emocional va desglosando sus sospechas hasta llegar al lugar de los hechos en un alarde de premeditada confusión ante el ajedrecista y su sordera, minusvalía que juega un importante papel en el esclarecimiento de los hechos.

Buena dinámica en la narración de este telefilm que mantiene la atención sin ningún esfuerzo dentro de la fórmula narrativa que la serie ha mantenido desde el principio con base en contar historias diferentes y cerradas en cada ocasión, con renovado elenco en los diferentes telefilms y la única permanencia del personaje central y su invisible familia presidida por su ‘omnipresente mujer’, además de los necesarios secundarios que completan la trama narrativa, entre los cuales el Camarero (Oscar Beregi Jr.), el Sargento (Dabney Coleman) y un habitual y fiel canino ‘Perro’.

Complemento genealógico: Colombo cita a su mujer en dos ocasiones y a la madre de esta en una ocasión, también en una ocasión cita a un primo segundo suyo y, en otra ocasión a su abuelo.
avanti
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7
5 de marzo de 2017
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Warren Beatty y Buck Henry, realizaron en el año 1978 un curioso remake de El difunto protesta (1941) de Alexander Hall: El cielo puede esperar, con guión de la veterana Elaine May y Warren Beatty. Ambos directores venían de una conocida carrera interpretativa entre la que destacamos: Esplendor en la hierba (1961) del gran Elia Kazan, y Juventud sin esperanza (1971) de Milos Forman (Beatty y Buck respectivamente). Sus intervenciones en una comedia celestial entretenida y fácil de asumir donde se mediatiza incluso al poder divino, nos da un resultado ameno y entretenido en su conjunto.

El guión, basado en la obra Heaven can wait del americano Harry Segall, nos presenta la imposible relación...a veces, entre alma y materia, representado en el inexperto y algo malhumorado escolta celestial The Escort (Buck Henry), y el terrenal deportista Joe Pendleton (Warren Beatty) cuya única meta es jugar para ganar el campeonato
de fútbol americano bajo la supervisión del amigo y entrenador Max Corkle (Jack Warden).

La narración nos lleva por el camino de la equivocación celestial a la solución mediática de Mr. Jordan (James Mason) en una sobria interpretación como director en la Estación de tránsito, hasta donde llega el sorprendido Joe Pendleton convencido del error que se ha cometido con él. Betty Logan (Julie Christie) es la joven activista que hace dudar al deportista sobre su transitoriedad entre los vivos en el cuerpo ajeno de un tal Mr. Farnsworth sin que sospeche en absoluto la verdadera identidad de este.

Las escenas de situación rayanas en el paroxismo del secretario Tony Abbott (Charles Grodin) y la Sra. Farnsworth (Dyan Cannon), se completan con el esmerado servició de la mansión: el elegante y servicial Sisk (Joseph Maher), el preocupado mayordomo Bentley (Hamilton Camp) y sus detallados servicios con el vestuario, el cuasi ausente aunque servicial Everett (Arthur Malet), entre un largo elenco de intérpretes, convierten los gags en divertidas y amenas situaciones de enredo, donde no podía faltar un investigador, personificado en el gran secundario de la comedia Vicent Gardenia, como Inspector Krim. Las escenas se suceden de forma paralela entre un estadio repleto y un salón comedor también repleto...de sospechosos con un representante de la ley tratando de hacer su trabajo.

A pesar de los problemas surgidos entre los celestiales personajes y los mundanos humanos, Warren Beatty y Buck Henry, logran una comedia sin asperezas ni agrios protocolos conductuales gratuitos, derivando en un resultado final que deja la agradable sensación de intemporalidad, mereciendo ser visionada como un excelente y entretenido remake con personalidad propia al más puro estilo hollywoodiense con fotografía de William A. Frake y la acertadísima música de Dave Grusin guiándonos a través de un entramado limbo celestial...en la Tierra.
avanti
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7
19 de julio de 2018
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Casi un caballero es una película de José María Forqué realizada en 1964, en la que se narran las vicisitudes de unos cuantos ladronzuelos y un elegante y sofisticado ladrón de guante blanco, de cómo llegan a confraternizar ambos especímenes apropiadores de lo ajeno y de cómo resuelven sus problemas antes de ser sorprendidos por un inspector dedicado a su trabajo: encontrar pistas.

En escena Agustín (Alfredo Landa), ladronzuelo melómano, todo un padrazo que en todo momento se acuerda de su querida família, incluso cuando trabaja. Entregado a su faena no percibe la presencia de los propietarios de la casa: Susana (Concha Velasco) y Gabriel Mostazo (José Luis López Vázquez), sorprendidos por descubrir al ladronzuelo no tardan mucho tiempo en dejarse convencer para llegar a un acuerdo mediante la ñoñería ramplona del ladronzuelo, hasta que aparece un nuevo personaje en escena.

Alberto (Alberto Closas), representa a la alta clase social entre ladrones de guante blanco, que utilizan la discreción y el sofisticado disimulo en sus fechorías, combinando las relaciones amorosas con la eficacia del robo sin violencia con mínimos desperfectos. Se presenta como el propietario de la casa. Utilizando el subterfugio, les convence hasta el punto en el que han de abandonarla, pero algo inesperado ocurrirá en sus vidas.

El elegante ladrón les propone a los sorprendidos pillastres un plan meditado largo tiempo para hacerse con una obra de arte de incalculable valor. En la visita al edificio de estilo renacentista donde se custodia la pintura, Agustín, Gabriel, Susana y Alberto, se unen a un grupo de visitantes conducidos por la sin par Gracita Morales, Guia turística del museo, momento que aprovechan para conocer mejor el edificio. Con lo que no contaban los ladronzuelos es con el factor sorpresa.

Eduardo Montalbán (Alfredo Mayo), es un inspector de policía que sigue el caso de un robo, casualmente conoce a Alberto, amigo de infancia, entablándose una conversación que aclararán la situación de los pillastres Agustín y Gabriel, torpes hasta para huir; de la sensual Susana, aprendiza de ladrona que dudará hasta el último minuto sobre sus verdaderos sentimientos hacia Alberto quien, liberado de su peligrosa carga artística decide, junto a la bella ladronzuela enderezar sus destinos...

Interesante metraje de Forqué en el que el exhaustivo trabajo en la profundidad de campo aplicado a las múltiples escenas de Casi un caballero, convierte el metraje en objeto de estudio para conocer los espacios escénicos con distintos fondos de los personajes en plano fijo, a lo que colaboró la excelente fotografía del experimentado Juan Mariné que tanto hizo por su oficio junto a directores como (además de Forqué), Neville, Masó, Fernán Gómez o Sáenz de Heredia. Película de corte elegante y de notables contrastes entre sus personajes, donde lo que impera es el cerebro frío y calculador que poco puede hacer ante la bella Susana y su destacado mimetismo aplicado al personaje en el cuerpo de la genial actriz Concha Velasco.
avanti
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6
26 de abril de 2018
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Columbo goes to college (Colombo va a la Universidad) Es un telefilm dirigido por E.W. Swackhamer en 1990, primero de la decima temporada y cincuenta y seis de la serie. En ocasiones las tropelías de jóvenes universitarios derivan en graves consecuencias de todo tipo. Justin Rowe (Stephen Caffrey) y Cooper Redman (Gary Hershberger), son los ejemplos negativos a no seguir, se consideran intocables, poseedores de la razón, vengativos a ultranza y mentirosos a cualquier precio bajo la protección de unos padres influyentes gracias al poder económico y social que ejercen sobre la universidad donde sus irresponsables hijos intentan pasar el rato, hasta que son descubiertos en sus desmanes; entre los cuales algún ilegal acceso mostrado por el realizador en planos de seguimiento, detalle y contrapicados entre otros.

El profesor D.E. Rusk (James Sutorius) en un alarde de peligrosa honestidad previene a los jóvenes estudiantes, consecuencia de lo cual y tras inútiles intentos de diálogo filmado en un largo plano secuencia con ayuda de diferentes planos y espacios, planean el plan perfecto para sacarse del medio al responsable docente, mostrando una crueldad sin límites aplicada a la cruenta acción provocando la intervención del teniente de policía de Los Angeles Colombo (Peter Falk) quien encontrándose como orador invitado por el profesor Rusk, descubre posteriormente su inerte cuerpo.

Tras recabar los primeros datos del suceso y después de intercambiar algunas palabras con algunos de sus alumnos entre los cuales Sara (Elizabeth Swackhamer) y Ollie Sachas (Karl Wiedergott), Colombo centra su investigación a partir de algunos datos hallados que le llevan hasta diferentes ambientes sociales entre los cuales la vivienda de la ex amante June Clark (Katherine Cannon) y la de la viuda señora Rusk (Bridget Hanley); en un conjunto de variadas escenas resueltas destacando la utilización del plano medio. De todas las visitas extrae algún tipo de información útil para sus investigaciones que, con la dudosa ayuda de los jóvenes implicados Rowe y Redman, se van cumpliendo los objetivos y las sospechas.

Al parecer para los responsables universitarios y el benefactor Jordan Rowe (Robert Culp), algo no marcha, preocupados por la negativa imagen que está dando ante la opinión pública el centro docente que al pasar el tiempo no se ha esclarecido nada sobre el caso Rusk. La situación requiere con urgencia una solución. De forma interesada alguien desvía la atención hacia el desconocido Dominick Doyle (William Lucking), pronto comprobará Colombo qué ocultos intereses ajenos le ha guiado hasta ese inesperado sospechoso, el cebo perfecto para un presunto culpable, aclarándose la situación entre diferentes planos de exteriores en diversos encuadres.

Colombo en una clase magistral y, tras reunir todas las pruebas necesarias en sus investigaciones, recrea sobre el terreno los hechos que llevaron hasta el asesinato del profesor D.E. Rusk. Tanto los sorprendidos alumnos, como la dirección del centro, asisten a la inapelable demostración que aclararan los criminales incidentes de los indeseables vanidosos y prepotentes ejecutores envueltos subliminalmente en pieles de cordero por fuera y malvados como el diablo por dentro. Como último recurso para los implicados está la influencia paterna que, con toda probabilidad ante los incontestables hechos demostrados, poco o nada podrán hacer para exculpar a su maléfica prole.

Complemento genealógico. Colombo cita a su mujer en dos ocasiones, a una sobrina de su mujer en una ocasión y, otros personajes citan a los padres de Colombo en una ocasión.
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7
19 de enero de 2018
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Candidate for crime (Candidato al crimen). Dirigida por Boris Sagal en 1973, es el tercer telefilm de la tercera temporada, veinte de la serie y la segunda colaboración del realizador (La selva del invernadero, 1972); se trata pues, de un metraje que nos traslada hasta las interioridades de la política para un candidato a gobernador aplicada de manera nada confesable, donde se mezclan sentimientos encontrados en forma de amor y odio dependiendo de donde provenga. Nelson Hayward (Jackie Cooper), es el perfecto candidato convencido de su elección, con lo que no contaba era con el irascible temperamento de su jefe de campaña Harry Stone (Ken Swofford) y la inoportuna presencia de Linda Johnson (Tisha Sterling) secretaria personal de Vickie Hayward (Joanne Linville), la esposa del candidato.

Cansado de recibir órdenes y de que le programen su campaña electoral junto a su vida privada, y guiado más por la atracción del inconfesable idilio que mantiene con Linda, Nelson Hayward decide poner fin a la anomalía que para él representa el constante celo integral que sobre él ejerce su jefe de campaña, para lo cual planea un rocambolesco asesinato con preparativos previos en forma de engaño a quien se convertirá en su víctima pidiendo un último deseo antes de romper definitivamente con su amante para evitar posibles escándalos que puedan afectar a su campaña: suplantarle para despistar a la seguridad. El resultado mostrado no se hace esperar, como ya es tradición en los telefilms de la serie, de manera que una vez liquidado el asesor de campaña, Colombo entra en acción.

Como suele ser habitual, dando la apariencia de desubicación y despiste, hace su aparición Colombo, el invasivo visitante que nadie espera, identificándose por la desconfianza que genera su desgarbada presencia. Así, la engañada esposa del candidato a senador se muestra reticente, cediendo por insistencia que nuestro detective acceda finalmente a una tramada fiesta de aniversario en la que se da la noticia del asesinato del responsable de campaña. La irónica reacción mal disimulada por Nelson Hayward le hace sospechar a Colombo, momento a partir del cual y tras comprobar sus ‘pequeños detalles’, los que tiene oportunidad de exponer al ya sospechoso candidato, aboquen finalmente a su detención.

Sorprendida la engañada mujer y desilusionada la ingenua secretaria tras un fallido simulacro de atentado ingenuamente planeado y torpemente ejecutado hacia sí mismo, Nelson cae en la espiral que le llevará a su arresto por asesinato. La astucia, el razonamiento y la larga espera de Colombo frente a un teléfono le dan definitivamente la solución al caso del aspirante a senador, rodeado de destacados secundarios, entre los cuales Vito Scotti en el papel del estirado sastre Chadwick, del Comisionado (Regis Cordic) o el escrupuloso Harris (Sandy Kenyon) policía de tráfico, entre otros, que complementan un telefilm claramente diferenciable en (como es habitual) una historia cerrada en sí misma sin posibilidad de continuidad, solo nuestro personaje y su invisible familia son los hilos conductores de esta extraordinaria serie en formato de telefilm.

Complemento genealógico: Colombo cita a su mujer en siete ocasiones, también cita a su hermano (de Colombo) en una ocasión. En otro momento se refiere en plural a ‘todos ‘los componentes de su familia sin más especificaciones.
avanti
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