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Voto de Amadeo:
6
Voto de Amadeo:
6
Drama Michael Corleone, heredero del imperio de don Vito Corleone, intenta rehabilitarse socialmente y legitimar todas las posesiones de la familia negociando con el Vaticano. Después de luchar toda su vida se encuentra cansado y centra todas sus esperanzas en encontrar un sucesor que se haga cargo de los negocios. Vincent, el hijo ilegítimo de su hermano Sonny, parece ser el elegido. (FILMAFFINITY) En diciembre de 2020 se estrenó en cines y ... [+]
24 de mayo de 2025 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay regresos que no están dictados por la inspiración, sino por la contabilidad. El Padrino III es uno de esos casos en que la nostalgia —ese opio blando del espectador acomodado— se convierte en coartada para un ejercicio de resurrección estética cuyo cadáver aún huele a taquilla. Francis Ford Coppola, otrora demiurgo del drama familiar con ecos de tragedia griega, retorna aquí no para cerrar con hondura la historia de los Corleone, sino para prolongarla con una suerte de apéndice pálido y manierista.

Lejos quedan las recreaciones exquisitas de los años 50 o 20, donde los personajes parecían tallados en madera noble y el crimen se narraba con el fulgor sacrílego de una misa negra. Aquí, en cambio, el presente se impone con su fealdad de moqueta institucional, con su luz plomiza y su decorado que más recuerda a una cumbre bancaria que a un retablo del poder. Y es que El Padrino III se disfraza de cine político-religioso para camuflar su anemia narrativa, encaramando al Vaticano no por exigencias del guion, sino por esa pulsión tan moderna del escándalo fácil y la polémica enlatada.
Diane Keaton & Al Pacino
Lo que en El Padrino II era elegía melancólica aquí se transmuta en thriller rutinario, en folletín eclesiástico con cardenales de atrezzo y monseñores de opereta.

Y, por supuesto, el gran truco: meter al Vaticano en la ecuación, no por hondura dramática, sino por puro cretinismo provocador. “Metamos una conspiración papal”, debió decir alguien —probablemente un productor con más chicles que lecturas—, “así parecerá grave, profunda, escandalosa”. Pero lo que resulta es burda, sensacionalista y, por momentos, directamente ridícula. El crimen organizado se codea con la banca vaticana no por resonancias simbólicas, sino porque ya no quedaban ni bares que extorsionar.

Incluso el otrora imponente Michael Corleone se nos antoja aquí como un fantasma extenuado, un viudo de sí mismo, rodeado de secundarios que parecen reclutados en el casting de un telefilm italoamericano. Andy García sobreactúa como si estuviera en una telenovela de mafiosos; Sofia Coppola —¡ay!— nos regala momentos de una torpeza interpretativa que harían sonrojar a una alumna de primer año de arte dramático.
Diane Keaton & Al Pacino
El Padrino III no es una tragedia; es una resaca. Un último cigarro tras la fiesta, con la colilla mojada y la copa vacía. Un eco desvaído de lo que fue grande, ahora entregado al barroquismo sin sustancia, a la pomposidad sin alma. El cretinismo moderno, siempre ansioso por epatar, ha querido ver en esta película un epílogo necesario. Lo que yo veo es una posdata impertinente, que desluce la carta entera.

“Hay una gran cantidad de ideas brillantes en el mundo… que acaban convertidas en tonterías por hombres sin brillo.”
— G. K. Chesterton
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