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España España · san sebastian
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Voto de Izeta:
6
Voto de Izeta:
6
Cine negro. Drama Un juicio da un giro sorprendente cuando Edward Weldom, presidente del jurado, tiene que dar el voto decisivo en un caso que podría significar la muerte para una joven juzgada por asesinato. La decisión que toma causa un gran revuelo en la prensa. A pesar de sufrir todo tipo de presiones por parte de los periodistas, Edward se mantiene firme y declara que si las circunstancias fueran otras, incluso si se tratase de un miembro de su ... [+]
19 de octubre de 2021 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Llamémosle...Asesinato.
Con este título comienza la versión doblada que yo he visto y, créanme, después de darle algunas vueltas al asunto y aclarar un poco la confusión en que, su no del todo claro final, me había dejado, tengo que confesar que, desde luego, este título, tiene mucho más sentido.
Como no me veo capaz de analizar ni presentar esta peli sin destriparla, me dispongo a ir al spoiler, por lo que aquí me limitaré a hacer un breve resumen del argumento.
La peli abre con una mujer sentada en el banquillo de los acusados prestando declaración por el crimen confeso de su marido. En un momento dado, el portavoz del jurado plantea una pregunta crucial, cuya respuesta va a despejar las dudas que el jurado tenía con respecto al veredicto. Ya no hay dudas. La mujer será declarada culpable de homicidio en primer grado y la sentencia no se hará esperar. Será condenada por el juez a la pena capital.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Primero quiero aclarar lo que NO es esta peli. No es una denuncia, ni se pone en cuestionamiento la pena muerte, ni las leyes vigentes de la época que, desde luego, vistas por el público actual, seguramente nos dará repelús.
Es decir, me resulta curiosísimo que, en esa época, el mal llamado crimen pasional, gozara de tal prestigio en los corazones bienpensantes de la sociedad, al punto de que incluso estaba revestido de cierto aura trágico-romántico que transformaba en justicia poética la muerte de un cónyuge a manos de otro por cuestiones de desamor.
Y, por supuesto, la ley contemplaba para estos casos circunstancias atenuantes en los que ! hombre!, si te has cargado a tu chico o a tu chica, así, en un arrebato de celos o ! joder, es que me quiere abandonar!, pues nada, me lo cargo, que si es a brote pronto lo van a llamar enajenación mental transitoria que suena muy chic y la condena será menor.
Pero mira por dónde, el portavoz del jurado plantea una preguntita inocentemente...-! Señora, le cogió el dinero a su marido después de matarlo?. - ! Huy, pues sí!, ¿ por qué?, ¿ los enajenados no lo hacen?.
Al parecer, la respuesta a esta pregunta despeja las dudas del jurado y queda demostrada la premeditación del acto. Votan en conciencia como debe ser. Es asesinato. El juez dicta la sentencia. Irá a la silla eléctrica.
Y aquí se ponen en marcha los mecanismos de la información-desinformación creadores de la opinión pública. La rea tiene todas las simpatías del público que la convierte en mártir. Y hay que darles carnaza. Un periodista muy dicharachero sabrá qué hilos mover para dársela. Por de pronto, comprar al fiscal bajo la promesa de promover en su periódico el cargo de gobernador al que aspira. También intenta sobornar al portavoz con la intención de obtener una exclusiva y, como no le sale bien, compra al vago de su yerno que vive en su casa.
Mientras, al portavoz le hacen la vida imposible. Todo el mundo ha decidido hacerle responsable de la ejecución de la pobre mártir ( que en una escena interrogada por los reporteros afirma que volvería a hacerlo), por la fatal ocurrencia de hacer esa pregunta comprometedora a pesar de que ni es responsable del voto del jurado, sólo participante, ni de la sentencia del juez y, por supuesto, ni de que en ese país esté instaurada la pena de muerte.
Al mismo tiempo, la hija del portavoz está liada con un tipo ( Humphrey Bogart, en un breve papel) que ! vaya!, también la quiere abandonar. ! No puede ser!. ! No puede ser!. ! Yo le quieroooooo!. Nada, nada. También se lo cepilla.
Y ahí está el intríngulis del asunto. El portavoz se verá en un terrible dilema. Su familia le presionará para que oculte las pruebas y busque una coartada para su hija. El, a pesar de todo, querrá entregarla a la Justicia. El periodista dicharachero,( no sé muy bien por qué, eso no me ha quedado nada claro), se ofrece a ayudarle y le sugiere que recurra al fiscal en calidad de amigo ya que su veredicto le benefició.
El fiscal se persona en la vivienda y al percatarse de la situación y dándose cuenta de que ese caso, si sale a la luz, perjudica a su carrera y pone en peligro su futuro como gobernador, tergiversará totalmente la declaración de la chica inventándose una plausible patraña que, al tiempo que la exculpa, consiga satisfacer la necesidad de autoengaño de la culpable y, lo que es más importante aún, del hasta entonces íntegro entre los íntegros, portavoz del jurado.
La película así, resulta desoladora. No hay Nadie que quede libre de interpretar la ley a su antojo. Unos por interés, otros por autoengaño, la Justicia no es igual para todos.
Pero este final a mi no me convence. Puedo obviar el tratamiento teatral, el tono melodramático e incluso esa indecisión que se percibe en el posicionamiento hacia los personajes. Pero una peli de tesis como es ésta, debería ser más rotundo en plasmar con claridad su mensaje final.
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