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Voto de Kyrios:
7
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7
7.6
655
Documental
Documental que profundiza en los cuatro elementos del Hip Hop, en la ciudad que lo vio nacer, Nueva York. El breakdance, el djing, el mcing y el graffiti son los componentes de esta cultura urbana, centrándose en el graffiti este documental. Las amistades y enemistades que surgen entre los graffiteros, su visión del movimiento, la opinión de sus familias, y de los afectados por sus actos, desde los responsables del transporte ... [+]
4 de marzo de 2015
4 de marzo de 2015
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hoy en día, un documental como Style Wars (Style Wars, 1983) puede parecernos una obra totalmente pueril e innecesaria, que no deja de explicar un tema que todos conocemos de sobra, como es el tema del Graffiti contemporáneo (porque hay que aclarar que Graffitis ha habido desde tiempos del Imperio romano). Sin embargo, aunque a pesar de que hoy en día nos pueda parecer un fenómeno totalmente conocido, en la década de los ochenta era aún un movimiento marginal, que precisamente empezaba a despegar. El filme, que firman conjuntamente Henry Chalfant y Tony Silver, sirvió para dar a conocer a todo el mundo la subcultura que se estaba fermentando en aquellos momentos en los barrios más pobres de Nueva York.
El filme se centra en las pintadas que se ciernen especialmente sobre los trenes de Nueva York (olvidémonos de paredes y muros, que son más bien residuales en el filme), y que están siendo graffiteados por una serie de jóvenes provenientes de los barrios más pobres (muchos de ellos, aunque hay que decir que no todos, son afroamericanos). El filme se centra en estos personajes, sobre los que recae el peso de toda la película. Sin embargo, también hay hueco para que los dos directores introduzcan ciertos debates sobre el propio tema que son los que elevan la categoría del filme por encima de la media, como es el debate ético de este movimiento o si hay una voluntad artística detrás de todo lo que generan.
Hay también una importante contextualización del fenómeno, que nos muestra el panorama cultural y social de donde provienen todos estos jóvenes. El filme nos muestra su procedencia social (generalmente de clases sociales muy bajas) y como intentan sobrevivir en las calles. Pero lejos de los tópicos de hoy o la cara más oculta, el filme elogia este modus vivendi, que según desarrolla el filme no está relacionado con la violencia o el Ghetto, sino que lo que intentan es llevar su expresión a otros niveles. Por este motivo no sólo encontramos el Graffiti, sino que también aparece el baile del Break o la música Rap, que son elementos que forman una parte indisociable de esta subcultura.
Style Wars es un documental que no acosa con una indiscriminada voz en off (aparece pero en contadas dosis), sino que principalmente se dedica a dejar que sean los propios protagonistas (especialmente graffiteros) los que se expresen por sí mismos. Con una gran cantidad de testimonios, los dos directores simplemente introducen ciertas preguntas, pero donde realmente está el desarrollo es en la respuesta de estas, y en la manera en cómo se expresan todos los participantes del movimiento. En muchas ocasiones, sólo colocando la cámara en el lugar preciso, se consigue rodar la secuencia adecuada.
El filme abre también caminos interesantes, que van más allá de la mera descripción del movimiento. Por ejemplo, se desarrolla los diferentes tipos de Graffiti que existían en aquel momento y espacio (Bombing, etc…) y como se relacionan los miembros de una y otra comunidad (juntándose cuando les amenaza un graffitero que se dedica a destrozar sus obras). Pero sobre todo, lo más interesante del filme es cuando abre especialmente dos debates, en los que el espectador puede él mismo intervenir.
Uno de ellos es el ético. ¿Es lícito que se estropee el mobiliario urbano, que en realidad forma parte de todos los ciudadanos de Nueva York? El filme nos muestra opiniones contradictorias, con comentarios que provienen tanto de gente acomodada que utiliza los trenes (clase media que se desplaza hacia su lugar de trabajo, en líneas generales) como los defensores, obviamente la mayoría de ellos Graffiteros, que definen su obra como una extensión de su propio yo (de ahí la utilización de seudónimos) o incluso como una forma de reivindicarse ante la marginación.
El segundo debate lo encontramos en el contenido artístico. En aquellos momentos se empezaban a fraguarse las primeras exposiciones de este arte (Es justo cuando el nombre de Basquiat aparece a salir del anonimato) y la pregunta de si eso era o no arte. Hacia el final de la propia película, llegamos a ver una exposición sobre obra conjunta Graffitera y ahí volvemos a ver el debate en su máximo esplendor. Lo que parece evidente, más viéndolo con perspectiva, es que el Graffiti también ha entrado en el ámbito comercial, incluso en algunos aspectos cometiendo más de una contradicción (¿Cómo se puede exponer en privado lo que se había pensado como obra pública?). En definitiva, el Movimiento que en un principio nació como símbolo de insurgencia ha quedado fagocitado por diversos elementos.
https://neokunst.wordpress.com/2015/03/04/style-wars-1983/
El filme se centra en las pintadas que se ciernen especialmente sobre los trenes de Nueva York (olvidémonos de paredes y muros, que son más bien residuales en el filme), y que están siendo graffiteados por una serie de jóvenes provenientes de los barrios más pobres (muchos de ellos, aunque hay que decir que no todos, son afroamericanos). El filme se centra en estos personajes, sobre los que recae el peso de toda la película. Sin embargo, también hay hueco para que los dos directores introduzcan ciertos debates sobre el propio tema que son los que elevan la categoría del filme por encima de la media, como es el debate ético de este movimiento o si hay una voluntad artística detrás de todo lo que generan.
Hay también una importante contextualización del fenómeno, que nos muestra el panorama cultural y social de donde provienen todos estos jóvenes. El filme nos muestra su procedencia social (generalmente de clases sociales muy bajas) y como intentan sobrevivir en las calles. Pero lejos de los tópicos de hoy o la cara más oculta, el filme elogia este modus vivendi, que según desarrolla el filme no está relacionado con la violencia o el Ghetto, sino que lo que intentan es llevar su expresión a otros niveles. Por este motivo no sólo encontramos el Graffiti, sino que también aparece el baile del Break o la música Rap, que son elementos que forman una parte indisociable de esta subcultura.
Style Wars es un documental que no acosa con una indiscriminada voz en off (aparece pero en contadas dosis), sino que principalmente se dedica a dejar que sean los propios protagonistas (especialmente graffiteros) los que se expresen por sí mismos. Con una gran cantidad de testimonios, los dos directores simplemente introducen ciertas preguntas, pero donde realmente está el desarrollo es en la respuesta de estas, y en la manera en cómo se expresan todos los participantes del movimiento. En muchas ocasiones, sólo colocando la cámara en el lugar preciso, se consigue rodar la secuencia adecuada.
El filme abre también caminos interesantes, que van más allá de la mera descripción del movimiento. Por ejemplo, se desarrolla los diferentes tipos de Graffiti que existían en aquel momento y espacio (Bombing, etc…) y como se relacionan los miembros de una y otra comunidad (juntándose cuando les amenaza un graffitero que se dedica a destrozar sus obras). Pero sobre todo, lo más interesante del filme es cuando abre especialmente dos debates, en los que el espectador puede él mismo intervenir.
Uno de ellos es el ético. ¿Es lícito que se estropee el mobiliario urbano, que en realidad forma parte de todos los ciudadanos de Nueva York? El filme nos muestra opiniones contradictorias, con comentarios que provienen tanto de gente acomodada que utiliza los trenes (clase media que se desplaza hacia su lugar de trabajo, en líneas generales) como los defensores, obviamente la mayoría de ellos Graffiteros, que definen su obra como una extensión de su propio yo (de ahí la utilización de seudónimos) o incluso como una forma de reivindicarse ante la marginación.
El segundo debate lo encontramos en el contenido artístico. En aquellos momentos se empezaban a fraguarse las primeras exposiciones de este arte (Es justo cuando el nombre de Basquiat aparece a salir del anonimato) y la pregunta de si eso era o no arte. Hacia el final de la propia película, llegamos a ver una exposición sobre obra conjunta Graffitera y ahí volvemos a ver el debate en su máximo esplendor. Lo que parece evidente, más viéndolo con perspectiva, es que el Graffiti también ha entrado en el ámbito comercial, incluso en algunos aspectos cometiendo más de una contradicción (¿Cómo se puede exponer en privado lo que se había pensado como obra pública?). En definitiva, el Movimiento que en un principio nació como símbolo de insurgencia ha quedado fagocitado por diversos elementos.
https://neokunst.wordpress.com/2015/03/04/style-wars-1983/
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