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8
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8
5.3
7,609
Terror. Thriller
Hace quince años que el Hospital Mental de Danvers (Massachussetts), que se levanta amenazador en medio de un bosque, ha sido cerrado, y los vecinos procuran mantenerse alejados del lugar. Gordon Fleming (Peter Mullan), un emigrante escocés que posee y dirige Hazmat Elimination Co., necesita urgentemente conseguir el contrato para retirar los peligrosos residuos de amianto del hospital. Con tal de cerrar el acuerdo, Gordon, ... [+]
10 de febrero de 2011
10 de febrero de 2011
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alejada de los convencionalismos que abarrotan las salas de proyección; y de las absurdas reglas y lenguaje audiovisual adoptados por el cine americano de terror, Session 9 se levanta ella misma solita y con la cabeza bien alta camina por el largo pasillo de la fama. Quizás no muy conocida y sin duda una de las pocas películas que ha facturado Brad Anderson (el maquinista), Session 9 se convierte en una ópera prima de terror psicológico que entremezcla a la perfección todos los ingredientes del buen cine.
Una soberbia localización que da el juego perfecto para todas las líneas argumentales; es de remarcar cómo prácticamente la totalidad de la cinta transcurre en el hospital psiquiatrico y éste, llega a convertirse en ese fantasma que esperamos ver. Nos pasamos todo el metraje esperando encontrar al fondo del pasillo oscuro a ese Norman Bates de turno o a ese Jack Torrance hacha en mano y sin embargo toda esa responsabilidad argumental va cayendo poco a poco sobre los hombros del hospital sin darnos apenas cuenta.
Una soberbia localización que da el juego perfecto para todas las líneas argumentales; es de remarcar cómo prácticamente la totalidad de la cinta transcurre en el hospital psiquiatrico y éste, llega a convertirse en ese fantasma que esperamos ver. Nos pasamos todo el metraje esperando encontrar al fondo del pasillo oscuro a ese Norman Bates de turno o a ese Jack Torrance hacha en mano y sin embargo toda esa responsabilidad argumental va cayendo poco a poco sobre los hombros del hospital sin darnos apenas cuenta.

Las actuaciones logran despistar por completo al espectador y sumirlo en un estado de desasosiego y ansiedad que solo encontrará la paz en las palabras de Mary, cuando ella relata, el espectador descansa de absorber la personalidad de cada uno de los personajes. Pesan mucho las actuaciones de David Carusso, y del fantástico Peter Mullan que presentan batalla el uno contra el otro en un mar de delirios. Un diez para la dirección.
En el apartado técnico, podemos valorar el bajo presupuesto que supone esta producción, fruto de un director acostumbrado a episodios y de cómo el resultado final es un producto que satisface las necesidades de todos. Una música que no quita el protagonismo a las escenas que lo tienen por derecho propio, una fotografía bellísima y cuidada hasta el extremo de que los planos recurso, eso que nadie suele hacer hoy en día, parecen postales llenas de juguetes descabezados, sillas viejas o lugares en ruinas.
El montaje merece un párrafo aparte ya que es, sin duda, su baza mas fuerte. Malacostumbrados a las películas frenéticas en las que no es posible contar más de 3 segundos entre plano y plano, Brad Anderson nos da una bofetada y nos sienta en el sofá mientras el tempo pasa larga y angustiosamente, podemos dibujar una curva de interés como una montaña rusa en donde los picos más altos siempre van a estar adornados de la paranoia y los remansos más bajos acomodados por la maquiavélica voz de Simon.
En el apartado técnico, podemos valorar el bajo presupuesto que supone esta producción, fruto de un director acostumbrado a episodios y de cómo el resultado final es un producto que satisface las necesidades de todos. Una música que no quita el protagonismo a las escenas que lo tienen por derecho propio, una fotografía bellísima y cuidada hasta el extremo de que los planos recurso, eso que nadie suele hacer hoy en día, parecen postales llenas de juguetes descabezados, sillas viejas o lugares en ruinas.
El montaje merece un párrafo aparte ya que es, sin duda, su baza mas fuerte. Malacostumbrados a las películas frenéticas en las que no es posible contar más de 3 segundos entre plano y plano, Brad Anderson nos da una bofetada y nos sienta en el sofá mientras el tempo pasa larga y angustiosamente, podemos dibujar una curva de interés como una montaña rusa en donde los picos más altos siempre van a estar adornados de la paranoia y los remansos más bajos acomodados por la maquiavélica voz de Simon.

Recomendación encarecida.
El punto: ¡Estratosféricos niveles de maestría en el montaje!
Nota: 8
"Me recuerda a todo lo que Scorsese quiso hacer en Shutter Island y no supo."
El punto: ¡Estratosféricos niveles de maestría en el montaje!
Nota: 8
"Me recuerda a todo lo que Scorsese quiso hacer en Shutter Island y no supo."
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