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Voto de Criticoenserio:
9
Voto de Criticoenserio:
9
6.3
7,062
Terror. Thriller
El Dr. Kelson (Ralph Fiennes) se ve envuelto en una nueva y sorprendente relación, cuyas consecuencias podrían cambiar el mundo tal y como se conoce,. Por otra parte, el encuentro de Spike (Alfie Williams) con Jimmy Crystal (Jack O'Connell) se convierte en una pesadilla de la que el chico no puede escapar. En este mundo, los infectados ya no son la mayor amenaza para la supervivencia, ya que la inhumanidad de los supervivientes puede ... [+]
22 de enero de 2026
22 de enero de 2026
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
28 años después: El templo de los huesos tiene una tarea muy complicada, y es la de ser la mitad de una trilogía: no tener un comienzo y no poder dar un cierre a la historia. Una tarea muy difícil, pero que ha jugado muy a favor de la cinta de Nia DaCosta, porque no se ha enredado en introducciones ni en ambientar el universo. Ya lo conocemos y ahora vamos a explorar qué sucedería en él. Y, francamente, entre ella y el guion de Alex Garland han dado en el clavo con una película compleja en lo político, densa en lo religioso, pero sobre todo increíblemente entretenida y con un aire punk tan radical que me ha entusiasmado.
Aquí no han pasado ni 28 horas cuando nuestro protagonista, el idílico Alfie Williams, abandona el Templo de los Huesos de Ralph Fiennes y es interceptado por una banda vestida con chándales de colores. Muchos los compararon con los Teletubbies o con los Power Rangers, pero la única verdad es que son los “Jimmys”, una referencia clarísima a Jimmy Savile.
Aquí no han pasado ni 28 horas cuando nuestro protagonista, el idílico Alfie Williams, abandona el Templo de los Huesos de Ralph Fiennes y es interceptado por una banda vestida con chándales de colores. Muchos los compararon con los Teletubbies o con los Power Rangers, pero la única verdad es que son los “Jimmys”, una referencia clarísima a Jimmy Savile.

Jimmy Savile fue una de las figuras más famosas de la televisión británica durante décadas y, tras su muerte, se reveló como uno de los mayores abusadores sexuales de la historia del Reino Unido. Para quien no lo sepa, fue caballero del Imperio Británico, presentador de programas infantiles y recaudó millones para obras benéficas. Al mismo tiempo, abusó sexualmente de cientos de personas —muchas de ellas niños— durante más de cuarenta años, utilizando su poder, su fama y la protección institucional de la que gozaba.
Los abusos se cometieron en los propios estudios de la BBC y en hospitales en los que recaudaba dinero, incluidos hospitales psiquiátricos. Sobre todo esto existen el documental Jimmy Savile: A British Horror Story (Netflix) y la serie protagonizada por Steve Coogan titulada The Reckoning.
¿Por qué cuento todo esto? Porque creo que, conociendo este contexto, la película adquiere una dimensión extra. Entender cómo una figura real utilizó su poder para cometer el mal permite leer esta nueva revisión de otra manera. De hecho, el propio villano llama a sus torturas “Charity” (caridad), una forma retorcida de enmascarar el terror que se esconde detrás. Exactamente lo que sucedió en la vida real.
Los abusos se cometieron en los propios estudios de la BBC y en hospitales en los que recaudaba dinero, incluidos hospitales psiquiátricos. Sobre todo esto existen el documental Jimmy Savile: A British Horror Story (Netflix) y la serie protagonizada por Steve Coogan titulada The Reckoning.
¿Por qué cuento todo esto? Porque creo que, conociendo este contexto, la película adquiere una dimensión extra. Entender cómo una figura real utilizó su poder para cometer el mal permite leer esta nueva revisión de otra manera. De hecho, el propio villano llama a sus torturas “Charity” (caridad), una forma retorcida de enmascarar el terror que se esconde detrás. Exactamente lo que sucedió en la vida real.

Aquí se tira del hilo de Savile y explora precisamente la explotación del mal por parte de ciertos líderes, de gente con poder y cómo lo utilizan cuando detectan una oportunidad. En 28 años después, el mundo se ha desmoronado y emerge un líder de secta que afirma ser el hijo de Satán. Recluta a sus seguidores —sus “Jimmys”—, los obliga a pelear a muerte
Una de las cosas que más me han gustado de esta película es que recoge el universo construido por Danny Boyle, baja el ángulo, se detiene y decide contar esta historia concreta.
El cambio de manos a Nia DaCosta le sienta de lujo: su mirada es punk, radical, desatada. La película parece un disco de rock: baladas de amor entre Samson y el doctor Ian Kelson y locura absoluta en una de las escenas del año, con un Ralph Fiennes completamente entregado. DaCosta, además, abandona ese estilo Boyle de montaje y aporta su propio aire jugando mucho con el fuera de campo y algunas de las escenas más crudas empiezan, cortan y vemos el final porque es peor lo que nuestra mente puede hacer que si lo especifica. Creo que eleva la crudeza, la violencia y la brutalidad al máximo, convirtiendo 28 años después: El templo de los huesos en un viaje retorcido y alucinante por la inhumanidad. Aquí el terror no son los infectados, sino la maldad humana, y eso para mí es más escalofriante.
Entonces, en una de las líneas argumentales de la historia, tenemos esa exploración sobre los cultos y sobre cómo, ante el miedo, siempre surgen líderes dispuestos a aprovechar la desgracia. La lectura contemporánea es evidente, aunque aquí, a diferencia de las noticias, el “hombre naranja” no sea el villano. Vivimos un momento de división extrema, con líderes que utilizan el odio y el miedo para imponer su narrativa en beneficio propio. Llámalo Trump, llámalo Netanyahu o llámalo Abascal. Un tridente del mal trasladado aquí al terreno del terror, haciendo lo que el género siempre ha hecho en su mejor versión: hablar del presente y jugar con él. El guion de Alex Garland lo hace de forma radical. Es cierto que tiene la sutileza de un neón en medio de la niebla, pero creo que, con el tono visual de la cinta, DaCosta integra todo en un mensaje nihilista y fluido que se pregunta, en voz alta, por qué un Dios, de existir, habría abandonado este mundo para convertirlo en un infierno y por qué permite que actúe de esta manera.
Quiero mencionar, dentro de esta composición del universo, lo maravillosos que están Jack O’Connell como líder del culto —aterrador, brillante, loco y, en el fondo, patético— y, por supuesto, Ralph Fiennes, que se roba la película no solo en la escena musical del año, sino también en la parte humana de su búsqueda de una cura y en su relación con Samson, drogas mediante, que abre una lectura sobre el uso de la psiquiatría y la psicología. Otro tema más.
El templo de los huesos puede no contentar a todos porque carece de una estructura narrativa convencional y, en ocasiones, mantiene una distancia frustrante con sus personajes. Spike pasa gran parte de los 109 minutos de metraje como un recipiente del trauma, observando horrores que ningún niño debería ver, pero… poco más.
Pero esos flashes, esa falta de desarrollo de algunas piezas, son meras brochas en un collage que siempre me ha entretenido, que me ha hecho reflexionar mucho y que está enmascarado en una “falsa” película de zombis. Para mí, una cinta punk, radical, rockera y con mucho que decir. Aquí no dan miedo los infectados, dan miedo los líderes… y sobre todo los fieles que deciden creerles.
Una de las cosas que más me han gustado de esta película es que recoge el universo construido por Danny Boyle, baja el ángulo, se detiene y decide contar esta historia concreta.
El cambio de manos a Nia DaCosta le sienta de lujo: su mirada es punk, radical, desatada. La película parece un disco de rock: baladas de amor entre Samson y el doctor Ian Kelson y locura absoluta en una de las escenas del año, con un Ralph Fiennes completamente entregado. DaCosta, además, abandona ese estilo Boyle de montaje y aporta su propio aire jugando mucho con el fuera de campo y algunas de las escenas más crudas empiezan, cortan y vemos el final porque es peor lo que nuestra mente puede hacer que si lo especifica. Creo que eleva la crudeza, la violencia y la brutalidad al máximo, convirtiendo 28 años después: El templo de los huesos en un viaje retorcido y alucinante por la inhumanidad. Aquí el terror no son los infectados, sino la maldad humana, y eso para mí es más escalofriante.
Entonces, en una de las líneas argumentales de la historia, tenemos esa exploración sobre los cultos y sobre cómo, ante el miedo, siempre surgen líderes dispuestos a aprovechar la desgracia. La lectura contemporánea es evidente, aunque aquí, a diferencia de las noticias, el “hombre naranja” no sea el villano. Vivimos un momento de división extrema, con líderes que utilizan el odio y el miedo para imponer su narrativa en beneficio propio. Llámalo Trump, llámalo Netanyahu o llámalo Abascal. Un tridente del mal trasladado aquí al terreno del terror, haciendo lo que el género siempre ha hecho en su mejor versión: hablar del presente y jugar con él. El guion de Alex Garland lo hace de forma radical. Es cierto que tiene la sutileza de un neón en medio de la niebla, pero creo que, con el tono visual de la cinta, DaCosta integra todo en un mensaje nihilista y fluido que se pregunta, en voz alta, por qué un Dios, de existir, habría abandonado este mundo para convertirlo en un infierno y por qué permite que actúe de esta manera.
Quiero mencionar, dentro de esta composición del universo, lo maravillosos que están Jack O’Connell como líder del culto —aterrador, brillante, loco y, en el fondo, patético— y, por supuesto, Ralph Fiennes, que se roba la película no solo en la escena musical del año, sino también en la parte humana de su búsqueda de una cura y en su relación con Samson, drogas mediante, que abre una lectura sobre el uso de la psiquiatría y la psicología. Otro tema más.
El templo de los huesos puede no contentar a todos porque carece de una estructura narrativa convencional y, en ocasiones, mantiene una distancia frustrante con sus personajes. Spike pasa gran parte de los 109 minutos de metraje como un recipiente del trauma, observando horrores que ningún niño debería ver, pero… poco más.
Pero esos flashes, esa falta de desarrollo de algunas piezas, son meras brochas en un collage que siempre me ha entretenido, que me ha hecho reflexionar mucho y que está enmascarado en una “falsa” película de zombis. Para mí, una cinta punk, radical, rockera y con mucho que decir. Aquí no dan miedo los infectados, dan miedo los líderes… y sobre todo los fieles que deciden creerles.
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