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Voto de NeoJ:
7
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7
7.2
9,031
16 de noviembre de 2016
16 de noviembre de 2016
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Spinal Tap es una película tremendamente adelantada a su tiempo. Si la película hubiera salido hoy en día la cosa sería diferente, pero ver una película así en 1984 era cuanto menos inusual.
Para empezar, la mera idea del falso documental ya la convierte en inusual. Hoy en día el género está más de moda, y podemos ver grandes comedias con esta estructura como la gran "Lo que hacemos en las sombras", pero Spinal Tap acaba siendo pionera en un género que es capaz de dar grandes momentos cómicos gracias a su composición de sketches en lugar de un hilo argumental definido y marcado.
Spinal Tap es graciosa por sí misma, aunque bien es verdad que eché en falta más golpes durante su parte final. Las ocurrencias de Rob Reiner harán gracia a todo tipo de público pero despertará la carcajada en aquellos que compartan su contexto y que además estén dispuestos a reírse de ello. Un contexto con el heavy/hard rock ochentero como protagonista que recuerda a bandas como los inicios de Judas Priest o Kiss y del que Spinal Tap acaba riéndose otorgando ese punto de sátira dolorosamente verdadera.
Y es que Spinal Tap acaba siendo una cinta casi premonitoria. Como digo, haber hecho una película así en la actualidad, "a toro pasado", hubiera sido más fácil, pero por aquél entonces realizar semejante parodia del mundillo y añadirle esa crítica que parece superficial pero que acaba siendo profunda. En Spinal Tap ocurren situaciones que reconoces de bandas diversas que, en 1984, todavía estaban en formación.
Imprescindible para todo tipo de público.
Para empezar, la mera idea del falso documental ya la convierte en inusual. Hoy en día el género está más de moda, y podemos ver grandes comedias con esta estructura como la gran "Lo que hacemos en las sombras", pero Spinal Tap acaba siendo pionera en un género que es capaz de dar grandes momentos cómicos gracias a su composición de sketches en lugar de un hilo argumental definido y marcado.
Spinal Tap es graciosa por sí misma, aunque bien es verdad que eché en falta más golpes durante su parte final. Las ocurrencias de Rob Reiner harán gracia a todo tipo de público pero despertará la carcajada en aquellos que compartan su contexto y que además estén dispuestos a reírse de ello. Un contexto con el heavy/hard rock ochentero como protagonista que recuerda a bandas como los inicios de Judas Priest o Kiss y del que Spinal Tap acaba riéndose otorgando ese punto de sátira dolorosamente verdadera.
Y es que Spinal Tap acaba siendo una cinta casi premonitoria. Como digo, haber hecho una película así en la actualidad, "a toro pasado", hubiera sido más fácil, pero por aquél entonces realizar semejante parodia del mundillo y añadirle esa crítica que parece superficial pero que acaba siendo profunda. En Spinal Tap ocurren situaciones que reconoces de bandas diversas que, en 1984, todavía estaban en formación.
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