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Voto de Pedro Triguero_Lizana:
6
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6
Ciencia ficción. Terror Cinco extraterrestres vienen a la Tierra con el fin de conquistarla, haciendo uso de ella como granja donde pasten sus rebaños de Gargons. Pero uno de ellos no está dispuesto a seguir asolando planetas e intentará salvar a nuestra especie... (FILMAFFINITY)
7 de enero de 2024 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Teenagers from Outer Space", película de bajísimo presupuesto de ciencia-ficción de los años 50, posee un curioso y notable parecido con otros títulos de la ciencia-ficción USA de la misma década como "La invasión de los ladrones de cuerpos" (Invasion of the Body Snatchers, 1956), de Don Siegel, o "La masa devoradora" (The Blob, 1958), de Irvin S. Yeaworth Jr. y Russell S. Doughten Jr. (éste sin acreditar): todas ellas son películas-itinerarios, en las que sus personajes van de un sitio a otro, recorriendo sus pequeñas localidades (o sus alrededores), en busca de respuestas que expliquen los extraños hechos que alteran la rutina habitual.

La película de Tom Graeff, cuya trama posee algunas interesantes concomitancias con la trama de un film de ciencia-ficción muy posterior, "Terminator" (The Terminator, 1984), de James Cameron, se diferencia de las películas antes citadas en que uno de los personajes positivos, Derek (David Love) es a la vez un extraterrestre que se rebela ante los planes de invasión de sus congéneres y de paso se enamora de una joven de la Tierra, Betty (Dawn Bender).

No es una gran película, y el director (que interpreta un papel, el de Joe Rogers), también guionista, productor, montador y director de fotografía, se apunta a la moda del "terror adolescente" iniciada por el productor Herman Cohen, por lo que estamos ante un "exploit". Además, la langosta gigante es muy cutre, y los esqueletos también, pero éste es un caso en el que con los mínimos elementos se consigue el máximo resultado, y si a eso añadimos la ingenuidad de los personajes de Betty y su abuelo (Harvey B. Dunn), tenemos una historia encantadora e irrepetible, muy de su época y muy estadounidense. Si hay que valorarla por su capacidad para entretener, habría que darle un diez. Si nos fijamos sólo en la calidad de los aspectos técnicos y artísticos, habría que suspenderla sin remedio.

Según la información dada por IMDb, Graeff concibió este film como un vehículo para su novio, David Love; se produjo en 1957 pero no se estrenó hasta 1959, y Graeff no dirigió más películas hasta su suicidio en 1970.
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