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España España · Barccelona
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Voto de EL ALBATROS:
8
Voto de EL ALBATROS:
8
Drama En Viena, en la primavera de 1900, el soldado Franz conoce a Leocadia, una prostituta, pero acaba liándose con una criada, que pronto pasa a manos del señorito Alfred, el cual mantiene también un affaire con Emma, una mujer casada, cuyo millonario marido se entretiene con una modista que está enamorada del poeta Robert, amante de una gran actriz encaprichada con un joven teniente de dragones. (FILMAFFINITY)
9 de julio de 2017
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
En más de una ocasión, el cineasta francés Claude Chabrol afirmó: “La forma no adorna el contenido. Lo crea.” y esta inteligente apreciación le encaja perfectamente a este maestro del cine europeo que fue Max Ophüls y portador de toda la herencia de la agónica y decadente cultura vienesa, que en estos tiempos de metamorfosis de la cinefilia ha acabado en el olvido. Desde hace años Ophüls ha dejado de figurar en el Olimpo de los grandes maestros del cine clásico, a pesar de que sus imágenes cargadas de innegable nostalgia, poseen en su interior un tesoro conceptual y estético muy difícil de superar. Apenas existen libros ni estudios monográficos sobre sus obra. Muy ajetreada por sus exilios políticos y profesionales entre Alemania, Estados Unidos y Francia. Dentro de su filmografía “La ronda” pertenece a la fructífera tetralogía final completada con obras tan carismáticas como: “El placer”, Madame de...” y “Lola Montes”.

Max Ophüls fue el cineasta que mejor recreó y definió el universo social del siglo XIX, adaptando muchas obras literarias del periodo, en esta ocasión una endeble obra teatral del austríaco Arthur Schnitzler que el autor prefería que fuera leída a ser representada escénicamente. “La ronda” es de esas películas que goza de una deslumbrante y virtuosa puesta en escena, recreando el juego del amor con una filosofía algo superflua, desde una posición agria y amarga a la vez, de amores huérfanos de romanticismo, donde importa mucho más cómo está contada que lo que dice, desde una mirada distante y cínica. Un film que recrea la melancolía del paso del tiempo, bajo una técnica depurada. Sus movimientos de cámara suntuosos que invocan a la música, el dominio absoluto del plano secuencia, las elipsis incisivas y elegantes, demuestra la coherencia de su estilo, el mejor ejemplo sería la escena que abre el film, donde el tiempo, el espacio y la representación, subrayan el naturalismo, el realismo guiado por la voz de su narrador (Anton Walbrook) del que el cineasta solía servirse en muchos de sus obras. Una especie de maestro de ceremonias o hilo conductor entre escenas coronadas con la desilusión que transmite el fatalismo y el pesimismo de unos personajes, destacando su complicidad con las mujeres en clara predilección por las féminas en todas sus películas.

El film se articula en diez diálogos protagonizado por: una prostituta, un soldado, una camarera, un “señorito”, una mujer casada, su marido, un poeta, una adolescente, una actriz y un conde que el escritor consideraba “de mucho movimiento y poco representable para la escena teatral”. Un carrusel que gira continuamente donde el cambio de personajes y situaciones de las distintas escenas están hermanadas por la idea de las relaciones sexuales, sólo significa el paso de un vacío precedente a otro sucesivo dejando en medio una representación, una mascarada. Como si el autor nos dijera que la sexualidad es una inmensa impostura, una mentira que invariablemente se renueva. Las diversas parejas de “La ronda” se relacionan y actúan entre sentimientos auténticos o falsos hasta que llega el momento del “apagón teatral” o elipsis cinematográfico del acto amoroso. Es entonces cuando se hace la luz y aparece la insuficiencia humana en la referente a las relaciones sexuales. Dando la impresión que el autor quisiera demostrar que los hombres utilizan la sexualidad para autodestruirse. No es de extrañar que la obra literaria fuera escandalosa para la época en una sociedad tan hipócrita como mojigata.
Gracias por leer esta opinión, esperando sea de utilidad para algún aficionado al CINE con mayúsculas.
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