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Voto de Pep433:
2
Voto de Pep433:
2
6.1
1,586
Drama
Joseph Goebbels, el Ministro de Propaganda de la Alemania Nazi, acompañó a Hitler durante siete años, desde marzo de 1938 hasta su muerte en mayo de 1945. Mientras Hitler está en el apogeo de su poder, Goebbels es el creador de las imágenes de multitudes ondeando banderas y de las películas antisemitas que preparan al pueblo para el asesinato masivo de los judíos. Tras la derrota en Stalingrado y una situación cada vez más desesperada, ... [+]
26 de diciembre de 2025
26 de diciembre de 2025
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
El ministro de propaganda se presenta como una película, pero en realidad funciona más bien como un telefilm de ambiciones limitadas.
Su estructura, dividida en varios capítulos, reincide una y otra vez en las mismas situaciones y conflictos, lo que acaba generando una sensación de reiteración y estancamiento narrativo.
A esto se suman los escenarios, en muchas ocasiones completamente vacíos, que refuerzan una puesta en escena poco cinematográfica.
En varios momentos, la obra recuerda más a una representación teatral que a un film, no tanto por una búsqueda estética consciente, sino por la rigidez de los espacios, la ausencia de dinamismo y el peso excesivo de los diálogos.
Los personajes están claramente exagerados, construidos a partir de gestos y actitudes extremas, llenos de estereotipos, y toman decisiones absolutas de forma constante, sin matices ni evolución creíble.
El guion tampoco está a la altura de lo que parecía proponer. Y no se trata únicamente de algunos errores históricos o de vestuario, sino de una escritura excesivamente simple, que presenta personajes planos, vacíos y, en muchos momentos, desesperantes.
Su estructura, dividida en varios capítulos, reincide una y otra vez en las mismas situaciones y conflictos, lo que acaba generando una sensación de reiteración y estancamiento narrativo.
A esto se suman los escenarios, en muchas ocasiones completamente vacíos, que refuerzan una puesta en escena poco cinematográfica.
En varios momentos, la obra recuerda más a una representación teatral que a un film, no tanto por una búsqueda estética consciente, sino por la rigidez de los espacios, la ausencia de dinamismo y el peso excesivo de los diálogos.
Los personajes están claramente exagerados, construidos a partir de gestos y actitudes extremas, llenos de estereotipos, y toman decisiones absolutas de forma constante, sin matices ni evolución creíble.
El guion tampoco está a la altura de lo que parecía proponer. Y no se trata únicamente de algunos errores históricos o de vestuario, sino de una escritura excesivamente simple, que presenta personajes planos, vacíos y, en muchos momentos, desesperantes.

La falta de complejidad dramática impide que la historia gane profundidad, dejando una sensación de oportunidad desaprovechada más cercana a un producto televisivo rutinario que a una verdadera obra cinematográfica.
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