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Voto de TOM REGAN:
7
Voto de TOM REGAN:
7
Thriller. Drama Joong-ho, un antiguo detective convertido en proxeneta, tiene problemas financieros, ya que algunas de sus chicas han desaparecido. Al intentar encontrarlas, averigua que han sido reclutadas por un cliente que padece una oscura obsesión. Thriller coreano que se colocó en el Top de las películas más taquilleras de la historia del país. (FILMAFFINITY)
22 de mayo de 2017 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
98/12(18/05/17) Sugestivo film coreano del sur, un vibrante thriller, son insidiosas dosis de terror, con suspense, con acción, que supone la estimulante ópera prima del realizador Na Hong-jin, el guión del propio director junto a Won-Chan Hong y Shinho Lee inspirándose para su crudo relato en la historia real del asesino en serie coreano de la vida real Yoo Young-Chul, a través de esto se hace una inquietante incursión en el lado feista de Seúl, componiendo mediante ello un universo propio del cine negro, con un universo de personajes amorales, imperfectos, predominando la zona gris, ejemplo es el protagonista, un violento ex poli metido a proxeneta que se encuentra una noche teniendo que ir tras lo que el supone un roba-prostitutas, en realidad un asesino compulsivo asocial. Relato que ocurre en poco más de 24 horas, sintiéndose una carrera contra reloj, donde se mezclan los bajos fondos de toda gran ciudad, una policía torpe, un psicópata que disfruta matando con un punzón y martillo, y un “alcahuete” que va tras él , convirtiéndose esta odisea para el proxeneta en un viaje del despertar de su conciencia, en la travesía a su redención, tratando en su metraje temas como la sociopatía, la expiación de culpa, la venganza, la injusticia social, la hipocresía de los políticos, la ineptitud de los que nos deben proteger, y más. Una cinta con un desarrollo fluido, ágil, trepidante, con momentos frenéticos de persecuciones como la espectacular por callejuelas estrechas “seulenses”, peleas desgarradoras que se sienten reales, con momentos trenzados con excitante tensión
Eom Joong-ho (Yun-seok Kim) es un ex detective metido a proxeneta que está en problemas financieros debido a que dos de sus chicas han desaparecido. Una noche se envía Mi-jin (Yeong-hie Seo), una de sus pocas chicas restantes, a un cliente, dejando la mujer sola a su hija pequeña Kim Mi-jin (Seo Young-hee). A continuación, se da cuenta de que esta es la misma persona, Je Yeong-min (Ha Jung-woo), que fue el último en ver a sus chicas desaparecidas, cree que este hombre está llevándoselas para trabajar con él y va a buscar a Mi-jin, en contacto con su antiguo grupo de trabajo de la policía en busca de ayuda. Pero no pueden asistir debido a que el alcalde de Seúl , a los que están vigilando, acaba de ser atacado. La policía está ahora preocupados por una tormenta mediática porque han sufrido la humillación por no proteger el alcalde.

El film te atrapa desde su inicio, con una primera media hora cautivadora, con una presentación de protagonistas incisiva, mostrando un hilo conductor que polifurca en varios sectores, pero habiendo un epicentro claro en el psicópata, todo narrado con enorme vitalidad y frescura, con mucha visualidad, aprovechando la nocturnidad para otorgar más sordidez al metraje, con potencia y valentía, con lo que ya tiene atrapado al espectador (por lo menos a mi). Desarrollando un sombrío thriller, donde nada es previsible, con inteligentes giros de guión, con enorme crudeza e hiriente naturalidad en la violencia, haciéndonos sentir autenticidad, y con ello dolor y angustia; la sangre, el sufrimiento y el temor lo sentimos cercano y real, ello por lo bien filmado que está, por lo notablemente que se maneja la cámara para hacernos padecer inquietud e intensidad dramática. Apoyándose en una estructura narrativa con varios frentes que se van uniendo de vez en cuando, goteando la información de modo ingenioso para mantener al espectador atento, y en latente tensión. También hilando fino se puede ver una crítica a la religión, ene ste caso al cristianismo, el símbolo de una enorme cruz que preside en las alturas el barrio donde tiene su “matadero” el criminal, quizás como metáfora desesperanzadora de que nadie nos puede salvar del mal, el libre albedrio de los humanos provoca en muchos casos una amoralidad que por mucha presencia de la fe, esta se queda en la superficie.
Destaca la realización por el cuidado que tiene en delinear a sus dos antagonistas. El antihéroe es un cínico y nihilista proxeneta, que fue policía, y ahora anda aprovechándose de chicas con necesidades, un amoral que se embarcará en una odisea en la que encontrara sentido moralidad a la vida, sufriendo un cambio gradual bien evolucionado; El asesino es un tipo cualquiera, anodino en su apariencia física, pero que esconde dentro de sí una bestia sanguinaria que tiene explosiones atávicas de violencia, su personalidad quedara destapada cuando le hagan un test psicológico cuasi-freudiano, donde sus ansias criminales tiene n que ver con su sexualidad; En su compleja contraposición está parte de la salsa del film, donde la línea entre el bien y el mal no resulta difusa, con lo que resulta más mundano y real.

Entre las taras están cierto empeño en promover casualidades que se convierten en deux machine, el azar como motor del relato en varias fases que me chirría bastante; También llega un punto el metraje en que se siente estirado, cayendo en cierto subrayado innecesario, se podría haber reducido algún cuarto de hora para que ganará en solidez pétrea; Asimismo achacables son algunos momentos metidos con calzador, se siente un pegote sin demasiado sentido; no hubiera estado de más incluir algún secundario de peso, siendo los que hay de poca enjundia.

Yeong-hie Seo como el ex policía metido a proxeneta resulta muy bueno, exhibiendo fuerte carácter, cinismo, y sobre todo destacable por el arco de evolución que lo hacen empatizable con el público, a reseñar la especial y nada sensiblera relación que establece con la niñita. Ha Jung-woo como el villano sádico lo encarna con mesura y sin caer en lo estrafalario, le dota de sutilidad, con los brotes de salvajismo siendo brutales. El resto no pasan el corte para ser mencionadas sus interpretaciones.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La puesta en escena resulta muy buena, con una dirección artística de Mi-bok Lee recreando un Seúl sórdido, mugriento, feista, de casas amontonadas, de callejones de pendientes constantes, de comisarias superpobladas, con esa vivienda aterradora del villano, esto rodado en Seúl (en los alrededores de Mangwon-dong en el Distrito Mapo), esto filtrado por la fascinante fotografía de Sung-je Lee (“The Yellow Sea”), creando en la nocturnidad una urbe de tintes góticos, de resonancias cuasi-místicas, moviéndose con especial soltura en las escenas de acción, siendo diáfana para mostrar los horrores humanos, esto ayudado por la vibrante de edición de Sun-min Kim (“Crónica de un asesino en serie”), aportnado energía y electricidad cuando debe. La música de Jun-seok Kim & Yong-rock Choi se amolda a la intensidad de la trama de modo punzante, elevando con ímpetu los momentos álgidos.

Spoiler:

Momentos recordables: El tramo en que la prostituta entra en la casa del asesino, como ella se lo huele pero aún así no puede dejar de entrar, siendo estremecedor cuando pasa a la tétrica sala de los horrores que el baño, el culmen cuando ya el psicópata la tiene presa e intenta con un punzón y un martillo atravesarle la cabeza, da grima espantosa; La persecución del proxeneta contra el malo, arrolladora secuencia popr el brío que demuestra el realizador, acabando en una doliente lucha; Cuando el proxeneta preso en la furgo provoca hábilmente al chofer para que tenga un accidente y así poder escapar; Cuando el asesino por casualidad (otra más) entra en una tienda y la dueña le cuenta que allí tiuene a una chica herida, escalofriante cuando le pide él un martillo, me chirría el modo ingenuo en que la dependienta confía en el extraño que entra en su comercio; La formidable pelea final entre el malo y el proxeneta en la casa del primero, con la cabeza cortada en el acuario de adorno, de una rigor y angustia extraordinarios, los golpes, y heridas nos llegan claros, tremendo clímax final.
El verdadero asesino Yoo Young-Chul ha pasado a convertirse en el mayor asesino serial de Corea del Sur con sus asesinatos cometidos en el 2003 y el 2004. No mataba para robar, violar o torturar: mataba para vengarse. Nacido en la pobreza, Yoo odió y mató primero a los ricos, pasando después a matar prostitutas tras tener una decepción amorosa. Buscó un barrio cristiano y allí encontró una casa cercana que era grande y tenía un patio, rodeado por un recinto amurallado. Young-chul Yoo golpeaba a sus con un martillo, mientras mantenían relaciones sexuales, y después troceaba los cadáveres con hachas, cuchillos y tijeras. Comio varios organos internos de sus victimas, Yoo se deshacia de los cuerpos mutilados enterrandolos o abandonandolos en las afueras de Seul. Durante una matanza de Young-chul Yoo fue detenido una vez por la policía, pero no pudieron comprobar su origen en delitos anteriores y lo confundió con un ladrón de poca monta. El fue liberado. Young-chul Yoo se centró entonces en prostitutas, específicamente que lo visitaban en su casa. Proxenetas a los que les desaparecieron las chicas empezaron a sospechar de un determinado cliente anónimo y su número de teléfono único que estaba vinculado a los números de teléfono de las mujeres desaparecidas. Los proxenetas a continuación se pusieron en contacto con un oficial de policía, y finalmente atraparon a Young-chul Yoo. Fue condenado a pena capital en 2005 por el asesinato de 20 personas, actualmente está en el corredor de la muerte esperando se cumpla la sentencia.

Buen thriller de los que deja buenas sensaciones, con momentos de enorme cine, aunque falte solidez narrativa en algunas fases. Fuerza y honor!!!
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