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España España · barcelona
Voto de avanti:
7
Comedia. Drama. Romance Ambientada en los años 20. Un lujoso Rolls Royce Phantom II de color amarillo va pasando, a través de los años, por las manos de los más extraños personajes. Así, será testigo de las pintorescas historias de amor que protagonizan sus dueños, todos ellos orgullosos de poseer tan elegante vehículo: un aristócrata inglés engañado por su esposa francesa, un gángster de Chicago que pasa las vacaciones en Italia con su prometida, y una ... [+]
30 de abril de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
The yellow Rolls-Royce (El Rolls-Royce amarillo) es una película dirigida por Anthony Asquith en 1964 con guión y historia de Terence Rattigan. Con más de treinta realizaciones en su haber, Asquith se lanzaría a la que podría ser una de las películas destacadas en su prolífica realización entre las que podríamos destacar Pigmalión (1938), La importancia de llamarse Ernesto (1952) o La millonaria (1960) en un cine que reboza estilo, refinamiento y cierto aire social de altos vuelos sabiamente mezclado con otras tendencias grupales reflejado del modo más ecuánime posible en tres historias empañadas por el engaño, el deseo y la cooperación alrededor de un imponente vehículo que, como los protagonistas, también notaría el paso del tiempo.

El Marqués de Frinton (Rex Harrison) y su amada esposa la Marquesa (Jeanne Moreau) se ponen al frente de un extenso reparto poniendo en juego la fiabilidad emocional de nuestro protagonista junto a la obligada actitud social para simular una situación surgida desde la irracionalidad del engaño más cercano y la apariencia que lo es todo, hasta llegar a lo más profundo de nuestro protagonista entre comportamientos obligados y actitudes esquivas donde un elegante coche se convierte en espectador imparcial de ciertos hechos.

Mae Jenkins (Shirley MacLaine) satisfecha con los caprichos que su ‘fidanzato’ Paolo Maltese (George C. Scott) le colma, no puede sentirse más alagada después de recibir el regalo del imponente vehículo que, aunque usado, no pierde su esplendor encajando con el paisaje italiano escenario de un capricho amoroso donde el joven fotógrafo Stefano (Alain Delon) se interpone en su camino, jugando a la conquista amorosa de quien susurra ‘sottovoce’ o se declara desde el indisimulado deseo frente a unos resultados que les hace volver a la realidad vigilada por Joey Friedlander (Art Carney).

Gerda Millett (Ingrid Bergman) asume la elegancia, la calma y la actitud correcta de quien vive en un ambiente económicamente estable y altamente educado, aunque la situación en la que se encuentra no le da otra opción que marchar de un lugar donde el peligro acecha sin remisión, acudiendo como medio de transporte a un coche que vio mejores tiempos en su carcasa pero útil hasta la extenuación para salir del peligroso infierno en el que se encuentra en un viaje en el que experimenta la bondad, el amor y la cooperación junto al enigmático Davich (Omar Sharif).

La película perfectamente hilvanada entre historias nos presenta en todo momento la problemática social entre entendimiento y reacción representada en diferentes niveles sociales por el nexo común del Phantom II que, aunque silencioso en reposo, no duda en rugir cuando se le utiliza frente a la egregia actitud de los Frinton, el garbo de Mae y Paolo, o la calmada actitud de Gerda.
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